00:00Hijos de la Atlántida. Licántropos en los Andes Creepypasta 143.
00:06Fabián, el caballero maestro santo. El sol de la mañana comenzaba a morir sobre el Vaticano como
00:12un velo ardiente, derramando reflejos de oro líquido y rojo encendido sobre las estatuas
00:17de ángeles y querubines repartidas por toda la ciudad. Las estructuras comenzaban a proyectar
00:23delgadas sombras desde cada esquina, mientras las campanas acababan de resonar sobre la ciudad
00:28eterna. Esa misma mañana, en los solemnes corredores de mármol de la Santa Sede, se había reunido el
00:35cónclave de cardenales y maestros santos, acompañando al Santo Padre. La convocatoria
00:41respondía a una razón excepcional. Ungir a los maestros nobles convocados a Roma para recibir
00:46sus títulos como maestros santos. Pero a diferencia de otras ocasiones, esta vez un nombre figuraba
00:53para ser elevado al rango de caballero maestro santo. La ceremonia fue estrictamente privada
00:59y austera, realizada a puertas cerradas en presencia del cónclave, los cardenales y todos
01:04los que serían ungidos por el Santo Padre. Sin embargo, las repercusiones de estos nombramientos
01:11no tardarían en recorrer el mundo y bañar con su nueva luz a la humanidad. El maestro
01:16santo Julián y el recién investido caballero maestro santo Fabián atravesaban ahora las puertas
01:21de la Santa Sede. Querían ir a almorzar y conversar lejos de los muros eclesiales. Julián
01:28había dejado su auto a un par de cuadras, así que caminaron por calles que conocían de memoria.
01:33Pero esta vez, el silencio entre ambos era más denso que cualquier culpa. Al alcanzar el vehículo,
01:40salieron a toda velocidad rumbo a las afueras de Roma. El trayecto fue rápido. Julián conducía
01:47con una precisión casi mecánica, como si su alma se fundiera con el vehículo. Atravesaron autopistas
01:54elevadas, dejando atrás la Santa Sede antes de que comenzara la congestión. Fabián, inició Julián
02:01con una sonrisa. Sé que tú no lo ves así, pero estoy muy orgulloso de ti. El caballero maestro
02:07santo sonrió sin saber qué responder. Tenía demasiadas cosas en qué pensar, y la angustia
02:13por María ocupaba un lugar cada vez más grande en su mente. ¿Cuánto tiempo crees
02:18que pasará antes de que Valeria Dupont exija esa entrevista? Preguntó finalmente, con más
02:24preocupación de la que quería mostrar. No estoy seguro, caballero maestro santo, pero
02:30creo que podrás regresar a la purga antes de tener que preocuparte por eso. Así que, por
02:35ahora, debería bastar, respondió Julián con una sonrisa genuina, mientras el aire cálido
02:41cruzaba el descapotable en aquella calurosa tarde. «Creo que llamaré a María», dijo
02:47Fabián, sacando su celular para marcar a Ciudad de México. Ya debía ser de madrugada
02:52allá, y probablemente ella se sentía sola después de haber salido a la purga por su
02:57cuenta. Marcó el número. María contestó casi de inmediato, como si hubiese estado esperando
03:03esa llamada durante horas. «¡Fabián!», exclamó, exaltada. «¿Cómo te fue? ¿Cuándo
03:11vuelves? Hola, María. Aquí ya son casi las tres de la tarde. Tú debes andar por las ocho
03:17de la madrugada». «¿Ya saliste? ¿Cómo te ha ido hoy? A mí me fue bien, creo. Ya me
03:24dieron el cargo. Ahora vamos con Julián rumbo a las afueras de Roma, buscando un almuerzo
03:30tranquilo, lejos de esta locura. Con todo este cambio de horario, siento que te fuiste
03:35hace más de un día», dijo María, aferrada al teléfono. «Opino lo mismo. Siento que
03:42me fui hace siglos. Pero ha sido una mañana movida. Tuve que reunirme con los cardenales
03:48Álvarez y Thompson antes de la ceremonia con el Santo Padre, y luego esperar a que todos
03:52pasaran e hicieran el juramento antes de poder salir», explicó con ligereza. «¿Ya hablaste
03:58con ella?», preguntó María, más inquieta de lo que deseaba parecer. «¿Con quién, María?
04:05Fabián. Sabes perfectamente de quién hablo. ¿Ya te encontraste con la zorra más cotizada
04:11de Roma?» «No, María. No he visto a Valeria y no pretendo hacerlo. Con suerte, Julián
04:18y yo podremos almorzar tranquilos y tomar el jet de regreso a Ciudad de México esta misma
04:23tarde», respondió con seriedad. «¿En serio vas a volver hoy?», preguntó, casi entre
04:29lágrimas. «Sí, María. Voy a intentar dormir en el viaje, así que intenta estar tranquila»,
04:36dijo Fabián con cansancio. «No me has dicho. ¿Qué tienes planeado hoy?».
04:42«Fabián. Gracias», dijo ella, conmovida. «Sé que soy un desastre y a veces solo digo
04:49incoherencias. Pero gracias por aguantarme». «¿Puedo abusar de esa generosidad y pedir
04:55algo rico para el almuerzo de mañana?», preguntó él, con voz tranquila. María se sobresaltó.
05:02Sabía que Fabián era chef profesional y siempre temía que su comida casera no estuviera a la altura
05:07de esa alta cocina que lo caracterizaba. Pero él siempre insistía en que amaba su sazón,
05:13ese sabor a hogar que ella le regalaba, y hacía todo por animarla a sentirse segura de sí misma.
05:19«Depende de lo que me pidas», respondió María, con una sonrisa juguetona que Fabián pudo percibir
05:25en su voz. «Me gustó ese arroz con pollo que siempre le haces a Tatiana. ¿Será que puedo
05:30pedir un poco?». «Fabián. No, no puedes pedirme eso. Sé que no te gustó la última vez y solo
05:38lo
05:38dices para burlarte», dijo María, sonrojada al escucharlo. «Personalmente, creo que estoy del lado
05:45de tu hermana. Y diré que estaba delicioso», respondió él, riendo. «¿De verdad te gustó?»,
05:52preguntó María, mucho más seria de lo que intentaba aparentar. «Sí, María. Realmente
05:59me pareció delicioso», insistió él con suavidad. «Dime, ¿y a qué se supone que sabe, para que te
06:05parezca tan rico?», insistió María, como si intentara atraparlo en una adulación. «¿Sabe
06:11a ti? A afecto, a tus manos. A casa», respondió Fabián, algo apenado, aunque sabía que Julián
06:19no diría nada. El rostro de María se iluminó al otro lado de la línea, y Fabián pudo sentir su
06:25calidez atravesando la distancia. «La verdad, no compré nada para cocinar estos días porque
06:31no ibas a estar, pero voy a decirle a Tati que me acompaña al mercado», dijo, con una felicidad
06:37que se escapaba por su voz. «¿Puedo pedirte un favor?» «Claro, María. ¿Qué necesitas? ¿Me
06:45puedes llamar cuando despegues? Hoy será un día larguísimo con Asha y su prima. Además,
06:51Drek saldrá a cenar con nosotras y Tati me pidió ayuda comprando unas cosas. Así que aprovecharé y
06:57te dejaré listo el arroz para cuando llegues». «Gracias, María. Y sí, te avisaré apenas
07:04aterricemos en México», respondió Fabián, sin querer despedirse todavía. «Fabián, te extraño
07:11demasiado. No tardes, por favor». Terminó ella, colgando casi entre lágrimas. Fabián guardó el
07:19celular y miró al horizonte. Ya estaban en las afueras de Roma, y Julián, al volante del convertible,
07:25claramente conocía bien las calles por las que avanzaban. «¿Todo en orden?» preguntó el Maestro
07:32Santo mientras tomaba una curva cerrada. «Sí, todo en orden. Fabián, sé que ya te pedí este favor,
07:39pero te pido que te pongas en mi lugar. Ahora eres un caballero Maestro Santo, y tu imagen,
07:46tu nombre, pesan mucho». Julián, lo interrumpió Fabián con firmeza. «Voy a estar con Laura en este
07:53ministerio de los vampiros convertidos, pero no porque me lo pidas tú, sino porque creo en su
07:59causa. Me gusta cómo piensa, y quiero creer que Dios también tiene un lugar para los vampiros que
08:05deseen aceptarlo y vivir en su gloria». Julián soltó una breve risa desde el asiento del conductor,
08:11pero no fue de burla. Fabián había sido su aprendiz, casi un hijo. Lo había educado con severidad en la
08:18palabra de Dios. Laura, por su parte, era su pequeña, su secreto. Ocultada del mundo y de la propia santa
08:27sede especialmente desde hacía cuatro años, cuando tuvo que convertirla en vampira. Ambos,
08:33Fabián y Laura, estaban a punto de liderar una locura disfrazada de reforma. Una fachada útil para
08:39los intereses del archiconde de purga, Seraph Bambertok en segundo. Y aún así, esa locura comenzaba
08:46a marcar el inicio de una nueva era dentro del Vaticano. «Gracias, Fabián. Vamos,
08:53hoy invito yo el almuerzo», sentenció el Maestro Santo con una sonrisa llena de orgullo y resignación.
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