Los hombres del Paleolítico no escogieron al azar las paredes donde ellos pintaron mamuts, bisontes, ciervos y caballos. La mayoría de las pinturas rupestres fueron ejecutadas en cavidades que amplifican la intensidad y duración de los sonidos, y donde hay numerosos ecos. Los estudios realizados a fines de la década de 1980 por Iegor Reznikoff (izquierda) y Michel Dauvois, muestran que las cuevas constituyen un universo sonoro a todos los efectos extraordinario. "Es ilusorio querer comprender el significado del arte rupestre limitándose al aspecto visual", dice Yegor Reznikoff, matemático, filósofo de la ciencia y especialista en el antiguo arte vocal. Para él, no es concebible mirar las pinturas rupestres como simples escenas de caza. Cuando ellos encendían las antorchas, las voces les daban "un significado ritual, un efecto chamánico". La asociación entre el sonido y la imagen en el arte rupestre se ha confirmado en España en los abrigos rocosos de la región de Valltorta, al norte de Valencia (Journal of Archaeological Science, diciembre de 2012). Las pruebas acústicas utilizadas -la voz humana, un silbato y golpes de manos- han demostrado que también hay pinturas concentradas en zonas que se caracterizan por una fuerte resonancia acústica y muchos ecos. Menos célebre que el arte magdaleniense, el arte parietal levantino es mucho más reciente (entre 10.000 y 6.500 años atrás) que el de la cueva de Chauvet (30.000 años) o Lascaux (18.000 años). Realizados por ganaderos y agricultores, las pinturas representan, muy esquemáticamente, a animales -muchas cabras- y a seres humanos cazando y en lucha.
Comentarios