La cumbre de la OTAN en Ankara ha dejado una de las imágenes más paradójicas de la diplomacia internacional. En un escenario de máxima tensión, marcado por las duras descalificaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hacia nuestro país, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha optado por la distensión. A pesar de que Trump ha calificado a España como un «un caso perdido» y un «aliado terrible», ambos mandatarios protagonizaron un encuentro informal en el que el deporte fue el protagonista inesperado.
El mandatario estadounidense ha vuelto a situar la inversión en Defensa como el eje de su malestar, criticando la negativa de España a gastar el 5% de su PIB en esta materia. Durante la cumbre, Trump lanzó una orden directa que ha sacudido los cimientos de la relación bilateral: «España es un aliado terrible en la OTAN. No participa, no paga. No quiero tener nada que ver con España. Corten todo el comercio con España, por favor, incluidas las visitas. No queremos tener nada que ver con ellos».
Incluso, según recogen las fuentes, el presidente de EE. UU. llegó a tildar a los españoles de «mala gente» en sus intervenciones previas a la foto de familia de la Alianza.
Sin embargo, el tono cambió radicalmente cuando las cámaras no estaban presentes. Según ha explicado el propio Sánchez, ambos mantuvieron una conversación mientras esperaban para posar ante los medios. «Ha sido una conversación informal en bueno tono y muy cordial», detalló el líder español, revelando que el intercambio versó sobre el Mundial de fútbol que se celebra en EE. UU. y sobre el golf, deporte al que el estadounidense «es muy aficionado».
Sánchez resumió el encuentro con naturalidad: «Hemos estado hablando de fútbol, del Mundial. Muy informal. Pero con absoluta y total cordialidad». Este contraste entre la agresividad pública y la amabilidad privada es visto por Moncloa como parte de la imprevisibilidad de Trump, a quien el Ejecutivo prefiere no responder con escaladas de tensión.
Pedro Sánchez ha asegurado que afronta este nuevo envite «con calma, con paciencia y una cierta normalidad». El presidente ha recordado que la política comercial es una competencia cedida a Bruselas y que, en términos reales, «Las relaciones comerciales se tejen entre empresas, no entre gobiernos, entre Estados».
En su comparecencia final en Ankara, el jefe del Ejecutivo reafirmó el compromiso de España con sus aliados, pero marcó distancias en las prioridades presupuestarias. «Somos un país pacífico, pacifista, pero también somos un aliado fiable», defendió, subrayando que su modelo de gestión apuesta por que «la inversión militar debe compatibilizarse con la inversión social».
Pese a los exabruptos del líder republicano, el Gobierno español insiste en que no es su intención que la «magnífica relación social, cultural y económica» con EE. UU. cambie, manteniendo la voluntad de defender los intereses generales y las decisiones soberanas del país frente a las imposiciones externas.