Estados Unidos ejecutó operativos marítimos en el Caribe y el Atlántico para confiscar dos buques petroleros acusados de infringir sanciones al crudo venezolano. La acción contó con el respaldo del Reino Unido, mientras que Rusia manifestó su rechazo por la incautación de una nave que operaba bajo su bandera, elevando la tensión entre ambos países.
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