00:00Imagínate un gobernante tan obsesionado con su propio poder que decide desafiar lo imposible.
00:05China. Siglo 3 antes de Cristo. El emperador Qin Shi Huang, el mismo que unificó China y mandó
00:11construir la gran muralla, tenía una obsesión enfermiza con su autoridad. Y hubo algo que
00:15nunca pudo controlar. El sol. Según antiguas crónicas, Huang llegó a considerar la posibilidad
00:21de borrar el sol del cielo. Los registros son escasos, pero algunos relatos sugieren que mandó
00:28a sus alquimistas y astrónomos a buscar formas de controlar los astros. Desde disparar flechas
00:33al sol hasta intentar cubrirlo con enormes estructuras. Pero, como era de esperarse. Fracasó. El sol
00:41siguió brillando y Huang terminó consumido por su propia locura. Su obsesión por la inmortalidad
00:46lo llevó a ingerir mercurio, creyendo que le daría vida eterna. En lugar de eso, lo envenenó. El
00:54emperador que quiso apagar el sol nunca pudo contra la naturaleza. Ni contra la muerte.
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