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00:00Adriano decide marchar e Petra empeora.
00:08O capítulo 687 de La Promesa, que se emite este miércoles 1 de octubre,
00:14chega cargado de emociones intensas e decisões que cambiarão o rumo do palácio.
00:21Adriano sorprende ao marquês com uma decisão drástica que poderia sacudir a toda a família,
00:26enquanto a saúde de Petra se deteriora alarmante pese aos cuidados de Maria Fernandes.
00:34Por outro lado, Curro e Ángela lucham com todas as suas forças por manter vivo o amor,
00:39aunque a oposição de Leocadia se faz cada vez mais feroz.
00:45A tensão também invade ao serviço.
00:47A ausência de pia e os conflitos entre os senhores afectam a cada rincão do palácio.
00:55Poder os protagonistas resistir o peso de tantos secretos, enfermedades e traiciones?
01:01Nada volverá a ser igual en La Promesa.
01:05O sol do primeiro dia de octubre se desprezaba sobre os campos de os pedroches,
01:09tiñendo de um oro pálido as encinas centenárias e os interminables pastizales que rodeaban La Promesa.
01:17Era um amanhecer de uma beleza quase insultante.
01:21Uma quietude que contrastava violentamente com a tempestade que se gestava entre os muros do palácio.
01:29O aire, habitualmente cargado com o aroma do heno recién cortado e o café da primeira hora,
01:34parecia hoje viciado por uma tensão palpable.
01:37Uma corrente subterrânea de secretos e decisões irrevocáveis que amenazava com arrastrarlo todo a seu passo.
01:46Em o despacho do Marquês, Alonso de Luján sentia o peso do mundo sobre seus hombros.
01:54A luz matutina se filtraba através dos altos ventanais,
01:58dibujando largas sombras que parecían alargar as grietas de sua própria alma.
02:04Aún resonaban en sus oídos las palabras de su hija Catalina, un eco doloroso de su partida.
02:12Cada rincón de aquella estancia, antes un refugio de orden y poder,
02:16se había convertido en un recordatorio de sus fracasos como padre.
02:22La carta que ella había dejado sobre la mesa de caoba seguía allí,
02:26un rectángulo de papel que pesaba más que una losa de mármol.
02:32No se había atrevido a guardarla, ni tampoco a releerla.
02:36Era una herida abierta, y cualquier roce avivaba el dolor.
02:41Unos discretos golpes en la puerta lo sacaron de su ensimismamiento.
02:45—¡Adelante! —dijo, con una voz más áspera de lo que pretendía.
02:52Adriano, el conde de Añil, entró con el semblante sombrío.
02:56Su habitual porte aristocrático se veía mermado por una visible congoja que ensombrecía sus facciones.
03:05No llevaba la ropa de montar que solía vestir a esas horas, sino un traje de viaje, oscuro y sobrio,
03:11que a Alonso le provocó un escalofrío inmediato.
03:17—Marqués, puedo disponer de un momento de su tiempo, por supuesto, Adriano.
03:22—Pasa, siéntate.
03:26Un jerez, es temprano, pero dadas las circunstancias.
03:30Adriano negó con un gesto cortés pero firme.
03:35—Se lo agradezco, Alonso, pero no he venido a beber. He venido a despedirme.
03:40La frase cayó en el silencio del despacho con la contundencia de una sentencia.
03:47Alonso, que se había levantado para acercarse a la licorera, se quedó inmóvil, con la mano suspendida en el aire.
03:56Se volvió lentamente, escrutando el rostro de su yerno, buscando una señal de duda, una fisura en aquella resolución que adivinaba inquebrantable.
04:08—¿Despedirte? ¿A qué te refieres? ¿Vas a visitar a tus parientes en Córdoba? Si es por Catalina, no te preocupes, hijo.
04:18—Volverá, es impulsiva, pero tiene buen corazón. Necesita tiempo, eso es todo. Adriano tragó saliva, y el esfuerzo fue audible.
04:30Sus ojos, normalmente llenos de una chispa de ironía, reflejaban ahora un profundo pesar.
04:39—No, Alonso, no me ha entendido. Me marcho de la promesa. Definitivamente. El marqués sintió que el suelo se abría bajo sus pies.
04:50Se dejó caer en el sillón de cuero, el mismo que había pertenecido a su padre y a su abuelo, y que de repente le pareció un trono usurpado.
05:01—No, no puedes estar hablando en serio. ¿Qué significa esto? ¿Abandonas a mi hija, en estas circunstancias?
05:10—Catalina me ha abandonado a mí, replicó Adriano, y por primera vez, su voz se quebró, revelando la herida que se ocultaba tras su fachada de compostura.
05:22—Me ha dejado claro, de todas las formas posibles, que mi presencia aquí no solo no es deseada, sino que le causa un profundo dolor.
05:33—Y yo, Alonso, he llegado al límite de mi resistencia. No puedo seguir luchando una batalla que ya está perdida.
05:43—No puedo seguir viviendo en una casa donde la mujer a la que amo me desprecia. Son solo palabras de enojo, fruto del momento. Exclamó Alonso, aferrándose a un clavo ardiendo.
05:54—La situación con el negocio, las presiones, todo ha sido demasiado para ella. Para todos.
06:02—¿Y qué hay de mí? La pregunta de Adriano fue casi un susurro, pero resonó en la habitación con la fuerza de un grito.
06:11—¿Cree que para mí ha sido fácil? Llegué aquí con la esperanza de construir un futuro, de honrar la memoria de mi padre y, sobre todo, de hacer feliz a su hija.
06:24—Y he fracasado en todo. El negocio de las mermeladas, que era su sueño, se ha convertido en una pesadilla por mi culpa.
06:34—Mi propia familia me ha dado la espalda. Y Catalina, Catalina me mira como si yo fuera el mismísimo demonio.
06:41—¿Qué más puedo hacer, Alonso? ¿Qué más se espera de mí? El marqués no supo qué responder.
06:49—Veía en los ojos de aquel joven el reflejo de su propia impotencia. Un hombre derrotado por un amor no correspondido, por las circunstancias, por el peso de un apellido y unas expectativas que lo habían aplastado.
07:04—¿Y a dónde irás? Volveré a Madrid. Intentaré poner en orden mis asuntos, lo poco que queda de ellos.
07:13—Y después, no lo sé, quizás me marche de España una temporada. Necesito, necesito olvidar.
07:22La conversación se prolongó, un diálogo sordo entre dos hombres que compartían una misma pena desde orillas opuestas.
07:31Alonso intentó persuadirlo, apelando al honor, a la paciencia, al deber. Pero sus argumentos se estrellaban contra la decisión de Adriano, una decisión forjada en noches de insomnio y días de humillación silenciosa.
07:46Era la calma terrible que sigue a la aceptación de la derrota. Mi equipaje ya está hecho.
07:55—El coche vendrá a buscarme antes del mediodía —dijo finalmente Adriano, poniéndose en pie.
08:04—Sólo quería comunicárselo personalmente, por el respeto que le tengo. Alonso también se levantó, sintiendo el cuerpo pesado y la mente nublada.
08:15—Le tendió la mano, y el apretón fue firme, pero cargado de una tristeza infinita.
08:24—Lo siento, Adriano, siento que las cosas hayan terminado así, y yo, Marqués. Más de lo que imagina.
08:34—Cuando Adriano salió del despacho, dejando tras de sí un silencio espeso y desolador, Alonso se acercó a la ventana.
08:44Vio la figura de su yerno cruzando el patio, caminando con la cabeza alta pero con los hombros vencidos.
08:53—Era la imagen de un exilio autoimpuesto, un nuevo abandono que se sumaba al de su hija.
09:02—Y el Marqués de Luján, por primera vez en muchos años, se sintió completamente solo, un rey destronado en un palacio de naipes que se desmoronaba a su alrededor.
09:14—La promesa de un futuro próspero y feliz para su familia se había hecho añicos, y él solo podía contemplar los pedazos.
09:24—En la planta del servicio, la tensión era de una naturaleza distinta, más visceral y menos silenciosa.
09:33—Se manifestaba en el tintineo nervioso de la loza, en las miradas furtivas y en los susurros que se ahogaban en cuanto aparecía un superior.
09:43—La ausencia de Pia Adarre, la antigua ama de llaves, había dejado un vacío que ni el tiempo ni la eficiente gestión de Ricardo Pellicer habían logrado llenar.
09:55—Era una ausencia que pesaba en el ánimo de todos, un recordatorio constante de la fragilidad de sus vidas.
10:04—Pero la preocupación más inmediata tenía un nombre propio.
10:07—Petra Arcos, la mujer que una vez había gobernado aquellos pasillos con mano de hierro y una mirada que helaba la sangre.
10:14—Era ahora una sombra de sí misma.
10:18—Postrada en su modesta habitación, su cuerpo se había convertido en un mapa de dolor.
10:24—La enfermedad, un mal insidioso y sin nombre que los médicos no acertaban a diagnosticar, la consumía día a día.
10:37—María Fernández entró en la habitación con una palangana de agua tibia y un juego de lienzos limpios.
10:45—El olor a un guento de árnica y a enfermedad impregnaba el aire.
10:49—Petra yacía inmóvil, con los ojos cerrados, pero María sabía que no dormía.
10:56—Su respiración era superficial y entrecortada, y un leve gemido se escapaba de sus labios cada vez que intentaba cambiar de postura.
11:06—Buenos días, doña Petra. Le traigo un poco de agua para refrescarla. Petra abrió los ojos.
11:15Sus pupilas, antes dos pozos de astucia y malicia, estaban ahora veladas por una capa de sufrimiento.
11:24—Miró a María con una expresión que era una mezcla de gratitud y desesperación.
11:29—No te molestes, muchacha.
11:33—Es inútil. No diga eso. Replicó María con una dulzura que le brotaba natural, a pesar de la historia de rencores que las separaba.
11:44—Mientras hay vida, hay esperanza. A ver, déjeme que le ponga este paño en la frente.
11:52—El doctor ha dicho que la fiebre debe bajar. Con una delicadeza infinita, María comenzó a cuidar de ella.
12:01—Le humedeció la frente, las sienes, las muñecas. Luego, con la misma parsimonia, comenzó a masajearle las piernas, tratando de aliviar los calambres que la torturaban sin piedad.
12:15—Sus manos, acostumbradas al trabajo duro de la limpieza y el servicio, se movían con una pericia y una ternura inesperadas.
12:22—No entiendo por qué haces esto. Susurró Petra, con la voz rota. Después de todo el mal que te he hecho.
12:32—Deberías estar celebrando mi desgracia. María se detuvo un instante y la miró a los ojos.
12:39—En su mirada no había rastro de rencor, solo una profunda compasión. Usted y yo hemos tenido nuestras diferencias. Doña Petra, eso es cierto.
12:51—Y no le voy a negar que muchas veces me ha hecho la vida imposible. Pero, verla así, nadie merece un sufrimiento como este.
13:03—Además, ¿qué clase de persona sería si le negara ayuda a alguien que la necesita? Mi madre siempre decía que la caridad no entiende de viejas rencillas.
13:13—Las palabras de la doncella, sencillas y directas, desarmaron a Petra. Una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla. Un surco de agua salada en la piel marchita.
13:25—Era la primera vez en años que lloraba delante de alguien. La coraza que había construido a su alrededor durante toda una vida se estaba resquebrajando, dejando al descubierto una fragilidad que ni ella misma sabía que poseía.
13:40—Me duele todo, María. No solo el cuerpo, me duele el alma. Siento como si, como si Dios me estuviera castigando por todos mis pecados.
13:51—No hable así, por favor. La consoló María, apretándole suavemente la mano. Todos cometemos errores.
14:01—Lo importante es arrepentirse y pedir perdón. ¿Y de qué sirve ahora el perdón? Replicó Petra con un hilo de amargura.
14:14—¿Devolverá la salud a mi cuerpo? Traerá de vuelta a mi hijo. La mención de su hijo Feliciano, cuya muerte seguía siendo una herida abierta en el corazón de la mujer, hizo que el aire en la habitación se volviera aún más pesado.
14:26—María no supo qué decir. No había palabras que pudieran aliviar un dolor tan profundo.
14:36Simplemente, se quedó a su lado, en silencio, ofreciéndole el consuelo mudo de su presencia.
14:42—Y en ese silencio, en esa habitación humilde donde una doncella cuidaba a su antigua verduga, se forjó un vínculo inesperado, una tregua en la guerra de la vida, dictada por la compasión ante el rostro ineludible del sufrimiento.
14:58—Mientras tanto, en la cocina, Lope y Simona preparaban el desayuno con una eficiencia mecánica.
15:10El ambiente entre ellos era tenso. La marcha de Catalina había afectado profundamente a Lope, quien veía en la decisión de la joven Luján un reflejo de sus propias frustraciones.
15:19—No puedo creer que se haya ido así —murmuró Lope, removiendo con demasiada fuerza una olla de chocolate caliente.
15:32—Sin despedirse, sin una palabra. Tenía sus razones, hijo —dijo Simona, con su habitual pragmatismo, mientras cortaba rebanadas de pan con precisión milimétrica.
15:42—Esa muchacha llevaba demasiado tiempo cargando con un peso que no le correspondía.
15:53—Necesitaba volar, volar, o huir —replicó Lope, con un deje de acidez. —Huir de su marido, de su padre, de este palacio que se cae a pedazos.
16:05—A veces pienso que ella ha sido la única valiente, la única que ha tenido el coraje de romper las cadenas.
16:12—Simona dejó el cuchillo sobre la tabla y se volvió para mirarlo. Conocía bien a Lope, y sabía que sus palabras no iban dirigidas a Catalina, sino a sí mismo.
16:25—Cada uno tiene sus propias cadenas, Lope, y no todas se pueden romper de la misma manera.
16:33—Tú tienes un don, un talento que te hace único. La cocina es tu arte y tu refugio.
16:38—No lo desprecies. ¿Un refugio o una jaula de oro? —preguntó él, mirando sus manos, manchadas de harina y chocolate.
16:51—A veces siento que mi vida entera transcurre entre estas cuatro paredes, mientras ahí fuera el mundo sigue girando.
16:57—La conversación fue interrumpida por la entrada de Candela y Carlos, el maestro, que venían a por su desayuno.
17:09—Su presencia, habitualmente una fuente de alegría y bromas, hoy solo sirvió para acentuar la melancolía del ambiente.
17:15—Incluso su amor, tan evidente y sincero, parecía frágil en medio de la tormenta que se cernía sobre la promesa.
17:29—Todos, a su manera, estaban librando sus propias batallas, intentando mantener el equilibrio en un mundo que se tambaleaba.
17:36—Lejos del ajetreo del servicio y de la solemnidad de los salones nobles, en un rincón apartado de los jardines donde las rosas de otoño se aferraban a sus últimos días de esplendor, Curro y Ángela buscaban un instante de paz.
17:54—Su amor, nacido en secreto y cultivado a escondidas, era un faro de esperanza en medio de la oscuridad.
18:00—Pero la luz de ese faro era cada vez más débil, amenazada por los vientos huracanados de la oposición familiar.
18:12—Mi madre no cederá, Curro, he vuelto a hablar con ella esta mañana. La voz de Ángela era un susurro teñido de frustración.
18:22Acababa de tener un nuevo y agrio enfrentamiento con Leocadia, su madre, la doncella personal de la Marquesa de Luján.
18:30—Un enfrentamiento que había dejado a ambas con el alma en vilo. Curro le tomó las manos.
18:40—Estaban frías, a pesar del sol de la mañana, lo sé. Pero no podemos rendirnos, Ángela.
18:49—No ahora, ¿y qué podemos hacer? Los ojos de Ángela se llenaron de lágrimas. Ella no aprueba lo nuestro.
18:55—Dice que un amor entre un señorito y una doncella sólo puede traer desgracia. Que te cansarás de mí, que me abandonarás a mi suerte cuando te hayas divertido.
19:07—Eso es una infamia, exclamó Curro, con el orgullo herido. ¿Cómo puede pensar algo así? ¿No ve que te amo? ¿Que eres lo más importante de mi vida?
19:19Le he demostrado mi valía. He luchado por mi lugar en esta familia. He renunciado a todo por estar a tu lado.
19:25—¿Qué más tengo que hacer para que entiendan que mis sentimientos son sinceros? Mi madre sólo ve el mundo a través del miedo, Curro.
19:38—Miedo a lo que dirán, miedo a que me hagan daño, miedo a que repita los errores que ella cree haber cometido.
19:47—Su vida ha sido una lucha constante, y no concibe que la felicidad pueda ser sencilla.
19:52—La conversación que Ángela había mantenido con su madre había sido un desastre.
20:00Leocadia, atrincherada en su rigidez y en sus prejuicios de clase, había recibido las súplicas de su hija con un muro de incomprensión.
20:10—No seas ingenua, Ángela. Le había dicho, con una voz afilada como el cristal roto.
20:15—Ese muchacho pertenece a otro mundo, un mundo que te masticará y te escupirá sin la menor contemplación.
20:28—¿Crees que su familia te aceptará alguna vez? Serás siempre la criada que sedujo al niño rico, una mancha en su ilustre apellido.
20:35—Pero él me ama, madre. Y yo a él. Había suplicado Ángela, con el corazón en un puño.
20:47—El amor no paga las facturas ni borra las diferencias sociales. Había sentenciado Leocadia, implacable.
20:53—Te he criado para que seas una mujer de bien, honrada y trabajadora. No para que te pierdas en sueños de grandeza que solo te traerán miseria.
21:05—Olvídate de él, es lo mejor para ti. La decepción en el rostro de su madre, una máscara de dureza que ocultaba un pánico profundo, había sido para Ángela más dolorosa que un golpe.
21:21—Ahora, en los brazos de Curro, se sentía frágil y desprotegida. Quizás tenga razón. Murmuró, escondiendo el rostro en el pecho de él.
21:29—Quizás nuestro amor es imposible. Curro la abrazó con más fuerza, como si temiera que pudiera desvanecerse entre sus brazos.
21:43—Le acarició el pelo, inhalando su aroma a lavanda y a sol. No digas eso. Ni en broma.
21:49—Escúchame, Ángela, lucharemos, juntos. Si tu madre no quiere entendernos, buscaremos a alguien que sí lo haga.
22:02—Hablaré con la marquesa, con mi tío Alonso. Les haré ver que lo nuestro es real. Y si aún así se oponen, si la promesa se convierte en una prisión para nuestro amor, entonces nos iremos.
22:13—La propuesta la dejó sin aliento. Irnos, dejarlo todo atrás. Todo. Afirmó él, con una convicción que la estremeció.
22:27—Mi título, mi herencia, mi familia. Nada de eso importa si no te tengo a ti. Podríamos empezar de cero en otro lugar.
22:34—En Madrid, en París, donde sea. Un lugar donde nadie nos conozca. Donde solo seamos Curro y Ángela.
22:47—Un hombre y una mujer que se aman. La idea era tan aterradora como seductora. Una vida lejos de la promesa, lejos de las miradas de juicio y las imposiciones sociales.
22:57—Una vida sencilla, pero libre. La esperanza, que parecía haberse extinguido, volvió a prender en el corazón de Ángela, una pequeña llama temblorosa pero viva.
23:13Miró a Curro a los ojos y vio en ellos un futuro posible. Un horizonte de posibilidades que nunca se había atrevido a imaginar.
23:20—Por primera vez en mucho tiempo, sonrió. Una sonrisa tímida, pero sincera, que iluminó su rostro y devolvió el color a sus mejillas.
23:34Sabía que el camino sería largo y difícil, pero mientras estuvieran juntos, aferrados a esa esperanza, no todo estaba perdido.
23:41—La noticia de la marcha inminente de Adriano se extendió por el palacio con la velocidad del fuego en un pájar.
23:53La fuente, como casi siempre, fue Llana, quien había escuchado sin querer la parte final de la conversación entre el conde y el marqués mientras limpiaba la plata en el comedor contiguo.
24:03—La transmitió con pesar a María Fernández, y de ahí, como una onda expansiva, llegó a cada rincón del servicio.
24:16La reacción fue unánime. Estupor. Si la huida de Catalina había sido un golpe, el exilio voluntario de su marido era la confirmación de que la familia Luján se desintegraba a ojos vistas.
24:27—Pobre hombre. Comentó Candela, mientras servía la comida del mediodía a los criados.
24:38Llegó aquí lleno de ilusiones, y se va con el corazón roto y los bolsillos vacíos.
24:46—No haber sido tan pardillo. Gruñó Mauro, el lacayo más veterano y cínico. Los negocios son como la guerra.
24:53—Y él ha perdido todas las batallas. No seas tan duro, Mauro. Intervino Simona, con su autoridad de matriarca.
25:06Bastante tiene el muchacho con su pena. Además, la señorita Catalina tampoco se lo ha puesto fácil.
25:14Tiene un carácter que se las trae. La conversación derivó inevitablemente hacia el estado de la casa.
25:19La atmósfera era cada vez más irrespirable. La marquesa, Cruz, encerrada en su propia amargura,
25:28descargaba su mal humor sobre quien se le pusiera por delante.
25:34El marqués deambulaba por los pasillos como un alma en pena. Y ahora, con la partida de dos de los
25:39miembros más jóvenes de la familia, el futuro se presentaba más incierto que nunca.
25:44La tensión alcanzó su punto álgido cuando Leocadia bajó a la cocina. Su rostro era una
25:52máscara de furia contenida.
25:57Sus ojos buscaron a su hija, pero Ángela no estaba allí. Se había refugiado en la
26:02soledad del lavadero, incapaz de enfrentarse a la mirada acusadora de su madre.
26:06Leocadia se dirigió a Rómulo, el mayordomo, que supervisaba el servicio con su habitual seriedad.
26:18Rómulo, necesito hablar con usted, a solas. El mayordomo asintió y la guió a su pequeño despacho,
26:25un cubículo ordenado y austero que era el centro neurálgico del servicio.
26:28¿Qué ocurre, Leocadia? Pareces alterada. ¿Y cómo no estarlo? Espetó ella, sin preámbulos.
26:40Es por mi hija, y por el señorito Curro. No voy a consentir que esa relación continúe.
26:48Es una deshonra, una locura que sólo puede acabar en tragedia. Rómulo suspiró. Ya estaba al tanto de
26:54los rumores. En la promesa, los secretos duraban menos que un copo de nieve en el infierno. Son
27:02jóvenes, Leocadia. Y parecen quererse de verdad, ¿quererse? Va. Despreció ella con un gesto de la
27:11mano. Él es un señorito caprichoso que se ha encaprichado de una cara bonita. Cuando se canse
27:19de jugar a los enamorados, la dejará tirada como a un trapo viejo. Y será mi hija quien pague las
27:27consecuencias, con su reputación destrozada y su futuro arruinado. No lo permitiré. Le exijo que
27:36intervenga. Usted es el mayordomo. Ponga fin a este disparate. Prohíbales que se vean. Rómulo la
27:44escuchó con paciencia, dejando que desahogara su ira y su miedo. Cuando terminó, la miró con sus
27:53ojos claros y serenos. Leocadia, entiendo tu preocupación como madre. Es natural que quieras
28:01proteger a tu hija. Pero ni tú ni yo podemos gobernar los corazones ajenos. Prohibirles que se
28:09vean sólo conseguirá que se aferren más a su amor. Hará que se vean a escondidas, que cometan alguna
28:15locura. ¿Y qué sugiere que haga? ¿Quedarme de brazos cruzados mientras mi hija corre hacia el
28:22precipicio? Habla con ella, pero no desde el reproche y la prohibición. Habla con ella desde el amor.
28:31Escúchala, intenta comprender qué siente, y aconsejala, guíala, pero no intentes imponerle
28:39tu voluntad. Ángela ya no es una niña. Tiene derecho a cometer sus propios errores. El consejo
28:47de Rómulo era sabio y ponderado, pero Leocadia no estaba en condiciones de escucharlo. Su miedo era
28:56un animal ciego y furioso que la dominaba por completo. Salió del despacho dando un portazo,
29:02dejando a Rómulo con la certeza de que aquella tormenta familiar estaba lejos de amainar.
29:09El mediodía llegó con una puntualidad implacable. Un automóvil negro, lujoso y fúnebre, apareció al
29:15final del camino de grava que conducía a la entrada principal de la promesa. Era el coche que venía a
29:23buscar a Adriano. El conde de Añil bajó las escaleras del palacio por última vez.
29:31Vestía su abrigo de viaje y sostenía un único maletín de cuero. El resto de su equipaje ya había
29:37sido cargado por los lacayos. En el vestíbulo, para su sorpresa, le esperaba casi toda la familia.
29:45Alonso y Cruz estaban en el centro, con rostros solemnes. Manuel y Yana, un poco más atrás,
29:55compartían una mirada de tristeza. Incluso Lorenzo, el capitán, tan dado al cinismo, parecía genuinamente
30:02afectado. La única ausencia notable, además de la de Catalina, era la de Curro. Adriano, comenzó Alonso,
30:11con la voz embargada. Quiero que sepas que ésta siempre será tu casa. Le agradezco sus palabras.
30:20Marqués. Cruz, contra todo pronóstico, se adelantó y le dio dos besos en las mejillas. Un gesto frío y
30:27protocolario, pero un gesto al fin y al cabo. Te deseo suerte, Adriano. Igualmente, marquesa. Se
30:36despidió de todos con un apretón de manos o una inclinación de cabeza. Cuando llegó a Yana, sus
30:45miradas se cruzaron por un instante. Había en los ojos de la doncella una comprensión y una empatía
30:50que lo conmovieron. Habían compartido pocas palabras, pero ambos sabían lo que era sentirse un
30:58extraño en aquella casa. Luchar por un amor imposible. Buen viaje, señor conde. Le dijo
31:07ella, en voz baja. Gracias, Yana. Cuando salió al exterior, el sol lo cegeó con acento agudo por un
31:14momento. El chofer le abrió la puerta del automóvil. Antes de entrar, Adriano se volvió y contempló la
31:23fachada de la promesa por última vez. Aquel palacio, que había sido el escenario de sus
31:31más altas esperanzas y sus más amargas decepciones, se alzaba imponente contra el cielo azul de Andalucía.
31:40Había llegado allí buscando un hogar y un amor, y se marchaba sin ninguno de los dos.
31:44Subió al coche, y el motor arrancó con un ronroneo suave. Mientras el vehículo se alejaba,
31:54dejando atrás una nube de polvo, la figura de Adriano se fue haciendo más y más pequeña,
31:59hasta desaparecer en la distancia.
32:04Era el fin de un capítulo. Una nueva pieza que caía en el complejo dominó de destinos que era la
32:09promesa. Desde la ventana de su habitación, Petra Arcos lo vio todo. Apoyada en el alféizar,
32:19con el cuerpo temblando de debilidad, observó la partida del conde. No sentía ninguna alegría por
32:27su marcha, ninguna satisfacción, sólo un vacío inmenso. La caída de los señores, que en otro
32:35tiempo le habría producido un placer perverso. Ahora sólo le recordaba la fragilidad de todas
32:40las cosas, la suya propia la primera. El mundo que conocía, el único que había conocido,
32:49se estaba desmoronando, y ella, postrada en su lecho de dolor, no era más que una espectadora
32:55impotente de la demolición. Cerró los ojos y un escalofrío recorrió su cuerpo, un frío que no
33:03tenía nada que ver con la brisa de otoño que se colaba por la ventana. Era el frío de la soledad,
33:11el frío del miedo, el frío de la muerte que sentía rondar cada vez más cerca.
33:18Y en la oscuridad de su mente, una única certeza se abrió paso. Nada, absolutamente nada, volvería a ser
33:25igual. La onda expansiva de las decisiones de Catalina, de Adriano, de Curro, seguía extendiéndose,
33:35y sus réplicas sacudirían los cimientos de la promesa durante mucho, mucho tiempo.
33:39La tormenta no había hecho más que empezar.
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