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  • hace 3 horas
Más de cuatro años después del desastre aéreo que conmocionó al mundo, las certezas sobre lo ocurrido con el vuelo de China Eastern Airlines comienzan a ver la luz a pesar del hermetismo de las autoridades asiáticas. El accidente, ocurrido el 21 de marzo de 2022 y que se cobró la vida de 132 personas, se perfila hoy como el siniestro más grave en China en las últimas tres décadas. Según las últimas informaciones analizadas por expertos internacionales, el desastre no fue fruto de un fallo técnico, sino que "todo parece indicar que fue intencionado".
Los datos técnicos extraídos de las investigaciones estadounidenses revelan una secuencia de eventos aterradora en la cabina de mando. Según los informes, el avión se desintegró contra el suelo tras una serie de acciones deliberadas: "los pilotos apagaron ambos motores (a una altitud de unos 9.000 metros) retiraron el piloto automático, reajustaron el piloto automático para hacer la aeronave aún más aerodinámica y movieron la palanca hacia abajo, todo para que el avión alcanzase la mayor velocidad posible".
El descenso fue tan radical que nadie en tierra recibió señales de alarma, a pesar de las insistentes llamadas de los controladores. En sus últimos instantes, la aeronave superó sus límites estructurales alcanzando los "1.125 kilómetros por hora", una cifra cercana a la velocidad del sonido. "El impacto fue tan violento que el Boeing se desintegró en más de 50.000 pedazos" al chocar contra una colina al sur de Wuzhou.
La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de EE. UU. (NTSB) planteó desde el inicio la hipótesis de que el choque fue "provocado intencionalmente". En la cabina se encontraban tres profesionales: el comandante Yang Hongda, el veterano Zhang Zhengping —quien había sido "degradado" a primer oficial por razones desconocidas— y un observador de 26 años. A día de hoy, "se desconoce si el comandante, el primer oficial (que sigue siendo el principal sospechoso) o el segundo oficial son uno de los responsables".
A pesar de que las cajas negras han aportado pistas cruciales, la Administración de Aviación Civil de China (CAAC) ha mantenido una política de opacidad absoluta. Tras años de evasivas, la autoridad china respondió en mayo de 2025 a un familiar de las víctimas asegurando que la información sobre la investigación, "si se hace pública, podría poner en riesgo la seguridad nacional y la estabilidad social".
Bajo este argumento, la agencia ha decidido oficialmente "no divulgar dicha información", alimentando la frustración internacional ante un caso donde la evaluación del "estado psicológico de las tripulaciones" parece ser la clave que el Gobierno chino no quiere revelar. Mientras las transcripciones de voz de la cabina siguen desaparecidas, el mundo observa con recelo un muro de silencio que impide cerrar las heridas de una de las mayores tragedias de la aviación moderna.

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