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#ValleSalvaje #capítulo283 #DámasoEl
Avance ‘Valle Salvaje’: ¿Quién es Dámaso? El pasado vuelve en el capítulo 283 (27 de octubre)
Avance del capítulo 283 de ‘Valle Salvaje’, que se emite el lunes 27 de octubre en TVE. El pasado irrumpe en el presente con la llegada de Dámaso, un misterioso personaje que Mercedes creía muerto. Contiene vídeo avance incluido.
La noche del 26 de octubre se había cernido sobre Valle Salvaje como un sudario de terciopelo oscuro y helado. No había luna, o quizás se ocultaba tímidamente tras un denso man ...
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Transcripción
00:00Avance Valle Salvaje, ¿Quién es Damaso? El pasado vuelve en el capítulo 283, 27 de octubre.
00:21Avance del capítulo 283 de Valle Salvaje, que se emite el lunes 27 de octubre en TVE.
00:30El pasado irrumpe en el presente con la llegada de Damaso, un misterioso personaje que Mercedes creía muerto.
00:40Contiene vídeo avance incluido. La noche del 26 de octubre se había cernido sobre Valle Salvaje como un sudario de terciopelo oscuro y helado.
00:48No había luna, o quizás se ocultaba tímidamente tras un denso manto de nubes que prometían una lluvia tardía, una lluvia que lavaría los caminos pero no las conciencias manchadas de quienes habitaban el palacio y sus alrededores.
01:05El viento, un susurro sibilante y frío, se colaba por las rendijas de las ventanas centenarias del palacio de los Luján, agitando las llamas de las velas y creando danzas de sombras grotescas en los pasillos largos y silenciosos.
01:21Era una noche para los secretos, una noche en la que el pasado, ese fantasma incansable, había decidido que ya era hora de volver a caminar entre los vivos.
01:34En sus aposentos, Mercedes no encontraba la paz. Daba vueltas como un animal enjaulado, el crujido suave de sus zapatillas sobre la alfombra persa era el único sonido que rompía el silencio opresivo.
01:51La jornada había sido un cúmulo de tensiones insoportables, una maraña de hilos que amenazaban con estrangular la poca cordura que aún quedaba en esa casa.
02:00La imagen de Bárbara, postrada en la cama, pálida y frágil como una figura de porcelana rota, no la abandonaba.
02:12Y sobre esa imagen, se superponía la de Irene, su propia hija, con los ojos anegados en una culpa que la consumía, enfrentándose a su padre, don Hernando, con una furia que Mercedes rara vez le había visto.
02:26La boda con Leonardo, ese compromiso forzado que olía a pacto de poder y a desgracia, seguía adelante, arrollando la voluntad de su hija como una apisonadora.
02:38Se detuvo frente al gran ventanal, apartando con dedos temblorosos la pesada cortina de brocado.
02:51Afuera, la oscuridad era casi absoluta, apenas rota por el parpadeo lejano de un farol en el camino.
02:57Sentía el peso de la enemistad con don Hernando, una brecha que se había abierto entre ellos, profunda y, temía, irreparable.
03:11Él no veía el sufrimiento de su hija, o no quería verlo, ciego por la ambición y los acuerdos firmados con la familia del marqués.
03:18Mercedes se sentía impotente, una reina sin reino en su propia casa, observando cómo las personas que amaba se dirigían hacia un precipicio.
03:32Un ruido. No fue un crujido de la madera vieja ni el lamento del viento. Fue un sonido distinto, deliberado.
03:40Un golpe suave, casi imperceptible, en la puerta de la terraza. Su corazón dio un vuelco.
03:52Nadie subía a su terraza a esas horas. El servicio dormía y cualquier visita habría sido anunciada por el mayordomo.
04:02Un escalofrío le recorrió la espalda, erizándole la piel de los brazos. ¿Sería un ladrón?
04:07La idea del robo de la talla de la capilla, esa reliquia familiar desaparecida, avivó su miedo.
04:16Con el corazón martilleándole en el pecho, se acercó a la puerta de cristal y madera.
04:25Contuvo la respiración, tratando de agudizar el oído. Silencio. Quizás había sido su imaginación, una jugarreta de sus nervios desechos.
04:33Estaba a punto de darse la vuelta cuando el golpe se repitió, esta vez un poco más firme.
04:45Y entonces, a través del cristal biselado que distorsionaba las formas, distinguió una silueta.
04:50Alta, masculina, no era nadie del servicio. ¿Quién anda ahí? Preguntó, su voz un hilo tembloroso que apenas logró salir de su garganta.
05:03No hubo respuesta verbal, solo el sonido del pestillo de la terraza cediendo con un clic metálico.
05:11Mercedes retrocedió instintivamente, buscando con la mirada algo con lo que defenderse.
05:21Un pesado candelabro de plata sobre la mesita auxiliar pareció la única opción.
05:27Sus dedos se cerraron alrededor del metal frío justo cuando la puerta se abría lentamente, con un gemido quejumbroso.
05:33La figura se materializó en el umbral, recortada contra la negrura de la noche.
05:42El viento entró con él, apagando dos de las velas de la habitación y haciendo que las sombras se agitaran con violencia.
05:51El hombre cerró la puerta a su espalda, sumiendo de nuevo la estancia en una penumbra relativa.
05:56Llevaba un sombrero de ala ancha que ocultaba la mitad superior de su rostro y un abrigo largo y oscuro que parecía haber soportado mil tormentas.
06:10¿Quién es usted? ¿Hable o gritaré? Amenazó Mercedes, alzando el candelabro.
06:15Su voz sonaba más valiente de lo que se sentía.
06:17Por dentro, era un manojo de pánico.
06:23El hombre se quitó lentamente el sombrero, revelando su rostro a la luz parpadeante de las velas restantes.
06:31Y el mundo de Mercedes se detuvo.
06:34El candelabro se le resbaló de los dedos y cayó sobre la alfombra con un ruido sordo.
06:41El aire abandonó sus pulmones en un silbido ahogado.
06:44Sus rodillas flaquearon. No podía ser.
06:47Era una visión. Un espectro convocado por su mente atormentada.
06:54El rostro era más viejo, sí.
06:59Había arrugas alrededor de los ojos que antes no estaban, surcos profundos a ambos lados de la boca.
07:08Una cicatriz delgada y blanca le cruzaba una ceja.
07:11El cabello, antes negro como el azabache, ahora estaba veteado de plata en las sienes.
07:17Pero los ojos, esos ojos oscuros, intensos, que la miraban con una mezcla de dolor, anhelo y una profunda tristeza, eran inconfundibles.
07:29Eran los mismos ojos que la habían atormentado en sus sueños durante años.
07:37Los ojos de un hombre muerto.
07:39Damaso, susurró, el nombre un fantasma en sus labios, un eco de un pasado que creía enterrado bajo toneladas de tierra y tiempo.
07:53El hombre esbozó una sonrisa torcida, una mueca cargada de melancolía.
07:58Hola, Mercedes.
08:03No, no puede ser, balbuceó ella, retrocediendo hasta chocar contra la pared.
08:09Se llevó una mano a la boca, como para reprimir un grito o un sollozo.
08:13Tú, tú estás muerto.
08:18Yo, yo fui a tu entierro.
08:20Lloré sobre tu tumba.
08:22Él dio un paso hacia ella, lento, cauteloso, como quien se acerca a un animal asustado.
08:28La tumba estaba vacía, Mercedes.
08:33Como mi vida desde que tuve que dejarte.
08:36Pero, ¿cómo?
08:37¿Por qué?
08:38Las preguntas se agolpaban en su mente, un torbellino de confusión y shock.
08:46La lógica se negaba a aceptar lo que sus ojos veían.
08:49Damaso había muerto en un accidente en las minas, un derrumbe.
08:53Se lo habían notificado oficialmente.
08:58Hubo un atout sellado.
09:00Un funeral.
09:01Es una larga historia.
09:04Una historia de traición y supervivencia, dijo él, su voz grave y rasposa, como si no
09:11estuviera acostumbrado a usarla.
09:15No tenemos mucho tiempo ahora.
09:18¿No es seguro?
09:19¿Seguro?
09:19¿De qué hablas, Damaso?
09:21Han pasado diez años.
09:23Diez años creyéndote muerto.
09:28¿Y apareces así, en mitad de la noche, como un ladrón?
09:32La incredulidad empezaba a dar paso a una oleada de ira, de dolor por el engaño.
09:39Era la única manera, insistió él, acortando la distancia entre ellos.
09:45Su presencia llenaba la habitación, un torbellino de emociones que amenazaba con consumirla.
09:53Olía a tierra mojada, a cuero y a un peligro latente.
09:58Necesitaba verte.
09:59Necesitaba saber que estabas bien.
10:01Bien, repitió ella con una risa amarga que se quebró en un sollozo.
10:09¿Crees que he estado bien?
10:10Te lloré, Damaso.
10:14Te lloré hasta que no me quedaron lágrimas.
10:16Mi vida se rompió en mil pedazos.
10:18Él extendió una mano, deteniéndose a centímetros de su rostro.
10:22Lo sé, y no hay un solo día en estos diez años que no me haya arrepentido del dolor que te causé.
10:33Pero tuve que hacerlo, Mercedes.
10:35Para protegerte.
10:37¿Protegerme?
10:37¿De quién?
10:38Los ojos de Damaso se oscurecieron.
10:40De las mismas personas que intentaron matarme entonces, y que ahora están destruyendo esta familia desde dentro.
10:52Hizo una pausa, su mirada penetrante.
10:55No he vuelto solo por ti.
10:56He vuelto para ajustar cuentas.
10:58Mercedes lo miró, tratando de procesar la enormidad de sus palabras.
11:06Damaso vivo.
11:09Una conspiración.
11:10Un peligro inminente.
11:12Era demasiado.
11:13Se sentía mareada.
11:14Él pareció notarlo y la sujetó suavemente por los brazos, guiándola hasta una butaca.
11:22Siéntate, por favor, le pidió.
11:25Ella se dejó caer, todavía temblando.
11:28Él se arrodilló frente a ella, obligándola a mirarlo.
11:34Soy yo, Mercedes, en cuerpo y alma.
11:37Dijo, repitiendo las palabras que resonarían en la cabeza de ella durante días.
11:45No soy un fantasma.
11:46Soy real.
11:47Y necesito tu ayuda.
11:49¿Mi ayuda?
11:50Susurró ella.
11:51Sí.
11:55Por ahora, lo único que te pido es tu silencio.
11:58Nadie, absolutamente nadie, puede saber que estoy aquí.
12:04Para todo el mundo, sigo muerto.
12:06Piensa en mí como un aliado en la sombra.
12:09Observo, escucho, y actuaré cuando sea el momento.
12:12Pero si se descubre mi regreso antes de tiempo, todo estará perdido.
12:19Y no solo para mí.
12:23La seriedad de su tono la geló hasta los huesos.
12:26Había algo más en juego, algo mucho más grande y peligroso de lo que podía imaginar.
12:30Miró a ese hombre, el amor de su juventud, el fantasma de su madurez, y vio en sus ojos una determinación de hierro forjada en el fuego de una década de exilio y sufrimiento.
12:44¿Quién más lo sabe?, preguntó ella, su mente empezando a funcionar de nuevo, a trazar conexiones.
12:53Pronto lo sabrán aquellos que necesitan saberlo.
13:00Aquellos cuyo pasado está tan entrelazado con el mío como una soga al cuello, respondió él, enigmático.
13:05Se puso de pie, debo irme, volveré a buscarte, ten cuidado, Mercedes, no confíes en nadie.
13:18Las paredes de este palacio tienen oídos y los rostros amables a menudo esconden las intenciones más oscuras.
13:26Se dirigió de nuevo a la terraza, poniéndose el sombrero. Antes de salir, se giró una última vez.
13:35Fue un error dejarte, el mayor error de mi vida, no volveré a cometerlo.
13:41Y con esas palabras, desapareció en la noche, dejando a Mercedes sola en la penumbra,
13:46con el corazón galopando desbocado y el alma hecha un mar de dudas, miedos y una peligrosa, diminuta, llama de esperanza.
13:57El pasado no había vuelto, había irrumpido, derribando la puerta y amenazando con reducir a cenizas el frágil presente.
14:05Mientras Mercedes lidiaba con la aparición de su propio fantasma personal, en la casa pequeña,
14:12una construcción más modesta pero ahora cargada de una atmósfera igualmente densa, Adriana velaba el sueño febril de Bárbara.
14:19La habitación estaba sumida en una quietud casi sagrada, rota únicamente por la respiración entrecortada de la mujer enferma
14:30y el tic-tac monótono de un reloj de sobremesa que parecía contar los segundos de una vida en vilo.
14:35Adriana no se había separado de la cama en dos días. Apenas comía, apenas dormía.
14:44Su rostro, normalmente lleno de vida, estaba pálido y demacrado, con profundas ojeras violáceas bajo sus ojos enrojecidos.
14:52Sostenía la mano de Bárbara, una mano lánguida y fría, entre las suyas, como si con su calor pudiera devolverle la fuerza,
15:04como si con su contacto pudiera anclarla a este mundo.
15:10Bárbara, sumida en la inconsciencia, era un retrato de fragilidad.
15:14Su piel tenía una palidez cerúlea y sus labios estaban secos y agrietados.
15:22De vez en cuando, un gemido escapaba de su garganta o su cuerpo se crispaba en un espasmo de dolor.
15:31Había caído por las escaleras, esa era la versión oficial. Un terrible accidente.
15:36Pero Adriana sabía que no había sido un accidente. Bárbara no era torpe. Alguien, o algo, la había empujado.
15:49La había empujado al abismo de la inconsciencia, y la causa tenía un nombre y un título, el Marqués.
15:55Su odio hacia ese hombre era un fuego helado en sus entrañas. Lo culpaba de todo, de la presión, de la angustia que había estado consumiendo a Bárbara en las últimas semanas.
16:11La discusión que habían tenido justo antes de la caída resonaba en la mente de Adriana como un eco infernal.
16:16Había escuchado los gritos desde el pasillo, la voz del Marqués, dura y exigente, y la de Bárbara, suplicante al principio, desafiante después.
16:33Y luego, el golpe seco y el grito ahogado. Cuando Adriana llegó, la encontró al pie de la escalera, un muñeco roto en un charco de seda arrugada.
16:42De repente, Bárbara se agitó en la cama. Sus párpados temblaron y un nombre se deslizó entre sus labios en un susurro febril, casi inaudible, Leonardo.
16:58Adriana se inclinó sobre ella, el corazón encogido. Bárbara, ¿puedes oírme? Soy yo, Adriana.
17:04Pero Bárbara no respondió. El nombre quedó flotando en el aire viciado de la habitación, cargado de un significado que Adriana no lograba comprender del todo, pero que aumentaba su inquietud.
17:20¿Por qué Leonardo? ¿Qué tenía que ver el prometido de Irene en todo esto? La red de intrigas parecía extenderse, sus hilos envenenados tocándolo todo, atrapándolos a todos.
17:30La puerta de la habitación se abrió con un leve chirrido. Adriana se giró bruscamente, con el cuerpo tenso, lista para la batalla.
17:44Era él, el marqués. Entró con esa arrogancia suya, vestido impecablemente, como si viniera de un paseo por el campo y no a visitar a una mujer que se debatía entre la vida y la muerte por su culpa.
17:55¿Cómo sigue? Preguntó, su voz un murmullo que pretendía ser compasivo pero que a oídos de Adriana sonaba a pura hipocresía.
18:07La ira, contenida durante días, explotó en Adriana como un volcán. Se puso de pie de un salto, interponiéndose entre el hombre y la cama, como una leona protegiendo a su cachorro herido.
18:22Fuera, siseo, su voz baja y cargada de veneno. Fuera de aquí ahora mismo. El marqués arqueó una ceja, sorprendido por su vehemencia.
18:34Señorita, solo he venido a interesarme por su estado. ¿Interesarse? Espetó Adriana, avanzando hacia él, obligándolo a retroceder.
18:47¿Ahora se interesa? Después de haberla empujado a esto, no se atreva a acercarse a ella. No tiene derecho.
18:56Yo no le he hecho nada. Fue un desgraciado accidente. Se defendió él, su rostro endureciéndose.
19:07Miente. Lo acusó ella, señalándolo con un dedo tembloroso. Usted es el causante de su situación. La acosó, la presionó hasta llevarla al límite.
19:17La oí discutir con usted. Usted y su maldita codicia son los culpables de que ella esté así. Así que larguis.
19:26Larguis de mi vista y no vuelva a poner un pie en esta habitación. Si le ocurre algo, juro por Dios que lo pagará.
19:36Su voz se había elevado a un grito desgarrado, lleno de dolor y rabia. El marqués, por primera vez, pareció vacilar.
19:46Quizás vio en los ojos de aquella joven una determinación que no esperaba. Sin decir una palabra más, se dio media vuelta y salió de la habitación,
19:54cerrando la puerta tras de sí.
19:59Adriana se quedó de pie, temblando de pies a cabeza, con las lágrimas corriendo por sus mejillas.
20:04Se acercó de nuevo a la cama y se derrumbó en la silla, escondiendo el rostro entre las manos y llorando en silencio,
20:15con sollozos que sacudían todo su cuerpo.
20:17La impotencia era un veneno amargo en su boca. Odiaba a esa familia, odiaba a ese palacio, odiaba a todo lo que representaban.
20:27Y en ese momento, se hizo una promesa. Descubriría la verdad, y haría que pagaran.
20:39Cueste lo que cueste, la culpa de Irene era de una naturaleza distinta, pero no menos corrosiva.
20:48Era una culpa que se mezclaba con la pena y la rabia, un cóctel tóxico que la estaba envenenando por dentro.
20:54Cada vez que cerraba los ojos, veía a Bárbara sonriéndole, y luego la imagen se transformaba en el cuerpo inerte al pie de la escalera.
21:08Y ella se sentía cómplice. Cómplice por su silencio, por su debilidad, por permitir que su padre, don Hernando,
21:16manejara su vida como si fuera una pieza de ajedrez en su tablero de ambiciones.
21:20Lo encontró en el salón principal, revisando unos planos con don Hernando, el padre de Leonardo.
21:32Hablaban de los preparativos de la boda, de la unión de sus fortunas, de los terrenos que se anexionarían.
21:41Hablaban de futuro, de prosperidad, mientras a pocos metros de allí, una mujer luchaba por su vida.
21:50La náusea subió por la garganta de Irene. Padre, lo llamó, su voz sonando extraña, metálica.
22:00Don Hernando levantó la vista, una sonrisa de satisfacción en su rostro que se borró al ver la expresión de su hija.
22:07Irene, hija, justo hablábamos con don Hernando de los detalles del banquete.
22:15¿Del banquete? Repitió ella, incrédula.
22:18Se acercó a la mesa, su mirada llameando. ¿Cómo puede hablar de banquetes y celebraciones en un momento como este? ¿Acaso no le importa en absoluto lo que ha pasado?
22:30Don Hernando frunció el ceño. Por supuesto que me importa, Irene. Todos lamentamos profundamente el accidente de Bárbara.
22:40Pero la vida sigue, y tu compromiso es un asunto de suma importancia. Más importante que la vida de una persona.
22:50Replicó ella, su voz temblando de ira.
22:56Se giró hacia el padre de Leonardo, quien la observaba con una expresión fría e indescifrable.
23:01No puedo creer la frialdad con la que manejan todo. Para ustedes solo somos mercancía, ¿verdad? Peones en sus juegos de poder.
23:14Irene, controla tu lengua, le advirtió su padre en voz baja pero amenazante. Estás siendo una histérica.
23:24¿Histérica? Irene soltó una carcajada sin alegría. Estoy siendo la única con un poco de decencia en esta casa.
23:31Me dan asco. Ambos, sin esperar respuesta, se dio la vuelta y salió del salón a grandes zancadas, dejando a los dos hombres mirándose con desaprobación.
23:47Necesitaba aire, necesitaba escapar de la atmósfera asfixiante de ese palacio. Pero sobre todo, necesitaba hablar con Leonardo.
23:55Necesitaba poner fin a esa farsa de una vez por todas. Lo encontró en los establos, supervisando el cuidado de su caballo favorito.
24:09Leonardo era un hombre apuesto, de eso no había duda, pero su belleza era fría, como la de una estatua de mármol.
24:16Había algo en su mirada que siempre había inquietado a Irene, una especie de cálculo distante, como si siempre estuviera evaluando el valor de las cosas, y de las personas.
24:28Leonardo, tenemos que hablar, dijo ella, deteniéndose a unos pasos de él. Él se giró, una sonrisa ensayada en los labios.
24:41Irene, querida, ¿te encuentras mejor? Tu padre me ha dicho que estabas algo alterada.
24:51Estoy harta, Leonardo. Harta de todo esto, espetó ella, cruzándose de brazos. Harta de fingir, de obedecer, de caminar hacia un matrimonio que no deseo.
25:05La sonrisa de Leonardo vaciló. Nuestro matrimonio beneficiará a ambas familias.
25:11¿Es nuestro deber, Irene? ¿Nuestro deber, o el deber que nos han impuesto nuestros padres? Lo desafió ella.
25:23Yo no quiero este deber. No quiero esta vida. Y no puedo casarme contigo. Él se acercó a ella, su expresión ahora seria.
25:34¿Y qué piensas hacer? ¿Desafiar a tu padre? ¿Crear un escándalo que nos perjudicará a todos?
25:41Irene lo miró fijamente a los ojos. Había tomado una decisión en su furioso camino hacia los establos.
25:50Una decisión drástica, desesperada. Era hora de usar la única arma que tenía, la verdad.
25:56Una verdad que había guardado celosamente, un secreto que la avergonzaba pero que ahora era su única vía de escape.
26:05Respiró hondo, armándose de un valor que no sabía que poseía. No habrá ninguna boda, Leonardo.
26:14Y no podrás hacer nada para evitarlo. Hizo una pausa, dejando que la tensión creciera, y luego soltó la bomba, las palabras que cambiarían el curso de sus vidas para siempre.
26:27Porque hay algo que debes saber. Algo impactante. No puedo casarme contigo porque estoy esperando un hijo.
26:35Y ese hijo, Leonardo, no es tuyo. El silencio que siguió a sus palabras fue más atronador que cualquier grito.
26:45El rostro de Leonardo pasó por una gama de emociones en cuestión de segundos.
26:53Incredulidad, confusión, y finalmente, una furia gélida que congeló la sangre en las venas de Irene.
27:02El capataz, el hombre calculador y sereno, había desaparecido, y en su lugar había un depredador cuya presa acababa de desafiarlo.
27:10La guerra, supo Irene en ese instante, no había hecho más que empezar.
27:18Lejos de los dramas personales que se desarrollaban en las habitaciones nobles, en las entrañas del palacio, entre el servicio, otro tipo de miedo se propagaba como la humedad en los muros.
27:32La noticia del robo de la talla, esa pequeña pero inestimable figura de madera policromada que había presidido la capilla durante generaciones,
27:40había caído como una piedra en un estanque.
27:46Victoria y José Luis, los administradores de la finca y parientes lejanos de la familia, no tardaron en tomar las riendas del asunto.
27:54O más bien, en aprovechar la oportunidad.
28:00En la biblioteca, con las puertas cerradas, su conversación no era la de dos personas preocupadas por la pérdida de una reliquia,
28:07sino la de dos estrategas planeando su siguiente movimiento.
28:10Es la ocasión perfecta, decía Victoria, una mujer de belleza afilada y ambición desmedida.
28:22Paseaba frente a la chimenea apagada, sus pasos resonando en el silencio.
28:27Nadie sabe quién lo hizo.
28:28Un robo, limpio y sencillo, y sin testigos, añadió José Luis, sentado en un pesado sillón de cuero, haciendo girar una copa de coñac entre sus dedos.
28:41Era un hombre de apariencia afable, pero sus ojos pequeños y astutos no perdían detalle.
28:51La denuncia a la Guardia Civil es el paso lógico.
28:55Demostrará nuestra diligencia.
28:59Nuestra diligencia y nos dará el pretexto que necesitamos, corrigió Victoria, deteniéndose para mirarlo.
29:05Martín, el mozo de cuadra, siempre ha sido un insolente, y sabemos que tiene deudas.
29:16Es el culpable perfecto.
29:18José Luis asintió lentamente, una sonrisa zorruna dibujándose en su rostro.
29:26Culpar a Martín, y deshacernos de él para siempre.
29:30Me gusta, es una jugada limpia.
29:31Don Hernando está preocupado por la seguridad.
29:37Esto le demostrará que somos eficientes y que no toleramos ladrones en su propiedad.
29:44Exacto, se trata de control, José Luis.
29:47Y ese muchacho es un elemento incontrolable.
29:52Siempre defendiendo a los demás, siempre con esas ideas de justicia en la cabeza.
29:56Es un peligro.
30:01Su plan era diabólico en su simplicidad.
30:04Y mientras ellos lo perfilaban, en la cocina, el miedo ya tenía el nombre de Martín.
30:12Los criados hablaban en susurros, lanzando miradas furtivas cada vez que un superior pasaba cerca.
30:18Sabían cómo funcionaban las cosas en el palacio.
30:24Cuando algo se perdía, la culpa siempre recaía en el eslabón más débil.
30:31Y Martín, con su carácter rebelde y su historial de enfrentamientos con los señores, era el blanco ideal.
30:37Pero había alguien que sabía más que los demás.
30:42Luisa, una de las doncellas más jóvenes, vivía un tormento silencioso.
30:50Alejo, el mayordomo, un hombre severo y servil a las órdenes de los señores, la había acorralado en la despensa.
30:57Estaba claro que actuaba influenciado por Atanasio, el lacayo personal de José Luis, un hombre que parecía disfrutar sembrando cizaña.
31:11Luisa, sé que sabes algo, le había dicho Alejo, su voz un siseo bajo.
31:17Vi a Tomás rondando la capilla la noche del robo.
31:19Y tú eres muy amiga de Tomás. Si confiesas su implicación, quizás la señora Victoria tenga clemencia contigo.
31:32Luisa se había quedado muda, el corazón latiéndole con la fuerza de un pájaro atrapado.
31:40Era cierto, Tomás, el joven jardinero del que estaba enamorada, había robado la talla.
31:46Pero no por maldad, lo había hecho por desesperación, para venderla y conseguir dinero para el tratamiento de su madre enferma.
31:59Y ella, ella lo había ayudado, le había facilitado la llave de la capilla. Era su cómplice.
32:07Ahora, la presión de Alejo era insoportable. Confesar significaría la ruina para Tomás y para ella misma.
32:16Callar significaba arriesgarse a que culparan a un inocente como Martín. El peso del secreto la aplastaba, robándole el aliento.
32:26Cada paso que daba por los pasillos del palacio era una tortura, esperando que en cualquier momento su mundo se derrumbara.
32:36El silencio era su única defensa, pero también era la jaula en la que se había encerrado.
32:41La noche, que había comenzado con la llegada de un fantasma, avanzaba inexorablemente, tejiendo los hilos de todos estos destinos en una trama cada vez más compleja y peligrosa.
32:57Damaso, el hombre que había vuelto de la tumba, no se limitó a visitar a Mercedes.
33:02Se movió por las sombras del palacio con la familiaridad de quien conoce cada uno de sus secretos, porque una vez, esos secretos también fueron los suyos.
33:13Su siguiente visita fue a Victoria. La encontró en su despacho, revisando los libros de cuentas.
33:24No llamó a la puerta. Simplemente entró, cerrando tras de sí, y la reacción de la mujer fue aún más violenta que la de Mercedes.
33:32Un grito ahogado, el color abandonando su rostro, sus ojos desorbitados por un terror puro, primario.
33:45Tú, fue lo único que pudo articular. El mismo, dijo Damaso, su voz desprovista de toda calidez.
33:52Supongo que no te alegras de verme, Victoria. Estás muerto, si se o ella, recuperando parte de su compostura, aunque el temblor de sus manos la delataba.
34:08Los rumores sobre mi muerte fueron, como ves, muy exagerados, replicó él, acercándose a su escritorio.
34:15Aunque no por falta de intentos, ¿verdad? Victoria se levantó de golpe. No sé de qué hablas.
34:27Oh, creo que sí lo sabes, dijo Damaso, su voz bajando a un murmullo amenazante.
34:36Sabes del derrumbe en la mina. Sabes que no fue un accidente. Y sabes quién dio la orden.
34:41El terror en los ojos de Victoria fue reemplazado por un odio desafiante. No puedes probar nada.
34:52Quizás entonces no podía, pero diez años dan para mucho pensar. Y para encontrar pruebas.
35:00He vuelto, Victoria, y quiero lo que es mío. Su encuentro con José Luis fue similar.
35:05Lo interceptó en el jardín, cuando volvía de dar un paseo nocturno. La reacción de José Luis no fue de terror, sino de conmoción y una ira mal disimulada.
35:21Damaso, maldita sea, ¿cómo es posible? La mala hierba nunca muere, José Luis.
35:27¿Qué quieres? ¿Dinero? ¿Es eso lo que buscas? Preguntó José Luis, yendo directo al grano.
35:42Quiero justicia. Quiero que la verdad salga a la luz. Quiero que paguéis por lo que hicisteis.
35:53A mí, y a tantos otros. Estás loco si crees que puedes venir aquí después de diez años y amenazarnos.
35:59No es una amenaza, es una promesa, sentenció Damaso. Vuestro pequeño reino, construido sobre mentiras y sangre, está a punto de desmoronarse.
36:14Y yo estaré allí para ver cómo caen los cimientos. Las reacciones de ambos, de Victoria y de José Luis, demostraban que conocían a Damaso muy bien.
36:23Su regreso no era el de un viejo amigo, sino el de una cuenta pendiente, el de un pecado que volvía para reclamar su penitencia.
36:36El terremoto que su aparición iba a desatar apenas comenzaba a sentirse.
36:40Las primeras grietas aparecían en la fachada de una familia que había basado su poder en oscuros secretos.
36:46Y Damaso, desde las sombras, se disponía a ser el epicentro de la destrucción.
36:54El lunes 27 de octubre amanecería en Valle Salvaje con la promesa de un nuevo día, pero para sus habitantes, solo traería la continuación de la misma pesadilla.
37:07Mercedes guardaba en su corazón el secreto más peligroso de todos.
37:11Adriana mantenía su vigilia, alimentando un odio que pedía venganza.
37:16Irene se enfrentaba a las consecuencias de su revelación, atrapada entre un padre tiránico y un prometido despechado y peligroso.
37:28Y en algún lugar, oculto a los ojos de todos, un hombre que debería estar muerto se preparaba para su siguiente movimiento,
37:36un fantasma decidido a demostrar que a veces, los muertos no descansan en paz, sino que vuelven para reclamar lo que la vida les debe.
37:46La calma aparente de Valle Salvaje era solo eso, una apariencia.
37:51Bajo la superficie, la tormenta perfecta estaba a punto de estallar.
Comentarios
1
  • Laura Ingravallohace 3 meses
    damaso es el marido de Victoria que no murió y que no regresaba pues fue amenazado de muerte segun por don Hernando
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