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‘Valle Salvaje’ - avance del capítulo 317: José Luis engaña a todos y Luisa se despide de Evaristo
Transcripción
00:00Avance Valle Salvaje. José Luis engaña a todos y Luisa se despide de Evaristo,
00:15capítulo 317, miércoles 17 de diciembre. Avance del capítulo 317 de Valle Salvaje,
00:25que se emite el miércoles 17 de diciembre. José Luis juega a dos bandas y Luisa toma
00:33una desgarradora decisión, con vídeo avance incluido. El valle amaneció con esa luz grisácea
00:42que no pertenece del todo al invierno ni al cielo. Una claridad cansada,
00:47como si el sol tuviera que pedir permiso para entrar.
00:49En la casa grande, los pasillos olían a cera y a café recién colado, pero bajo ese perfume
00:59doméstico, ese intento obstinado de normalidad, se colaba otro olor, más difícil de nombrar,
01:06el de la inquietud. A cinco días del juicio, cada palabra pronunciada parecía un testimonio,
01:14cada mirada un veredicto, cada silencio un presagio. Desde lo ocurrido el martes,
01:23el valle se había quedado suspendido en una cuerda tensa. Victoria, con la frialdad de quien
01:31corta un hilo para que no la ahorque, había puesto fin a su aventura con Damaso y se lo
01:36había dicho con una serenidad que no era paz, sino defensa. Y, sin embargo, lo que ella llamaba,
01:45no volverá a repetirse, no era el final de nada. Era la puerta cerrada a un corredor lleno de ecos.
01:55Porque Luisa seguía en prisión. Y la prisión, aunque algunos la imaginaran como un lugar lejano,
02:01ajeno, casi abstracto, estaba demasiado cerca. Estaba en los labios de todos, en las conversaciones
02:11a media voz en la cocina, en el modo en que las manos se aferraban a las tazas, en la forma en
02:16que alguien evitaba decir el nombre de Tomás como si nombrarlo fuera invocarlo. Tomás, el verdadero
02:25ladrón, según Adriana, el hombre desaparecido, según la realidad. Y, en medio de esa grieta,
02:34José Luis, el duque, el padre, el señor que parecía caminar con el peso de toda la casa sobre
02:41los hombros, pero que, para quienes empezaban a mirar con atención, caminaba también con una sombra
02:47propia. Una sombra que se movía a su antojo, siempre dos pasos detrás, como si pudiera esconderse
02:56cuando le convenía y adelantarse cuando nadie lo esperaba.
03:03Esa mañana, Martín estaba sentado frente a Matilde en un rincón de la casa donde el ruido
03:08no llegaba con fuerza. Había elegido el lugar con una precisión casi infantil. Una esquina cerca de
03:17una ventana empañada por el frío, donde el mundo parecía más pequeño y, por tanto, menos amenazante.
03:26Tenía las manos entrelazadas, los dedos blancos de apretar, y los ojos enrojecidos, como si llevara
03:32días sin dormir o como si durmiera demasiado y aún así no descansara nunca.
03:40No me siento bien desde que volví al valle. Dijo al fin, con una voz que no se parecía a la suya.
03:49Era la voz de alguien que confiesa, no de alguien que conversa. Matilde lo miró con esa mezcla de
03:55ternura y alerta que tienen quienes han aprendido a leer las grietas en los demás.
04:02Se inclinó un poco, como si acercarse fuera un modo de impedir que él se deshiciera.
04:10¿Te duele algo? Preguntó, y su pregunta no era solo por el cuerpo. Martín negó con la cabeza,
04:17pero esa negación parecía más bien un intento de quitarse la culpa de encima,
04:21como quien sacude una manta para que caiga el polvo.
04:26Es, por dentro, se quedó callado un instante, tragó saliva, y luego lo dijo,
04:32como si al fin hubiera encontrado el nombre exacto del veneno.
04:38Pepa, cuando más me necesitaba, yo no estaba. Y ahora mírala, mi hermana en prisión,
04:45su vida corriendo peligro. Y yo aquí, respirando, comiendo, caminando como si tuviera derecho.
04:51Matilde sintió un pinchazo detrás del esternón. En ese valle, la culpa era un idioma común. La
05:01hablaban todos, pero cada uno con su acento.
05:04Martín, no podía saberlo. Susurró, no todo depende de ti. Él soltó una risa breve, sin humor,
05:15como si esa frase fuera un cuento para niños.
05:17Eso me digo, y luego veo el rostro de Pepa en mi cabeza. Veo su forma de mirarme cuando cree que nadie la ve.
05:25Alzó la vista por primera vez. Sus ojos estaban llenos de algo que no era solo tristeza, sino miedo.
05:38Siento que algo, me persigue desde que regrese. Como si el valle no me perdonara haber vuelto tarde.
05:43Matilde iba a contestar, pero en ese mismo momento el sonido de unos pasos al otro lado del pasillo y una
05:52puerta que se cerraba con demasiada fuerza le arrancaron el hilo de las palabras.
05:58En esa casa, las puertas no se cerraban así sin motivo. Y últimamente, casi todo tenía motivo.
06:05Mientras Martín se desangraba en confesiones, Bárbara hacía otra clase de acto de fe, uno de esos que se
06:14parecen al amor pero también a la guerra. Leonardo estaba frente a ella, con una hoja de papel sobre
06:23la mesa, la pluma entre los dedos, inmóvil. Había aceptado escribir a su padre para interceder por
06:31Luisa, por Luisa, por la justicia, por ese tipo de verdad que se encarna en una persona y te obliga
06:38a elegir bando. Pero aceptarlo no significaba que el peso desapareciera.
06:45No me gusta pedirle nada. Murmuró Leonardo, sin mirarla, como si la vergüenza tuviera ojos.
06:54No después de, de todo, Bárbara le sostuvo la mirada aunque él evitara la suya. En su pecho,
07:01vivía una contradicción que la agotaba. Quería que Leonardo fuera fuerte, pero también quería
07:07abrazar su fragilidad como si fuera un tesoro.
07:13No estás pidiéndolo por ti. Dijo, lo estás haciendo por alguien que no tiene a quién más recurrir.
07:21Leonardo apretó los labios, sus dedos jugaron con la pluma. Y entonces, como si al fin se rindiera,
07:27comenzó a escribir. La tinta avanzó sobre el papel con una determinación que parecía ajena a él,
07:36como si la carta se escribiera sola, como si la necesidad tuviera mano propia.
07:44Bárbara observó cada gesto. El modo en que Leonardo fruncía el ceño al elegir una palabra,
07:49cómo respiraba hondo antes de una frase delicada, cómo su pulso temblaba levemente al nombrar el
07:55apellido de su padre. Y a medida que lo miraba, la distancia entre ellos se acortó sin que ninguno
08:04lo decidiera. Fue un movimiento mínimo, casi imperceptible. Bárbara inclinándose, Leonardo girando
08:14el rostro, una pausa en el aire como si el tiempo se quedara conteniendo la respiración.
08:22El beso nació así. No como un arrebato, sino como una verdad que llevaba demasiado tiempo encerrada.
08:31Fue un beso breve, pero en ese segundo se dijeron cosas que no habían sabido pronunciar.
08:36Te elijo, me da miedo, no sé cómo hacerlo, no me sueltes.
08:41Cuando se separaron, Bárbara todavía tenía el sabor de la tinta y del temblor en los labios.
08:52Leonardo la miraba como si acabara de despertar en una vida nueva. Y entonces,
08:57detrás de la puerta entreabierta, en el lado donde la luz no llegaba, Irene vio todo.
09:02No fue un, ver, sencillo. Fue un golpe. El tipo de golpe que te deja el cuerpo en pie y el alma en el suelo.
09:15Irene retrocedió un paso sin hacer ruido, pero el ruido ya estaba dentro de ella. Sintió el calor
09:21subirle a la cara, y luego bajar, como si la sangre dudara sobre dónde quedarse.
09:25Tenía la promesa de un futuro. Una promesa sostenida con palabras a medias, con conveniencias,
09:35con silencios pactados, y, de pronto, ese futuro parecía una broma cruel.
09:45Porque no era sólo que Leonardo besara a Bárbara, era el modo en que la miraba después.
09:49Era la forma en que, sin decirlo, su cuerpo declaraba, esto es lo que quiero. Y ese querer
09:58no incluía a Irene. Más tarde, cuando el día avanzó y el sol se atrevió por fin a dar una
10:06luz más limpia, Bárbara buscó a Irene. No fue una búsqueda casual. Fue una decisión. Cuando la
10:15encontró, Irene tenía la espalda recta y el rostro quieto, como si hubiera aprendido a endurecerse
10:21para no romperse.
10:25Tenemos que hablar, dijo Bárbara. Irene la miró como si la palabra, hablar, fuera una ofensa.
10:35Sus ojos, sin embargo, no lloraban. Había en ellos algo peor. Una sequedad amarga,
10:41una humillación sin lágrimas. Hablar de qué, preguntó Irene, de promesas, de respetos,
10:51de lo que me juraste. Bárbara sintió un nudo en el estómago. Recordó su propia promesa,
10:59esa frase que había dicho como quien se aferra a la decencia. Me mantendré al margen.
11:04Y ahora esa promesa era una cuerda rota, Irene. Empezó, y su voz no era arrogante, era frágil.
11:17No pronuncies mi nombre como si te importara, cortó Irene. Porque si te importara,
11:22no estarías aquí diciéndome lo que ya sé. Bárbara tragó saliva. En su mente,
11:29el beso era todavía un fuego reciente, pero también lo era la sensación de culpa.
11:36Mi relación con Leonardo continúa, admitió, y, él no está dispuesto a casarse contigo.
11:45Va a luchar por lo nuestro. Irene no reaccionó al principio. Se quedó inmóvil,
11:51como si las palabras tardaran en llegarle.
11:53Cuando por fin lo hicieron, fue como un derrumbe silencioso. Sus dedos se cerraron alrededor del
12:01borde de una silla. El mundo se le volvió un túnel. ¿Tú, me lo dices así? Susurró,
12:09y en su voz había incredulidad. Después de todo, Bárbara bajó la mirada. No quería que lo
12:18supieras por rumores, dijo. No quería que te destruyeran con medias verdades. Irene soltó una
12:27risa seca, peligrosa. ¿Y tú qué crees que acabas de hacer? La miró con una dureza que no había
12:35mostrado antes. Tú no vienes a salvarme. Vienes a confirmarme que soy el obstáculo. Eso es lo que
12:43soy para ti. Un obstáculo. Bárbara quiso contestar, pero Irene ya no estaba en una conversación. Estaba
12:53en una decisión. La decisión tomó forma cuando Irene se plantó frente a Leonardo. No lo buscó en un
13:01lugar público. Lo esperó donde sabía que él no podría huir. En un pasillo estrecho, junto a una
13:10pared cubierta de cuadros familiares que parecían vigilar la escena con ojos antiguos.
13:18Leonardo se detuvo al verla. Por un instante, su rostro mostró algo parecido al arrepentimiento,
13:24pero el arrepentimiento no deshace el daño. Solo lo reconoce.
13:31Irene, dijo. Ella alzó la mano, no para abofetearlo, sino para imponer silencio. Tenía
13:38los labios apretados, la barbilla firme. Era la postura de quien se niega a suplicar.
13:46Basta, dijo. Voy a decirte algo que quizá tú has olvidado, o quizá finges olvidar.
13:54Tú vas a casarte conmigo. Leonardo abrió los ojos. No. Ese, no, fue una piedra. Irene se acercó
14:03un paso, como si el espacio entre ambos fuera una insolencia.
14:10Sí. Insistió. Te guste o no, porque esto no va de amor. Va de realidad. Va de acuerdos.
14:19Va de lo que se espera. Leonardo apretó los puños. Yo no soy un objeto que se entrega
14:24para cumplir expectativas. Irene lo miró con una mezcla de rabia y dolor. Ah, ¿no? ¿Y
14:33yo qué soy entonces? Preguntó. La que espera, la que se resigna, la que sonríe mientras
14:41tú. No dijo, mientras tú besas a Bárbara. Pero el aire lo dijo por ella.
14:46Leonardo respiró hondo. Sus ojos se movieron hacia un lado, como si buscara una salida.
14:56Y entonces habló, con una sinceridad que, lejos de aliviar, cortó como una cuchilla.
15:06No puedo casarme contigo si no te amo. Irene sintió que se le deshacía algo en el pecho.
15:11Y, sin embargo, su orgullo no la dejó caer. No necesito que me ames. Dijo. Necesito que
15:21asumas lo que te corresponde. Lo que me corresponde es ser honesto. Respondió Leonardo, y su voz
15:29tembló apenas. No voy a vivir una mentira. Irene se quedó mirándolo como si él acabara
15:37de declarar una guerra que ella no había elegido. En su interior, una parte gritaba,
15:45otra se congelaba. Y una tercera, la más peligrosa, empezaba a planear.
15:53En paralelo, Adriana caminaba hacia el despacho de José Luis con esa energía amarga de quien
15:58ya no puede fingir.
15:59Había intentado confiar. Había intentado creer que el duque, con todo su peso, su autoridad,
16:08su apellido, haría algo por Luisa.
16:14Pero las promesas que no se cumplen se pudren, y el olor llega a todos lados. José Luis estaba
16:19junto a una ventana cuando ella entró.
16:21Tenía las manos detrás de la espalda, como si fuera un hombre contemplando el mundo.
16:33Pero Adriana ya no veía contemplación, veía cálculo. Necesito saber qué está haciendo
16:38por Luisa, dijo sin rodeos. José Luis giró despacio, con esa calma que a veces es elegancia
16:48y a veces es una máscara. Estoy moviendo hilos donde puedo, respondió. Estas cosas requieren
16:56tiempo. No tenemos tiempo, replicó Adriana. El juicio es en cinco días. La cifra, dicha
17:05en voz alta, sonó como una cuenta atrás. José Luis la miró con un leve cansancio. ¿Qué
17:14quiere que haga? ¿Que derribe un tribunal? Adriana apretó la mandíbula. Quiero que deje
17:22de fingir, dijo. Luisa está dispuesta a cambiar su declaración. Está dispuesta a decir la verdad.
17:31Que Tomás fue el verdadero culpable. Por un segundo. Solo uno. Algo pasó por los ojos
17:37de José Luis. Una sombra, un destello. No era sorpresa. Era. Otra cosa. Algo parecido
17:46a la molestia.
17:50No es conveniente que Luisa modifique su testimonio. Dijo. Y su tono se volvió más severo.
17:59Adriana lo miró como si no hubiera entendido. No es conveniente. Repitió. ¿Para quién?
18:04José Luis respiró despacio. Para ella. Para todos. Señalar a alguien desaparecido solo
18:13complicará las cosas. Adriana sintió un escalofrío. Desaparecido. Esa palabra,
18:21en boca del duque, no sonaba como un hecho. Sonaba como una coartada.
18:25Entonces, dijo ella, muy despacio. Usted no piensa ayudarla. José Luis frunció el ceño.
18:38No diga disparates. Estoy intentando. Usted está evitando. Cortó Adriana. Y lo hace por algo.
18:45José Luis sostuvo su mirada. Pero ya no con paciencia. Sino con advertencia. Adriana. Dijo.
18:55No comprende las implicaciones de lo que propone.
19:01Ella dio un paso hacia él. Lo que yo comprendo es que Luisa se hunde. Y usted se limita a mirar
19:07desde la orilla. José Luis se quedó callado. Su silencio fue una confirmación. Adriana salió del
19:16despacho con el corazón golpeándole las costillas. Y, mientras caminaba, una certeza se instaló en
19:25ella como una espina. José Luis no solo no quería ayudar. José Luis quería controlar la historia. Esa
19:35misma certeza explotó cuando Rafael interceptó a su padre. No fue una conversación. Fue una exigencia.
19:44Rafael estaba pálido. Pero en su palidez había fuego. Le había llegado lo que Adriana descubrió. Y no
19:54podía tragárselo. Dime la verdad. Le dijo a José Luis. ¿Estás haciendo algo por Luisa o no? José Luis
20:04alzó el mentón. Había vivido demasiado tiempo siendo obedecido para acostumbrarse a ser cuestionado por su
20:10hijo. Cuidado con el tono. Respondió. Rafael no se movió. No me importa el tono. Me importa Luisa.
20:24José Luis lo miró largo. Luego soltó, por fin, una parte de la verdad. La parte que le convenía.
20:30Será muy difícil ayudarla. Admitió. Más aún si señala a alguien desaparecido. Rafael apretó los
20:40dientes. ¿Y por qué está desaparecido, padre? Preguntó. Y esa pregunta fue un cuchillo envuelto
20:48en terciopelo. ¿Quién lo hizo desaparecer? José Luis se tensó. No insinúes. No insinúo. Pregunto. Dijo
20:59Rafael. Porque cada vez que hablamos de Tomás, tú cambias el rostro. Como si supieras más de lo que
21:08dices. José Luis dio un paso hacia él. Su voz bajó. Rafael, no sabes de lo que hablas. Entonces
21:18explícame. Insistió Rafael. Porque si tú no ayudas a Luisa, lo haré yo. Y te juro que, si descubro que
21:28has estado jugando a dos bandas, no voy a callarme.
21:31José Luis lo miró con una dureza que parecía heredada. Hay cosas que se hacen por el bien de
21:40la casa. Rafael sintió un asco súbito. ¿Y Luisa no es parte de esa casa? Preguntó. ¿O solo lo es
21:50cuando sirve? José Luis no respondió. Y, en esa ausencia de respuesta, Rafael vio un precipicio.
22:01Mientras los hombres de la casa grande discutían sobre, el bien, y, las implicaciones, en otro
22:09rincón del valle, Francisco observaba a Martín con la intuición de quien reconoce un naufragio.
22:18Martín evitaba las conversaciones, comía poco, se quedaba mirando al vacío como si escuchara
22:24voces desde un sitio donde los demás no podían entrar.
22:27Martín forzó una sonrisa. De verdad, Francisco. Pero su sonrisa era como una vela encendida en
22:46mitad de una tormenta. Francisco lo miró con seriedad. Esa cara no miente, dijo. Y tu cuerpo
22:55tampoco. ¿Desde cuándo tiemblas así? Martín bajó la vista. Sus manos, efectivamente, temblaban.
23:05Lo notó entonces, como si hubiera estado tan ocupado sobreviviendo que no se había dado cuenta.
23:10No es nada. Eso es lo que dice la gente cuando es todo, replicó Francisco. Martín tragó saliva.
23:23Su garganta se cerró. A veces, el silencio no es falta de palabras, es exceso de dolor.
23:28No quiero hablar, dijo al fin. Y esa frase, lejos de apagar las alarmas, las encendió.
23:38En medio de esa red de tensiones, Leonardo buscó a Bárbara. Y cuando la encontró, no pudo ocultar su frustración.
23:49¿Cómo puedes estar tan fría con todo lo que ocurre? Le reprochó. Luisa en prisión, el juicio encima. Irene, tú y yo.
24:03Bárbara sintió que le temblaban las rodillas. Pero se obligó a sostenerse. No estoy fría. Dijo.
24:09Estoy, confundida. Leonardo la miró con desconsuelo. ¿Confundida de qué? Bárbara cerró los ojos un segundo.
24:24Cuando los abrió, había en ellos una tristeza profunda. Estoy atrapada entre lo que debo y lo que siento. Confesó.
24:31Y cuanto más intento ser valiente, más miedo tengo de romperlo todo. Leonardo dio un paso hacia ella.
24:43Yo no quiero romperte, dijo. Pero ya me estás rompiendo, susurró Bárbara. Sin querer.
24:52El aire se cargó de palabras no dichas. De promesas imposibles. De futuros que se dibujaban con líneas temblorosas.
25:01Y entonces llegó el momento que el valle no podría olvidar. Pepa, con el rostro marcado por noches sin sueño, fue a la cárcel.
25:12No llevaba adornos ni sonrisas. Llevaba a Evaristo. El niño iba envuelto en una manta gruesa.
25:18Y su respiración era un rumor pequeño. Un milagro tibio en un lugar de piedra.
25:26Pepa caminó por los pasillos con una determinación que le nacía del instinto.
25:30Cuando una madre atraviesa una puerta así, lo hace aunque se le parta el alma, porque el alma no pesa más que un hijo.
25:40Luisa apareció tras las rejas con los ojos encendidos. Al ver a Pepa, sonrió. Al principio.
25:46Una sonrisa que parecía un hilo de luz. Pepa, dijo, y su voz se quebró. Pepa acercó al niño, mostrando su carita, su pelo suave, su inocencia intacta.
26:00Mira quien ha venido a verte. Susurró. Luisa extendió las manos, temblando, como si temiera que la visión se deshiciera si la tocaba.
26:13Cuando por fin sostuvo a Evaristo, el mundo se le redujo a ese peso pequeño y cálido.
26:23Lo olió, lo besó, cerró los ojos. Mi amor, murmuró, mi vida. Pepa observó con el corazón encogido.
26:31Había esperado encontrar a Luisa rota, desesperada, hundida. Y sí, había tristeza.
26:42Pero también había una calma extraña en ella, una serenidad demasiado parecida a la despedida.
26:50Te veo más animada. Dijo Pepa, intentando aferrarse a una esperanza, Luisa la miró.
26:57Y en esa mirada, Pepa entendió antes de escuchar. No es ánimo, Pepa, susurró Luisa.
27:09Es, aceptación. Pepa sintió que se le helaba la sangre. ¿Qué estás diciendo? Luisa apretó a Evaristo
27:16contra su pecho con una fuerza desesperada, como si quisiera fundirse con él para que nadie pudiera
27:22separarlos nunca.
27:23Estoy diciendo que quizá, quizá no vuelva a verlo. Dijo, y su voz fue un hilo a punto de romperse.
27:35Y no quiero que su último recuerdo de mí sea una madre derrotada. Quiero, quiero que me sienta.
27:43Que me guarde aquí. Se tocó el pecho. Aunque yo no esté. Pepa tragó saliva. Sus ojos se llenaron de
27:50lágrimas. No hables así. Suplico. Vas a salir, Luisa. Tiene que haber una forma. Luisa soltó una risa
28:01pequeña, amarga. Me han ignorado cuando intenté declarar la verdad. Dijo, me han cerrado puertas.
28:09Y ahora, ahora todo depende de hombres que dicen ayudar y solo mueven las piezas a su conveniencia.
28:20Pepa pensó en José Luis. Pensó en el valle. Pensó en esa maquinaria invisible que trituraba a los más
28:26débiles. Alejo, dijo Pepa de pronto. Alejo sabe lo de Tomás. Adriana se lo contó. Él,
28:35Luisa bajó la mirada. Un destello cruzó su rostro. El recuerdo del reencuentro con Alejo,
28:44esa emoción que le había devuelto por un instante la idea de que no estaba sola.
28:51Lo había visto, lo había sentido cerca, y en sus ojos había encontrado una promesa. No te voy a
28:57abandonar. Alejo me mira como si pudiera salvarme. Susurró. Y eso me mata. Porque yo,
29:06yo no quiero que se hunda conmigo. Pepa negó con la cabeza. Él te quiere. Dijo. Y cuando
29:15alguien te quiere de verdad, no mide el riesgo. Luisa besó la frente de Evaristo. Sus lágrimas
29:24cayeron sobre la manta y se quedaron ahí, invisibles para el niño.
29:31Entonces dile que me perdone. Dijo. Dile que, si hago lo que voy a hacer, no es por cobardía.
29:40Es por amor. Pepa se quedó inmóvil. ¿Qué vas a hacer? Luisa levantó la vista, y en sus ojos había
29:47un brillo decidido, como si, por fin, hubiera encontrado una última herramienta.
29:56Voy a despedirme. Dijo. Y voy a dejarles lo único que no pueden quitarme. Mi elección.
30:05Pepa sintió que el suelo se movía. Quiso decir algo, pero la garganta se le cerró.
30:10Porque, en ese lugar, las despedidas tenían un peso definitivo. Mientras en la cárcel se sellaba
30:19una despedida, en la casa grande otra tormenta se gestaba. Damaso, con el corazón aún caliente por
30:29la confesión que le había hecho a Mercedes, con ese, te amo, pronunciado como quien se quita una
30:34armadura, intentó acercarse a ella. Mercedes, sin embargo, era una mujer acostumbrada a sobrevivir a
30:44los hombres, incluso a los que amaban. No puedes venir así, como si nada. Le dijo, y su voz tenía un
30:53cansancio antiguo. No después de todo lo que has hecho. Damaso la miró con una mezcla de culpa y
31:02necesidad. No quiero perderte. Dijo, no ahora que sé lo que siento. Mercedes apretó los labios.
31:14En su interior, el amor y la prudencia peleaban como dos animales. Y a veces ganaba la prudencia,
31:21porque la prudencia había sido su salvación muchas veces.
31:24Entonces empieza por decir la verdad. Respondió, toda. Damaso abrió la boca, y se quedó callado.
31:37Porque la verdad completa incluía a Victoria. Incluía noches, promesas, un doble juego que,
31:43en el fondo, era la marca del valle. Todos fingiendo ser una cosa mientras eran otra.
31:49Y, precisamente por eso, Damaso tomó una decisión peligrosa. Presentarse en la casa grande para hablar
31:59con José Luis. Cuando Victoria supo que él iba, el miedo le subió como una ola. No era un miedo teatral.
32:08Era un pánico real. De esos que te dejan sin aire. No, susurró para sí. No lo hagas.
32:22No lo hagas. Porque Victoria sabía algo que los demás ignoraban. José Luis no era un hombre al
32:28que se pudiera desafiar sin pagar un precio.
32:30Y Damaso, con su impulso y su necesidad de redención, estaba a punto de tocar una cuerda
32:39que podía romperlo todo. La tarde cayó, el cielo se volvió de plomo, y el sonido de unos pasos firmes
32:48acercándose a la entrada de la casa grande fue, para Victoria, como el golpe seco de una sentencia.
32:54Damaso cruzó el umbral con la mirada fija. No venía a saludar. Venía a hablar. Y, cuando preguntó
33:03por José Luis, el valle entero pareció contener la respiración. Porque si Damaso revelaba su
33:11relación con Victoria, no solo se derrumbaría un secreto, se encendería una guerra. Y, en un valle
33:21donde Luisa se despedía de su hijo creyendo que jamás volvería a verlo, donde Irene apretaba
33:26los dientes dispuesta a imponer un matrimonio por orgullo y supervivencia, donde Martín caminaba
33:32con una culpa que lo enfermaba por dentro, y donde Adriana empezaba a sospechar que el
33:36verdadero peligro no era el juicio sino los hombres que movían los hilos. Una guerra no
33:41era un giro inesperado.
33:42Era la consecuencia natural de tanta mentira acumulada. Y José Luis, desde algún lugar
33:50de la casa, parecía estar esperando precisamente eso. El momento exacto en que todos creyeran
33:56tener la verdad, para demostrarles que, en el valle, la verdad siempre llegaba tarde, y
34:02siempre costaba sangre.
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