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🔮 El Aleph – Audiolibro Completo en Español | Jorge Luis Borges |

¿Qué pasaría si pudieras ver el universo entero en un solo punto? 🌌
Eso es El Aleph, uno de los relatos más enigmáticos y fascinantes de Jorge Luis Borges, donde lo infinito, lo divino y lo humano se cruzan en un instante imposible de comprender.

Este audiolibro completo en español te lleva al corazón de una historia que combina misterio, filosofía, memoria, obsesión y metafísica. Borges nos muestra que el conocimiento absoluto puede ser un regalo… o una condena.

📚 Ideal para estudiantes, amantes de la literatura, filosofía y quienes disfrutan historias que invitan a pensar más allá de lo visible.

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💬 Pregunta para ti:
¿Crees que el ser humano debería conocerlo todo… o hay cosas que es mejor no ver?

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Categoría

📚
Aprendizaje
Transcripción
00:00La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía
00:08que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro
00:14de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios. El
00:20hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y
00:25que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo, pero yo no, pensé
00:31con melancólica vanidad. Alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado. Muerta
00:38yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré
00:44que el 30 de abril era su cumpleaños. Visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar
00:49a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable,
00:55tal vez ineludible. De nuevo, aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita. De
01:01nuevo, estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos. Beatriz Viterbo, de perfil,
01:07en colores. Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921. La primera comunión de Beatriz. Beatriz,
01:16el día de su boda con Roberto Alessandri. Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo
01:22del club hípico. Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino. Beatriz,
01:30con el pequinés que le regaló Villegas a Edo. Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo,
01:36la mano en el mentón. No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia
01:42con módicas ofrendas de libros. Libros cuyas páginas, finalmente, aprendí a cortar, para
01:48no comprobar, meses después, que estaban intactos. Beatriz Viterbo murió en 1929. Desde
01:55entonces, no dejé pasar un 30 de abril sin volver a su casa. Yo solía llegar a las 7 y
02:01cuarto y quedarme unos 25 minutos. Cada año aparecía un poco más tarde y me quedaba un
02:07rato más. En 1933, una lluvia torrencial me favoreció. Tuvieron que invitarme a comer.
02:13No desperdicié, como es natural, ese buen precedente. En 1934, aparecí, ya dadas las
02:22ocho, con un alfajor santafesino. Con toda naturalidad me quedé a comer. Así, en aniversarios
02:28melancólicos y vanamente eróticos, recibí las graduales confidencias de Carlos Argentino
02:34Daneri. Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada. Había en su andar, si el oxímoron
02:41es tolerable, una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis. Carlos Argentino es
02:47rosado, considerable, canoso, de rasgos finos. Ejerce no sé qué cargo subalterno en una biblioteca
02:54ilegible de los arrabales del sur. Es autoritario, pero también es ineficaz. Aprovechaba, hasta
03:01hace muy poco, las noches y las fiestas para no salir de su casa. A dos generaciones de distancia,
03:07la S italiana y la copiosa gesticulación italiana sobreviven en él. Su actividad mental
03:13es continua, apasionada, versátil y del todo insignificante. Abunda en inservibles analogías
03:20y en ociosos escrúpulos. Tiene, como Beatriz, grandes y afiladas manos hermosas.
03:26Durante algunos meses padeció la obsesión de Paul Ford, menos por sus baladas que por
03:31la idea de una gloria intachable. «Es el príncipe de los poetas de Francia», repetía
03:37con fatuidad. «En vano te revolverás contra él. No lo alcanzará, no, la más infisionada
03:43de tus saetas». El 30 de abril de 1941 me permití agregar al alfajor una botella de
03:50coñac del país. Carlos Argentino lo probó, lo juzgó interesante y emprendió, al cabo
03:56de unas copas, una vindicación del hombre moderno. «Lo evoco», dijo con una animación
04:02algo inexplicable, «en su gabinete de estudio, como si dijéramos en la torre albarrana de
04:07una ciudad, provisto de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía,
04:14de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de
04:20boletines». Observó que para un hombre así facultado, el acto de viajar era inútil.
04:25Nuestro siglo XX había transformado la fábula de Mahoma y de la montaña. Las montañas,
04:32ahora, convergían sobre el moderno Mahoma. Tan ineptas me parecieron esas ideas, tan pomposa
04:38y tan vasta su exposición, que las relacioné inmediatamente con la literatura. Le dije que
04:44¿por qué no las escribía? Previsiblemente, respondió que ya lo había hecho. Esos conceptos
04:50y otros, no menos novedosos, figuraban en el canto augural, canto prologal o simplemente
04:56canto prólogo de un poema en el que trabajaba hacía muchos años, sin reclame, sin bullanga
05:02ensordecedora, siempre apoyado en esos dos báculos que se llaman el trabajo y la soledad.
05:08Primero, abría las compuertas a la imaginación. Luego, hacía uso de la lima. El poema se titulaba
05:15La Tierra. Tratábase de una descripción del planeta en la que no faltaban, por cierto,
05:20la pintoresca digresión y el gallardo apóstrofe. Le rogué que me leyera un pasaje, aunque fuera breve.
05:27Abrió un cajón del escritorio, sacó un alto legajo de hojas de bloc estampadas con el membrete
05:32de la biblioteca Juan Crisóstomo Lafinur y leyó con sonora satisfacción. He visto, como el griego,
05:39las urbes de los hombres, los trabajos, los días de varia luz, el hambre. No corrijo los hechos,
05:47no falseo los nombres, pero el voyage que narro es Autour de ma chambre.
05:54Estrofa a todas luces interesante, dictaminó. El primer verso granjea el aplauso del catedrático,
06:00del académico, del helenista, cuando no de los eruditos a la violeta, sector considerable de la
06:06opinión. El segundo pasa de Homero a Hesíodo, todo un implícito homenaje, en el frontis del
06:11flamante edificio, al padre de la poesía didáctica. No sin remozar un procedimiento cuyo abolengo está
06:18en la escritura, la enumeración, congerié o conglobación. El tercero, barroquismo, decadentismo,
06:26culto depurado y fanático de la forma, consta de dos hemisticios gemelos. El cuarto, francamente
06:32bilingüe, me asegura el apoyo incondicional de todo espíritu sensible a los desenfalados
06:37envites de la facecia. Nada diré de la rima rara ni de la ilustración que me permite, sin pedantismo,
06:43acumular en cuatro versos tres alusiones eruditas que abarcan treinta siglos de apretada literatura.
06:49La primera, a la odisea. La segunda, a los trabajos y días. La tercera, a la vagatela inmortal que nos
06:55depararán los ocios de la pluma del saboyano. Comprendo una vez más que el arte moderno exige el bálsamo
07:01de la risa, el esquerzo. Decididamente, tiene la palabra Goldoni. Otras muchas estrofas me leyó
07:08que también obtuvieron su aprobación y su comentario profuso. Nada memorable había en ellas. Ni siquiera
07:15las juzgué mucho peores que la anterior. En su escritura habían colaborado la aplicación,
07:20la resignación y el azar. Las virtudes que Daneri les atribuía eran posteriores. Comprendí que el
07:26trabajo del poeta no estaba en la poesía. Estaba en la invención de razones para que la poesía fuera
07:32admirable. Naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la ahorra para él, pero no para
07:37otros. La dicción oral de Daneri era extravagante. Su torpeza métrica le vedó, salvo contadas veces,
07:45transmitir esa extravagancia al poema 1. Una sola vez en mi vida he tenido ocasión de examinar los
07:51quince mil dodecasílabos del poliolvión, esa epopeya topográfica en la que Michael Drayton
07:56registró la fauna, la flora, la hidrografía, la orografía, la historia militar y monástica de
08:02Inglaterra. Estoy seguro de que ese producto considerable, pero limitado, es menos tedioso
08:08que la vasta empresa congénere de Carlos Argentino. Este se proponía versificar toda la redondez del
08:14planeta. En 1941 ya había despachado unas hectáreas del estado de Queensland, más de un kilómetro del
08:21curso de Lop, un gasómetro al norte de Veracruz, las principales casas de comercio de la parroquia
08:26de la Concepción, la quinta de Mariana Cambaceres de Alvear en la calle 11 de septiembre, en Belgrano,
08:32y un establecimiento de baños turcos no lejos del acreditado acuario de Brighton. Me leyó ciertos
08:38laboriosos pasajes de la zona australiana de su poema. Esos largos e informes alejandrinos,
08:43carecían de la relativa agitación del prefacio. Copió una estrofa. Sepan. A manderecha del poste
08:50rutinario, viniendo, claro está, desde el nor-noroeste, se aburre una osamenta. ¿Color?
08:57Blanquiceleste que da al corral de ovejas catadura de osario. Dos audacias, gritó con exultación.
09:04Rescatadas, te oigo mascullar, por el éxito. Lo admito, lo admito. Una, el epíteto rutinario,
09:11que certeramente denuncia, en Pasán, el inevitable tedio inherente a las faenas pastoriles y agrícolas,
09:18tedio que ni las geórgicas ni nuestro ya laureado don Segundo se atrevieron jamás a denunciar así,
09:23al rojo vivo. Otra, el enérgico prosaísmo se aburre una osamenta, que el melindroso querrá
09:30excomulgar con horror, pero que apreciará más que su vida el crítico de gusto viril. Todo el verso,
09:35por lo demás, es de muy subidos quilates. El segundo hemisticio entabla animadísima charla
09:41con el lector. Se adelanta a su viva curiosidad, le pone una pregunta en la boca y la satisface,
09:47al instante. ¿Y qué me dices de ese hallazgo, Blanquiceleste? El pintoresco neologismo sugiere
09:54el cielo, que es un factor importantísimo del paisaje australiano. Sin esa evocación,
09:59resultarían demasiado sombrías las tintas del boceto y el lector se vería compelido a cerrar el
10:04volumen, herida en lo más íntimo el alma de incurable y negra melancolía. Hacia la medianoche
10:10me despedí. Dos domingos después, Daneri me llamó por teléfono, entiendo que por primera vez en la
10:16vida. Me propuso que nos reuniéramos a las cuatro, para tomar juntos la leche, en el contiguo salón
10:21bar que el progresismo de Zunino y de Zungri, los propietarios de mi casa, recordarás, inaugura en
10:27la esquina, confitería que te importará conocer. Acepté, con más resignación que entusiasmo. No fue
10:33difícil encontrar mesa. El salón bar, inexorablemente moderno, era apenas un poco menos atroz que mis
10:40previsiones. En las mesas vecinas, el excitado público mencionaba las sumas invertidas sin
10:46regatear por Zunino y por Zungri. Carlos Argentino fingió asombrarse de no sé qué primores de la
10:52instalación de la luz, que sin duda ya conocía, y me dijo con cierta severidad, mal de tu grado habrás
10:59de reconocer que este local se parangona con los más encopetados de flores. Me releyó,
11:05después, cuatro o cinco páginas del poema. Las había corregido según un depravado principio
11:11de ostentación verbal, donde antes escribió azulado, ahora abundaba en azulino, azulenco y
11:17hasta azulillo. La palabra lechoso no era bastante fea para él. En la impetuosa descripción de un
11:24lavadero de lanas, prefería lactario, lacticinoso, lactecente, lechal. Denostó con amargura los
11:31críticos. Luego, más benigno, los equiparó a esas personas que no disponen de metales preciosos ni
11:38tampoco de prensas de vapor, laminadores y ácidos sulfúricos para la acuñación de tesoros, pero que
11:45pueden indicar a los otros el sitio de un tesoro. Acto continuo censuró la prologomanía, de la que ya
11:52hizo mofa en la donosa prefación del Quijote, El príncipe de los ingenios. Admitió, sin embargo,
11:59que en la portada de la nueva obra convenía el prólogo vistoso, el espaldarazo firmado por el
12:04plumífero de garra de Fuste. Agregó que pensaba publicar los cantos iniciales de su poema. Comprendí
12:11entonces la singular invitación telefónica. El hombre iba a pedirme que prologara su pedantesco
12:17fárrago. Mi temor resultó infundado. Carlos Argentino observó, con admiración rencorosa,
12:24que no creía errar en el epíteto al calificar de sólido el prestigio logrado en todos los círculos
12:30por Álvaro Melián Lafinur, hombre de letras, que si yo me empeñaba, prologaría con embeleso el poema.
12:38Para evitar el más imperdonable de los fracasos, yo tenía que hacerme portavoz de dos méritos
12:43inconcusos. La perfección formal y el rigor científico. Porque ese dilatado jardín de tropos,
12:50de figuras, de galanuras, no tolera un solo detalle que no confirme la severa verdad.
12:56Agregó que Beatriz siempre se había distraído con Álvaro. Asentí. Profusamente asentí. Aclaré,
13:03para mayor verosimilitud, que no hablaría el lunes con Álvaro, sino el jueves, en la pequeña cena que
13:09suele coronar toda reunión del club de escritores. No hay tales cenas, pero es irrefutable que las
13:15reuniones tienen lugar los jueves, hecho que Carlos Argentino Daneri podía comprobar en los
13:20diarios, y que dotaba de cierta realidad a la frase. Dije, entre adivinatorio y sagaz, que antes
13:26de abordar el tema del prólogo, describiría el curioso plan de la obra. Nos despedimos. Al doblar
13:33por Bernardo de Irigoyen, encaré con toda imparcialidad los porvenires que me quedaban.
13:38A. Hablar con Álvaro y decirle que el primo hermano aquel de Beatriz, ese eufemismo explicativo
13:44me permitiría nombrarla, había elaborado un poema que parecía dilatar hasta lo infinito las
13:50posibilidades de la cacofonía y del caos. B. No hablar con Álvaro. Preví, lúcidamente,
13:57que mi decidio optaría por B. A partir del viernes a primera hora, empezó a inquietarme
14:03el teléfono. Me indignaba que ese instrumento, que algún día produjo la irrecuperable voz
14:08de Beatriz, pudiera rebajarse al receptáculo de las inútiles y quizá coléricas quejas
14:13de ese engañado Carlos Argentino Daneri. Felizmente, nada ocurrió, salvo el rencor inevitable que
14:20me inspiró aquel hombre que me había impuesto una delicada gestión y luego me olvidaba.
14:25El teléfono perdió sus terrores, pero a fines de octubre, Carlos Argentino me habló. Estaba
14:32agitadísimo. No identifiqué su voz al principio. Con tristeza y con ira, balbuceó que esos ya
14:38ilimitados Zunino y Zungri, sobre texto de ampliar su desaforada confitería, iban a demoler su casa.
14:46La casa de mis padres, mi casa, la vieja casa inveterada de la calle Garay, repitió, quizá
14:52olvidando su pesar en la melodía. No me resultó muy difícil compartir su congoja. Ya cumplidos los
14:59cuarenta años, todo cambio es un símbolo detestable del pasaje del tiempo. Además,
15:04se trataba de una casa que, para mí, aludía infinitamente a Beatriz. Quise aclarar ese
15:10delicadísimo rajo. Mi interlocutor no me oyó. Dijo que si Zunino y Zungri persistían en ese propósito
15:17absurdo, el doctor Zunino, su abogado, los demandaría ipso facto por daños y perjuicios y
15:24los obligaría a abonar cien mil nacionales. El nombre de Zunino me impresionó. Su bufete,
15:30en caseros y tacuarí, es de una seriedad proverbial. Interrobé si éste se había encargado
15:36ya del asunto. Daeneri dijo que le hablaría esa misma tarde. Vaciló, y con esa voz llana,
15:43impersonal, a que solemos recurrir para confiar algo muy íntimo, dijo que para terminar el poema
15:49le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un alef. Aclaró que un alef es
15:56uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos. Está en el sótano del comedor,
16:01explicó, aligerada su dicción por la angustia. Es mío, es mío. Yo lo descubrí en la niñez,
16:07antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada. Mis tíos me tenían prohibido el descenso,
16:14pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo
16:21entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos,
16:28vi el alef. ¿El alef? Repetí. Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe,
16:37vistos desde todos los ángulos. A nadie revelé mi descubrimiento, pero volví. El niño no podía
16:44comprender que le fuera deparado ese privilegio para que el hombre gurilara el poema. No me
16:49despojarán Zunino y Zungri, no, y mil veces no. Código en mano, el doctor Zuni probará que es
16:56inajenable, mi alef. Traté de razonar. ¿Pero no es muy oscuro el sótano? La verdad no penetra en un
17:05entendimiento rebelde. Si todos los lugares de la tierra están en el alef, ahí estarán todas las
17:11luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz. Iré a verle inmediatamente, corté, antes de
17:18que pudiera emitir una prohibición. Basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto
17:25una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados. Me asombró no haber comprendido
17:30hasta ese momento que Carlos Argentino era un loco. Todos esos Viterbo, por lo demás, Beatriz,
17:38yo mismo solo repetirlo, era una mujer, una niña de una clarividencia casi implacable. Pero había en
17:45ella negligencias, distracciones, desdenes, verdaderas crueldades que tal vez reclamaban
17:51una explicación patológica. La locura de Carlos Argentino me colmó de maligna felicidad.
17:57Íntimamente, siempre nos habíamos detestado. En la calle Garay, la sirvienta me dijo que tuviera
18:04la bondad de esperar. El niña estaba, como siempre, en el sótano, revelando fotografías.
18:11Junto al jarrón sin una flor, en el piano inútil, sonreía, más intemporal que anacrónico, el gran
18:18retrato de Beatriz, en torpes colores. No podía vernos nadie. En una desesperación de ternura, me aproximé
18:25al retrato y le dije, Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz
18:34perdida para siempre. Soy yo, soy Borges. Carlos entró poco después. Habló con sequedad. Comprendí
18:42que no era capaz de otro pensamiento que de la perdición de la LEF.
18:45Una copita del pseudo-coñac, ordenó, y te zampuzarás en el sótano. Ya sabes, el decúbito
18:53dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación
18:59ocular. Te acuestas en el piso de baldosas y fijas los ojos en el decimonovena escalón
19:05de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Algún roedor te mete miedo.
19:12Fácil empresa. A los pocos minutos ves el alef. El microcosmo de alquimistas y cabalistas.
19:19Nuestro concreto amigo proverbial. El multum imparvo. Ya en el comedor agregó. Claro está
19:27que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio. Baja. Muy en breve podrás entablar
19:33un diálogo con todas las imágenes de Beatriz. Bajé con rapidez, harto de sus palabras insustanciales.
19:41El sótano, apenas más ancho que la escalera, tenía mucho de pozo. Con la mirada busqué
19:47en vano el baúl de que Carlos Argentino me habló. Unos cajones con botellas y unas bolsas
19:52de lona entorpecían un ángulo. Carlos tomó una bolsa, la dobló y la acomodó en un sitio
19:59preciso. La almohada es humildosa, explicó. Pero si la levanto un solo centímetro, no
20:06verás ni una pizca y te quedas corrido y avergonzado. Repantiga en el suelo ese corpachón
20:12y cuenta diecinueve escalones. Cumplí con sus ridículos requisitos. Al fin se fue. Cerró
20:19cautelosamente la trampa. La oscuridad, pese a una endija que después distinguí, pudo
20:24parecerme total. Súbitamente comprendí mi peligro. Me había dejado soterrar por un
20:30loco, luego de tomar un veneno. Las bravatas de Carlos transparentaban el íntimo terror
20:36de que yo no viera el prodigio. Carlos, para defender su delirio, para no saber que estaba
20:42loco, tenía que matarme. Sentí un confuso malestar que traté de atribuir a la rigidez
20:49y no a la operación de un narcótico. Cerré los ojos, los abrí. Entonces vi el Aleph.
20:57Arribó, ahora, al inefable centro de mi relato. Empieza aquí mi desesperación de escritor.
21:04Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos, cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores
21:11comparten. ¿Cómo transmitir a los otros el infinito Aleph que mi temerosa memoria apenas
21:17abarca? Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas. Para significar la divinidad,
21:25un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros. Alanus de Ínsulis,
21:31de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna. Ezequiel, de un ángel
21:39de cuatro caras que a un tiempo se dirige al oriente y al occidente, al norte y al sur. No en vano
21:46rememoro esas inconcebibles analogías. Alguna relación tienen con el Aleph. Quizá los dioses
21:52no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado
21:57de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble. La enumeración,
22:05siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de
22:11actos deleitables o atroces. Ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo
22:17punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo, lo que
22:24transcribiré sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré. En la parte
22:32inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable
22:38fulgor. Al principio la creí giratoria. Luego comprendí que ese movimiento era una ilusión
22:44producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería
22:50de dos o tres centímetros. Pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.
22:57Cada cosa, la luna del espejo, digamos, era infinitas cosas, porque yo claramente la veía
23:03desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar. Di el alba y la tarde. Vi las muchedumbres
23:11de América. Vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide. Vi un laberinto
23:17roto. Era Londres. Vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo. Vi todos
23:25los espejos del planeta y ninguno me reflejó. Vi en un traspatio de la calle Soler las mismas
23:32baldosas que hace 30 años vi en el saguán de una casa en Fraiventos. Vi racimos, nieve,
23:39tabaco, vetas de metal, vapor de agua. Vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos
23:46de arena. Vi en Inverness a una mujer que no olvidaré. Vi la violenta cabellera, el altivo
23:53cuerpo. Vi un cáncer en el pecho. Vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un
24:00árbol. Vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de
24:06Filemón Holland. Vi a un tiempo cada letra de cada página. De chico, yo solía maravillarme de que las
24:13letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche. Vi la noche y
24:19el día contemporáneo. Vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala.
24:25Vi mi dormitorio sin nadie. Vi en un gabinete de Alkmar, un globo terráqueo entre dos espejos que
24:32lo multiplican sin fin. Vi caballos de crina remolinada, en una playa del mar Caspio en el
24:38alba. Vi la delicada osatura de una mano. Vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas
24:45postales. Vi en un escaparate de Mirzapur, una baraja española. Vi las sombras oblicuas de unos
24:52helechos en el suelo de un invernáculo. Vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos. Vi todas
25:01las hormigas que hay en la tierra. Vi un astrolabio persa. Vi en un cajón del escritorio, y la letra me
25:08hizo temblar, cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos
25:14Argentino. Vi un adorado monumento en la chacarita. Vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había
25:22sido Beatriz Viterbo. Vi la circulación de mi oscura sangre. Vi el engranaje del amor y la
25:29modificación de la muerte. Vi el Aleph desde todos los puntos. Vi en el Aleph la tierra, y en la tierra
25:37otra vez el Aleph, y en el Aleph la tierra. Vi mi cara y mis vísceras. Vi tu cara, y sentí vértigo y
25:45lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los
25:50hombres, pero que ningún hombre ha mirado. El inconcebible universo. Sentí infinita veneración,
25:58infinita lástima. Tarumba habrás quedado de tanto curiosear donde no te llaman, dijo una voz
26:04aborrecida y jovial. Aunque te devanes los sesos, no me pagarás en un siglo esta revelación. ¡Qué
26:10observatorio formidable, che Borges! Los zapatos de Carlos Argentino ocupaban el escalón más alto.
26:17En la brusca penumbra, acerté a levantarme y a balbucear. ¡Formidable, sí, formidable! La indiferencia
26:25de mi voz me extrañó. Ansioso, Carlos Argentino insistía. ¿Lo viste todo bien, en colores? En ese
26:33instante concebí mi venganza. Benévolo, manifiestamente apiadado, nervioso, evasivo,
26:40agradecí a Carlos Argentino Daneri la hospitalidad de su sótano. Y lo insté a aprovechar la demolición
26:46de la casa para alejarse de la perniciosa metrópoli. Que a nadie, créame que a nadie
26:51perdona. Me negué con suave energía a discutir el Aleph. Lo abracé al despedirme y le repetí que
26:59el campo y la serenidad son dos grandes médicos. En la calle, en las escaleras de constitución,
27:05en el subterráneo, me parecieron familiares todas las caras. Temí que no quedara una sola
27:11cosa capaz de sorprenderme. Temí que no me abandonara jamás la impresión de volver. Felizmente,
27:17al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido.
27:21Posdata del primero de marzo de 1943. A los seis meses de la demolición del inmueble de la calle
27:29Garay, la editorial Procusto no se dejó arredrar por la longitud del considerable poema y lanzó al
27:35mercado una selección de trozos argentinos. Huelgue a repetir lo ocurrido. Carlos Argentino
27:41Daneri recibió el segundo premio nacional de literatura, dos. El primero fue otorgado al
27:46doctor Aitá. El tercero, al doctor Mario Bonfanti. Increíblemente, mi obra Los naipes del Taur no
27:54logró un solo voto. Una vez más, triunfaron la incomprensión y la envidia. Hace ya mucho tiempo
28:00que no consigo ver a Daneri. Los diarios dicen que pronto nos dará otro volumen. Su afortunada pluma,
28:06no entorpecida ya por el Aleph, se ha consagrado a versificar los epítomes del doctor Acevedo Díaz.
28:12Dos observaciones quiero agregar. Una sobre la naturaleza del Aleph, otra sobre su nombre. Este,
28:20como es sabido, es el de la primera letra del alfabeto de la lengua sagrada. Su aplicación al
28:26disco de mi historia no parece casual. Para la Kábala, esa letra significa el En Sof, la ilimitada
28:33y pura divinidad. También se dijo que tiene la forma de un hombre que señala el cielo y la tierra,
28:38para indicar que el mundo inferior es el espejo y es el mapa del superior. Para la Mengelere,
28:45es el símbolo de los números transfinitos, en los que el todo no es mayor que alguna de las partes.
28:51Yo querría saber, ¿eligió Carlos Argentino ese nombre o lo leyó, aplicado a otro punto donde
28:57convergen todos los puntos en alguno de los textos innumerables que el Aleph de su casa le reveló?
29:03Por increíble que parezca, yo creo que hay, o que hubo, otro Aleph. Yo creo que el Aleph de la
29:10calle Garay era un falso Aleph. Doy mis razones. Hacia 1867, el capitán Burton ejerció en el Brasil
29:18el cargo de cónsul británico. En julio de 1942, Pedro Enrique Sureña descubrió en una biblioteca de
29:26Santos un manuscrito suyo que versaba sobre el espejo que atribuye el oriente a Iskandar
29:32Su Alcarnain, o Alejandro Bicorne de Macedonia. En su cristal se reflejaba el universo entero.
29:40Burton menciona otros artificios congéneres. La séptuple copa de Kaijos Ruh, el espejo que
29:46Tarik Ben Seyad encontró en una torre. Mil y una noches, 272. El espejo que Luciano de Samosata
29:54pudo examinar en la luna. Historia verdadera, primo 26. La lanza especular, que el primer libro del
30:02satiricón de Capela atribuye a Júpiter. El espejo universal de Merlín, redondo y hueco,
30:09y semejante a un mundo de vidrio. The Fairy Queen, 3-0-2-19. Y añade estas curiosas palabras.
30:18Pero los anteriores, además del defecto de no existir, son meros instrumentos de óptica. Los
30:24fieles que concurren a la mezquita de Amr, en el Cairo, saben muy bien que el universo está en el
30:30interior de una de las columnas de piedra que rodean el patio central. Nadie, claro está, puede verlo.
30:36Pero quienes acercan el oído a la superficie, declaran percibir, al poco tiempo, su atareado
30:42rumor. La mezquita data del siglo VII. Las columnas proceden de otros templos de religiones
30:49anti-islámicas, pues como ha escrito Aben Haldun. En las repúblicas fundadas por nómadas,
30:55es indispensable el concurso de forasteros para todo lo que sea albañilería.
31:01¿Existe ese alef en lo íntimo de una piedra? Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he
31:06olvidado. Nuestra mente es porosa para el olvido. Yo mismo estoy falseando y perdiendo,
31:13bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz. A Estela canto, uno.
31:19Recuerdo, sin embargo, estas líneas de una sátira que fustigó con rigor a los malos poetas.
31:25Aqueste da el poema, belicosa armadura, de erudicción. Estotro le da pompas y galas.
31:32Ambos baten en vano las ridículas alas. Olvidaron, cuidados, el factor hermosura.
31:39Sólo el temor de crearse un ejército de enemigos implacables y poderosos lo disuadió,
31:44me dijo, de publicar sin miedo el poema.
31:472. Recibí tu apenada congratulación, me escribió. Bufas, mi lamentable amigo, de envidia. Pero
31:56confesarás, aunque te ahogue, que esta vez pude coronar mi bonete con la más roja de las plumas,
32:02mi turbante con el más califa de los rubíes.
32:05¡Gracias!
32:06¡Gracias!
32:07¡Gracias!
32:08¡Gracias!
32:09¡Gracias!

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