Abandonar es de las cosas más duras que vas a hacer en tu vida, y aun así hay un momento en el que toca.
Yo uso dos indicadores.
El primero, que deje de gustarte. Que no te levantes con ganas de hacer lo que hay que hacer.
El segundo, que dejes de ser competitivo. En una oposición se ve clarísimo: empiezas sin nivel, vas mejorando, llegas a un pico a los dos o tres años, y a partir de ahí empiezas a bajar. En un negocio es que la gente deje de comprarte.
Si se juntan los dos, es el momento. Y no pasa nada: prefiero mil veces a alguien que lo intenta, no lo consigue y se pone con otra cosa que a un eterno opositor.