Saltar al reproductorSaltar al contenido principal
El regreso inesperado de Ana sacude todo el Valle.
Después de sobrevivir a la emboscada, llega acompañada por la Santa Hermandad para acusar públicamente a Úrsula.
Las máscaras comienzan a caer: Rafael duda, Luisa enfrenta la verdad, y la justicia finalmente alcanza a quien jugó con la vida de Julio.

¿Será este el fin del poder de Úrsula… o el inicio de una nueva venganza?
Descubre los capítulos 269 al 273 de Valle Salvaje, con todos los giros, confesiones y emociones que estremecerán tu corazón.

🔥 No olvides suscribirte, dejar tu comentario y activar la campana para no perderte los próximos avances.

📺 #ValleSalvaje – Donde el amor, el poder y la traición se entrelazan en cada capítulo.
#ValleSalvaje #Avance #Telenovela #DramaHistórico #ElRegresoDeAna #LaCaídaDeÚrsula #TVNRevisar
Transcripción
00:00El arco final de Valle Salvaje marca el cierre de una era de sombras y el despertar de una nueva
00:06esperanza. Úrsula, devorada por su propia ambición y locura, intenta acabar con Rafael,
00:14pero su crimen es frustrado y su confesión sella su destino. Su arresto, junto con el de Tomás,
00:22representa el fin del poder corrupto que había dominado el valle durante años. El regreso del
00:28Marqués de Guzmán devuelve el orden y la justicia al linaje familiar, confrontando la soberbia de
00:34José Luis y purgando el apellido de sus pecados. Ana, al sobrevivir y testificar, encarna la verdad
00:42que ni la muerte pudo silenciar. Los personajes secundarios Luisa, Pepa, Martín y Mercedes
00:50cierran sus propias heridas, aprendiendo que el perdón no borra el pasado, pero permite seguir
00:56adelante. Rafael y Adriana, unidos por el dolor y la fe, se convierten en los nuevos guardianes del
01:03valle, comprometidos a reconstruir sobre los cimientos de la verdad. Así, entre justicia,
01:10redención y esperanza, Valle Salvaje culmina como una historia sobre el precio del poder y la fuerza
01:17del amor. En la calma del atardecer, las tierras que antes fueron escenario de traición, ahora
01:24respiran libertad, recordando que incluso el lugar más herido puede volver a florecer. El regreso de
01:31Ana fue un golpe devastador para Úrsula, pero también un rayo de esperanza para los que aún creían
01:37en la justicia. Cuando la doncella cruzó el umbral de la casa grande acompañada por los miembros de la
01:44santa hermandad, todos comprendieron que nada volvería a ser igual. El capitán Ramiro de Lara ordenó
01:52silencio. Los criados, los miembros de la familia y hasta los sirvientes del establo se reunieron en
02:00el gran salón, testigos involuntarios de lo que se convertiría en una confesión pública.
02:06Que hable la testigo, anunció el capitán. El reino exige verdad y penitencia. Ana dio un paso al frente.
02:16Sus manos temblaban, pero su voz era firme. Yo serví en esta casa desde niña. Vi y oí más de lo que
02:25debía. Fui testigo del crimen que acabó con la vida de don Julio de Guzmán. La conmoción se extendió
02:33entre los presentes. Úrsula, sujeta por los soldados, alzó la voz con histeria. Mientes. Eres
02:41una ingrata. Te di de comer. Te protegí. Ana la miró con una mezcla de dolor y repulsión. Me compraste
02:50con miedo, no con bondad. El día que Julio murió, fui yo quien sirvió el vino. Vi cómo tú misma vertías
02:59el veneno en su copa mientras fingías cariño. No lo hiciste por amor, sino por odio. Y cuando
03:07descubrí la verdad, intentaste matarme también. El salón se llenó de murmullos. Mercedes se cubrió
03:15la boca, horrorizada. Adriana abrazó a Pedrito para que no escuchara más. Rafael, en cambio,
03:23dio un paso hacia adelante, mirando directamente a su prima. ¿Sigues negándolo, Úrsula? La duquesa
03:31permaneció en silencio unos segundos, su mirada fija en el suelo. Luego, con una carcajada amarga,
03:39levantó la cabeza. Sí, lo hice, dijo con voz ronca. Pero no me arrepiento. Julio me humilló. Me trató
03:49como a una sirvienta más. Quise hacerlo pagar. Y ahora me juzgáis, cuando todos aquí habéis mentido
03:57alguna vez. El capitán Ramiro la interrumpió con dureza. ¿No es momento de hablar de otros? ¿Confiesas,
04:06entonces, haberle dado muerte deliberadamente? Úrsula lo miró con una sonrisa rota. Confieso haber
04:15amado hasta la locura. Si eso es un crimen, entonces sí, soy culpable. Los soldados la sujetaron con más
04:25fuerza. Rafael apretó los puños. No era amor, era destrucción, dijo entre dientes. Úrsula giró hacia
04:35él, con los ojos vidriosos. Y tú que sabes, siempre fuiste igual que Julio. Ambos me despreciaron. Pero no
04:45podrás librarte de mí, Rafael. Ni tú, ni nadie. Ana, con lágrimas en los ojos, se inclinó ante el capitán.
04:55Mi deber ha terminado. Que Dios me perdone por haber callado tanto tiempo. El capitán asintió
05:04solemnemente. Ha hecho lo correcto, don Chela. El reino la protegerá. En ese momento, un murmullo
05:13recorrió el salón. Alguien se abría paso entre la multitud. Era un hombre alto, vestido de oscuro,
05:21con porte firme y rostro severo. El marqués de Guzmán, don Hernando, acababa de regresar al valle.
05:29Dios mío, exclamó Mercedes, sorprendida. Rafael se volvió a ti a él. Infriduló. El marqués avanzó
05:39lentamente, observando la escena con una mezcla de asombro y furia contenida. ¿Qué es este espectáculo?
05:47Preguntó. El capitán Ramiro se inclinó respetuosamente. Señor marqués, llegamos por orden
05:55del consejo. La señora Úrsula de Guzmán ha sido acusada y ha confesado haber asesinado a su primo
06:03Julio de Guzmán. El rostro de don Hernando se endureció. Se acercó a Úrsula y la miró fijamente,
06:11con una mezcla de dolor y desprecio. ¿Qué has hecho, mujer? Has mancillado el nombre de nuestra
06:18familia. Úrsula, con la voz quebrada, apenas pudo responder. ¿Defendí lo que era mío? El marqués la
06:28interrumpió con voz atronadora. Matando a tu primo, intentando matar a tu propio sobrino,
06:34has traído la desgracia a esta casa. Que la hermandad haga lo que deba. Los soldados se la
06:42llevaron bajo custodia y la puerta principal se cerró con un golpe seco. Nadie se movió durante
06:49un largo momento. Sólo el llanto contenido de Adriana y el sollozo de Pedrito rompía en el
06:56silencio. Don Hernando se volvió hacia Rafael y le puso una mano en el hombro. Tu hermano tendrá
07:03justicia. Hijo, lo juro por mi honor. Rafael asintió, pero su mirada seguía fija en la puerta
07:11por la que Úrsula había desaparecido, sabiendo que aquel adiós no era sólo el de su prima,
07:18sino el fin de toda una era de oscuridad en el valle. El amanecer llegó cargado de tensión en
07:24la casa grande. La calma aparente de los pasillos contrastaba con la tormenta que se gestaba en el
07:31corazón de Úrsula. Desde la noche anterior había vivido presa de una ansiedad insoportable. El rostro
07:38de Rafael, con aquella mirada dura que no dejaba lugar a dudas, se le aparecía una y otra vez en la
07:45mente. Sabía que él ya lo sabía todo. La confesión de Ana, aunque creída imposible, había sobrevivido a su
07:55intento de silencio. La doncella no estaba muerta. Y con ella, viva, su destino estaba sellado. Úrsula se
08:05miró en el espejo. La mujer altiva, dueña de sí misma, la que había gobernado la casa con puño de
08:12hierro, había desaparecido. En su lugar quedaba una sombra atormentada. Se alizó el cabello con manos
08:20temblorosas, intentando convencerse de que aún podía controlarlo todo. «No me destruirán», murmuró con voz
08:29ronca. «No mientras yo pueda decidir el final». En otra ala de la casa, Rafael revisaba los documentos
08:38de su hermano, Julio. Desde que la verdad sobre su muerte había salido a la luz, había jurado no descansar
08:45hasta hacer justicia. Pero algo lo inquietaba. La manera en que Úrsula lo observaba desde la distancia,
08:52con esos ojos encendidos de odio, Adriana había intentado advertirle. «Ten cuidado con ella», le
09:01había dicho. «Está desesperada». Y una persona desesperada es capaz de cualquier cosa. Úrsula pasó la
09:11mañana, encerrada en su habitación, escuchando los murmullos de los criados que ya la señalaban
09:17como asesina. Su orgullo se desgarraba con cada palabra, pero más que vergüenza sentía miedo. El
09:25miedo a perder el poder, a ver su nombre hundido en la ignominia, a convertirse en una sombra despreciada.
09:33«No dejaré que me humillen», se dijo una y otra vez, caminando en círculos como una fiera
09:39acorralada. Al mediodía, bajó al comedor fingiendo serenidad. Rafael estaba allí,
09:47revisando papeles junto a Adriana. Ella lo saludó con una cortesía tensa. «Buenos días,
09:54primo». No esperaba verte tan temprano. Rafael la miró sin responder, su silencio más cortante que
10:02cualquier palabra. Úrsula intentó mantener la compostura, pero su voz tembló. «Lamento todo
10:10lo que ha ocurrido, Rafael. Quizás deberíamos hablar solos». Adriana intervino de inmediato,
10:19notando la trampa. «No creo que sea el momento, Úrsula». Rafael tiene asuntos que atender con la
10:26hermandad. Úrsula la miró con desprecio, aunque por dentro agradecía el retraso. Necesitaba tiempo
10:35para pensar, para preparar su último movimiento. Esa tarde, su desesperación se transformó en
10:42determinación. En el fondo de un cajón encontró el pequeño frasco con cianuro que había usado con
10:49Julio. A su lado, un abrecartas de metal relucía bajo la luz. Lo tomó con cuidado, respirando agitadamente.
11:00«Si voy a caer, me llevaré conmigo a quien me condena». Mientras tanto, Mercedes observaba los
11:07movimientos de Úrsula con creciente inquietud. Sabía que algo no estaba bien. Había servido demasiados
11:15años en esa casa para no reconocer los signos de la locura. En un momento, detuvo a Adriana en el
11:23pasillo. «La señora Úrsula está distinta». La vi hablando sola. «Tiene esa mirada que solo tienen
11:32los que ya han decidido algo terrible». Adriana sintió un escalofrío recorrerle la espalda. «Dios mío»,
11:41susurró. Rafael y echó a correr hacia el despacho, temiendo lo peor. Úrsula, entre tanto, había tomado
11:50una decisión definitiva. Se miró una vez más en el espejo, acomodó su vestido y escondió el
11:57abrecartas en la manga. «Nadie me verá arrastrarme», se dijo. «Si he de morir, que sea con dignidad,
12:05pero no sola». En ese momento, el sonido de pasos en el corredor le indicó que Rafael se
12:13acercaba. Sonrió con una calma perturbadora y murmuró. «Ven, primo. Ven a recibir el abrazo
12:21que pondrá fin a todo». Pedrito había pasado toda la mañana correteando por los pasillos,
12:28ignorado por los adultos, como solía ocurrir, pero algo en el ambiente de la casa grande lo
12:34mantenía inquieto. Los criados susurraban entre sí, mencionando el nombre de Úrsula con miedo. Y cada
12:41vez que el niño se cruzaba con ella, notaba algo extraño en su mirada. Ya no era la mujer severa
12:47de siempre, sino una figura temblorosa, con los ojos enrojecidos y las manos crispadas.
12:54A media tarde, cuando todos parecían ocupados en sus propias preocupaciones, Pedrito se escondió
13:01detrás de una columna del salón principal y la vio. Úrsula estaba de pie frente al espejo,
13:08hablándose a sí misma con un tono que le heló la sangre. «¿No me quitarán lo que es mío? ¿No
13:15desharé que me hundan? Si Rafael cree que me vencerá, ¿será él quien caiga primero?». El niño la
13:24observó sacar un pequeño frasco de cristal de su bolsillo. Vertió unas gotas sobre un paño,
13:31envolvió un abrecartas metálico y lo limpió con cuidado, hasta que el filo quedó brillante. Luego
13:37lo guardó en la manga de su vestido, respirando agitadamente. «Todo terminará esta noche»,
13:44murmuró con una sonrisa torcida. Pedrito retrocedió un paso, pero tropezó con una silla. El ruido alertó
13:52a Úrsula, que se giró bruscamente. «¿Quién está ahí?», gritó, con una voz que ya no sonaba
13:59humana. Pedrito, aterrorizado, corrió sin mirar atrás, bajando las escaleras a toda velocidad. No
14:08se detuvo hasta llegar a la casa pequeña, donde Adriana conversaba con Mercedes. Entró jadeando,
14:15con el rostro pálido y los ojos desorbitados. «Primo, primo Adriano», gritó, agarrándole a la
14:23falda. «Úrsula va a hacer algo terrible. Tiene un cuchillo. Dice que esta noche todo terminará».
14:32Adriana se agachó, sujetándolo por los hombros. «¿Qué estás diciendo, Pedrito? ¿Qué viste?». El niño
14:40intentó explicarse, tartamudeando. Tenía un frasco, como los de medicina. Lo echó en una
14:48cosa de metal. Dijo que si Rafael la quería destruir, ella lo mataría primero. Mercedes
14:56y Adriana intercambiaron una mirada de horror. La mayor fue la primera en reaccionar. «Santo
15:04Dios, ese frasco podría ser el mismo veneno que usó con Julio». Adriana sintió un escalofrío
15:12helado subirle por la espalda. «Tenemos que avisar a Rafael ahora mismo». Corrieron hacia
15:20el ala principal. Mientras Pedrito la seguía entre sollozos, Adriana buscaba desesperadamente
15:27a Rafael, llamándolo por los pasillos. «Rafael, ¿dónde estás?». Úrsula quiere hacerte
15:34daño, pero no obtuvo respuesta. Mercedes, más pragmática, mandó a un criado a buscarlo
15:41en los establos. Mientras tanto, Úrsula había bajado al salón, vestida con un elegante traje
15:48color vino. Su aspecto era impecable, aunque sus ojos delataban un brillo de locura. Caminó
15:55hasta el ventanal y observó los jardines, donde Rafael solía pasar las tardes revisando
16:01los informes del campo. «Todo acaba aquí», murmuró. «Ni la hermandad ni Dios mismo
16:09me arrebatarán mi destino». Pedrito, que había seguido a las mujeres en silencio, se asomó
16:15desde el pasillo y vio cómo Úrsula sacaba el abrecartas de su manga, probando el filo
16:21con la yema de los dedos. El niño tragó saliva y corrió nuevamente, esta vez hacia
16:28la capilla, donde Rafael se encontraba orando frente a la tumba simbólica de su hermano.
16:35«Rafael, Rafael», gritó. El joven se giró alarmado. «¿Qué ocurre, Pedrito?». El pequeño
16:43apenas podía respirar. «Úrsula, tiene un cuchillo. Dice que te matará. Corre, por favor».
16:51Rafael se levantó de golpe, con el corazón latiéndole con fuerza. No dudó ni un instante.
16:59Tomó una lámpara y se encaminó hacia el salón. A medio camino, se cruzó con Adriana y Mercedes,
17:06que venían corriendo. «Lo sabemos», dijo Adriana y Edando. Pedrito nos lo contó. «¿Tenemos que
17:15impedirlo?». El grupo avanzó hacia la estancia principal. Desde el corredor se escuchaban los
17:22pasos de Úrsula, suaves y acompasados, como los de alguien que camina hacia un destino ineludible.
17:29Rafael respiró hondo y susurró. «Esta vez no huirá de la verdad». En el fondo del pasillo,
17:39la figura de Úrsula apareció finalmente con una sonrisa que helaba la sangre. En su voz había
17:46una dulzura falsa, casi teatral. Primo dijo, extendiendo los brazos, «He venido a reconciliarme
17:55contigo». Rafael se detuvo frente a ella, su cuerpo tenso como una cuerda a punto de romperse.
18:03En su interior, una voz le advertía que cada palabra de Úrsula era una trampa,
18:09pero también sabía que debía actuar con cuidado. Cualquier movimiento en falso podía desencadenar
18:15una tragedia. Úrsula, con un aire casi maternal, dio unos pasos hacia él. La luz del atardecer se
18:24filtraba por las ventanas, iluminando su rostro demacrado, donde aún quedaban rastros de una
18:31belleza arrogante. Rafael dijo con voz suave, «¿Tanto dolor nos ha hecho olvidar que somos
18:38familia? ¿No quiero más rencor entre nosotros? Déjame abrazar, primo, como anches». Rafael no respondió.
18:48Sus ojos estaban fijos en su prima, intentando descifrar la mentira detrás de aquella sonrisa.
18:56La manga de su vestido, abultada, delataba el abrecartas escondido. El corazón de Rafael comenzó
19:04a latir con fuerza. Sabía que era el arma, el mismo objeto que ella había usado para asesinar a
19:10julio. Úrsula siguió avanzando, extendiendo los brazos. «Quiero la paz», insistió. «Estoy cansada
19:20de las guerras dentro de esta casa. Solo deseo que me perdones». Sus palabras parecían sinceras,
19:28pero su mirada temblaba entre la dulzura fingida y la demencia. Rafael respiró hondo,
19:35retrocediendo un paso. «La paz no se consigue con mentiras». Úrsula dijo con voz firme, «¿Sabes
19:44perfectamente lo que hiciste?». Julio murió por tu mano, y no habrá abrazo que borre esa verdad». Por un
19:52instante, el rostro de Úrsula se contrajo en una mueca de rabia. «¿Mientes?», gritó, perdiendo el
20:00control. Yo lo amaba. Lo amaba Rafael, pero él no podía seguir viviendo después de lo que me hizo.
20:09Todo fue su culpa. La confesión escapó de sus labios como un suspiro venenoso. Rafael la miró,
20:18dolido pero sereno. «¿Te escuchas, Úrsula? ¿Has destruido todo lo que tocabas?». Tu amor no era
20:26amor, era dominio. Tu ambición mató a Julio y ahora te consume. De pronto, Úrsula estalló en una
20:35carcajada desgarradora. «¿Y qué sabes tú del amor? Tú, que te atreves a juzgarme. Siempre tan noble,
20:45tan perfecto, tan puro. ¿Crees que yo soportaré verte triunfar sobre mí?». Jamás. El brillo de locura
20:53en sus ojos se hizo más intenso. En un movimiento rápido, levantó el brazo y lanzó el abrecartas
21:01directo hacia el pecho de Rafael. Pero en ese mismo instante, una voz femenina irrumpió con fuerza. No,
21:09era Adriana, que había corrido desde el pasillo. Se lanzó hacia Rafael, empujándolo a un lado,
21:16justo cuando el filo pasaba rozando su hombro y se clavaba en la pared detrás. El abrecartas
21:23envenenado vibró contra la madera, mientras el veneno se esparcía lentamente en el aire.
21:29Adriana cayó de rodillas, jadeando. Rafael, incrédulo, se giró hacia Úrsula, que lo miraba
21:37con los ojos desorbitados. «Ibas a matarme», exclamó él, y su voz resonó por todo el salón.
21:46Úrsula retrocedió unos pasos, tambaleándose. «No, no, no iba a hacerlo. Solo quería que me
21:55escucharas», balbuceó, pero su mentira se desmoronaba a cada palabra. Mercedes y Pedrito
22:02llegaron corriendo en ese momento, seguidos por varios criados. Todos quedaron inmóviles
22:09ante la escena. El abrecartas clavado en la pared, Adriana en el suelo, Rafael con el
22:15hombro sangrando y Úrsula, pálida como un espectro, temblando de furia y miedo. Mercedes fue la primera
22:22en reaccionar. «¡Dios santo!», murmuró, llevando una mano a la boca. Rafael se inclinó hacia Adriana,
22:31ayudándola a incorporarse. «¿Estás bien?», preguntó con voz temblorosa. Ella sintió,
22:40aunque la conmoción la dejaba sin palabras. Úrsula, viendo que su plan había fracasado,
22:46se quebró por completo. Cayó de rodillas, riendo entre sollozos. «No lo entiendes,
22:53todos me traicionaron. Julio me engañó, Rafael me odia, y Ana, esa sirvienta, arruinó mi vida.
23:01Su voz era un grito desgarrado, mezcla de dolor y locura». Rafael se levantó lentamente,
23:08con la mirada fija en ella. «La verdad siempre sale a la luz, Úrsula. ¿No necesitabas matarme
23:16para condenarte? Ya lo hiciste tú misma». Los criados comenzaron a murmurar, horrorizados.
23:24Mercedes dio un paso adelante, su voz firme, aunque cargada de tristeza. «Llévenla a su habitación,
23:34que nadie la deje sola. La Santa Hermandad decidirá su destino». Úrsula levantó la cabeza,
23:42sus ojos vacíos y el rostro cubierto de lágrimas. «¿Mi destino?», repitió con un suspiro.
23:49«Mi destino ya está escrito». Y mientras los sirvientes la arrastraban fuera de la sala,
23:57su risa quebrada se mezcló con los sollozos de Adriana y el silencio tenso de Rafael. El veneno
24:03no había tocado su cuerpo, pero todos sabían que aquel intento de asesinato había sellado el fin
24:09definitivo de Úrsula de Guzmán. El caos se apoderó de la casa grande tras el intento fallido
24:16de asesinato. Los criados corrían de un lado a otro, algunos gritando, otros rezando,
24:24mientras la noticia se extendía como fuego entre los pasillos. Úrsula había intentado
24:29matar a Rafael. La familia entera estaba conmocionada. Rafael permanecía sentado en
24:36una silla del salón, con la camisa manchada de sangre por la herida en el hombro. Adriana,
24:42todavía temblando, sostenía un paño limpio contra la herida, mientras Mercedes daba instrucciones a
24:48los sirvientes «Traigan agua y vendas». ¿Y que alguien llame a la Santa Hermandad? Esto ya no puede
24:56ocultarse más. El ambiente era denso, casi irrespirable. Pedrito observaba la escena desde
25:04un rincón, abrazando sus rodillas. No entendía del todo lo ocurrido, pero sabía que su prima Úrsula ya
25:12no volvería a ser la misma. Aún resonaban en su mente las palabras que había escuchado horas
25:17antes. Todo terminará esta noche. En la planta superior, Úrsula había sido confinada en su
25:25habitación, bajo estricta vigilancia. Dos criados la custodiaban desde el pasillo. Mientras ella se
25:32debatía entre el delirio y la lucidez, su cabello, despeinado, caía sobre su rostro, empapado en
25:40lágrimas. No era mi culpa, murmuraba una y otra vez. Ellos me obligaron. Rafael me provocó. Julio me
25:51traicionó. Pero sus palabras ya no conmovían a nadie. Ni siquiera a Isabel, quien, pese a su habitual
26:00lealtad hacia la familia, había sido llamada para asegurar la puerta. «Dios la perdone», murmuró la
26:07gobernanta al escucharla gritar. «Porque los hombres no lo harán». A media tarde, un estruendo en el patio
26:15anunció la llegada de un grupo de jinete. Rafael se levantó con dificultad, reconociendo los uniformes
26:23negros y dorados de la Santa Hermandad del Reino. Al frente cabalgaba el capitán Ramiro de Lara,
26:29un hombre imponente, de mirada severa. Su presencia infundía autoridad y temor. Rafael de Guzmán lo saludó con
26:41una inclinación breve. «Hemos sido informados de un intento de homicidio en esta residencia. Dicen que
26:49la acusada es vuestra prima, doña Úrsula de Guzmán». «Oh, sí, esch», respondió Rafael,
26:55«¿y no hay duda alguna?». Intentó matarme con el mismo veneno con el que asesinó a mi hermano Julio.
27:04El capitán asintió, intercambiando miradas con sus hombres. «Tráedlo, órdeno con vos firme».
27:13En cuestión de minutos, dos soldados subieron las escaleras y regresaron sujetando a Úrsula,
27:20que se debatía entre gritos y risas nerviosas. «No me toquen. No pueden arrestarme en mi propia
27:28casa». Chillaba intentando zafarse, pero su fuerza ya no era la de antes. Los soldados la sujetaron
27:38sin dificultad, mientras ella lanzaba miradas de odio a todos los presentes. «Rafael, tú me
27:45obligaste. Todo esto es tu culpa». Adriana se aferró al brazo de Rafael, temiendo que el momento lo
27:52derrumbara, pero él se mantuvo erguido, con el rostro endurecido. «No, Úrsula. Esta vez no culparás a
28:02nadie. La justicia hablará por Julio, por Ana y por todos los que dañaste». Al oír el nombre de Ana,
28:11Úrsula se agitó bruscamente. «Mientes. Ana está muerta. Muerta», gritó con desesperación. Pero justo
28:19entonces, una voz femenina resonó desde la puerta del salón. «Viva estoy, señora. Y vengo a decir la
28:28verdad». El silencio fue absoluto. Todos giraron hacia la entrada, y allí estaba Ana, con el rostro
28:37pálido y el cuerpo cubierto por un manto oscuro. Detrás de ella, otros miembros de la hermandad la
28:44escoltaban. «Rafael la miró y insreduló». Adriana se llevó una mano al pecho, mientras Mercedes murmuraba
28:52una oración. Úrsula retrocedió unos pasos, el color desapareciendo de su rostro. «No, no puede
29:01ser. Tú estabas muerta. Te pagué para que desaparecieras». Ana la observó con una calma
29:09helada. Intentó matarme en el bosque, pero Dios quiso que sobreviviera. «¿Y he regresado para
29:17confesarlo todo ante la hermandad?» El capitán Ramiro dio un paso adelante. «Entonces será usted
29:25quien testifique, doncella». «¿Y será su palabra la que decida el destino de esta mujer?» Úrsula,
29:34presa del pánico, comenzó a reír y llorar al mismo tiempo. «Mentiras. Todos son mentiras. Yo soy
29:42inocente». Gritaba mientras los soldados la arrastraban fuera del salón. Pero su voz se
29:50perdió entre el ruido de las botas y los sollozos de los presentes. Rafael se acercó a Ana, que temblaba
29:57levemente. «Creí que habías muerto», le dijo con emoción contenida. Ana bajó la mirada. «Quise morir,
30:06señor». Pero comprendí que debía vivir para que la verdad saliera a la luz. Mercedes posó una mano
30:14sobre el hombro de Rafael. «Julio puede descansar en paz ahora», susurró. Él asintió lentamente,
30:23observando cómo Úrsula desaparecía por la puerta, convertida ya en un espectro del poder que una vez
30:30tuvo. La justicia estaba en camino, pero el precio de esa verdad había sido demasiado alto. El regreso
30:38del marqués de Guzmán trajo consigo un aire de restauración y justicia que la casa grande no había
30:45sentido en años. Su sola presencia bastó para que los criados dejaran de murmurar y los miembros de la
30:52familia recobraran algo de dignidad. Don Hernando, con su porte imponente y su voz grave, no tardó en
31:01tomar el control de la situación. Desde hoy proclamó en el gran salón. «Ninguna decisión se tomará sin
31:09mi consentimiento». El apellido Guzmán ha caído en el descrédito, pero yo me encargaré de limpiar su
31:16mancha. Rafael se mantuvo a su lado, silencioso pero firme. A su alrededor, todos comprendían que
31:24el marqués había vuelto no solo para impartir justicia, sino para poner fin a los abusos y
31:30ambiciones que habían corrompido el valle. «Has hecho bien en regresar, tío», dijo Rafael con
31:37respeto. «El caos reinaba desde tu ausencia. José Luis se ha extralimitado. Y Úrsula. Bueno,
31:47su destino ya está sellado». Don Hernando asintió, con un gesto grave. «Lo sé, pero el daño que ha
31:56causado tardará en borrarse. Julio era más que un heredero, era el alma de esta familia. Su muerte no
32:04quedará impune». Poco después, el marqués convocó a todos los Guzmán y sirvientes importantes en el
32:12comedor principal. La reunión fue tensa. José Luis apareció tarde, vestido con pompa y orgullo,
32:20sin sospechar que su autoridad estaba a punto de desplomarse. «Querido hermano», comenzó con su
32:26habitual tono de superioridad. «Me alegra verte de vuelta. Has llegado justo a tiempo para conocer mi
32:34nombramiento en el consejo real». Don Hernando lo miró con frialdad. «Tu nombramiento será
32:41revisado», dijo con voz cortante. «El consejo no necesita más hombres cegados por la ambición,
32:49sino por el deber». José Luis se hirguió, ofendido. «¿Me juzgas después de tantos años de lealtad al
32:57nombre Guzmán? He mantenido este lugar mientras tú te ausentabas». «Lo has mantenido para ti mismo»,
33:05replicó el marqués. «Has convertido el valle en un feudo de intereses personales. Has manipulado
33:12matrimonios y destruido vidas, todo por poder. ¿Y para qué? Tu casa está dividida, tus hijos se
33:20desprecian y tu honor se ha marchitado». El silencio que siguió fue demoledor. Rafael observó
33:28cómo su padre por primera vez no encontraba palabras. Adriana, de pie al fondo, contuvo el
33:36aliento. José Luis intentó mantener la compostura, pero su voz tembló. «He hecho lo que consideré
33:44necesario». «Necesario», repitió Hernando, con amarga ironía. También Úrsula creía necesario
33:52matar por amor. Ambos confundieron el deber con el egoísmo, pero el tiempo de las excusas ha terminado.
34:01Mercedes intervino suavemente. «Señor, el pueblo necesita saber que la justicia existe. Han vivido
34:10demasiado bajo el miedo y la mentira». El marqués asintió. «Así será. He enviado aviso al consejo del
34:20reino. La santa hermandad permanecerá aquí hasta que se dicte sentencia, y si hay más culpables,
34:28serán también desenmascarados». Mientras tanto, fuera del salón, la tensión se extendía hasta la casa
34:36pequeña. Tomás, que había escapado del caos del día anterior, aprovechaba la confusión para ejecutar
34:43su propio plan. Convenció a Atanasio, el viejo mayordomo, de acompañarlo con el pretexto de
34:50entregar unos documentos del duque. En realidad, pretendía entrar al ala donde se guardaban los
34:57objetos valiosos, entre ellos la famosa talla dorada que había intentado robar junto a Luisa.
35:05Atanasio, ajeno al engaño, lo seguía con paso torpe. «No entiendo por qué tanta prisa, Tomás. ¿No
35:14podríamos esperar a que el marqués se instale?». El ladrón sonrió con frialdad. «El marqués tiene
35:21asuntos más importantes. Solo debemos asegurarnos de que este encargo se cumpla». Pero lo que Tomás no
35:29sabía era que Luisa, enterada de su plan, había enviado a Pepa a advertir a Mercedes, y ésta,
35:37en silencio, había avisado al propio marqués. Don Hernando no tardó en preparar una trampa. Esa
35:45misma noche, cuando Tomás y Atanasio entraron en el salón de los tesoros, fueron sorprendidos por
35:52los hombres de la hermandad. Alto ahí tronó una voz. Tomás intentó huir, pero fue reducido al
36:00instante. Su intento desesperado por negar los hechos solo lo hundió más. «Fue idea de ella,
36:07de Luisa. Yo solo la ayudaba», gritó. Pero Mercedes apareció detrás del capitán,
36:15con la serenidad de quien conoce la verdad. «Mentira». Luisa lo denunció para proteger la
36:23casa. «Usted, Tomás, no solo es un ladrón, sino un cobarde». El marqués observó la escena con
36:31desdén, otro gusano más bajo mi techo, que lo lleven con la hermandad. Allí decidirán si su
36:39castigo será el destierro o la horca. Mientras se lo llevaban, Rafael cruzó una mirada con su tío.
36:47Ambos sabían que el valle estaba purgando sus pecados, uno a uno, pero el precio de esa limpieza
36:54era demasiado alto. Sangre, traición y ruinas. Don Hernando, mirando por la ventana hacia los
37:03campos oscuros, murmuró. «La justicia ha vuelto a valle salvaje. Ahora solo falta que el perdón
37:11encuentre lugar». El amanecer del día siguiente trajo una calma tensa al valle. Tras la captura de
37:20Úrsula y el arresto de Tomás, la casa grande parecía vacía, como si las paredes mismas hubieran
37:26exhalado un suspiro de alivio, pero bajo esa apariencia de quietud se escondía una sensación
37:33de duelo. Todos sabían que las heridas dejadas por tantos años de mentiras y ambición no sanarían
37:41pronto. Rafael se despertó temprano, incapaz de dormir. Caminó hasta el jardín, donde solía
37:49pasear su hermano Julio. Allí, bajo los álamos que se mecían con el viento, dejó caer una flor
37:56blanca. «Lo hemos logrado, hermano», susurró con voz baja. «Tu muerte no quedará impune». Pero ojalá
38:05no hubiera tenido que pagar tanto para conseguirlo. Adriana lo observaba desde la distancia. Su rostro,
38:12aunque sereno, reflejaba cansancio. La noche anterior había sido testigo de demasiadas lágrimas,
38:21demasiados gritos. Aún así, se acercó a Rafael y puso una mano en su hombro. «Julio estaría orgulloso
38:30de ti», dijo suavemente. «¿Fuiste más valiente que todos nosotros juntos?» Rafael sonrió con
38:38amargura. «No lo hice por orgullo. Lo hice porque alguien debía hacerlo. Si no hubiésemos enfrentado
38:47a Úrsula, su sombra seguiría gobernando este lugar». Ambos se quedaron en silencio unos instantes.
38:55Desde el patio se escuchaban los cascos de los caballos de la hermandad, que preparaban
39:01la caravana para trasladar a los prisioneros. Úrsula y Tomás serían llevados a la sede
39:07provincial, donde se dictarían sus sentencias. Mientras tanto, en la casa pequeña, Luisa
39:14rezaba frente a una vela encendida. Sus manos temblaban levemente. Pepa entró en silencio
39:22y le ofreció una taza de agua. «Ya se los llevan», dijo en voz baja. «Tomás pagará
39:28por todo lo que te hizo». Luisa asintió con un nudo en la garganta. «No siento alegría,
39:35Pepa. Solo cansancio. He vivido con miedo tanto tiempo que ya no sé cómo se siente la paz.
39:43Pues tendrás que aprender», respondió su hermana, tomándole la mano. «Porque de ahora en adelante
39:51nadie volverá a humillarte». En la casa grande, Mercedes ayudaba a los hombres de la hermandad
39:57a preparar los documentos de entrega. Don Hernando supervisaba todo con la serenidad del deber cumplido.
40:04A su lado, el capitán Ramiro esperaba sus órdenes. «Ambos serán juzgados en la capital»,
40:12explicó el marqués. «Úrsula por asesinato y conspiración. Tomás por robo y desacato.
40:21Ninguno volverá al valle». Rafael intervino. «Déjelo en manos de Dios, tío». «La justicia
40:29terrenal puede castigar, pero solo él puede perdonar». El marqués lo miró con respeto.
40:36«Tienes razón, hijo. Pero que quede claro, el perdón no borra la verdad. Esta casa se
40:44ha manchado de sangre y tomará años limpiar su memoria». Úrsula fue conducida al patio
40:51principal. Vestía un simple vestido gris. Sus cabellos desordenados ocultaban un rostro
40:58demacrado. A su lado, Tomás caminaba cabizbajo, con las muñecas atadas. La gente del valle
41:06se reunió para presenciar su partida. Nadie gritó ni arrojó piedras. El silencio era su
41:13condena más severa. Cuando pasó frente a Rafael, Úrsula levantó la vista. Por un momento,
41:21su mirada recuperó algo de la antigua arrogancia. «¿No creas que has ganado?», murmuró con voz
41:27ronca. Un Guzmán no se arrodilla ante nadie, ni siquiera ante la muerte. Rafael la observó con
41:35compasión. «No busco tu derrota, Úrsula. Solo la paz que tú nunca supiste dar». Los guardias la
41:44empujaron para que subiera al carro. Ella lanzó una última carcajada, rota y amarga. Antes de
41:52desaparecer entre la multitud, Adriana, que observaba desde las escaleras, sintió una lágrima
41:58deslizarse por su mejilla. «Así termina todo», susurró. Mercedes, a su lado, respondió. «No,
42:07hija». «¿Así empieza algo nuevo?». El marqués dio la orden final y los caballos emprendieron el
42:15camino hacia la ciudad. El polvo del camino se levantó lentamente, como un velo que se cerraba
42:22sobre los pecados del pasado. Cuando el ruido se desvaneció, Rafael se volvió hacia su tío. «¿Y
42:29ahora qué será del valle?». Don Hernando respiró hondo antes de responder. «Ahora vendrá el trabajo
42:37más difícil. Reconstruir?». No solo las tierras, sino las almas. Valle salvaje tiene que aprender a
42:46vivir sin miedo». Rafael miró el horizonte. Los campos dorados brillaban bajo el sol de la mañana y
42:54por primera vez en mucho tiempo el aire parecía limpio. «Entonces que así sea», dijo, con una calma
43:02profunda. «Que este valle conozca por fin la justicia y la esperanza. El día avanzó lentamente
43:10sobre un valle distinto. Los ecos de los acontecimientos recientes seguían flotando en
43:16el aire, como un susurro de advertencia que nadie olvidaría. En la casa grande, las cortinas abiertas
43:24dejaban entrar la luz del mediodía, símbolo de una nueva etapa que, aunque incierta, prometía
43:30redención. Rafael permanecía en el despacho de su hermano Julio. Aquel lugar, que durante tanto
43:38tiempo había evitado, se había convertido ahora en su refugio. Sobre el escritorio, los documentos,
43:46los planos y los libros del difunto duque estaban cuidadosamente ordenados. Entre ellos, Rafael halló
43:53una carta inacabada, escrita con la letra de Julio. «Si algo me ocurre, que el valle quede en manos
44:00justas, la tierra no pertenece al que la domina, sino al que la cuida», Rafael la leyó en silencio,
44:09conmovido. «Izoari hermano». «Lo prometó», murmuró. Su voz quebrada llenó el silencio del despacho,
44:18mientras una brisa ligera movía las cortinas. Adriana entró con paso suave. «Estás aquí desde el
44:27amanecer», dijo con ternura. «¿Todos te buscan?» «Hasta Pedrito pregunta por ti». «Es
44:35hondriudí biemanté». «Necesitaba despedirme de Julio, aunque sé que nunca se fue del todo». «Su espíritu
44:43sigue aquí, en estas paredes, en los campos, en cada persona que sufrió por su pérdida».
44:49Adriana se acercó a él y puso una mano sobre la carta. «No estás solo, Rafael. Este valle te
44:58necesita. Eres el heredero del deber, no del poder». Julio lo sabía. Rafael asintió lentamente. Tal vez
45:09ahora pueda cumplir lo que él quiso. Un valle donde la justicia no sea privilegio de unos pocos.
45:16Mientras tanto, en la cocina, Mercedes daba órdenes para preparar comida para los jornaleros. «Hoy no se
45:24trabaja», dijo con firmeza. «Hoy el valle respira». Eva, con su energía de siempre, reía mientras amasaba
45:33pan. Ya era hora. Hace años que no veía esta casa tan tranquila. Pepa apareció con una canasta llena
45:41de flores silvestres. «Son para el altar de don Julio», explicó. Luisa, de pie junto a ella,
45:49sonrió con serenidad. «Sí, que descanse en paz y que nosotros aprendamos de todo esto». En los
45:58establos, Martín y Francisco conversaban mientras revisaban las herramientas. «¿Crees que ahora
46:05todo será distinto?», preguntó Martín. Francisco sonrió. «Dependerá de nosotros». Don Hernando ha
46:15devuelto el orden, pero la esperanza, y la esperanza, la traemos los que quedamos». Esa misma tarde, el
46:24marqués reunió a todos en el patio. «La justicia ha sido hecha», declaró con voz solemne. «Pero recordad
46:32que la justicia sin compasión solo engendra rencor. Que la caída de los culpables no nos convierta en
46:41verdugos. Vale salvaje, debe aprender a sanar». Rafael le dio un paso al frente. «Mi tío tiene razón.
46:51No olvidemos a quienes cayeron, pero tampoco vivamos atados al pasado». Julio, Ana, incluso
46:58Úrsula, forma un parche de esta historia. «¿Y la historia, por cruel que sea, nos enseña a no
47:05repetir los mismos errores?» Un murmullo de asentimiento recorrió la multitud. Por primera
47:12vez en mucho tiempo, los rostros de los sirvientes y campesinos reflejaban algo distinto al miedo.
47:19Esperanza. Adriana, de pie a un lado, miraba a Rafael con orgullo. En su mirada se adivinaba
47:28un cariño profundo. Nacido entre el dolor y la valentía, Pedrito, aferrado a su falda,
47:36preguntó en voz alta. «¿Entonces el valle ya está libre?» Ella sonrió y respondió. «Sí,
47:43Pedrito. Libre de mentiras, al fin». El marqués extendió su bastón hacia el horizonte. «Hoy
47:52comienza una nueva era para los Guzmán», proclamó. «Y también para todos los que trabajan estas
48:00tierras, que el nombre del valle, una vez manchado por el crimen, vuelva a ser símbolo
48:06de honor». El sol comenzó a descender, tiñendo el cielo de tonos dorados y rojizos. Rafael tomó
48:14la mano de Adriana y juntos miraron el paisaje. «¿Lo ves?» dijo él con voz baja. «Parece que el valle
48:22respira otra vez». Ella asintió. «Respira y perdona». Las campanas de la capilla repicaron a lo lejos,
48:32anunciando el cierre de un capítulo y el inicio de otro. No dijo Blumash. Todos miraron hacia el
48:40horizonte, donde el sol se ocultaba tras los campos que alguna vez fueron testigos de traición y ahora
48:48eran promesa de renacimiento. Valle salvaje al fin encontraba la paz.
Comentarios

Recomendada