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¿Podrán los últimos boyeros de Costa Rica salvar una tradición en peligro de extinción? Cada segundo domingo de marzo, el corazón de Tiquicia late al ritmo de las carretas de bueyes en el Día Nacional del Boyero. Este oficio ancestral, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, es mucho más que transporte; es arte, historia y el alma de una nación que se construyó sobre estas ruedas de madera.

Desde mediados del siglo XIX, la carreta de bueyes fue protagonista del progreso, transportando el café que levantó a Costa Rica y llevando materiales para construir sueños. Hoy, a pesar del paso del tiempo y la modernidad, manos dedicadas continúan creando estas obras maestras en patios y talleres, manteniendo viva una herencia que merece ser celebrada y preservada.

En Escazú, cuna de esta tradición y pionera en su celebración oficial, la llama se mantiene viva gracias a la Asociación Rescate Tradiciones del Bollero, que con esfuerzo y pasión organiza cada año esta emblemática fiesta. Jóvenes como Santiago demuestran que el orgullo de ser boyero trasciende las opiniones ajenas, y el Día del Bollerito asegura que las futuras generaciones se enamoren de esta rica herencia.



En Cañas, la lucha es aún más intensa. Los pocos que quedan trabajan incansablemente para que el legado no desaparezca, y familias como la de Andrea Araya demuestran que el amor por esta tradición familiar se hereda y se celebra, incluso en un mundo globalizado. Únete a nosotros para honrar a los valientes hombres y mujeres que domaron bestias y cargaron sobre ruedas el futuro de Costa Rica.

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