La colisión frontal por alcance entre un tren AVE de Renfe y un convoy de la compañía Iryo registrada en el municipio toledano de Urda se ha cobrado por el momento la vida de al menos 68 personas, mientras los equipos de rescate continúan trabajando en la zona en la búsqueda de más víctimas. El trágico siniestro, ocurrido apenas nueve meses después del accidente registrado en Adamuz, desborda la capacidad del Ministerio de Transportes para justificar este tipo de episodios como hechos «extraños» o «inverosímil». Entre las personas desaparecidas en la colisión se encuentra la exministra de Trabajo Fátima Báñez. Fuentes oficiales confirman que a bordo de ambos trenes viajaban más de 500 pasajeros, entre ellos ciudadanos de nacionalidad china, japonesa y filipina, así como un ciudadano argentino que se ha convertido en la primera víctima mortal extranjera confirmada.Las primeras investigaciones sobre las causas del accidente apuntan a un triple colapso en las capas de seguridad que garantizan la circulación en la red de Alta Velocidad. El primer fallo se produjo a partir de las 8:30 horas en el corredor Madrid-Sevilla, cuando el sistema de señalización LZB sufrió una caída extraordinaria en un tramo de 623 kilómetros. El Iryo 6076, que había partido de Atocha a las 7:54 horas con 147 pasajeros, tuvo que detenerse en el punto kilométrico 117,800 de Urda tras quedar inutilizada la señalización. La compañía explicó que «A las 8.38, nuestro tren, que ya había detectado previamente el problema y comenzado a circular en ASFA, se detuvo delante de una señal en blanco». Pese a que el tramo había sido calificado como una vía «totalmente renovada» por el ministro Óscar Puente tras el accidente de Adamuz, el propio titular de Transportes reconoció que se trata de un equipo «antiguo» cuyo reemplazo por la tecnología ERTMS fue licitado en 2021 pero no ha sido ejecutado. Un profesional del sector definió la gravedad de la avería señalando que «Muchas veces ocurren fallos de transmisión del LZB en un punto concreto, y cuando pasan los trenes por ese punto se produce el fallo, avisas y te dan el telefonema correspondiente. En este caso se han quedado colgados todos los trenes que había en el tramo. Una avería en un tramo tan extenso afectando a tantos trenes no es normal».La segunda capa de seguridad colapsó durante las comunicaciones entre los operadores del Centro de Regulación y Control (CRC) de Adif en Atocha y las cabinas de conducción. Tras la caída de la red, los protocolos establecen que los convoyes deben circular «en degradado» bajo la premisa de «marcha a la vista», limitando la velocidad máxima a 40 kilómetros por hora. Sin embargo, los audios de la central revelan que a las 8:36 los controladores ordenaron al AVE de Renfe —que figuraba detenido a 25 kilómetros de distancia— reanudar la marcha con «normalidad» sin imponer restricciones.De forma paralela, la maquinista del Iryo avisó expresamente al puesto de mando de que continuaba parada intentando reiniciar sus equipos de a bordo. En la conversación mantenida a las 8:41 horas, la conductora trasladó: «No me está permitiendo el tren reiniciar el sistema LZB, por eso estoy todavía detenida ante la señal de entrada». Desde el centro de control en Madrid le respondieron: «Cuando pueda y si tiene problemas, nos llama», a lo que la trabajadora contestó: «Vale, perfecto, ahora les digo». En la misma grabación se escucha a los operadores comentar de forma distendida: «De verdad, tronco, de verdad», añadiendo que «El 76» «está teniendo problemas con el equipo».El tercer fallo del sistema se produjo durante la cuenta atrás de entre 12 y 17 minutos en la que el AVE avanzó a unos 120 kilómetros por hora hacia la posición del Iryo inmovilizado. Durante ese intervalo, el CRC no intervino ni alertó al maquinista de Renfe sobre la presencia del tren parado tras la curva. Los pasajeros del AVE aseguraron no haber sentido ningún frenado previo, mientras que la conductora del Iryo sintió directamente el impacto por la espalda. Tras ser identificada por la Guardia Civil, la trabajadora exclamó: «¡Ha fallado el sistema, ha fallado el sistema!».Coincidiendo con el día posterior a la catástrofe de Urda, los maquinistas de Renfe secundan este jueves una huelga para exigir mejoras estructurales de seguridad en la red ferroviaria española, un sistema que acumula más de 100 muertos en los últimos nueve meses.