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Déjate envolver por la magia de "Bajo la nieve", uno de los relatos más evocadores del autor panameño Ricardo Miró. En este video, la palabra escrita cobra vida a través de una interpretación visual y sonora diseñada para capturar la esencia de este cuento clásico.

Acompaña al protagonista en este recorrido literario donde la nieve no es solo clima, sino una metáfora de la soledad y la belleza. Una pieza creada para quienes aman las historias que se quedan grabadas en la memoria.

Obra: Bajo la nieve.
Autor: Ricardo Miró.
Género: Cuento / Narrativa clásica.

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Categoría

🦄
Creatividad
Transcripción
00:00Bajo la nieve. Caminaba con prisa, aguijoneada por el frío, con aquel paso grácil y lleno de
00:07elegancia de la modistilla española. Las mujeres se volvían para verla y los hombres la requebraban
00:14inútilmente, porque ella seguía impasible, mirándolo todo sin fijarse en nada. Los menos
00:21curiosos se volvían a su paso, porque tras de ella quedaba un hálito de mujer joven, limpia y sana,
00:27con tenues reminiscencias de violeta. Al desembocar de la calle de Pelayo a la plaza de la universidad
00:34se detuvo súbitamente, hacia ella avanzaba un joven, de a postura elegante y desenvuelta, baja el ala del
00:41sombrero borsalino y las manos metidas entre los bolsillos de su ancho abrigo de última moda.
00:47Caminaba abstraído, con la cabeza baja, como si lo embargara una honda preocupación. Manolo y Rosario
00:55y los dos jóvenes se aproximaron, bajo la impertinente curiosidad de los transeúntes.
01:02Manolo estaba un poco pálido y agitado. Rosario un poco triste. ¿Y qué puntual fuiste el domingo,
01:10Manolo? ¿Qué quieres que te diga? ¿No te acuerdas del tiempo que hizo? A las tres de la tarde llovía
01:18un
01:18poco. Sin embargo, yo salí y anduve como una tonta por esas calles. Antes me hubieras esperado
01:26hasta bajo la nieve. Si no hubiera estado mal, si no hubiera tenido fiebre, me habría importado poco
01:33el agua, pero estuve muy constipado el sábado y el domingo. Eso es mentira, te lo conozco, tú no
01:41puedes engañarme. Lo que sucede es que ya no me quieres y los ojos de Rosario se humedecieron
01:47ligeramente. No te pongas tonta, mujer, que la gente nos mira. ¿Y qué me importa a mí la gente? ¿Acaso
01:56me da vergüenza que sepan que te quiero? Eso a ti. No, a mí no, pero no está bien. Las
02:04gentes pasaban
02:05dirigiendo miradas impertinentes a la enamorada pareja y algunos sonreían con una sonrisa maliciosa.
02:12Manolo quiso terminar aquella situación y dijo. ¿Quieres que vayamos a casa Moritz a beber un
02:19Bermaus? Rosario sintió con la cabeza y se pusieron en marcha, en silencio. ¿Entramos al salón o vamos
02:27al jardín, Rosario? Preguntó Manolo al llegar. En el jardín hace mucho frío. ¿Para qué queremos más?
02:36Entraron despacio y silenciosamente. Rosario se despojó de su abrigo negro, con puños y cuello
02:43de terciopelo del mismo color. Un camarero vino a ayudarla mientras Manolo se quitaba el suyo. Se
02:51sentaron frente a frente, sin desplegar los labios. Ante los dos, adornaba el muro un gran lienzo
02:58representando a Napoleón, en pie, haciendo sentinela frente al soldado dormido. Rosario le dirigió
03:06épocas mejores, las épocas pasadas que son siempre más felices. Viéndola distraída, Manolo fijó en
03:13Rosario una mirada examinadora. Llevaba el cabello cuidadosamente rizado y una ancha cinta de terciopelo
03:20negro le cruzaba la cabeza, ocultándose detrás, debajo del moño. El pelo sedoso, partido en dos,
03:28le bajaba de la frente, rozándole las cejas, negras y finas, como dibujadas, y cubriéndole las orejas.
03:37Los ojos grandes, velados de pestañas larguísimas, tenían el busto firme y erguido que él conocía. Y
03:45entonces se fijó, Rosario. Llevaba traje nuevo. Su amor agonizante pareció agitarse y sintió celos y
03:53cólera. Rosario era guapa y estaba muy elegante. ¿Cómo pudo haber conseguido aquel traje? Y con la
04:01frente en la mano, quedó pensativo. El camarero, que había esperado largo rato, interrumpió.
04:08¿Desea usted algo, señorito? Sí, traiga vermú. ¿Con aceitunas? Sí. ¿En qué pensabas, Manolo? En nada.
04:21Veía que llevas traje nuevo. Ya casi es viejo, solo que como nunca nos vemos. ¿Y cómo lo conseguiste?
04:31Toma, como los consigo todos cuando tú no me los regalas. ¿De manera que lo has comprado con tu
04:37dinero? Sí. Y en la voz de Rosario había una vacilación de la tora y en sus ojos pugnaba por
04:45brotar una lágrima. Mientes, mientes. Ese traje te lo han regalado. Te lo ha regalado algún nuevo
04:55querido que tienes. El rostro de Rosario estaba rojo como una dalia y sus ojos. Llenos de lágrimas.
05:04Si eso fuera cierto, nada tendría de raro, dijo provocadoramente. ¡Qué desvergonzada te vuelves!
05:12Me das asco con ese aire de cocot barata que vas tomando. Rosario bajó la cabeza y comenzó a sollozar
05:19amargamente y ahogada por el llanto, dijo. Si no me quieres ya, por lo menos no debías ultrajarme.
05:27Lo dijo tan sinceramente, tan conmovedoramente, que una lágrima brilló al instante en los ojos de
05:33Manolo. Rosario, dijo tomándole una mano, me perdonas, tonta. ¿No ves que si te quiero y que tu
05:41pena me ha hecho llorar? Rosario levantó la cara bañada en lágrimas y fijó sus grandes ojos húmedos
05:48en Manolo. Sí, dijo, te perdono. Pero fíjate en que cada día vas siendo más cruel conmigo. Pero no
05:57ves que mis preocupaciones, cada día más grandes, me han agriado el carácter. No sabes cómo me tienen
06:04en las malditas oposiciones. Tus preocupaciones que aumentan y tu amor que se acaba. Siquiera tengo
06:11que agradecerte la buena intención que tienes de prolongar hasta lo último esta esperanza mía. No
06:18digas tonterías, que yo sí te quiero. Bueno, Rosario, me quieres decir, sin riña, cómo conseguiste
06:26ese traje. ¿La última vez que nos vimos no me regalaste veinticinco pesetas? Sí. Pues con eso
06:34compré la tela, los utaes y los forros los debo. Manolo le besó una mano y Rosario sonrió
06:41inefablemente. La nube había pasado y una sonrisa de primavera alumbraba a aquellos dos espíritus jóvenes.
06:49Levántate para ver cómo te sienta. Rosario se puso en pie y dio vuelta bajo la mirada escrutadora de
06:56Manolo. Efectivamente, era una real hembra aquella muchacha de dieciocho años, fragante y fresca como
07:03una rosa y voluptuosa como una paloma. Para cualquier estudiante exigente, aquella modistilla
07:10sevillana era el tipo de la queridita ideal, pero para Manolo Rosas, que la conocía hasta la saciedad,
07:16no era ya sino una muchacha cargante, que quería mansamente, sin reservas, sin rebeldías, sin sombra de
07:24infidelidades estimulantes, con un amor que hartaba y que irremediablemente tenía que llegar al hastío.
07:31Sin embargo, él no era cruel y no quería demostrarle brutalmente que estaba aburrido,
07:36y como Rosario lo veía con una mirada ansiosa y llena de ternura, un vago y melancólico recuerdo
07:43de los días felices que había pasado con ella le embargó. ¿Sabes que estás muy elegante, Rosario?
07:49Sin embargo, nunca puedo verte. Si supieras que todavía te quiero. Y todavía. Bueno,
07:59¿cómo se te ha metido en la cabeza que ya no me gustas? No sé, algún día tenía que ser.
08:05Te pones tonta polle, ¿quieres que nos veamos esta noche? Sí. ¿A qué hora? A la hora de siempre.
08:14Pero observa que hace mal tiempo. ¿Cómo ya no te puedes resfriar por mí? Calla, mujer, y vámonos.
08:23Y se levantaron tristemente, con la callada melancolía de dos amantes que se quisieron mucho
08:29y que de pronto, sin saber por qué, ven que su amor se acaba lentamente, sin poderlo evitar,
08:35como se apaga una lámpara que consume todo su aceite. Adiós, pues, hice puntual, eh.
08:42Sí, hasta las siete. Manolo se había quedado viendo a Rosario, que se alejaba, calle de Montaner
08:50arriba. De tiempo en tiempo, la modistilla volvía a la cabeza para mandar a Manolo una sonrisa,
08:57hasta que al fin se ocultó por una de las calles transversales. Manolo entonces sonrió
09:04desvergonzadamente, con una sonrisa de desprecio, y se puso en marcha. Hacia la plaza de la universidad,
09:11nuevamente. Marchaba abstraído cuando, al entrar a la calle de Pelayo, casi en el mismo sitio donde
09:19se encontró con Rosario, una voz femenina lo llamó. Manolo. Y Lulú. Chica, no esperaba verte ahora.
09:28Pero, ¿qué te pasa, hombre? Manolo estaba rojo y el corazón le palpitaba fuertemente.
09:36Nada, mujer, que venía distraído y me ha sorprendido. ¿Y a dónde marchas? Toma,
09:43a casa, a almorzar. Chico, estás poco galante. Otro que no fuera tú me hubiera dicho que donde
09:51yo quisiera. Si sabes que eso lo puedes mandar tú. Entonces, convídame a casa Moritz a beber un
09:59bermú. Pues vamos. Dijo Manolo, que se había puesto un poco pálido pensando en un imposible
10:07encuentro con Rosario. Los jóvenes marchaban, asediados por la impertinente curiosidad de
10:13los transeúntes, que adivinaban en todo aquello un lío amoroso. Lulú era guapísima y elegante,
10:20con elegancia de cocota aristocrática. El pelo en artístico desorden, se resolvía en grandes mechones
10:27con reflejos de oro pálido bajo su gran sombrero de fieltro blanco, cuya ala era por la parte baja
10:33de un hermoso azul eléctrico que hacía bellísimo fondo su fresca y juvenil cabeza llena de oros y
10:39de rosas. Vestía un traje, sastre, de lana blanca, con una falda de abotonar a la derecha, y que Lulú
10:47llevaba abierta, en tres botones, para lucir el pequeño pie, divinamente calzado, y la pierna forrada
10:54en una polaina bordada y sujeta con broches de oro. Completaba su indumentaria un gran manguito
11:01de pieles, que ella llevaba por lujo, al descuido, en una mano, como para que las amigas vieran que no
11:08le habían hecho falta los quinientos francos. Lulú hacía todo el gasto de conversación. Hablaba,
11:16se reía, y accionaba con ademanes exagerados de muchacha rica, que no se da cuenta de que fuera
11:22de ella está el mundo. Manolo la escuchaba un poco embarazado y un poco triste. Al llegar a casa
11:29Moritz preguntó tímidamente. Vamos al jardín o entramos al salón. No, chico, que salón y que nada.
11:39Cualquiera se piensa, oyéndote, que voy desnuda. Al entrar, los camareros se miraron y se hicieron
11:46guiños inteligentes. Indudablemente, aquel pollo era un don Juan con fortuna. ¿Qué desean los
11:54señoritos? Interrogó un camarero. Dos bermus. No, hombre. ¿Quién bebe bermú? Tráiganos
12:04coñac Domec. Y luego, a Manolo, se dice, beber el bermú. Porque es la frase, pero uno bebe luego
12:12lo que cae. Escuche, camarero, no nos traiga agua, sino cells. Ya ves, chico, como te soy fiel,
12:22me enseñaste a beber coñac, y coñac con sifón, y no bebo otra cosa. Y te aseguro que la moda
12:29prospera. Todo el que me queda al lado se aficiona. Dentro de dos años, nadie beberá en Barcelona el
12:37coñac con agua sino con sifón. Como que Moritz te va a erigir una estatua por la propaganda que le
12:44haces. Manolo había perdido toda su personalidad y, tímido y abatido, estaba suspenso de los labios
12:51burlones de Lulu. Recordaba cuando la conoció en aquella lujosa zapatería de la calle de Fernando.
12:57Ella le había tomado el pie, lo había afirmado sobre su pierna y le había calzado la bota y la
13:06abotonó luego, con naturalidad, como quien cumple con un deber. Pero él no quitó el pie. Entonces
13:14ella levantó la cabeza y fijó en él los ojos. Se miraron y se sonrieron, casi riéndose. Ella era
13:22hermosa y descarada. El guapo y cínico. Se habían encontrado. Después, diez o doce pares de zapatos en
13:31su cuarto, debajo de la cama, colecciones de cepillos y cremas y, en fin, un casi traslado de
13:38la zapatería a su casa, mediante un puñado de billetes de veinticinco pesetas. Algunas salidas
13:44con Clotilde, verdadero nombre de Lulu, el recuerdo de algún beso furtivo y nada más, porque la muchacha
13:51era resbaladiza, quebradiza, como el azogue, y se le salía de las manos, cuando más segura la creía,
13:58y todo ello con grandes carcajadas burlonas, que lo exasperaban más porque le quitaban la esperanza de
14:04una futura victoria. Y poco a poco, Lulu había ido dominándolo, hasta que llegó un momento en que
14:12él empezó a creer que no era el hombre que ella necesitaba. Una tarde, como de costumbre, entró a
14:20la zapatería. Una compañera sonrió, al verlo, con una sonrisa de burla. ¿Dónde está Lulu? ¿Se
14:32comprendo por qué lo dice usted? ¿Es que no ha venido hoy? ¿Cómo quiere usted que venga,
14:38hombre? No la entiendo. Pues me parece que no nos vamos a entender si se empeña usted en hacerse el
14:46inglés. ¿Es que está Lulu enferma? Y de gravedad, hijo. ¿Desde cuándo? ¿Pero quiere usted decir que no
14:55fue usted quien se la llevó anoche y quien la tiene en el Hotel Inglaterra? Manolo se puso
15:01intensamente rojo, como si le dieran de bofetadas, ante la noticia y el tono burlón de la muchacha,
15:07quien prosiguió. A mí me dijeron que se la había llevado el conde de Montemar, pero yo no creía que
15:14ella se marchara con un viejo asqueroso, dejando plantado a un joven guapo como usted. Pero,
15:20¿es cierto eso, Pilar? Hombre, si quiere usted detalles, pregúnteselos al portero del Hotel
15:27Inglaterra. Y Manolo salió disparado, sin despedirse. Cuando llegó al Hotel Inglaterra,
15:35le dijeron que la joven en cuya busca iba acababa de salir en automóvil y que no volvería al hotel.
15:41Después supo que vivía en un elegante piso de la calle Roger de Flor, pero cuanto hizo por verla
15:47fue inútil. Una noche, en las ramblas, oyó una voz femenina que lo llamaba. Volvió la cabeza y vio
15:55una joven elegantísima que le sonreía. Y Clotilde exclamó. No me llames así, chico, que ese es un
16:05nombre de dependienta. Ahora me llamo Lulú, que es más mundano. Y como quedaron sin saber qué decirse,
16:12ella rompió. Mañana a la una nos veremos en Casa Moritz para beber el vermú. No faltes.
16:20Escucha, Clotilde. Tengo prisa. Bueno, adiós. Adiós. Manolo comenzó reprochándole su ingratitud y
16:31ella le interrumpió. Si principias así, me marcho. El conde me compró una torre en el Tibidabo, me puso
16:39veinte mil pesetas en el crédito Leonaise, me puso un piso muy elegante y un automóvil a la puerta.
16:46¿Estamos? Manolo cayó bajo la fuerza aplastante de aquel argumento. Después pasaron varios ratos
16:53juntos, de tiempo en tiempo, cuando la casualidad los ponía en la calle frente a frente y conversaban
16:59de cualquier cosa por conversar. Manolo subrayaba las frases con suspiros y Lulú acotándolas con sus
17:06eternas risas de burla. Esta vez contaban muchos días de no verse. Lulú preguntó. ¿En qué piensas,
17:15chico? En nada, recordaba todo lo que ha sucedido desde que te conocí. ¿Pero es que te empeñas en ser
17:23tonto? Si no te quisiera. Más cuenta nos tendría a los dos. Y ya verás cómo acaba esto. ¿Qué te
17:32vas a
17:33suicidar? Buena imbecilidad, porque pudiera ser que yo te quisiera mañana, o dentro de un mes, o de un
17:40año. Pero si te matas, tú dirás. Luego, me darías una broma muy pesada, teniendo que llevarte flores
17:49todos los domingos, es tan indecente el camino del cementerio del oeste. ¿Te burlas, eh? Pues es
17:57claro, hombre, si eres tan animal. Manolo suspiró amargamente y dijo a Lulú. Párate,
18:04mujer, para ver el traje que llevas. De Paquín, chico, hoy lo estreno, ya ves. Y se puso en pie
18:13y
18:13dio vuelta bajo la mirada examinadora de Manolo. Francamente, Lulú era divina, escultural y
18:20primaveral, con un marcado aire de cocota aristocrática. Manolo la miró con embeleso,
18:27y le dijo. Pareces una marquesa. ¿Tú crees que soy guapa? Manolo, preguntó Lulú con interés.
18:36Claro que sí. ¿Y elegante? Sí. ¿Y crees que puedo competir con cualquier mujer? Sí, mujer. Bueno,
18:46pues voy a decirte una cosa, pero no para que la charles, eh. Te prometo callar. Bien, y si charlas,
18:55tú pierdes más, porque me pierdes a mí. Habla, pues. Camarero, llamó Lulú, traiga dos coñacs más.
19:04Y prosiguió. Debes saber que tengo relaciones íntimas con Pepe Ruiz. Manolo la interrumpió con
19:12una mirada de dolorosa sorpresa. Sí. ¿Qué quieres? Cuando yo me vi con dinero, con comodidades,
19:21elegante y guapa, busqué un hombre joven como yo, porque el conde no me convencía. Pensé en ti,
19:28y hasta te busqué, pero como tú no eres oportuno, no apareciste, y llegó Pepe Ruiz y fue para él
19:35lo que
19:35debía hacer para ti. El conde, pues, paga. Pepe. Ruiz cobra. Sabes. Principé jugando y acabé queriéndolo,
19:47pero yo me marché a París, a hacerme la ropa de invierno, y ayer que he regresado me han dicho
19:53que él tira, con ese pendón de la geoconda, que trabaja en el Eden Concert, el dinero que
19:59economiza conmigo. Esta noche iré a un lugar donde me convenceré de si eso es cierto, y si lo es,
20:06mañana seno contigo y para entonces te ofrezco muchas cosas. ¿Hace o no hace?
20:13Me vas a volver loco, dijo Manolo, besándole la mano. Hoy no, mañana, contestó Lulú sonriendo.
20:21Dijo, ¿quieres que te acompañe esta noche? No, no, necesito ir sola. Y me marcho ya,
20:29porque es tarde, dijo, poniéndose en pie. Con que ya sabes, mañana, a las nueve de la noche,
20:37nos veremos aquí. Si no vengo es que he hecho las paces con Pepe, y entonces espera hasta que yo
20:44te escriba, adiós. Escucha. No, adiós, que tengo prisa, y Lulú salió, entre la admiración de algunos
20:53parroquianos que ya venían a beber el café. Manolo se quedó pensativo un rato, saboreando
21:00inconscientemente la copa de coñac que Lulú había dejado casi intacta. Después, salió cabizbajo,
21:07con las manos metidas en el bolsillo del abrigo. Creí que no vendrías, chico. Si apenas son las
21:14siete y cinco. Es que yo pasé antes y como no te vi, me fui hasta la calle de Casanova.
21:21Hubo un
21:22momento de silencio, mientras se ponían en marcha, a lo largo de la gran vía, camino de la plaza de
21:28Tetuán. ¡Qué frío hace, camarada! Dijo Rosario, apretándose a Manolo y sonriendo maliciosamente con
21:36una sonrisa que sugería la idea de futuros desquites. Sí que hace frío, sí. Efectivamente,
21:44los termómetros de las farmacias marcaban dos bajo cero, y soplaba un dientecillo cortante que
21:50se colaba por los cuellos y las bocamangas de los abrigos, produciendo escalofríos.
21:56La circulación. De gentes por las calles era escasa y los transeúntes pasaban deprisa,
22:02envueltos en bufandas, con los cuellos de los abrigos en alto y las manos en los bolsillos.
22:08Los tranvías se arrastraban penosamente cargados de gentes que arrostraban el martirio de las
22:14plataformas descubiertas, con tal de verse pronto al amparo del hogar. El cielo tenía ese color
22:20promiso que precede a las nevadas y a lo largo de las calles los focos de gas parecían hileras
22:26de pupilas turbias de llanto. ¿Qué frío hace, chico? ¿No te gusta el frío? Cuando voy solita
22:34por esas calles tan llenas de gente y tan vacías para mí, no me agrada, pero cuando estoy así,
22:40cerquitica de ti, entonces sí me gusta. Hoy te ha dado por el romanticismo, chica.
22:47Rosario fijó en su amante una mirada de estupefacción. El tono que Manolo había
22:52empleado era frío y cortante más que el vientecillo de aquella noche glacial.
22:57Pareces enfadado, dijo con temor. Cualquiera tiene ganas de broma con semejante tiempo.
23:04Lo menos que se puede encontrar uno en la calle hoy es una pulmonía doble.
23:09¿Y por qué no nos vamos a la calle del Príncipe de Viana? Insinuó Rosario tímidamente.
23:16Manolo pareció no escuchar a la joven. En la calle del Príncipe de Viana tenían
23:21su nido, en una fandite decente, poco conocida, frecuentada por estudiantes y empleados de poco
23:28sueldo. Allí iban a refugiarse por las noches, cuando la modistilla salía de su taller y los
23:34domingos cuando salían del teatro en el invierno y de los toros en el verano. Y así había transcurrido
23:41un año, sin que nada de importancia hiciera prever el final de aquellos amores. En silencio,
23:47la pareja había llegado a la plaza de Tetuán, ingrima en aquella noche moscovita.
23:53¿Quieres que nos sentemos un rato? Sí. Y se sentaron mudos, con un silencio casi agresivo.
24:01Un amargo presentimiento llenaba de lágrimas los grandes ojos soñadores de la modistilla.
24:08Manolo había encendido un cigarrillo y miraba las caprichosas formas que tomaba el humo,
24:13pensando en Lulú. De pronto tiró el cigarrillo y entornó los ojos. La visión se había hecho clara,
24:21precisa e instintivamente buscó una mano de Rosario. La modistilla sonrió, con una inefable sonrisa de
24:29alegría. Indudablemente, ella era pesimista y amiga de agravar situaciones. Manolo la quería,
24:36como siempre, y no había por qué temer. Y acariciaba entre sus manos la del estudiante y
24:43se restregaba la cara contra ella, mimosamente. Manolo, en un éxtasis divino, se embriagaba de
24:50placer. Se había olvidado completamente de que estaba al lado de Rosario. Palpaba y olía a Lulú,
24:58a la imposible Lulú, enamorada y dócil al fin, y la mudez de la escena ayudaba a prolongar el
25:04encanto. Y de pronto, estrujando la mano de la modistilla hasta hacerle daño, rompió frenético.
25:12Te adoro, Lulú de mi alma. Rosario tuvo un momento de dolorosa estupefacción y al fin,
25:19un gran sollozo le llenó la boca. Habían quedado separados, frente a frente, retándose.
25:26Ya ves, ya ves cómo me engañabas. Manolo sorprendido, acorralado,
25:32se desenmascaró, y dijo. Bueno, ¿y qué? Ya lo sabes, pues. Sí, ya lo sé. Entonces,
25:43dijo Manolo, podemos concluir. Sí. Adiós. Rosario no pudo contestar. El llanto la ahogó y con la cabeza
25:53sobre el respaldo del banco, comenzó a sollozar amargamente. Manolo se había perdido entre las
26:00sombras, camino del paseo de San Juan, y a lo largo de las avenidas y sobre los árboles sombríos
26:05comenzaron a caer menudos copos de nieve.
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