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  • hace 9 horas
En este nuevo 'bocado literario', la escritora y académica Paloma Díaz-Mas reflexiona sobre la anécdota de unos ladrones que, al ver que el botín no estaba a la altura de lo esperado, decidieron servirse dos torrijas caseras.
Transcripción
00:00Una amiga me contó lo que le había sucedido a sus vecinos, una pareja mayor que vivía sola,
00:05no sé si por qué, no tenían hijos o porque éstos se habían independizado ya. Era domingo por la
00:11mañana y antes de salir a dar un paseíto, la señora se entretuvo haciendo un dulce que le
00:16salía muy bien, torrijas de leche y canela. Preparó cuatro torrijas grandes, bien hermosas,
00:23doradas y generosamente espolvoreadas con azúcar y las dejó reposando en una fuente sobre la mesa
00:29de la cocina. Al volver a casa después del paseo, le llamó la atención que había cristales de azúcar
00:36derramados en el portal. El reguero de azúcar llegaba hasta el ascensor y también en el suelo de éste
00:43estaba impropiamente azucarado. Pensaron que algún crío había entrado o salido de casa comiendo
00:49dulces, ensuciándolo todo sin cuidado y comentaron entre sí lo mal que educaban algunos padres a sus
00:56hijos. Al salir del ascensor, comprobaron que el reguero de azúcar salía justamente de su casa,
01:03cuya puerta estaba entreabierta. Era evidente que la cerradura había sido forzada. Durante su breve
01:10ausencia, habían entrado a robar. Temiendo que hubiese alguien dentro del piso, llamaron a la policía,
01:17que se presentó pronto y entró con precaución en la vivienda. Ya no había nadie, pero el piso estaba
01:23bastante revuelto. Faltaba un poco de dinero en efectivo que guardaban por si acaso y unas joyitas
01:30de oro y plata cuyo valor era sobre todo sentimental. Una medalla de la virgen, el marco de plata con
01:36una
01:36foto de boda, un anillo que la señora ya no se ponía porque no le entraba en los dedos deformados
01:43por la
01:43artrosis, un alfiler de corbata de cuando los hombres llevaban la corbata con alfiler y poco más. Pero al
01:51entrar en la cocina lo comprendieron todo. Entendieron el origen del misterioso camino de azúcar que saliendo
01:58de su casa pasaba por el descansillo, el ascensor y el portal hasta llegar a la calle. De las cuatro
02:05torrijas cuidadosamente elaboradas, por la mañana faltaban dos. Dedujeron por tanto que habían sido
02:12dos los ladrones y que al no encontrar nada demasiado valioso habían tomado cada uno una
02:17torrija y habían salido a la calle comiéndoselas con gula y con precipitación, dejando a su paso un
02:24rastro dulce que marcaba su trayectoria. Menudo susto, ya no puede uno estar tranquilo ni en su
02:30casa, debieron de pensar. Pero yo pienso que aquello, más que un delito, fue un homenaje a la
02:35cocinera, autora de unas torrijas irresistibles que estaban diciendo comedme incluso en mitad de un
02:42robo con allanamiento de morada. Me imagino también a los ladrones como dos jóvenes impulsivos y un
02:48tanto descerebrados, que probablemente venían de familias desestructuradas. Para ellos, quizás, las dos
02:55torrijas robadas venían a traerles el sabor de un hogar que echaban de menos, que tal vez nunca habían tenido.
03:03¡Gracias!
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