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Avance ‘Valle Salvaje’: Úrsula lo pierde todo tras confesar su crimen (capítulo 264, viernes 26 de septiembre)
El avance del capítulo 264 de ‘Valle Salvaje’ (viernes 26 de septiembre) llega cargado de tensión: Rafael comparte con Adriana las amenazas de Úrsula. Matilde sorprende a todos con un gesto inesperado y la presión sobre Úrsula la lleva a una confesión que puede cambiarlo todo.
El sol del viernes 26 de septiembre se alzaba sobre Valle Salvaje con una lentitud perezosa, casi renuente, com ...
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#‘ValleSalvaje’, #capítulo264Úrsula, #pierde, #todo, #tras, #confesar, #crimen
Avance ‘Valle Salvaje’: Úrsula lo pierde todo tras confesar su crimen (capítulo 264, viernes 26 de septiembre)
El avance del capítulo 264 de ‘Valle Salvaje’ (viernes 26 de septiembre) llega cargado de tensión: Rafael comparte con Adriana las amenazas de Úrsula. Matilde sorprende a todos con un gesto inesperado y la presión sobre Úrsula la lleva a una confesión que puede cambiarlo todo.
El sol del viernes 26 de septiembre se alzaba sobre Valle Salvaje con una lentitud perezosa, casi renuente, com ...
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#‘ValleSalvaje’, #capítulo264Úrsula, #pierde, #todo, #tras, #confesar, #crimen
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CortometrajesTranscripción
00:00Avance Valle Salvaje. Úrsula lo pierde todo tras confesar su crimen. Capítulo 263,
00:17viernes 26 de septiembre. El avance del capítulo 263 de Valle Salvaje,
00:24viernes 26 de septiembre, llega cargado de tensión. Rafael comparte con Adriana las amenazas de Úrsula.
00:34Matilde sorprende a todos con un gesto inesperado y la presión sobre Úrsula la lleva a una confesión
00:39que puede cambiarlo todo. El sol del viernes 26 de septiembre se alzaba sobre Valle Salvaje con
00:47una lentitud perezosa, casi renuente, como si presintiera la tormenta de pasiones y secretos
00:53que estaba a punto de desatarse. Sus rayos dorados, que en otros días prometían paz y rutina,
01:01hoy parecían cuchillas afiladas que seccionaban las sombras y exponían los rincones más oscuros
01:06del alma de sus habitantes. En la casa grande, el silencio del desayuno era una entidad palpable,
01:14pesada como el terciopelo de las cortinas y fría como el mármol del suelo. Cada sorbo de café,
01:21cada tintineo de una cucharilla contra la porcelana, resonaba con la fuerza de un disparo en la quietud
01:27tensa. Úrsula sentía que el aire mismo se había vuelto en su contra. Cada mirada,
01:35cada susurro ahogado a su paso, era una aguja que se clavaba en su conciencia.
01:40La noche anterior, sus amenazas a Ana, la doncella, le habían proporcionado un efímero y amargo
01:47consuelo, el de una bestia acorralada que muestra los dientes. Pero la luz del día disipaba esa falsa
01:55sensación de control, dejándola expuesta, temblorosa, con el pánico anidando como un pájaro de hielo en
02:02su pecho. Sus manos, al sostener la taza, temblaban con una violencia apenas contenida. Se obligó a sí
02:11misma a beber, a tragar el líquido amargo que le quemaba la garganta, sintiendo los ojos de
02:16Victoria, la matriarca, fijos en ella. No era una mirada de acusación, no aún, sino de una profunda
02:25e insondable preocupación, lo cual, para Úrsula, era infinitamente peor. La piedad de Victoria era
02:33un espejo que le devolvía el reflejo de su propia monstruosidad.
02:36Mientras tanto, en un rincón más alejado de la finca, donde los rosales comenzaban a rendirse
02:44al otoño incipiente, Rafael esperaba a Adriana. El aire matutino era fresco, cargado con el aroma
02:53de la tierra húmeda y las últimas rosas del verano. Pero Rafael no percibía nada de eso. Su
03:00mente era un torbellino de sospechas y temores. La conversación con José Luis el día anterior,
03:07y la actitud conciliadora de éste hacia Adriana, había sido una pequeña tregua, pero la verdadera
03:13amenaza, la que tenía nombre y rostro, seguía latente.
03:19Úrsula. Adriana llegó envuelta en un chal, su figura delicada acentuada por el embarazo
03:24incipiente que aún luchaba por hacerse visible. Su rostro poseía la belleza frágil de una flor
03:31a punto de marchitarse. Sus ojos, dos pozos de angustia, buscaron los de Rafael con una mezcla
03:38de gratitud y desesperación.
03:42Rafael, gracias por venir. Dijo en un susurro, como si temiera que el viento pudiera llevarse
03:48sus palabras y depositarlas en oídos equivocados.
03:52No tienes que agradecerme nada, Adriana. Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.
04:00¿Estás bien? Pareces, agotada. Ella forzó una sonrisa que no llegó a sus ojos. Lo estoy.
04:08Cada noche es una batalla. Cierro los ojos y todo vuelve. La muerte de Julio, las dudas,
04:14el futuro de este niño. Y ahora, esto. Rafael acortó la distancia entre ellos,
04:21su voz bajando a un tono grave y protector.
04:26Precisamente de eso quería hablarte. No podemos seguir permitiendo que Úrsula te atormente.
04:33Ayer volví a hablar con ella. O, mejor dicho, a intentarlo. El color desapareció del rostro de
04:39Adriana. ¿Qué te dijo? ¿Te amenazó a ti también? No directamente. Su veneno es más sutil.
04:48Pero lo que vi en sus ojos, Adriana, era pura desesperación. Y la desesperación la hace peligrosa.
04:57Me amenazó, sí, con insinuaciones, con medias verdades. Me dijo que tuviera cuidado,
05:03que hay secretos que es mejor no desenterrar.
05:05Pero lo más grave es lo que concierne a Ana. Se detuvo, buscando las palabras adecuadas.
05:14No quería alarmarla más de lo necesario, pero la verdad debía ser dicha. Vi cómo la miraba.
05:23¿Cómo la trata? Hay un miedo casi paralizante en esa muchacha cada vez que Úrsula está cerca.
05:28Tengo la certeza, Adriana, la convicción absoluta, de que la está chantajeando. Úrsula sabe que Ana
05:37sabe algo, o que vio algo la noche de la muerte de Julio. Y la está utilizando para mantenerla
05:45callada, amenazándola con implicarla en el crimen. Adriana se llevó una mano a la boca,
05:51sus ojos llenándose de lágrimas. Dios mío, pobre Ana. Siempre supe que ocultaba algo. Su nerviosismo,
06:01su forma de evitar mi mirada. Pensé que era por lealtad a Julio, por el dolor.
06:07Pero esto, esto es una crueldad sin límites. La está torturando. Exacto. Y por eso tenemos que actuar.
06:15Úrsula está construyendo un muro de mentiras y miedo a su alrededor, pero cada ladrillo que pone
06:22la debilita más. Está al límite. Siento que si presionamos un poco más, todo se derrumbará.
06:29¿Presionar? ¿Cómo, Rafael? ¿Qué podemos hacer? Si la acusamos sin pruebas, se volverá contra nosotros,
06:36contra Ana. Dirá que intentamos culparla para proteger. Bueno, para protegerme a mí.
06:43Rafael tomó suavemente sus manos. Estaban heladas. No hablo de una acusación pública. Hablo de no
06:52dejarla respirar. De hacerle preguntas. De demostrarle que no nos hemos creído su historia.
06:59Que sabemos que hay algo más. Su coartada es frágil, y ella lo sabe. Se está deshaciendo,
07:07Adriana. Lo veo en la forma en que sus manos tiemblan, en cómo su mirada huye.
07:13No podrá soportar esta presión mucho más tiempo. Tengo miedo, Rafael. Miedo por Ana,
07:20por su familia. Úrsula es capaz de cualquier cosa. Si se siente acorralada, puede cumplir sus
07:28amenazas. Y por eso debemos ser más listos que ella. Protegeremos a Ana. Quizás debamos buscar
07:34la forma de hablar con ella a solas, de ofrecerle nuestra protección de una manera que la convenza.
07:40Pero primero, tenemos que hacer que Úrsula cometa un error. Y lo cometerá, te lo aseguro.
07:48La convicción en la voz de Rafael era un bálsamo para el alma atormentada de Adriana.
07:54Por un instante, sintió que no estaba sola en aquella pesadilla. Se apoyó en él,
08:00permitiéndose un momento de fragilidad, mientras el sol seguía ascendiendo,
08:04ajeno al drama que teñía de sombras el corazón de Valle Salvaje. En otra parte de la casa,
08:12en el ala de servicio, la tensión era de una naturaleza distinta, más mundana pero igualmente
08:18corrosiva. Francisco, cuya aversión por Martín crecía con cada día que pasaba, había encontrado
08:26en el sabotaje silencioso su particular forma de venganza. Martín, con su porte digno y su eficiencia
08:34silenciosa, representaba todo lo que Francisco despreciaba, un advenedizo que se había ganado
08:40el favor de la familia sin merecerlo. Esa mañana, a Martín se le había encomendado la tarea de limpiar
08:48y abrillantar la platería para la inminente fiesta de los varones, un evento que tenía a toda la casa en
08:54un estado de febril actividad. Era un trabajo meticuloso, que requería paciencia y esmero,
09:02cualidades que a Martín le sobraban. Se había instalado en una pequeña despensa, con los paños,
09:10los pulimentos y las piezas de plata extendidas sobre una mesa cubierta. Francisco lo observó desde
09:17el umbral, una sonrisa torcida jugando en sus labios. Esperó a que Martín se ausentara un momento
09:23para ir a buscar más paños limpios. Con la rapidez de una serpiente, se deslizó dentro de la despensa.
09:32Sus ojos recorrieron la mesa y se posaron en una jarra de agua con filigranas de plata,
09:37una de las piezas más preciadas de la duquesa Victoria. Con un movimiento deliberado, cogió un
09:44pequeño salero que había en una estantería y espolvoreó una generosa cantidad de sal en el
09:49recipiente del pulimento especial que Martín estaba utilizando. Sabía que la sal, en combinación con
09:57el producto, crearía una reacción química que dejaría manchas oscuras y permanentes en la plata,
10:03un daño casi irreparable. Luego, se retiró tan sigilosamente como había entrado. Cuando Martín
10:11regresó, no notó nada fuera de lo común. Continuó su trabajo, sumido en sus pensamientos,
10:19ajeno a la trampa que se había tendido ante él. Fue sólo al cabo de media hora, cuando sostenía la
10:27jarra a la luz, que el horror se apoderó de él. Una serie de manchas negruzcas, como feas cicatrices,
10:35empañaban el brillo especular de la plata. Parecían haber brotado desde el interior del
10:42metal. Su corazón se hundió. Sabía que no había hecho nada mal, que había seguido el procedimiento
10:47al pie de la letra. Pero, ¿quién le creería? En ese preciso instante, como si hubiera estado
10:56esperando la señal, Francisco apareció en la puerta.
10:59—Se puede saber qué estás haciendo, zángano —dijo, su voz destilando un falso asombro.
11:08—Madre del amor hermoso, ¿qué le has hecho a la jarra de la señora duquesa? Martín levantó
11:13la vista, su rostro una máscara de confusión y angustia.
11:18—Yo, no lo sé, estaba limpiándola, como siempre. Estas manchas, han aparecido de la nada.
11:25Francisco se acercó, cogió la jarra y la examinó con un aire de perito. Chasqueó la lengua.
11:34—La has arruinado. ¿Has utilizado el pulimento equivocado? ¿Zoquete? O peor,
11:40has querido robarla y al intentar limpiarla la has estropeado.
11:45—Esto te va a costar el puesto. Me encargaré personalmente de que la señora duquesa se entere
11:51de tu ineptitud. —Eso no es verdad, replicó Martín, su voz temblando de impotencia y rabia.
11:59—Alguien ha tenido que sabotear el producto. —Ha sido tú. Francisco soltó una carcajada
12:06sonora y despectiva. —¿Yo? ¿Por qué iba a hacer yo algo así? —No, amigo.
12:11—Ha sido tú y tu torpeza. Siempre lo supe. No eres más que un gañán con ínfulas. Ahora,
12:17apechuga con las consecuencias. Se dio la vuelta y se marchó, dejando a Martín solo con la pieza
12:25arruinada, el olor acre del pulimento adulterado y una sensación de injusticia tan amarga que le
12:30quemaba en la garganta. El comportamiento de Francisco empezaba a ser tan evidente,
12:37tan descarado, que ya no era solo una cuestión personal. Era un desafío a la autoridad y al orden
12:45de la casa, y Martín sabía que, de un modo u otro, tendría que ponerle fin.
12:53Lejos de allí, en el bullicioso taller de costura improvisado, Bárbara estaba al borde
12:58de un ataque de nervios.
12:59La fiesta de los varones era esa misma noche y su vestido, la pieza central de su estrategia
13:07para deslumbrar a Leonardo y al resto de la alta sociedad, era un desastre.
13:13El sastre, un hombrecillo incompetente y con ínfulas de artista, le había fallado en el
13:19último momento, entregándole una prenda que parecía más un saco de patatas que un vestido
13:24de gala. Es una atrocidad, una catástrofe, gemía Bárbara, paseándose de un lado a otro
13:32como una leona enjaulada.
13:36Parezco una defesio, Leonardo se reirá de mí, toda la provincia se reirá de mí, mi vida
13:41social está acabada.
13:44Acabada.
13:45Pepa, su doncella, intentaba calmarla sin mucho éxito.
13:49Señorita Bárbara, quizás si ajustamos aquí.
13:54No hay nada que ajustar.
13:55Esto no tiene arreglo.
13:57Chilló, arrojando el vestido sobre una silla con desdén.
14:02Fue entonces cuando Matilde entró en la habitación.
14:05Había escuchado los lamentos desde el pasillo.
14:09Se detuvo en el umbral, observando la escena con su habitual calma.
14:13Vio el vestido, una creación de seda azul pavo real que tenía potencial, pero que estaba
14:19terriblemente mal ejecutada.
14:22Las costuras estaban torcidas, el corpiño le quedaba holgado y el bajo era irregular.
14:30Atanasio, el mayordomo, que había acompañado a Matilde, carraspeó.
14:35La señorita Bárbara está, indispuesta.
14:37Matilde ignoró el melodrama de Bárbara y se acercó al vestido.
14:42Lo cogió, lo examinó con ojo experto, palpando la tela, siguiendo la línea de las costuras
14:48con la yema de los dedos.
14:52Había visto peores desastres.
14:54No está todo perdido.
14:56Dijo finalmente, su voz tranquila cortando el aire cargado de histeria.
15:02Bárbara se detuvo en seco y la miró como si le hubiera salido una segunda cabeza.
15:06Perdona, ¿acaso estás ciega?
15:08Es un horror.
15:10El corte es bueno y la tela es de calidad.
15:13Continuó Matilde, impasible.
15:16El problema es la ejecución.
15:19El sastre era un chapucero.
15:22Pero se puede arreglar.
15:23Bárbara soltó una risa incrédula.
15:27¿Arreglar?
15:27¿Y quién va a hacer ese milagro?
15:29Tú, una simple costurera, la fiesta es esta noche.
15:32Una chispa de desafío brilló en los ojos de Matilde.
15:37Aquel desdén, aquella condescendencia, encendieron en ella un fuego de orgullo profesional.
15:44No era solo un vestido.
15:46Era una cuestión de honor.
15:48Se volvió hacia Atanasio, ignorando por completo a Bárbara.
15:52Atanasio, asegúrele a la señorita Bárbara que tendrá su vestido.
15:58Y que será el vestido más hermoso de toda la fiesta.
16:02Convierto esto en un reto personal.
16:04Atanasio la miró, sorprendido por su audacia, pero asintió.
16:08Conocía a Matilde.
16:12Cuando se proponía algo, su determinación era de hierro.
16:16Matilde se sentó, extendió el vestido sobre la mesa y sacó su costurero.
16:22Sus manos, expertas y ágiles, comenzaron a trabajar con una velocidad y una precisión asombrosas.
16:29Deshizo las costuras defectuosas, tomó nuevas medidas, cortó, hilvanó y cosió con la concentración de un cirujano en plena operación.
16:42Para ella, aquello era más que un favor, era una declaración.
16:46Una declaración de que su talento y su valía no dependían del título o la cuna, sino de la habilidad de sus manos y la agudeza de su ingenio.
16:54Bárbara la observaba, primero con escepticismo, luego con un asombro creciente,
17:01mientras la tela informe comenzaba a transformarse, bajo los dedos mágicos de Matilde, en una obra de arte.
17:09Las dudas, como una mala hierba, se extendían por todo el valle, echando raíces en las conversaciones susurradas y las miradas inquisitivas.
17:18El epicentro de todas ellas era el mismo, la paternidad del hijo que esperaba Adriana.
17:27Aunque la joven insistía con una firmeza inquebrantable en que el padre era su difunto esposo,
17:33Julio, la sombra de su pasado y la complejidad de sus relaciones presentes alimentaban la especulación.
17:41Alejo, siempre el más pragmático y protector de los hermanos, sentía que aquella incertidumbre era una bomba de relojería.
17:48Buscó a Rafael en el despacho, un santuario de cuero y madera vieja donde solían tener sus conversaciones más serias.
17:58Lo encontró de pie, junto a la ventana, con la mirada perdida en la lejanía.
18:04Rafael, tenemos que hablar, dijo Alejo, cerrando la puerta tras de sí.
18:11Rafael se giró lentamente. La tensión de la mañana había dejado surcos de fatiga en su rostro.
18:16¿Ocurre algo? Eso mismo te pregunto a ti, y a todos en esta casa. El ambiente es irrespirable.
18:25Los rumores sobre Adriana y... y el niño, corren como la pólvora entre el servicio.
18:31Y no solo entre ellos. He visto como la mira Mercedes. Rafael suspiró, pasándose una mano por el pelo.
18:41Lo sé, Alejo, lo sé. No, no lo sabes. O no quieres saberlo. Necesito que confíes en mí.
18:49Soy tu hermano. Lo que sea que esté pasando, lo afrontaremos juntos. Pero no puedo ayudarte si me mantienes en la oscuridad.
18:57Dime la verdad, Rafael. ¿Ese niño es de Julio? La pregunta quedó suspendida en el aire, directa, sin ambajes.
19:10Rafael sintió el peso de la lealtad hacia Adriana, de la promesa que le había hecho.
19:14Pero la mirada de su hermano, franca y preocupada, le desarmó. Adriana dice que sí.
19:24Y yo le creo. ¿Tú le crees, o quieres creerla? Insistió Alejo, acercándose.
19:31Rafael, te conozco mejor que nadie. Sé el amor que sientes por ella, un amor que has guardado en silencio durante años.
19:39Sé que harías cualquier cosa por protegerla. Incluso mentir. Mentirte a ti mismo.
19:48No es una mentira, Alejo. Es complicado. La situación es delicada. Adriana ha sufrido mucho.
19:56Lo último que necesita ahora es un interrogatorio. No es un interrogatorio, es una conversación entre hermanos.
20:02Si ese niño no es de Julio, ¿de quién es? ¿Es tuyo, Rafael? El silencio que siguió fue más elocuente que cualquier palabra.
20:15Rafael no desvió la mirada, pero Alejo vio en sus ojos un universo de dolor y conflicto.
20:21No te voy a presionar más. Dijo Alejo finalmente, su voz más suave. Pero piénsalo.
20:28Los secretos en esta familia siempre acaban saliendo a la luz, y normalmente lo hacen de la peor manera posible.
20:37Sea cual sea la verdad, es mejor que la controlemos nosotros a que explote en manos de otros.
20:45Sobre todo, en manos de gente como Úrsula. La mención de Úrsula hizo que Rafael se tensara.
20:51Alejo había tocado la fibra sensible. La conversación quedó ahí, inconclusa. Pero la semilla de la duda había sido plantada también entre los dos hermanos.
21:04Casi al mismo tiempo, en el salón principal, Mercedes abordaba el mismo tema con Adriana, aunque de una forma mucho más sutil y peligrosa.
21:12La duquesa era una maestra en el arte de la conversación velada, de las preguntas que no eran preguntas y las afirmaciones que eran en realidad sondas para medir la profundidad de un secreto.
21:23Querida, te veo pálida. Comenzó Mercedes, mientras bordaba un tapiz con gestos precisos.
21:33El embarazo debe de estar resultándote agotador. Recuerdo mis embarazos, cada uno fue un mundo.
21:41Con Julio, por ejemplo, tuve antojos de lo más extraños. Naranjas amargas, ¿te lo puedes creer?
21:47Adriana, que intentaba leer un libro sin conseguir concentrarse en una sola línea, forzó una sonrisa.
21:57De momento no tengo antojos, solo mucho cansancio. Es normal, querida, es normal.
22:06Cada mujer es un mundo, y cada niño también. Traen consigo su propia personalidad desde el vientre.
22:12Julio era un niño inquieto, siempre lo fue. Impulsivo, pasional. A veces, esa pasión le llevaba a cometer errores.
22:23La aguja de Mercedes se detuvo. Levantó la vista y sus ojos, de un azul acerado, se clavaron en los de Adriana.
22:33¿Estás segura, completamente segura, de que quieres seguir adelante con esto sola? Un niño necesita un padre.
22:39Y aunque Julio ya no esté entre nosotros, el legado y la certeza de su linaje son fundamentales.
22:50Adriana sintió un escalofrío. Entendía perfectamente el subtexto.
22:54Mercedes no estaba hablando de legados, sino de legitimidad.
22:59No estoy sola, Mercedes. Los tengo a ustedes.
23:02Y en cuanto a la certeza, su voz, a pesar de sus esfuerzos, tembló ligeramente, pero se obligó a mantener la firmeza.
23:12Julio es el padre de mi hijo. No existe la más mínima duda al respecto.
23:16Es lo último que me queda de él, y no permitiré que nadie, absolutamente nadie, mancille su memoria ni ponga en duda mi honor.
23:23La respuesta fue tan vehemente, tan cargada de una emoción casi agresiva, que sorprendió a Mercedes.
23:33La duquesa retrocedió, al menos en apariencia, por supuesto, querida. No pretendía ofenderte.
23:42Solo me preocupo por ti, por ambos, pero mientras volvía subordado, una pequeña arruga de insatisfacción se formó en su frente.
23:49La defensa de Adriana había sido demasiado férrea, demasiado desesperada.
23:56Y para una mujer tan astuta como Mercedes, aquello no era una confirmación, sino la prueba definitiva de que, en efecto, había un secreto que proteger.
24:07La casa se preparaba para la noche, pero el día aún guardaba un as en la manga, una revelación que cambiaría las alianzas y desestabilizaría el precario equilibrio de poder.
24:19La fuente de esta nueva crisis era la creciente cercanía entre Pepa y Tomás.
24:25Tomás, con su encanto fácil y su conversación lisonjera, había encontrado en la ingenua Pepa una audiencia receptiva.
24:34Para él, era un juego, una distracción.
24:37Para Pepa, era la embriagadora atención de un hombre de mundo, algo completamente nuevo y excitante.
24:43Luisa los observaba desde la distancia, y cada risa compartida, cada gesto de familiaridad entre su hermana y aquel hombre, era una puñalada en su corazón.
24:56Conocía al verdadero Tomás, al depredador que se escondía tras la máscara de caballero.
25:00Harta de la situación, buscó a su hermana en la lavandería, decidida a poner fin a aquella locura.
25:11Pepa, se puede saber qué haces, dijo Luisa, su voz tensa y urgente.
25:16Pepa, que doblaba sábanas con una sonrisa soñadora en el rostro, se sobresaltó.
25:21¿Qué hago de qué? Estoy trabajando. No me refiero a eso. Me refiero a Tomás. Te he visto con él.
25:32Riendo, coqueteando. ¿Es que has perdido el juicio?
25:35La sonrisa de Pepa se desvaneció, reemplazada por una expresión de ofensa.
25:42¿Coquetear? Solo estábamos hablando. Es un hombre muy amable y educado.
25:46Amable. Escupió Luisa con desprecio.
25:51Ese hombre no tiene ni un hueso amable en su cuerpo. Es un farsante. Un lobo con piel de cordero.
26:00Quiero que te alejes de él. No le hables más de lo estrictamente necesario. Trátalo como lo que es. Un invitado.
26:08Nada más. Pero, ¿por qué? ¿Qué te ha hecho? No entiendo este odio que le tienes. Siempre estás a la defensiva con él.
26:15Porque lo conozco, Pepa. Lo conozco mejor de lo que te imaginas. Y no quiero que te haga daño.
26:23No me va a hacer ningún daño. Solo es simpático conmigo. Eres tú la que está viendo fantasmas donde no los hay.
26:29¿Acaso estás celosa? La acusación, tan injusta y tan lejos de la terrible verdad, fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de Luisa.
26:40Las lágrimas de frustración y miedo asomaron a sus ojos. ¿Celosa?
26:47Idiota, no tienes ni idea de nada. Gritó, su voz rompiéndose.
26:53No se trata de celos. Se trata de protegerte. De que no pases por lo mismo que yo.
26:58Pero Pepa, terca en su inocencia, se negó a escuchar. Se dio la vuelta, ofendida, y salió de la lavandería, dejando a Luisa sola, temblando de rabia y desesperación.
27:13En ese momento, Luisa supo lo que tenía que hacer. Ya no bastaban las advertencias a medias.
27:19Si quería proteger a su hermana y desenmascarar a Tomás, tenía que ir a la única persona con el poder suficiente para expulsarlo de esa casa y de sus vidas para siempre. La duquesa Mercedes.
27:33Con el corazón martilleándole en el pecho, se secó las lágrimas y se dirigió a los salones principales.
27:42Pidió una audiencia con la duquesa, una petición inusual que despertó la curiosidad de Mercedes.
27:47Una vez a solas, en la imponente biblioteca, con las paredes forradas de libros que habían sido testigos de incontables secretos familiares, Luisa se derrumbó.
28:01Señora duquesa, yo, necesito contarle algo. Algo sobre el señor Tomás.
28:06Mercedes dejó el libro que estaba leyendo y la miró con atención.
28:09¿Qué ocurre, Luisa? Pareces muy alterada. Y entonces, las palabras brotaron de Luisa como un torrente, una confesión dolorosa y humillante que había guardado bajo llave durante años.
28:23Le contó todo. Le habló de su pasado, de cómo conoció a Tomás cuando era apenas una muchacha, de cómo él la sedujo con falsas promesas de amor y un futuro juntos.
28:36Le relató cómo, una vez que consiguió lo que quería, la abandonó, dejándola sola, avergonzada y con el corazón roto.
28:47No omitió los detalles más sórdidos. La manipulación, el engaño, la crueldad con la que la trató cuando ella le suplicó que no la dejara.
28:56No es un buen hombre, señora. Sollozó Luisa, con el rostro bañado en lágrimas. Es un mentiroso, un aprovechado.
29:08Se alimenta del dolor de los demás. Y ahora, ahora está haciendo lo mismo con mi hermana.
29:15La está engañando, seduciéndola con su encanto falso. Y Peppa es tan ingenua. Ella no lo ve.
29:21Le he suplicado que se aleje, pero no me cree. Cree que estoy celosa. Por favor, señora.
29:30Tiene que hacer algo. Tiene que echarlo de esta casa antes de que le haga a mi hermana lo mismo que me hizo a mí.
29:37Mercedes escuchó el relato en un silencio sepulcral. Su rostro, habitualmente impasible, se fue endureciendo,
29:44sus facciones afilándose hasta convertirse en una máscara de hielo.
29:48La historia de Luisa no solo la horrorizaba, sino que también la humillaba. Aquel hombre,
29:56aquel impostor, había estado viviendo bajo su techo, comiendo en su mesa, gozando de su
30:01hospitalidad, mientras ocultaba un pasado tan vil. Se había burlado de ella, de su juicio,
30:09de su familia. Cuando Luisa terminó, temblando, Mercedes se levantó.
30:14Su calma era más aterradora que cualquier grito. Gracias por tu valentía, Luisa. Has hecho lo correcto.
30:26Vuelve a tus quehaceres. Yo me encargaré de este asunto. El tono de su voz no dejaba lugar a dudas.
30:31No era una promesa vacía. Era una sentencia. El tiempo de Tomás en Valle Salvaje había llegado a
30:39su fin. La tarde caía, y con ella, la presión sobre Úrsula aumentaba hasta volverse física. Una
30:47garra invisible que le oprimía el pecho y le dificultaba la respiración. La conversación de
30:55Rafael con Adriana en el jardín no había pasado desapercibida. Los había visto desde la ventana
31:02de su habitación, y la intimidad de sus gestos, la seriedad de sus rostros, le habían confirmado sus
31:08peores temores. Estaban conspirando contra ella, juntos. Rafael, fiel a su palabra, no la dejó en paz.
31:18La buscaba con la mirada en los pasillos, se cruzaba con ella casualmente en el salón.
31:26No la acusaba abiertamente, pero sus preguntas eran como pequeños martillazos contra el muro de su
31:32coartada. Úrsula, ¿estás segura de que no viste nada extraño esa noche? A veces, con el shock,
31:41la memoria nos juega malas pasadas. ¿Has hablado con Ana últimamente? Parece tan asustada.
31:48Me pregunto qué le preocupará. La investigación de la Guardia Civil parece estancada. Es una pena
31:54que el asesino de Julio vaya a quedar impune. A menos, claro, que alguien que sepa algo decida
32:02hablar. Cada pregunta era una tortura. Úrsula respondía con monosílabos, con evasivas,
32:10con miradas cargadas de odio, pero sentía cómo sus defensas se resquebrajaban.
32:15Se sentía observada, juzgada, acorralada. El recuerdo de lo que había hecho esa noche volvía
32:22a ella en fogonazos vívidos y nauseabundos, el peso del candelabro en su mano, el sonido sordo
32:29del golpe, la expresión de sorpresa en el rostro de Julio antes de desplomarse, la sangre. La sangre
32:36que parecía mancharlo todo. La apoteosis del día llegó con el incidente del vestido. La fiesta
32:42de los varones estaba a punto de comenzar. Los invitados empezarían a llegar en cualquier
32:49momento. Bárbara, después de horas de angustia, esperaba en su habitación, retocándose el maquillaje
32:55por enésima vez, mientras Atanasio le aseguraba que el vestido estaría listo.
33:02Finalmente, la puerta se abrió. Pero no fue Matilde quien entró con el vestido en un guardapolvos.
33:07Fue la propia Matilde, radiante, espectacular, vistiendo el vestido azul pavo real. La prenda,
33:19bajo sus manos, se había transformado. Le sentaba como un guante, realzando su figura
33:24con una elegancia que Bárbara jamás habría podido conseguir. La seda brillaba bajo la luz,
33:31y cada costura, cada pliegue, era un testimonio de una maestría insuperable.
33:39Mercedes y Adriana, que pasaban por el pasillo para ver si Bárbara estaba lista,
33:44se quedaron paralizadas en el umbral, estupefactas. Bárbara, al verse en el espejo detrás de Matilde,
33:52soltó un grito que mezclaba la incredulidad y la furia.
33:55¿Qué? ¿Qué significa esto? Ese es mi vestido. Matilde se giró lentamente,
34:02una sonrisa tranquila y desafiante en sus labios. No había insolencia en su gesto,
34:10sino la serena confianza de quien sabe que tiene la razón.
34:14Buenas noches, señoritas, señora duquesa, dijo, inclinando la cabeza. El vestido está listo,
34:22como prometí. Pero lo llevas tú puesto, chilló Bárbara, avanzando hacia ella. Quítatelo ahora
34:30mismo, ladrona. No soy una ladrona, señorita Bárbara, replicó Matilde, su voz firme. Usted
34:39dijo que este vestido era un horror, una defesio. Que no se lo pondría por nada del mundo y que su
34:46vida social estaba acabada. Yo simplemente he reciclado un trabajo que, según usted, no servía.
34:55Pensé que no le importaría. He trabajado sin descanso durante horas, y me pareció una pena
35:00que tanto esfuerzo se desperdiciara. Además, como puede ver, a mí me queda perfecto. El descaro,
35:08la lógica aplastante y la pura audacia del gesto dejaron a todos sin palabras. Adriana tuvo que
35:16reprimir una sonrisa. Mercedes, aunque escandalizada por la ruptura del protocolo, no pudo evitar sentir
35:22una punzada de admiración por el coraje de la costurera. Bárbara, por su parte, estaba lívida,
35:30sin palabras, humillada en su propio terreno. La modista no solo le había arreglado el vestido,
35:37sino que le había dado una lección. Fue en medio de este caos doméstico, con la casa entera vibrando
35:44de tensión, cuando se produjo el acto final. Úrsula, incapaz de soportar un segundo más la
35:52atmósfera asfixiante de la casa, había huido al despacho, buscando un refugio que ya no existía.
36:00Se sirvió una copa de Jerez con manos temblorosas, pero el licor no consiguió calmar el temblor de su
36:05alma. Fue allí donde Rafael la encontró. Esta vez, supo que no habría más evasivas. Úrsula.
36:16Se acabó. Ella se giró, con los ojos desorbitados, como un animal salvaje atrapado en los faros de
36:23un coche. ¿Qué se acabó? No sé de qué me hablas. Se acabaron las mentiras. El chantaje a Ana.
36:31Las amenazas, todo. Voy a ir a la Guardia Civil y les voy a contar mis sospechas.
36:40Les hablaré de tu miedo, de cómo aterrorizas a esa pobre chica. Puede que no sea suficiente para
36:46que te detengan, pero abrirán una nueva línea de investigación. Te interrogarán, una y otra vez,
36:53rebuscarán en tu vida, en tu pasado, en cada una de tus palabras. ¿Crees que podrás soportarlo? ¿Crees
37:01que tu coartada resistirá un escrutinio real? No tienes nada contra mí, si se o ella, aunque su
37:08voz carecía de toda convicción. No tengo pruebas, es cierto, pero tengo la verdad de mi parte. Y la
37:16verdad, Úrsula, tiene una forma muy peculiar de salir a la luz. Tarde o temprano, y por cada día
37:24que sigas callando, el precio será más alto. Para ti. Para todos. Confiesa, Úrsula, confiesa lo que
37:33hiciste. Quizás aún puedas encontrar un atisbo de paz. Paz, ¿tú me hablas de paz? Tú me la has robado.
37:40Tú y Adriana, siempre vosotros dos. La puerta del despacho se abrió en ese momento y Victoria
37:48entró. El rostro de la duquesa reflejaba la tensión de los últimos acontecimientos, la confesión de
37:54Luisa, el escándalo del vestido. Vio a Úrsula y a Rafael, la copa volcada en el suelo, el olor a
38:01jerez mezclado con el perfume del miedo. ¿Qué está ocurriendo aquí? Demandó Victoria, su voz era el
38:09trueno que precede a la tormenta. Vuestra discusión se oye desde el pasillo. Esta casa es un manicomio
38:17esta noche. Rafael, ¿qué le estás haciendo a Úrsula? Rafael no apartó la vista de la joven
38:24desmoronada. Le estoy pidiendo que diga la verdad, madre. La verdad sobre la noche en que murió Julio,
38:32Victoria se quedó helada. Miró a Úrsula, cuyo rostro se había contraído en una mueca de puro terror.
38:39Vio la verdad en sus ojos antes de que ninguna palabra fuera pronunciada. Vio la culpa que la
38:45estaba devorando viva. Úrsula, susurró Victoria, con un hilo de voz. ¿De qué verdad habla Rafael?
38:53Fue la estocada final. La presión combinada de la persecución de Rafael y la mirada inquisitiva
39:01de la mujer a la que, a su extraña manera, había llegado a considerar una madre, fue demasiado.
39:06El dique que contenía su secreto se rompió en mil pedazos, liberando un torrente de histeria,
39:14culpa y locura. Úrsula se echó a reír. Una risa rota, espantosa, que no contenía alegría
39:23alguna, solo el eco de un alma en pedazos. Las lágrimas surcaban sus mejillas, mezclándose
39:31con el rimel corrido. Se tambaleó hacia Victoria, con los brazos extendidos en una súplica
39:36desesperada.
39:39¿La verdad? Graznó, su voz irreconocible. ¿Quieren la verdad? Después de tanto tiempo,
39:45ahora quieren la verdad. La verdad es que estoy harta. Harta de fingir, harta de mentir,
39:50harta de este miedo que me come por dentro.
39:52Se detuvo, respirando agitadamente, con el pecho subiendo y bajando con violencia.
40:01Sus ojos, dos pozos de desesperación, se clavaron en los de Victoria. Y entonces, lo dijo.
40:10Las palabras salieron de su boca no como una confesión, sino como un vómito del alma,
40:16como un veneno que ya no podía contener.
40:21Fui yo. El grito resonó en el despacho, haciendo vibrar los cristales de las vitrinas,
40:27un sonido tan cargado de dolor y rabia que pareció rasgar el tejido mismo de la realidad.
40:33Yo lo maté. Yo maté a Julio. El silencio que siguió fue absoluto, total,
40:40más pesado y profundo que cualquier océano.
40:42Rafael se quedó inmóvil. El impacto de la confesión lo golpeó con la fuerza de un puño.
40:50Pero toda la atención estaba en Victoria. La duquesa no se movió. No gritó, no lloró.
40:59Su rostro, un lienzo de perfecta aristocracia, palideció hasta adquirir la tonalidad del mármol
41:05de una tumba.
41:05Sus ojos, fijos en la mujer rota que tenía delante, se abrieron desmesuradamente.
41:14En ellos no había ira, ni tristeza, ni siquiera sorpresa. Solo el amanecer lento y terrible de
41:21una comprensión monstruosa.
41:23El mundo que conocía, la familia que había construido, las verdades sobre las que había
41:30edificado su vida, todo se estaba desmoronando en ese preciso instante, reducido a cenizas por
41:36cuatro palabras gritadas en la quietud de un despacho.
41:38El aire se espesó, cargado con el peso de la confesión, y la pregunta quedó flotando,
41:46invisible pero omnipresente, en la penumbra de la habitación. ¿Cómo reaccionaría la duquesa al
41:52escuchar que la mujer que había acogido en su hogar, la que se sentaba a su mesa, era la asesina
41:58de su propio hijo? El capítulo de su vida, y el de todos en Valle Salvaje, acababa de dar un
42:04vuelco del que quizás nunca podrían recuperarse.
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