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Rafael se despide de Adriana en ‘Valle Salvaje’, avance del capítulo 235 (19 de agosto)
Además, Úrsula sigue presionando a Julio para eliminar a Adriana, mañana en 'Valle Salvaje'.
El aire en Valle Salvaje se había vuelto denso, casi irrespirable. La revelación del amor entre Adriana y Rafael no había sido una simple chispa en un pajar; había sido una antorcha arrojada sobre un polvorín de secretos, odios y ambiciones que llevaba generaciones gestándose. La Casa Grande, otrora un símbolo de pode ...
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#ValleSalvaje, #capítulo235Rafael, #despide, #Adriana, #‘ValleSalvaje’, #capítulo236Rafael
Rafael se despide de Adriana en ‘Valle Salvaje’, avance del capítulo 235 (19 de agosto)
Además, Úrsula sigue presionando a Julio para eliminar a Adriana, mañana en 'Valle Salvaje'.
El aire en Valle Salvaje se había vuelto denso, casi irrespirable. La revelación del amor entre Adriana y Rafael no había sido una simple chispa en un pajar; había sido una antorcha arrojada sobre un polvorín de secretos, odios y ambiciones que llevaba generaciones gestándose. La Casa Grande, otrora un símbolo de pode ...
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#ValleSalvaje, #capítulo235Rafael, #despide, #Adriana, #‘ValleSalvaje’, #capítulo236Rafael
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CortometrajesTranscripción
00:00Rafael se despide de Adriana en Valle Salvaje, avance del capítulo 235, 19 de agosto.
00:19Además, Úrsula sigue presionando a Julio para eliminar a Adriana, mañana en Valle Salvaje.
00:24El aire en Valle Salvaje se había vuelto denso, casi irrespirable. La revelación del amor entre Adriana y Rafael no había sido una simple chispa en un pajar. Había sido una antorcha arrojada sobre un polvorín de secretos, odios y ambiciones que llevaba generaciones gestándose.
00:43La Casa Grande, otrora un símbolo de poder y orden, era ahora el epicentro de un terremoto emocional que amenazaba con derrumbar sus centenarios muros de piedra y las vidas que albergaban.
00:56La mañana del 19 de agosto despuntó con una luz pálida y enfermiza, un presagio de la tormenta que se cernía sobre el valle.
01:08El rocío cubría los campos como un sudario, y el silencio que envolvía la hacienda no era de paz, sino de una tensión contenida, la calma precaria que precede a la batalla.
01:19Dentro de la imponente mansión, la guerra ya había comenzado, y la sentencia del duque.
01:28El despacho de don José Luis Gálvez era su santuario y su fortaleza. Cada libro en las estanterías, cada trofeo de caza en las paredes, cada mueble de oscura y pesada madera, hablaba de su poder, de su linaje, de su inquebrantable control sobre valle salvaje.
01:45Pero esa mañana, el control se le escapaba de las manos como un puñado de arena. Su rostro, habitualmente una máscara de autoridad impasible, estaba contraído por una furia que le enrojecía la piel y le hacía temblar la mandíbula.
02:03Frente a él, de pie en el centro de la alfombra persa, se encontraba Rafael. No había desafío en su postura, sino una calma acerada, la firmeza de quien ha aceptado su destino.
02:16Sus ojos, de un azul profundo como las aguas del río que serpenteaba por el valle, sostenían la mirada encendida de su padre.
02:25No voy a repetírtelo una vez más, Rafael, la voz de José Luis era un gruñido bajo y peligroso, el preludio de un trueno.
02:33Has deshonrado mi casa, has traicionado a tu hermano, has manchado el nombre de esta familia con tu comportamiento indecente y egoísta.
02:42He amado, replicó Rafael, su voz resonando con una claridad que enfureció aún más al duque.
02:51He amado a la única mujer que ha visto el hombre que soy, no el segundón que siempre has querido que sea.
02:57José Luis soltó una carcajada amarga, un sonido desprovisto de alegría.
03:04Amor, ¿llamas amor a esa locura? A esa traición, has perdido el juicio.
03:08Esa mujer te ha envenenado el cerebro con sus aires de grandeza y sus estúpidas sospechas.
03:16Se inclinó sobre el escritorio, sus nudillos blancos por la presión. Pero se acabó.
03:24Te lo advierto, Rafael. Te vas de valle salvaje. Ahora mismo, recoges tus cosas y desapareces de mi vista.
03:30No quiero volver a verte pisar estas tierras mientras yo viva. La sentencia quedó suspendida en el aire, pesada y definitiva.
03:41Pero Rafael no se inmutó. La expulsión era un dolor que ya había anticipado, una herida que estaba dispuesto a soportar.
03:50No me iré, dijo con calma. No sin ella. Fue esa frase, esa simple declaración de intenciones, la que rompió la última barrera de la ira de José Luis.
04:00La máscara de Duque se resquebrajó, revelando al hombre violento y despótico que yacía debajo.
04:10Se movió con una rapidez sorprendente para su corpulencia, rodeando el escritorio hasta quedar a escasos centímetros de su hijo.
04:19El olor a brandy y a cólera emanaba de él. Entonces, escúchame bien, siseó, su aliento caliente chocando contra el rostro de Rafael.
04:30Si no te alejas de Adriana, si no te marchas de aquí y la dejas en paz para que cumpla con su deber como esposa de tu hermano, te juro por la memoria de tu madre que te mataré.
04:40La amenaza no fue un grito, sino un susurro cargado de veneno, mucho más aterrador.
04:48La palabra matar resonó en el silencio del despacho, una vibración mortal que geló la sangre de Rafael.
04:54No era una bravuconada, no era una hipérbole nacida del enfado. En los ojos inyectados en sangre de su padre, vio la fría y absoluta certeza de que cumpliría su palabra.
05:07En ese instante, todo encajó en la mente de Rafael. El miedo constante en los ojos de Adriana, sus susurros sobre la muerte de su padre, sus acusaciones veladas contra José Luis.
05:19Todo cobró un sentido terrible y monstruoso. Las sospechas de Adriana no estaban desencaminadas, se habían quedado cortas.
05:29Su padre no era solo un tirano. Era un hombre capaz de cualquier cosa para proteger su poder y sus secretos.
05:38Y ahora, esa capacidad para la violencia se cernía sobre ellos. El amor que sentía por Adriana se transformó en un miedo visceral por ella.
05:49Protegerla ya no era una cuestión de enfrentarse a su padre, sino de ponerla a salvo de él.
05:54Y la única manera de hacerlo era desaparecer, convertirse en un fantasma, sacrificar su propia felicidad para garantizar la supervivencia de ella.
06:06La decisión le desgarró el alma, pero se aferró a ella con la desesperación de un náufrago.
06:14Debía dar un paso atrás. Debía fingir una rendición. Debía despedirse de Adriana.
06:19Está bien, murmuró Rafael, el sabor de la derrota amargo en su boca. Me iré.
06:27José Luis lo observó, escrutando su rostro en busca de cualquier señal de engaño.
06:34Luego, con un gruñido de satisfacción, se apartó. Más te vale, y recuerda mis palabras.
06:39Un solo paso en falso, una sola mirada hacia ella, y cavarás tu propia tumba. Rafael no respondió.
06:51Salió del despacho con el peso de la muerte sobre sus hombros, el eco de la amenaza de su padre persiguiéndole como una sombra.
06:57Cada paso que lo alejaba de aquel cuarto era un paso que lo acercaba al momento más difícil de su vida.
07:06Decir adiós a la mujer por la que estaba dispuesto a morir, pero a la que ahora debía abandonar para que pudiera vivir.
07:142. El as en la manga de Adriana.
07:17Mientras Rafael sellaba su destino en el despacho del duque, Adriana libraba su propia batalla en los salones de la Casa Grande.
07:23Su objetivo era Victoria, la tía que la había acogido con una sonrisa gélida y la había empujado a un matrimonio sin amor con la misma frialdad calculada.
07:36La había encontrado bordando cerca de una de las grandes ventanas del salón principal,
07:41una imagen de perfecta y serena domesticidad que contrastaba violentamente con la tormenta que se agitaba en el interior de Adriana.
07:483. Necesito hablar contigo, tía, dijo Adriana, su voz firme, sin dejar espacio para la evasiva.
08:00Victoria levantó la vista de su labor, sus ojos claros, tan fríos como el hielo invernal, evaluando a su sobrina.
08:074. ¿Sobre qué, querida, si es sobre tu indecoroso comportamiento con Rafael, te sugiero que guardes tus excusas?
08:155. Ya has causado suficiente escándalo. No he venido a excusarme, replicó Adriana, acercándose a ella, su presencia cargada de una nueva y desafiante energía.
08:276. He venido a hablar de mi matrimonio, de este, acuerdo que urdiste a mis espaldas.
08:35Una leve sonrisa, afilada como un estilete, se dibujó en los labios de Victoria. Hice lo que era mejor para ti, para tu futuro.
08:447. Deberías estar agradecida. Julio es un buen hombre, el heredero de todo esto. ¿Agradecida? La risa de Adriana fue corta y carente de alegría.
08:558. Me vendiste, tía. Me utilizaste como una pieza en tu juego de poder con los Galvez.
09:029. Este matrimonio no fue por mi bien, fue por el tuyo. Fue un pacto.
09:099. Victoria dejó el bastidor sobre la mesita de caoba, su compostura comenzando a flaquear.
09:1510. ¿Qué tonterías estás diciendo ahora? El dolor y la culpa te hacen desvariar.
09:2111. Oh, no estoy desvariando en absoluto, insistió Adriana, su voz bajando a un susurro conspirador.
09:2811. Se inclinó hacia su tía, obligándola a sostenerle la mirada. Sé que este matrimonio fue pactado.
09:3512. Y sé que había condiciones, condiciones que iban mucho más allá de unir a nuestras familias.
09:4313. Condiciones que tenían que ver con las tierras, con el control del valle. Y quizás, con silenciar verdades incómodas sobre la muerte de mi padre.
09:5314. La mención de su padre fue un golpe directo. El rostro de Victoria palideció sutilmente, una grieta casi imperceptible en su fachada de mármol.
10:0415. Sus dedos se crisparon sobre el reposabrazos de la butaca. No sabes lo que dices, Sibilo.
10:1116. No lo sé. Adriana enderezó la espalda, sintiendo una oleada de poder. Había tocado un nervio, y pensaba presionar hasta que se rompiera.
10:2217. Creo que lo sé muy bien. Sé que mi padre nunca habría probado esta unión. Sé que él tenía otros planes para mí.
10:3118. Y sé que su muerte fue, conveniente, demasiado conveniente para ti y para José Luis.
10:3819. Adriana se detuvo, dejando que sus palabras flotaran en el aire cargado de tensión.
10:4420. Vio el miedo parpadear en los ojos de su tía, un miedo que Victoria se esforzaba por ocultar bajo una capa de indignación.
10:5321. Eres una insolente, dijo Victoria, su voz temblando ligeramente.
11:0122. Estás haciendo acusaciones muy graves, sobrina.
11:0323. Acusaciones que podrían traerte consecuencias terribles. Las únicas consecuencias que me importan son las de la verdad, sentenció Adriana.
11:1324. Y tengo la sensación de que tú sabes mucho más de lo que aparentas sobre todo este asunto.
11:1925. Guardas secretos, tía. Pero los secretos, como los cadáveres, tienen la mala costumbre de salir a la superficie.
11:2826. Y yo no voy a parar hasta desenterrarlos todos. Hizo una pausa dramática, su mirada fija y penetrante.
11:3627. Guardo un as bajo la manga, Victoria. Una carta que aún no he jugado. Y créeme, cuando lo haga, todo tu castillo de naipes se vendrá abajo.
11:4627. Sin esperar respuesta, Adriana se dio la vuelta y salió del salón, dejando a Victoria sola, con el corazón martilleándole en el pecho y el bordado olvidado en su regazo.
11:5928. La amenaza de Adriana, vaga pero llena de convicción, la había dejado contra las cuerdas.
12:0629. ¿Qué sabía realmente la muchacha? ¿Qué as podía guardar? La duda se instaló en la mente de Victoria como un veneno,
12:1530. Corroyendo su seguridad y avivando el fuego de su propio y oscuro pasado.
12:1930. La guerra por Valle Salvaje acababa de adquirir una nueva y peligrosa dimensión.
12:2631. El veneno de la serpiente. Lejos de las confrontaciones directas, en los rincones más sombríos de la Casa Grande,
12:36se tejían otras redes, más sutiles pero igualmente letales.
12:4031. Úrsula, la prima de Adriana, observaba el caos con una satisfacción mal disimulada.
12:4732. El escándalo era el terreno perfecto para sus maquinaciones. Su objetivo no había cambiado. Quería a Rafael, y con él, el estatus y el poder que tanto ansiaba.
12:5933. Adriana era el único obstáculo. Un obstáculo que, en su opinión, debía ser eliminado de forma permanente.
13:0834. Encontró a Julio en la biblioteca, sumido en sus pensamientos, el rostro pálido y los hombros caídos por el peso de la traición.
13:1735. La humillación pública, la infidelidad de su esposa con su propio hermano, lo había dejado a la deriva en un mar de dolor y rabia.
13:2736. Úrsula se acercó a él con la delicadeza de una serpiente, su voz un bálsamo envenenado.
13:3537. Julio, querido, comenzó, sentándose frente a él. No puedo imaginar por lo que estás pasando.
13:4438. Es una situación terrible, insostenible. Julio levantó la vista, sus ojos vacíos.
13:5139. ¿Qué quieres, Úrsula? Solo quiero ayudarte, dijo ella, su tono cargado de una falsa empatía.
13:5940. Ayudarnos a ambos. ¿Tú quieres recuperar tu honor?
14:0440. Tu lugar como el señor de esta casa.
14:0741. Y yo, yo solo quiero lo que me corresponde. Rafael nunca estará contigo, espetó Julio con amargura.
14:1541. Está ciego por ella. La ceguera se puede curar, replicó Úrsula, su voz volviéndose más incisiva.
14:2442. La gente tropieza, comete errores. A veces, los errores son fatales. Piensa en ello, Julio.
14:3342. Imagina un mundo sin Adriana. Un mundo donde tú no eres el marido burlado. Un mundo donde tu padre no tiene motivos para enfurecerse contigo o con Rafael.
14:4343. Un mundo donde el orden se restaura. Julio la miró, una mezcla de horror y fascinación en su rostro.
14:5244. Comprendía perfectamente la insinuación que se escondía tras sus palabras. No sé de qué hablas.
15:0045. Oh, claro que lo sabes, insistió Úrsula, inclinándose hacia él, sus ojos brillando con una luz febril.
15:0946. Tu vida sería perfecta sin ella. Tu padre te respetaría. Rafael, eventualmente, olvidaría su capricho y volvería a ser el hermano que era.
15:1947. Todo volvería a la normalidad. Solo hay una pieza que no encaja en este rompecabezas, Julio.
15:2747. Una pieza que debe ser retirada del tablero. La presión de Úrsula era constante, una gota de veneno que caía sin cesar sobre la mente atormentada de Julio.
15:3948. Le pintaba un futuro idílico, un futuro en el que su dolor desaparecía, pero el precio era una monstruosidad que su conciencia, a pesar de todo, se negaba a aceptar.
15:5049. No, dijo finalmente, su voz un hilo. Yo, yo la amo. La confesión fue un susurro desesperado. Una verdad que ni siquiera la traición había podido extinguir.
16:0349. A pesar del engaño, a pesar de la humillación, Julio seguía locamente enamorado de su esposa.
16:1050. El primogénito del duque, el hombre que se enorgullecía de su racionalidad y su control, no podía ocultar la herida abierta de su corazón.
16:2051. Úrsula se recostó, una mueca de desdén en sus labios. La debilidad de Julio era patética, pero también una herramienta que podría utilizar.
16:3151. Si no podía convencerlo de actuar, al menos podría manipular su inacción, su amor no correspondido, para sus propios fines.
16:4052. El amor es una debilidad, Julio, dijo con frialdad. Y en este valle, los débiles no sobreviven.
16:4953. Piénsalo, cuando estés listo para ser fuerte, sabrás dónde encontrarme. Se levantó y lo dejó solo con sus demonios,
16:5854. La semilla de la duda y la desesperación plantada firmemente en su alma.
17:0554. Mientras tanto, en otra parte de la casa, Rafael se enfrentaba a ella, al artífice de tantas intrigas.
17:1155. La encontró en uno de los pasillos, como si lo estuviera esperando. Rafael, dijo ella, intentando sonar compasiva.
17:2355. Lamento todo lo que está ocurriendo. La mirada de Rafael fue como un golpe.
17:2855. No te atrevas a fingir conmigo, Úrsula.
17:3156. Sé perfectamente la clase de persona que eres. Sé que disfrutas con este caos, porque crees que te beneficia.
17:3956. Solo quiero tu felicidad, mintió ella. Mi felicidad está con Adriana, sentenció él.
17:4757. Y por tu culpa, por las mentiras y las intrigas que has tejido, ahora ella está en peligro.
17:5457. Escúchame bien, porque no lo diré dos veces. Nunca, jamás, podría estar con una mujer como tú.
18:0358. No siento nada por ti, salvo desprecio. No podría respetarte después de todo el daño que has hecho.
18:1159. Aléjate de mí, y aléjate de Adriana. La dureza de sus palabras la golpeó, pero Úrsula no era de las que se rinden.
18:2059. La rabia y el despecho solo fortalecieron su determinación. Si no podía tener a Rafael por las buenas, lo tendría por las malas.
18:2959. Y si para ello tenía que aliarse con el diablo o destruir a quien se interpusiera en su camino, que así fuera.
18:3660. La guerra de Úrsula apenas había comenzado. Y hubo ecos de desconfianza y sabios consejos.
18:4561. Mientras la tormenta principal arreciaba en la casa grande, otras nubes de tormenta se formaban en los alrededores, afectando a aquellos cuyas vidas estaban inexorablemente ligadas a los señores del valle.
18:5861. Francisco, el leal capataz, observaba a su amigo Martín con una creciente inquietud.
19:0662. Había intercedido por él, ayudándole a buscar un puesto fijo en la casa grande, creyendo en su deseo de empezar de nuevo.
19:1563. Pero ahora, las dudas comenzaban a asaltarle. La insistencia de Martín en trabajar precisamente allí, tan cerca de su hermana Matilde, le parecía demasiado conveniente.
19:2864. Martín, tenemos que hablar, le dijo una tarde, mientras reparaban una cerca en los límites de la propiedad.
19:3665. ¿Ocurre algo, Francisco? Preguntó Martín, limpiándose el sudor de la frente.
19:4566. Tu hermana, dijo Francisco sin rodeos.
19:4766. ¿Has venido a Valle Salvaje por trabajo, o has venido por ella?
19:5367. Martín desvió la mirada, un gesto que confirmó las sospechas de su amigo.
19:5867. Matilde es mi hermana. Es natural que me preocupe por ella, que quiera estar cerca.
20:0468. Preocuparse es una cosa, obsesionarse es otra, replicó Francisco, su tono serio.
20:1269. He visto cómo la miras. He visto tu desasosiego. No quiero problemas, Martín. Matilde ya ha sufrido bastante.
20:2169. Y no voy a permitir que tus asuntos personales interfieran con la paz de esta casa o con mi trabajo.
20:2969. La advertencia quedó flotando entre ellos, un nuevo hilo de tensión en la ya complicada red de relaciones del Valle.
20:3769. Francisco sentía que la lealtad hacia su amigo chocaba con su instinto protector hacia Matilde, y no estaba seguro de cómo resolver ese conflicto.
20:4769. Precisamente Matilde, ajena a esta conversación, ofrecía su propia sabiduría a una afligida Bárbara.
20:5569. La hermana de Adriana había descubierto la traición de Leonardo con Irene y su corazón estaba roto en mil pedazos.
21:0470. Lloraba en el pequeño jardín de la casa de servicio, un refugio de flores y hierbas aromáticas que parecía burlarse de la amargura de su alma.
21:1369. No sé qué hacer, Matilde, sollozaba. Lo amo, pero me ha destrozado. Cada vez que lo veo, el dolor es insoportable.
21:2469. Matilde se sentó a su lado, tomando su mano con una dulzura que contrastaba con su apariencia habitualmente fuerte y resolutiva.
21:3369. Bárbara, escúchame, el amor no debería doler así. El amor de verdad construye, no destruye.
21:4170. Te da paz, no te la quita. La miró a los ojos, su voz suave pero firme. Si el amor duele, si te hace sentir pequeña y desgraciada, entonces no es amor.
21:5371. Es otra cosa, y lo más sabio, y lo más valiente que puedes hacer, es apartarte de él.
22:0072. Aunque creas que te mueres por dentro, es mejor un final doloroso que un dolor sin final.
22:0672. El consejo, tan simple y tan profundo, caló en Bárbara. Era una verdad que no quería oír, pero que su corazón sabía cierta.
22:1773. Mientras tanto, Leonardo, el causante de ese dolor, comenzaba a ver las cosas con una claridad alarmante.
22:2574. Las piezas del rompecabezas de su aventura con Irene empezaban a encajar, pero la imagen que formaban no era la de una pasión arrebatada,
22:3574. Sino la de una manipulación fría y calculada.
22:3874. Recordaba las palabras de Irene, sus insinuaciones, la forma en que siempre aparecía en el momento oportuno,
22:4675. Cómo avivaba sus inseguridades y lo empujaba sutilmente hacia ella y lejos de Bárbara.
22:5175. Empezó a pensar que todo lo que había ocurrido entre ellos no había sido casual.
22:5776. ¿Podría haber sido todo un plan de Irene? ¿Una estrategia para herir a Bárbara, para desestabilizar a la familia Salcedo?
23:0475. La idea le revolvió el estómago. Se había dejado usar, había sido un peón en un juego que no comprendía.
23:1376. Y en el proceso, había destruido lo único bueno que tenía en su vida.
23:1776. La culpa y el arrepentimiento cayeron sobre él con la fuerza de una luz, pero sabía que era demasiado tarde para simples disculpas.
23:2777. Debía encontrar la forma de enmendar el terrible error que había cometido.
23:3377. V. La solución drástica de un hombre desesperado.
23:3677. En la casa pequeña, el hogar de los guardeses, la presión era de otra índole, pero no menos asfixiante.
23:4477. Bernardo, un hombre bueno y trabajador, se sentía humillado, aplastado bajo el yugo del duque José Luis.
23:5378. Veía a su familia, a su esposa Mercedes y a sus hijos, vivir en una constante incertidumbre, a merced de los caprichos del señor.
24:0579. La injusticia le quemaba por dentro, un fuego lento que finalmente había alcanzado el punto de ebullición.
24:1179. Sentía que no podía seguir soportándolo. La sumisión, el miedo, la impotencia, todo ello se había convertido en una carga demasiado pesada.
24:2379. Una noche, mientras Mercedes dormía, se sentó a la mesa de la cocina, la luz de un candil proyectando largas y temblorosas sombras en la pared.
24:3579. Sobre la mesa, una hoja de papel y un lápiz, planeaba una solución. Una solución drástica.
24:4280. Un acto desesperado para darle a su familia el lugar, el respeto y la seguridad que merecían.
24:4980. No era un plan de venganza, sino un acto de justicia a su propia y torcida manera.
24:5880. Un golpe que, esperaba, cambiaría el equilibrio de poder en Valle Salvaje para siempre.
25:0680. Mercedes se despertó al sentir su ausencia en la cama. Lo encontró en la cocina, la mirada perdida en el papel,
25:1380. Una expresión en su rostro que nunca antes había visto. Una mezcla de determinación férrea y profundo pesar.
25:2080. Bernardo, ¿qué haces? Susurró, el miedo apoderándose de ella.
25:2780. Él levantó la vista, y en sus ojos ella vio el abismo de sus intenciones.
25:3280. Lo que debía haber hecho hace mucho tiempo, Mercedes. Voy a asegurarme de que José Luis nunca más vuelva a humillarnos.
25:4080. Voy a darle a nuestra familia el futuro que se merece. Pero, ¿cómo? ¿Qué vas a hacer? La voz de Mercedes era un temblor.
25:5180. Temía sus decisiones, temía la vehemencia que había crecido en su interior, una vehemencia nacida de años de opresión.
25:5980. Bernardo no respondió con palabras. Simplemente dobló el papel y se lo guardó en el bolsillo.
26:0680. Se levantó y la abrazó, un abrazo que tenía el sabor de una despedida. Confía en mí, mi amor.
26:1680. Todo va a cambiar. Pero Mercedes no sentía confianza, sino un pavor que le helaba los huesos.
26:2280. Sabía que la solución que su marido planeaba no traería la paz, sino más dolor y, quizás, la tragedia.
26:3080. El valle no solo estaba al borde de una guerra entre señores. La desesperación de los oprimidos también estaba a punto de estallar.
26:4080. Vi el adiós en el claro del bosque. El lugar que Rafael escogió para despedirse de Adriana fue un pequeño claro en el corazón del bosque, un santuario secreto que solo ellos conocían.
26:5381. Era allí donde se habían encontrado tantas veces, donde sus susurros se habían mezclado con el murmullo de las hojas y donde su amor había florecido lejos de las miradas indiscretas.
27:0581. Pero esa tarde, el claro no parecía un refugio, sino un escenario para una ejecución.
27:1281. Adriana llegó primero, el corazón latiéndole con una mezcla de esperanza y temor.
27:1881. Rafael le había pedido que se reunieran allí con una urgencia que la había inquietado.
27:2381. Cuando él apareció entre los árboles, supo que sus temores estaban fundados. Su rostro estaba demacrado, sus ojos ensombrecidos por un dolor que parecía haberlo envejecido en cuestión de horas.
27:3781. Rafael, ¿qué ocurre, tu padre? Comenzó ella, corriendo hacia él.
27:4481. Él la detuvo suavemente, manteniendo una pequeña pero insalvable distancia entre ellos.
27:5081. Adriana, tenemos que terminar, dijo, y cada palabra fue una astilla de hielo en el corazón de ella.
27:5881. ¿Terminar? ¿De qué hablas? Su voz se quebró.
28:0382. Rafael, hemos luchado tanto. Acabo de enfrentarme a Victoria, a tu padre.
28:0882. No podemos rendirnos ahora. No entiendes, dijo él, y en su voz había una desesperación que la aterrorizó.
28:1883. Esto ya no es una lucha, Adriana. Es una sentencia de muerte. Le contó la amenaza de su padre, las palabras exactas, el veneno en su susurro, la fría certeza en su mirada.
28:3083. No es una bravuconata. Lo decía en serio. Si no me alejo de ti, me matará. Y no tengo ninguna duda de que lo hará.
28:3884. Adriana lo miró, el horror reflejado en sus ojos. No, no puede ser, tartamudeó.
28:4684. Sí, puede ser, insistió Rafael, su voz endureciéndose para ocultar su propio tormento.
28:5485. Tus sospechas. Tenías razón en todo. Él es capaz de cualquier cosa.
29:0085. Y yo no puedo.
29:0186. No voy a permitir que te haga daño. Si mi presencia a tu lado te pone en peligro, entonces debo irme.
29:0886. No, gritó ella, las lágrimas corriendo por sus mejillas. No puedes dejarme. Encontraremos una manera.
29:1887. Huiremos juntos, ahora mismo. Nos iremos lejos, donde él no pueda encontrarnos. El corazón de Rafael se desgarró ante su súplica.
29:2887. Era la solución que él mismo había soñado, pero sabía que era una fantasía. No podemos huir, Adriana.
29:3787. Mi padre tiene poder, tiene contactos en todas partes. Nos encontraría, y entonces no dudaría.
29:4588. Nos mataría a los dos. La única forma de protegerte, la única, es que él crea que me he rendido.
29:5389. Que te he abandonado. Pero no es verdad. Sollozó ella, aferrándose a su brazo.
30:0289. Rafael la tomó por los hombros, obligándola a mirarlo. Sus ojos azules estaban inundados de un amor tan profundo y un dolor tan inmenso que a Adriana le pareció estar mirando el reflejo de su propia alma rota.
30:1489. Escúchame, dijo él, su voz quebrada por la emoción. Te amo, te amo más que a mi propia vida, y es precisamente por eso que tengo que hacer esto.
30:2589. Tengo que dejarte ir para mantenerte a salvo. Quiero que vuelvas a la casa grande.
30:3190. Que sigas siendo la esposa de Julio. Que te mantengas a salvo hasta que yo encuentre la forma de destruir a mi padre, de sacar a la luz todos sus crímenes.
30:4190. ¿Y qué pasará contigo? Preguntó ella entre sollozos. Me marcharé de valle salvaje, mintió.
30:5290. Era una mentira a medias. Se iría de la casa grande, desaparecería de la vista de su padre, pero no abandonaría el valle.
31:0190. No la abandonaría a ella. Vigilaría desde las sombras, la protegería desde la distancia, esperando el momento de volver.
31:0890. Pero no podía decírselo. Ella debía creer que se había ido para siempre. Su seguridad dependía de su actuación.
31:1690. Pero antes de irme, necesito que me prometas algo. Lo que sea, susurró ella. Prométeme que lucharás, dijo él, su mirada intensa.
31:2990. Prométeme que no te rendirás. Que seguirás buscando la verdad sobre tu padre. Que serás fuerte.
31:3590. Prométeme que vivirás, Adriana. Por los dos, ella asintió, incapaz de hablar, ahogada por el llanto.
31:4690. Él se inclinó y la besó. No fue un beso de pasión, sino un beso de despedida. Un beso lleno de promesas silenciosas y del dolor de mil adioses.
31:5591. Tenía el sabor salado de sus lágrimas y la amargura de su destino. Cuando se separaron, Rafael dio un paso atrás.
32:0491. Adiós, Adriana. Se dio la vuelta y caminó hacia la espesura del bosque, sin mirar atrás, porque sabía que si lo hacía, si veía su rostro destrozado por el dolor una vez más, no tendría la fuerza para marcharse.
32:1991. Adriana se quedó sola en el claro, viendo cómo su silueta se desvanecía entre los árboles hasta que desapareció por completo.
32:3091. Un sollozo desgarrador escapó de su garganta y cayó de rodillas sobre la hierba húmeda.
32:3591. El silencio del bosque se cernió sobre ella, un silencio que se hacía eco del vacío que acababa de abrirse en su corazón.
32:4391. El amor de su vida se había ido, sacrificándose por ella.
32:4991. La guerra en Valle Salvaje había cobrado su primera gran víctima, no con la muerte, sino con una despedida que era, en sí misma, una pequeña muerte.
32:5991. Y en la soledad de aquel claro, bajo la pálida luz de un sol moribundo, Adriana hizo su promesa.
33:0791. Lucharía, sobreviviría y desenterraría la verdad, aunque tuviera que derribar el mundo entero para conseguirlo.
33:1591. La partida de Rafael no era el final de su historia. Era el comienzo de su venganza.
33:22Gracias por ver el video.
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