Decir que Gregorio Luri es filósofo, pedagogo o ensayista, es quedarse en la superficie. La conversación que mantiene en La Charleta Educativa revela algo más profundo: un pensador incómodo con las respuestas fáciles, defensor del sentido común y, sobre todo, alguien que sigue pensando en voz alta.
Lejos de discursos prefabricados, Luri reivindica el valor de la improvisación y la conversación real. "Hay que cambiar el formato", desliza, convencido de que las ideas vivas nacen en la tensión de no saber exactamente qué se va a decir. Ese es, precisamente, el tono de una charla que transita entre la memoria personal y los grandes debates educativos.
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