Cuando yo opositaba juzgaba muchísimo al dueño de la academia que ya no trabajaba de bombero.
Ya, ya, pero ese no es bombero.
Años después pedí una excedencia para dedicarme a Ninja al 100%. Y entonces vi todo lo que no veía: la incompatibilidad, las faltas muy graves, perder el casco, la responsabilidad ante un equipo que ha apostado por tu proyecto mientras tú juegas a dos bandas.
No veía nada de eso. Y aun así opinaba.
Desde entonces tengo mucho más cuidado al juzgar cualquier cosa de la que no tengo todo el prisma. Porque ya sé lo que es equivocarse.
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