#ValleSalvaje #capítulo290Torturada #hasta
Avance ‘Valle Salvaje’: Torturada hasta confesar (capítulo 290, jueves 6 de noviembre)
Adriana visita a Luisa en la cárcel y confirma sus peores sospechas. Avance del capítulo 290 de ‘Valle Salvaje’, que se emite el jueves 6 de noviembre. Con vídeo incluido.
El amanecer todavía no había logrado arrancarle a la noche su derecho a existir, y en el Valle el frío parecía un animal vivo que respiraba entre las piedras y las rejas. En la cárcel, el pasillo olía a humedad vieja y a lejía barata. El ec ...
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#ValleSalvaje, #capítulo290Torturada, #hasta, #confesar
Avance ‘Valle Salvaje’: Torturada hasta confesar (capítulo 290, jueves 6 de noviembre)
Adriana visita a Luisa en la cárcel y confirma sus peores sospechas. Avance del capítulo 290 de ‘Valle Salvaje’, que se emite el jueves 6 de noviembre. Con vídeo incluido.
El amanecer todavía no había logrado arrancarle a la noche su derecho a existir, y en el Valle el frío parecía un animal vivo que respiraba entre las piedras y las rejas. En la cárcel, el pasillo olía a humedad vieja y a lejía barata. El ec ...
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CortometrajesTranscripción
00:00Avance Valle Salvaje. Torturada hasta confesar. Capítulo 290. Jueves 6 de noviembre.
00:19Adriana visita a Luisa en la cárcel y confirma sus peores sospechas. Avance del capítulo 290
00:26de Valle Salvaje, que se emite el jueves 6 de noviembre. Con vídeo incluido, el amanecer
00:35todavía no había logrado arrancarle a la noche su derecho a existir, y en el valle el frío
00:40parecía un animal vivo que respiraba entre las piedras y las rejas. En la cárcel, el
00:48pasillo olía a humedad vieja y alejía barata. El eco de los pasos de Adriana, contenidos
00:54pero firmes, fue llenando el silencio con una especie de música sorda. Cada paso era
01:01una decisión, cada respiración, un juramento. Cuando el carcelero le abrió la puerta, la
01:08luz grisácea del patio entró como una acusación. Luisa estaba allí, encogida sobre el catre,
01:17con las manos apoyadas en las rodillas y los ojos tan abiertos que daban la impresión de
01:21no parpadear desde hacía días. Su rostro tenía el tono de la cera y, sin embargo, ardía algo
01:31debajo, una brasa que no se rendía. Luisa, susurró Adriana, y su voz, al pronunciar ese nombre,
01:41le atravesó a la joven una región secreta del pecho.
01:43Soy yo. A Luisa le tembló la barbilla, pero fue un gesto mínimo, casi imperceptible,
01:53como el latido de un pájaro que no quiere ser visto.
01:56No podían dejarle pasar, dijo, sin mirar aún. No a usted, insistí, respondió Adriana, acercándose.
02:09Y seguiré insistiendo hasta que me cierren la puerta en la cara o me saquen a empujones.
02:14¿Cómo estás? Luisa levantó la cabeza. Su piel era un mapa de cansancio. Ojeras moradas,
02:25una pequeña grieta en el labio, una marca amarillenta que se perdía bajo el cuello del
02:29vestido gris. Estoy viva, dijo, y a estas alturas, parece un milagro. Adriana apretó los labios para
02:39no dejar salir la rabia cruda que le subía por el estómago como una fiebre. Me lo imaginé,
02:47murmuró, pero una cosa es imaginar y otra ver. Dímelo, Luisa, ¿qué te han hecho?
02:54La muchacha tardó unos segundos. Parecía medir el peso de cada palabra para evitar que
02:59la sala se derrumbara sobre ellas. Me preguntaron por el dinero. Dijo al fin,
03:07aún en voz baja. Por el botín, que, según ellos, me llevé.
03:16Me pusieron una lámpara muy cerca de la cara. Hacía calor y frío al mismo tiempo.
03:24Luego, tragó saliva. No quiero que lo repita mi boca. Adriana le tomó las manos.
03:29Estaban heladas. No tienes que contarlo si no puedes, dijo. Solo necesito que me confirmes
03:39lo que temo. Te obligaron a confesar.
03:45Sí, admitió Luisa, y la palabra sonó como un cristal que se rompe. Me torturaron hasta
03:51que dije lo que querían oír. Me prometieron descansos y hablaba. Yo,
03:58H-A-B-L-E con acento agudo. Inventé cualquier cosa. Me escucharon con una atención muy educada
04:04y luego, firmé. Como si mi firma pudiera mover un mundo que no me pertenece. Adriana cerró los ojos
04:12un instante. El silencio entre las dos fue un acto de piedad. Esa firma no vale nada, dijo,
04:23abriéndolos de nuevo con una claridad nueva, cortante.
04:29Hablarás ante quien deba escucharte de verdad. Yo me ocuparé, usted, preguntó Luisa, con un brillo
04:35de incredulidad infantil. ¿Por qué? Adriana sonrió con tristeza. Porque hay cosas que una
04:43mujer no le permite al mundo. Y porque te prometí, sin decirlo, que no te dejaríamos sola. No agregó
04:53que, en el fondo, su promesa había sido hecha a otra persona. Alejo. A ese hombre desbordado por
05:02la culpa que había aprendido a nombrar la esperanza con el nombre de Luisa. Adriana no tenía que
05:10decirlo en voz alta para saber que era verdad. A esa misma hora, José Luis contemplaba el fuego
05:16de la chimenea en su despacho como si fuera un mapa de rutas secretas. Sostenía una copa que no había
05:24probado. El cristal se le calentaba entre los dedos, pero él seguía estando lejos, en algún sitio del
05:30pasado donde la palabra, lealtad, no podía escribirla nadie más que él. Tomás se mantenía de pie, a dos
05:41pasos del escritorio, la gorra en la mano, la mirada baja. Ya está hecho, dijo José Luis, sin aparentar
05:51prisa. El pago por tus servicios. Tomás tragó saliva.
05:59Señor Duque, yo no hice nada malo. Solo seguí órdenes. De eso se trata, concedió José Luis.
06:08De que sepas seguir órdenes y, más importante aún, de que sepas cuándo irte. Se inclinó,
06:15abrió un cajón y depositó un sobre grueso encima del escritorio. Te marcharás del valle hoy. No
06:24mañana. Hoy, sin despedidas. Tomás hizo una mueca que pretendió ser una sonrisa.
06:31Y si me preguntan, les dirás que vas donde las estaciones pagan mejor. Respondió José Luis.
06:38Y si no te creen, caminarás. No es complicado. Hizo una pausa y lo miró con esa cordialidad
06:46helada que se convertía en su arma más fina. Tomás, tú eres el tipo de hombre que sabe
06:54guardar secretos. No arruines esa reputación. El lacayo asintió, recogió el sobre y retrocedió
07:03un paso. Gracias por la confianza, señor. No te confundas, dijo el duque, con un deje
07:13de aburrimiento. No es confianza, es eficiencia. Y ahora, vete. Cuando la puerta se cerró,
07:22José Luis dejó por fin la copa sobre el escritorio. Sabía que el valle era un tablero
07:29y él, el jugador veterano que no consentía piezas díscolas. El problema era que, en
07:38los últimos días, algunas piezas parecían moverse con voluntad propia. Alejo, con su
07:44obstinación dolorosa. Adriana, con esa manía de mirar debajo de cada piedra. Y Victoria,
07:51siempre Victoria, pidiendo lo que creía merecer y amenazando con incendiarlo todo si no lo obtenía.
07:59Victoria caminaba por la galería de la casa grande como si el aire tuviera bordes.
08:06El eco de sus tacones sonaba como una sentencia. Entró al despacho sin anunciarse.
08:13José Luis no se sobresaltó. Tarde o temprano ibas a venir, dijo, sin preámbulos.
08:20Siéntate, por favor. No voy a sentarme. Contestó Victoria, y su voz tenía un tono de seda rasgada.
08:32No estoy aquí para hacerte cómodo nada. Estoy aquí para que entiendas que si no me ayudas con
08:37Damaso, esto no acabará en un escándalo. Acabará en una catástrofe.
08:42Los escándalos no me asustan. Repuso el duque. Las catástrofes, sí, y lo que me propones. La miró
08:52con una condescendencia que la hirió. Lo que me exiges, mejor dicho, es que utilice mi nombre
08:59para tapar las grietas que has hecho tú. No funciona así. Victoria respiró hondo. Quiso
09:07pronunciar una promesa dulce y se le escapó una amenaza. José Luis, si no haces algo,
09:15yo haré lo que sea. Y cuando digo, lo que sea, significa exactamente eso.
09:24Él sonrió apenas. Qué peligrosa suena esa ausencia de límites. Mira, Victoria, voy a decirte esto una
09:31vez. Si pones en peligro el buen nombre de mi familia, te destruiré. No me mires así. Te
09:39conozco. Y tú a mí, sabes que no exagero. Ella no parpadeó. Por un segundo, el mundo fue una cuerda
09:49de violín tensada al límite. ¿Quién te ha convertido en este? Susurró. ¿En qué punto cambiaste la brújula por
09:58un reloj de bolsillo? Te leíte el tiempo, José Luis. A ti no te leíte la sangre. A mí me leíte el
10:06valle. Respondió, sin alterarse. Y el valle, para seguir siendo nuestro, exige sacrificios.
10:16Los tuyos, a ser posible. Bien, dijo Victoria, empujando con las uñas el brazo del sillón como
10:24si quisiera arrancar un pedazo de madera. Si no eres tú, será él. Haré un trato con Damaso. Hazlo,
10:34concedió el duque. Y asume el precio. Victoria giró sobre los talones. Por un instante se permitió
10:42cerrar los ojos. El despacho olía a cuero viejo y a humo. La vieja masculinidad apolillada que tantos
10:49años la había sostenido y oprimido. Salió sin responder. Isabel caminó esa tarde por el patio
10:58con una lentitud reverente, dejando que sus dedos rozaran las hojas de los geranios como si se
11:03estuviera despidiendo de un coro silencioso. Al verla, Amadeo sintió que la luz cambiaba de tono.
11:11Se aproximó con cautela, como quien no quiere interrumpir una oración.
11:18Señora, dijo, con cariño. ¿Pasa algo? Isabel levantó la vista. Tenía la mirada empañada por
11:25una claridad triste, esa luz que solo habita en los ojos de los que han decidido marcharse.
11:33Pasa que todo pasa, Amadeo. Sonrió, que a veces el deber no es quedarse, sino irse.
11:41Él frunció el ceño. Ha dicho, irse, sí. Respondió ella, suavemente. Me marcho del valle.
11:52Amadeo sintió un hueco, como si le hubieran robado el aire de golpe. ¿Para siempre?
11:59Para el tiempo que dure el siempre que me queda, dijo Isabel, con humor suave. No sufras.
12:06Sé que has notado que algo estaba mal. El valle necesita menos de mis silencios y más de sus verdades.
12:16Y yo, miró hacia la casa grande. Yo ya dije demasiados, sí, donde hacía falta un, basta.
12:23Y si le pido que se quede, preguntó él, con un atrevimiento torpe. Isabel le tomó la mano.
12:36Sería egoísmo, y el cariño no se mide por lo que uno retiene, sino por lo que uno deja ir para que el otro no se rompa.
12:42No quiero que se rompa. Murmuró Amadeo, sintiendo que pronunciaba una confesión.
12:51No quiero que se vaya usted sola. No estaré sola, dijo ella. Nunca lo estamos del todo si nos acompañan nuestros muertos, y nuestras palabras.
13:06Las de ella, lo sabía él, lo acompañarían mucho tiempo cuando ya no quedara nada más que el rumor del patio por las tardes.
13:13En la habitación de huéspedes, Irene alisaba con paciencia la arruga invisible de su falda.
13:23La puerta crujió y Leonardo entró con la decisión inquieta de quien teme que le cambien el destino sin pedirle permiso.
13:33¿Vas a insistir, verdad? Preguntó él. Mi padre no se cansa de repetirlo. Burgos, Burgos, Burgos.
13:43Como si Burgos fuera una puerta al cielo. A veces lo es. Repuso Irene, sin prisa.
13:52A veces, a los cielos se llega huyendo de ciertos infiernos. No me hables en enigmas, Irene.
14:01¿Qué quieres de mí? Ella lo miró con una dulzura calibrada. Quiero que elijas con inteligencia.
14:08Don Hernando dice, Burgos, como quien dice, progreso, pero tú sabes lo que espera a tu vuelta.
14:18Un altar improvisado, una orquesta barata y una firma apresurada.
14:22Hizo una pausa. Yo no te quiero casado a golpe de padre. No te quiero casado con Bárbara por orden.
14:31La quiero, si ha de ser tu esposa, por tu voluntad, no por un contrato encadenado al apellido.
14:36Leonardo sintió un latido de gratitud, seguido de una sospecha. En el valle, la compasión nunca venía sin factura.
14:47¿Y qué ganó? Inquirió. Si me niego a ir. Irene entornó los ojos. Tiempo.
14:57Y el tiempo es la única materia con la que un hombre puede construir su propia vida. Dijo.
15:05Además, se inclinó un poco hacia él. Si te vas, ¿quién cuidará de que ciertas verdades no salgan a la luz en tu ausencia?
15:13Hay cosas que Bárbara podría descubrir muy pronto.
15:17Cosas que yo, preferiría contarte yo misma, cuando estés preparado. ¿Qué cosas? Preguntó, gelándose.
15:27No te asustes. Mintió Irene, sonriendo. Es mejor que te quedes. Por ella, por ti.
15:36Por todos. Leonardo la observó con atención. En el valle, las verdades eran monedas. Cada uno las gastaba donde más le convenía.
15:47Y, sin embargo, en la voz de Irene había resonado un timbre sincero. No supo por qué le dolió.
15:55Si me quedo, dijo. No será por miedo. Será porque no quiero que nadie decida por mí quién voy a ser.
16:04Eso es todo lo que quería oír. Respondió Irene, con voz baja.
16:12Y si me necesitas, alzó la mano y la dejó caer. Como diciendo, aquí estoy.
16:17Y si no me necesitas, también. Mercedes, en cambio, ya no hablaba con medias tintas.
16:30Había pasado el día rumiando la marea creciente del poder de Victoria y, al caer la tarde, cruzó la biblioteca como quien atraviesa una frontera.
16:38Encontró a la duquesa de espaldas, contemplando el jardín. El cielo había cobrado ese color de uva negra que anuncia las tormentas.
16:48Vengo a hacer un servicio al valle. Anunció Mercedes, clavando las palabras como alfileres.
16:59Ah, sí. Replicó Victoria, sin moverse. Los servicios del valle suelen ser a ti misma.
17:09En este caso, también, admitió Mercedes, avanzando. Sabes que guardo información.
17:14Tú sabes cuál. Si la uso, te vas a caer de la silla desde la que das órdenes. Victoria giró despacio.
17:27Sonrió con un cansancio elegante. Entonces hazlo. Te invito a que dispares.
17:32Pero recuerda que cuando se dispara en una casa llena de espejos, la bala vuelve.
17:36No siempre. Dijo Mercedes. A veces, la bala encuentra al verdadero monstruo. Y no eres tú, Victoria.
17:49Es Damaso. El nombre quedó flotando. ¿Qué sabes de él? Preguntó la duquesa, perdiendo por primera vez el equilibrio de su gesto.
17:58Suficiente para derribarlo. Contestó Mercedes. Y suficiente para que, si tú me empujas otra vez al margen, yo empuje a Damaso al abismo contigo agarrada a su chaleco.
18:12Victoria hizo a mago de reír. Pero se le quebró la garganta. No me amenaces, Mercedes.
18:25Estoy cansada. Estoy asustada. Y un animal acorralado muerde. Pues muerde. Dijo la otra.
18:31A ver a quién le duele primero. Bárbara, por su parte, había pasado el día metiendo y sacando de un baúl los mismos vestidos, sin poder decidirse.
18:48Cada tela era una versión de sí misma que ya no le quedaba. La puerta se abrió sin llamar.
18:53¿Qué haces? Preguntó Leonardo, apoyado en el marco.
19:00Ensayo despedidas. Dijo ella, intentando bromear.
19:07Cuando uno quiere irse sin irse, el baúl se convierte en un espejo.
19:11No te vayas. Pidió él, de pronto.
19:14No te vayas todavía. Bárbara lo miró, sorprendida por esa súplica infantil que no había oído en él desde niños.
19:26¿Eso es una orden de tu padre? Ironizó, para protegerse.
19:31No, negó Leonardo. Es una petición mía.
19:34Es una torpeza. Se acercó. En este valle todos mueven hilos y yo no sé tocar el arpa, pero sé que si te vas ahora, algo puede romperse de manera irreparable.
19:49Ella tragó saliva. Ya está roto. Susurró. Tú no lo ves, porque eres bueno. Sonrió con una ternura que dolía.
19:58Ojalá yo también lo fuera. Eres valiente. Dijo él. Eso duele más. Pero también salva.
20:09¿Qué harás si tu padre insiste? Preguntó ella. Si te arrastra a Burgos. No voy a ir. Respondió Leonardo, con una serenidad que estaba aprendiendo a tener.
20:22No voy a ir donde me conviertan en alguien que no quiero ser. Entonces. Bárbara respiró hondo.
20:28Entonces. Quizá todavía tengamos una oportunidad. No se atrevieron a nombrar de qué.
20:38La noche se hace odeó con acento agudo en los corredores cuando Alejo llegó al portal principal. El traje. Arrugado.
20:48La voz. Convertida en piedra. Llevaba días sin dormir con el corazón en los puños.
20:54Cruzó la antesala con un gesto que espantó al mayordomo. Entró al despacho del duque sin esperar respuesta.
21:02Quiero hablar con usted. Dijo. Y su timbre cortó el aire. José Luis alzó una ceja. Como si observara un fenómeno atmosférico.
21:14Ya lo estás haciendo. Libere a Luisa. Soltó Alejo. Intervenga. Ponga sus influencias donde las pone para esconder a los suyos.
21:26Ella no robó nada. La forzaron a confesar. No ofrezcas afirmaciones sin pruebas. Replicó el duque.
21:35A mí me sirven los hechos. Y los hechos dicen. Los hechos dicen. Lo interrumpió Alejo. Avanzando. Que un hombre como usted podría sacar la mañana si quisiera.
21:49Y no lo hace porque le conviene que alguien que no lleva su apellido pague la culpa de otros.
21:59La mandíbula de José Luis dibujó una línea dura. Mide tus palabras, muchacho. Estás en mi casa.
22:09Estoy en la casa donde se destruye a la mujer que amo. Dijo Alejo, de una vez. Porque eso es Luisa, mi prometida.
22:19La palabra abrió una grieta. José Luis, por primera vez, se quedó sin frase preparada.
22:29Alejo respiró, como si acabara de aligerar un peso insoportable. Yo no quería arrastrarla a mi guerra. Continuó.
22:39Pero ya estamos dentro. Y si me obliga a elegir entre su tranquilidad y su libertad, elijo su libertad.
22:45Señaló la puerta. Decida si quiere ser el hombre que todos dicen que es o el que su conciencia le exige.
22:57José Luis no respondió. No podía. Alejo dio media vuelta y salió antes de que el silencio se convirtiera en una respuesta inapelable.
23:04Damaso aguardaba a Victoria en el antiguo pabellón de caza, ese lugar apartado en el que los hombres se habían jactado durante décadas de sus presas y de sus anécdotas.
23:19Ahora olía a madera húmeda y a recuerdos que nadie quería reclamar.
23:23Ella entró con la barbilla alta, el abrigo echado sobre los hombros como una armadura.
23:27Hablemos, dijo, sin saludo. Hablemos, repitió él, con esa sonrisa de quien ya cree haber ganado.
23:42Eres tan bella cuando vienes a negociar. No estoy aquí para ser bella, repuso. Estoy aquí para que te marches.
23:49Sacó de su bolso un sobre. Esto es una oferta. No es la primera. Será la última.
24:00Damaso abrió el sobre. Lo oye o con acento agudo con calma. Luego, con la misma lentitud, lo dejó sobre la mesa.
24:09Un buen principio, admitió. Pero no suficiente. ¿Qué quieres, entonces? Preguntó ella, y por primera vez su voz tuvo una grieta.
24:19Dilo, y si puedo, lo haré. Pero te vas, te vas hoy, te vas mañana. ¿Te vas? Él la observó, divertido y cruel.
24:34Quiero verte caer, dijo. No por venganza, por justicia poética. Quiero que la duquesa de Valle Salvaje deje de jugar a ser Dios y recuerde que, al final, todos sangran el mismo color.
24:45Victoria retrocedió un paso, comprendió que no quería su dinero, quería su ruina. Y no había trato posible con quienes conciben el mundo como una plaza pública para coronaciones y humillaciones.
24:59Entonces, no hay trato, dijo, con una calma que a ella misma la sorprendió. Oh, siempre hay trato, corrigió él.
25:11Solo que a veces el precio es tu alma. El alma la tengo hipotecada, replicó. Y no contigo.
25:23Se dio la vuelta. Antes de salir, se guardó la última mirada, porque sabía que si lo miraba un segundo más, un segundo nada más, él vería el miedo que le subía como un animal por la espalda.
25:35Esa misma noche, Adriana regresó a la casa grande con la certeza clavada entre las costillas. Luisa había sido torturada hasta confesar.
25:46El pasillo estaba en penumbra. Escuchó voces en la sala pequeña y reconoció la risa seca de Mercedes y el murmullo contenido de Irene.
25:57No se detuvo. Fue al despacho. No llamó. Duque. Dijo. Y su voz no tembló. Vengo de la cárcel.
26:11He visto a Luisa. José Luis la miró con un cansancio impoluto. Y has visto lo que querías ver. Dijo.
26:18Los que van buscando monstruos, suelen encontrarlos. Adriana se acercó un paso. No los busco.
26:31Me los ponen delante. Respiro. La obligaron a firmar. Esto anula cualquier confesión.
26:36Si no la sacamos, muere. Tal vez no hoy. Tal vez no mañana. Pero muere. No dramatices.
26:47Pidió él, como si moderar el adjetivo pudiera cambiarle el final al sustantivo.
26:54No dramatizo. Describo. Réplico. Y te informo. Mañana volveré con un abogado. Con un médico y con la prensa si hace falta.
27:04Y si te preocupa el buen nombre de tu familia, asegúrate de ponerte de nuestro lado antes de que la verdad lo manche de sangre ajena.
27:17José Luis la observó. Había en esa mujer una compostura peligrosa. La serenidad de quien no retrocede.
27:26¿Sabes cuántas veces al día me amenazan? Inquirió. Casi divertido. Quizá no las suficientes. Repuso.
27:34Porque aquí estamos. Se miraron un segundo más de lo prudente. Adriana dio la vuelta.
27:44Salió sin esperar autorización. En el pasillo, el aire sabía a metal. Al alba, el valle parecía un lugar distinto.
27:51La niebla se había sentado sobre los prados con la delicadeza de un mantel de hilo.
28:01Y sin embargo, bajo esa claridad recién nacida, todo era más tenso, como si las cuerdas invisibles que sujetaban la vida de todos vibraran a punto de quebrarse.
28:11Isabel dejó dos cartas sobre la cómoda. Una para la casa grande. Otra para Amadeo.
28:22Luego se quedó mirando la maleta pequeña que había preparado. Un par de vestidos, un rosario, un pañuelo de su madre, un libro con las tapas rotas en el lomo.
28:32Sonrió. Qué fácil era resumirse cuando ya no quedaba tiempo para lujos. En la cocina, el rumor de las criadas era una bandada de pájaros nerviosos.
28:45Alguien dijo el nombre de Luisa en voz baja. Otro susurró que habían visto a Alejo entrar tarde y salir pálido como un lino.
28:58Mercedes, que desayunaba con un apetito teatral, dejó la taza con un golpe. No coman las noticias crudas. Dijo.
29:06Se indigestan. ¿Y usted cómo las prefiere, señora? Preguntó una muchacha, insolente por juventud.
29:18Bien cocidas. Sonrió Mercedes. Y sazonadas con justicia. La insolencia murió sin epitacio.
29:28Al mediodía, don Hernando esperó a Leonardo con el sombrero en la mano y la paciencia en el gesto.
29:36Saldremos a las tres. Anunció. El carruaje ya está preparado. No voy. Dijo Leonardo.
29:46El marqués lo miró como si le hubieran dicho que acababan de moverle una pared de lugar.
29:53Repite. No voy a Burgos. Aclaró el muchacho. No voy a subirme a un carruaje para regresar convertido en un hombre que no me reconozca.
30:01Don Hernando apretó los labios. Una vena le palpitó en la sien. Esto no es un capricho, hijo. Dijo.
30:11Es una estrategia. Es mi vida. Repuso Leonardo. Y por una vez, he decidido que sea mía.
30:20¿Quién te ha llenado la cabeza de...? Empezó el marqués. Se detuvo. Ha sido Irene.
30:30He sido yo. Cortó Leonardo. Si quieres castigar a alguien, castígame a mí. Pero no me empujes.
30:37Se miraron padre e hijo con la perplejidad de dos desconocidos que comparten sangre.
30:48Don Hernando dejó caer el sombrero sobre la mesa con un ruido hueco.
30:52Estás cometiendo un error. Advirtió.
30:54Lo sé. Sonrió Leonardo. Pero será mío. Y, mientras todo esto se tensaba como un arco dispuesto a soltar la flecha, Adriana volvió a la cárcel.
31:11Llevaba una carpeta bajo el brazo, y en la barbilla el gesto de quien llega con un ejército aunque vaya sola.
31:16El carcelero la reconoció y resopló. Otra vez. Gruñó. Hasta que se haga justicia. Dijo ella.
31:30O hasta que se cansen de verme entrar. La condujeron al locutorio. Luisa estaba un poco más erguida.
31:40Había un brillo nuevo en sus ojos. La luz que enciende la visita cuando los días son una hilera de puertas cerradas.
31:46Te traigo algo. Dijo Adriana, sentándose. No pan. No ropa. No flores. Te traigo una promesa. No vamos a permitir que te trituren.
32:02Alejo habló con el duque. El nombre de Alejo fue un bálsamo. Y... Preguntó Luisa, temiendo la respuesta.
32:09Y dijo lo que tenía que decir. Sonrió Adriana. Que eres su prometida. Dejó la carpeta en la mesa.
32:21Yo haré lo que me corresponde. Tú solo. Resiste un poco más. Luisa cerró los ojos.
32:26Una lágrima. Solo una. Se escapó. Se la limpió con el dorso de la mano. Resistiré. Dijo.
32:40Por él. Por mí. Por usted. Por todos los que hoy pueden dormir porque no están aquí.
32:44Y por los que no duermen. Agregó Adriana, con ternura. Porque su insomnio es nuestra conciencia.
32:53Ambas sonrieron. Y ese pequeño gesto fue. Por un instante. Más fuerte que los barrotes.
33:05Esa tarde. Cuando el sol se volvió delgado y anaranjado. José Luis se quedó solo en el despacho.
33:11Con la carta de Isabel abierta sobre la mesa. El eco de las palabras de Alejo en la memoria.
33:16Y el rumor de la casa pasando como un río alrededor de su isla.
33:19Había algo en el tono de Adriana. En la declaración de Alejo. En la determinación de Leonardo.
33:29En la feroz dignidad de Victoria. Que le mostraba un valle que tal vez ya no podía gobernarse con el mismo juego de piezas.
33:38Pensó. Solo un segundo. En lo que se necesitaría para cambiar de tablero. Para hacer lo correcto sin declarar su derrota.
33:46Entonces llamaron a la puerta. Pase. Dijo. Sin apartar los ojos de la ventana.
33:55Entró Amadeo. Torpe y serio como siempre.
34:02Señor. Anunció. Hay noticias de la cárcel.
34:06José Luis alzó la vista. Y por primera vez en muchos días.
34:09Su corazón. Ese reloj de bolsillo al que aludió Victoria. Falló un segundo en su compás.
34:17Hablé. Ordenó. La señorita Adriana.
34:22Empezó Amadeo. Buscando la frase.
34:25Ha conseguido que se examine a la señorita Luisa por un médico independiente.
34:28Hay marcas. Tragó saliva. Y hay testigos. Alguien habló. El duque se reclinó en el sillón.
34:41Afuera. Una bandada cambió su dibujo en el cielo. Entonces. Dijo. Despacio. Ya no son rumores.
34:48No. Señor. Confirmó Amadeo. Son hechos. José Luis asintió. Se levantó sin prisa. Caminó hasta la
35:00chimenea y, por primera vez ese día, probó el whisky que había estado ignorando.
35:07No supo si le ardió la garganta o la conciencia. Prepare el coche. Ordenó.
35:13Vamos al juzgado.
35:17Amadeo lo miró. Sorprendido. Ahora, señor. Ahora. José Luis dejó la copa. Y, Amadeo.
35:25Añadió cuando el mayordomo ya estaba en la puerta.
35:30Dígale a la señora Victoria que, si desea salvarse, empiece por dejar de negociar con fantasmas.
35:36Los fantasmas siempre cobran la deuda completa. El mayordomo asintió y se fue. El duque se quedó
35:45mirando el fuego. Recordó la frase de Victoria. Te leíte el tiempo, no la sangre. Sonrió,
35:55triste. Quizás se podía sincronizar el reloj con la sangre, una vez.
35:59Aunque costara, aunque doliera. La noche cayó con una rapidez que parecía un accidente.
36:10En el pabellón de caza, Damaso escuchó a lo lejos el rumor de un motor. Sonrió, abrió la puerta.
36:19El viento le azotó la cara con un olor a tormenta inminente. Que vengan, pensó.
36:25Que traigan sus títulos y sus anillos. Yo traje mis cicatrices, y, en la cárcel,
36:34Luisa se tumbó por fin con el cansancio vencido por una certeza nueva.
36:41No la de la libertad, todavía, sino la de que alguien había empujado una puerta. Adriana,
36:47en el patio de la casa grande, respiró el frescor húmedo de la noche y sintió que la piel del
36:52valle se erizaba con una electricidad desconocida. Irene miró por la ventana y calculó. Mercedes
37:00afiló su verdad como un cuchillo. Leonardo se apoyó en la baranda y supo que el mundo,
37:06por fin, no estaba decidido. Bárbara sacó del baúl el vestido menos elegante y el más suyo. Isabel,
37:15con la maleta al lado, apagó la lámpara y dejó que la oscuridad la abrazara como se abraza a una
37:21hermana. Amadeo apretó el sombrero contra el pecho y rezó sin palabras. Y Alejo, de pie en la puerta
37:31cerrada de la cárcel, apoyó la frente en la madera y dijo muy bajito, como si el nombre fuera una llave.
37:37Luisa, el guardia carraspeó. Alejo apartó la frente, se recompuso y levantó el mentón.
37:49No iba a llorar, no esa noche. Lo haría cuando ella saliera, sobre su pelo, sobre sus manos,
37:55sobre la promesa que por fin se cumpliría. Hasta entonces, resistir era el único verbo digno. Mañana,
38:04jueves 6 de noviembre, el valle aprendería otra forma de temblar.
38:10Y ese temblor, lo sabían todos sin saberlo, ya no iba a destruir, iba a empujar.
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