La espiración es la fase en la que se devuelve el aire de los pulmones al exterior. Se manifiesta por una fase de cierre de una parte del tronco: costillas, vientre, columna vertebral.
Al igual que la inspiración es un gesto que se puede trabajar parcialmente, pudiendo aislarse las zonas movilizadas en función de la musculatura implicada en la espiración.
Puede predominar el movimiento más en las costillas, o el vientre; y por otro lado en la parte anterior o posterior del tronco. Además, se puede controlar la amplitud y la velocidad con la que espiramos, así como con el sonido. Y es que la posibilidad de expresarnos por medio de sonidos (palabras, canciones, silbidos), se hace posible por medio de la espiración La exhalación se asocia al vaciado de ideas y se utiliza como medio de relajación. Las situaciones de estrés se caracterizan por un bloqueo de la caja respiratoria en una situación de inspiración, dejando un poco margen al movimiento de aire.
– La apnea: Es la fase en la que se interrumpe el flujo de aire y se percibe porque desaparece el movimiento respiratorio del tronco. Puede producirse en cualquier momento de la respiración, pero normalmente aparece cuando se va a pasar de la inspiración a la espiración (o viceversa). Su regulación es automática para adaptarse a las necesidades respiratorias, en condiciones normales, pero conscientemente se puede alterar la duración de la pausa, acortándola o alargándola (técnica muy usada en el yoga, por ejemplo). Sin respirar (en apnea) nos podemos mantener voluntariamente hasta que la necesidad de aire activa automáticamente la respiración. Por eso nadie puede inmolarse dejando de respirar o podrá morir por olvidarse de realizar este gesto fundamental para la vida. La retención de la respiración se utiliza mucho en las técnicas respiratorias, para otorgar más control del movimiento, y porque este gesto si es controlado, aporta ciertos beneficios para la salud.
La parada respiratoria, cuando los pulmones se vacían totalmente de aire facilita el retorno de la sangre venosa hacia el corazón. No hay que forzar la retención del aliento ni la duración de la parada. Tan sólo la práctica ayuda a prolongarla. Por otro lado, la parada respiratoria con los pulmones llenos de aire, ayuda a la ventilación de todos los alvéolos, ventilando territorios que nunca lo están. Esta oxigenación más completa estimula la circulación de la sangre, que es inseparable de la respiración, al quemar con más intensidad los residuos carbónicos y acelerar el aporte de oxígeno a la sangre. Aumenta la seguridad en uno mismo y la resistencia a las influencias externas y sirve para calmar los nervios. Es bueno acompañarla de alguna contracción isométrica para facilitarla. La apnea se utiliza en ciertas actividades bajo el agua como el deporte de la apnea, el buceo a pulmón y la pesca submarina.
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