La ciudad autónoma de Ceuta vive una situación de máxima crispación social y política un mes después de la entrada masiva de cerca de 80.000 inmigrantes a finales del pasado mes de julio. En las últimas horas, la acumulación de incidentes nocturnos y las manifestaciones de carácter multitudinario han puesto al límite la seguridad en la región, obligando a las autoridades a realizar un llamamiento urgente a la calma y a evitar que la violencia se apodere de las calles.La alerta de seguridad se activó durante la madrugada tras registrarse altercados directos que han requerido la intervención de las Fuerzas Armadas. El Ministerio de Defensa ha confirmado que durante la noche se ha producido la detención de varios migrantes por apedrear un vehículo militar. Asimismo, la vicepresidenta segunda de Ceuta y consejera de Hacienda, Transición Económica y Transformación Digital, Kissy Chandiramani, detalló que en torno a las 5:00 horas se produjo "un incidente" en la barriada de Benzú en el que se vieron involucrados "algunos inmigrantes y también militares".Ante la gravedad de los acontecimientos, Chandiramani ha instado a la población a mantener la calma y a evitar respuestas violentas, pidiendo "unidad" ante el derecho legítimo a manifestarse, pero reclamando que se haga "siempre en un ambiente de tranquilidad porque esa alta crispación no lleva a ningún sitio". La consejera advirtió con firmeza: "La tensión en la ciudad de Ceuta es muy elevada y creo que entre todos nosotros como entidades políticas, instituciones y medios de comunicación debemos llamar a la calma porque esta tensión puede llevarnos a donde nadie quiere que estemos".Sin embargo, las peticiones institucionales no han podido contener la indignación vecinal. Más de dos mil ceutíes se echaron a la calle el miércoles para denunciar lo que califican como el «abandono» y la «inacción» del Ejecutivo central. Portando banderas de España y de Ceuta, la marea de manifestantes partió de la barriada de O'Donnell, concentrándose frente al Hospital Militar —uno de los espacios seleccionados para el alojamiento temporal— para mostrar su rechazo frontal al uso de instalaciones públicas locales.La marcha continuó por Puertas del Campo y concluyó ante la Delegación del Gobierno con gritos unánimes que exigían la dimisión del delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano, y del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Durante la concentración se corearon consignas como «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende», «Un caballa nunca se rinde» y «Ceuta no es un CETI». Mientras los ciudadanos protestaban en el exterior denunciando la «inacción del Gobierno», en el interior del edificio oficial se celebraba una reunión de urgencia para abordar la crisis migratoria, presidida por el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres.El descontento entre los asistentes era palpable, bajo el lema de «el pueblo salva al pueblo». Algunos expresaban el temor en el que viven sumidos: «No podemos ni salir a la calle». Otros elevaban el tono advirtiendo: «¿Tú sabes lo que es vivir encerrados por miedo? Se acabó, ahora el miedo lo impartimos nosotros».La tensión derivó en incidentes más graves cuando un grupo de aproximadamente 200 manifestantes rompió el cordón policial al grito de «invasores expulsión» para dirigirse a la playa de El Trampolín, zona donde pernoctan habitualmente decenas de migrantes. En el arenal se vivieron momentos de alta tensión con insultos y amenazas como «Si no se quieren ir, los echaremos nosotros» o «Marcharos, hijos de puta», lo que obligó a los agentes de la Policía Nacional a efectuar disparos disuasorios para impedir agresiones físicas directas ante la huida de los migrantes. Ante el despliegue de las fuerzas de seguridad, algunos de los presentes denunciaban que «Aquí hay más policía que el día del salto».La jornada de protestas concluyó de madrugada dejando al descubierto una profunda fractura social entre los propios vecinos de Ceuta. Mientras algunos radicales persistían en su actitud hostil por el centro de la ciudad, otros manifestantes les reprochaban su comportamiento exclamando: "¡No somos así! ¡Parecemos delincuentes!". Las recientes aclaraciones del Gobierno central, asegurando que polideportivos u otras instalaciones solo se usarán de forma excepcional y previo consenso, no han logrado calmar el malestar de una ciudadanía profundamente dividida respecto a cómo atajar la crisis.