Llevó una vida muelle y fue dama longeva. Ciega y casi sorda, había perdido los dientes, fuera de otros achaques naturales de su edad.
De pelo blanco y rizado, estaba siempre dispuesta a prodigar ternura. Mimada y frágil como pocas, nació para querer y ser querida.
Su porte diminuto dejó dulces recuerdos en sus enamorados. De tres maridos que tuvo, dos vivían con ella y el otro anduvo lejos.
Paz en su descanso eterno para esta perrita fascinante que supo despertar amor en quienes la conocimos.
Adiós bella Lulú: Pronto te haremos compañía en esa dimensión desconocida donde el silencio abraza y el dolor no cabe como en la vida, de tristezas llena.