A siete días del colapso del techo del centro nocturno Jet Set, el ambiente en los alrededores del lugar sigue cargado de tristeza, lágrimas y un duelo colectivo que no cesa.
El eco de los llantos, los rezos y los recuerdos continúa presente en el espacio que antes albergaba música y baile, y que hoy se ha transformado en un altar improvisado, símbolo de una herida nacional aún abierta.