Llegué a la calle 26 de Julio, en pleno corazón de la provincia Espaillat, para comprobar un rumor que recorre todo el país: que aquí las pinturas cobran vida… y sí, es cierto. Bajo el intenso sol mocano, los colores explotan ante la vista y el asfalto deja de parecer una simple calle para transformarse en una impactante obra tridimensional que engaña los sentidos.
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