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  • hace 5 minutos
El histórico viaje apostólico del Papa León XIV por España ha llegado a su fin con un broche de oro en las Islas Canarias. En una jornada marcada por la «intensa emoción y fervor religioso», el Pontífice presidió este viernes una multitudinaria eucaristía en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde más de 35.000 personas se congregaron para escuchar sus últimas palabras antes de su regreso a Roma.
La jornada final del Santo Padre comenzó a mediodía, cuando el dispositivo de seguridad y la comitiva papal hicieron su entrada en la capital tinerfeña. Tras un recorrido en papamóvil por las principales arterias de la ciudad, donde miles de ciudadanos se agolparon en las aceras para recibir su bendición, el Pontífice llegó al recinto portuario entre vítores y cánticos.
Este encuentro en el puerto ha supuesto el punto culminante de una visita de cinco días que ha llevado a León XIV a Madrid y Barcelona, reforzando el vínculo de la Santa Sede con los fieles españoles. La elección de Tenerife como última parada subraya el interés del Papa por las periferias y los desafíos sociales que afronta el archipiélago.
Más allá de las grandes cifras de asistencia, la visita ha dejado momentos de profunda cercanía personal que definen el estilo de este pontificado. Uno de los instantes más conmovedores se produjo cuando el Papa detuvo su marcha para saludar a Andrés Marcio, un joven que padece laminopatía, una enfermedad rara que afecta al tejido muscular.
Haciendo gala de su habitual sensibilidad hacia los enfermos, León XIV se acercó personalmente para conversar con el joven y, en un gesto de gran valor espiritual para la familia, procedió a firmarle una biblia. Este encuentro ha sido destacado por los asistentes como un símbolo de la esperanza y la atención que la Iglesia desea brindar a quienes sufren dolencias poco frecuentes.
Con la finalización de esta misa de despedida, León XIV pone fin a su periplo por España, una visita que ha estado marcada por mensajes de unidad, caridad y atención a los más vulnerables. Tras la ceremonia, el Pontífice se dirigió al aeropuerto de Tenerife Norte-Los Rodeos para emprender su vuelo de regreso al Vaticano, escoltado por las autoridades del Estado y dejando tras de sí una huella imborrable en el fervor popular canario.

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