De qué escribir, y hacerlo para qué si todo lo existente está nombrado: el arte con sus tergiversaciones, los mares, el amor y las pasiones, las ciencias, el dolor y la cultura, revueltos siempre en su brutal empaque y en este pobre corazón cansado.
Otros han dicho con mejor fortuna lo que yo no, poeta despistado que nunca pudo comprender la vida, ni encerrado ni fuera del establo, porque es la realidad la que atropella, no los delirios ni los sueños vagos.
No obstante vivo emborronando páginas como intonso amanuense despeinado, mientras llegan, con látigo dispuesto, los lectores que miran de costado y críticos de duras opiniones en salones y plazas de mercado.
Pese a todo, continuaré mi ruta por distintos caminos, extraviado, en tanto el mundo se derrumba solo cual castillo de naipes estrujado por la mano invisible del destino, que no tiene piedad del que ha fallado.
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