LA PERTINACIA DEL REHUSE SALUTATORIO DADO POR SOBERBIA, HACE CORRER LA PLUMA CORROSIVA DE LA MAGISTRATURA REGIA. La funcionaria royal debía estar un poco hasta el mismísimo moño, con eme, de la recepción que les dispensó a ella y a Felipe El Preparao, el emperador del Japón y su esposa la emperatriz Michiko e iba un tanto harta en el coche de estado que la casa imperial había puesto a su disposición, de manera que no quiso saludar amablemente al populacho que les contemplaba en la amplia explanada Koiko Gaien, a la salida del palacio imperial de Tokio. Una incompostura que contrasta con la disposición al saludo de Felipe El Preparao. Los deleites carnales, como la vagamundia en no cumplir con los deberes inherentes a la posición royalesca, deben ser desterrados del hábito cotidiano del royal, como lo debe ser la desigual ganancia en el contrato de compañía que es, en esencia, el matrimonio dentro de la realeza. Los esquilmos del deber no indultan al royal por que sea, de suyo, inimputable de responsabilidades, sino que lo persiguen como el desestorbo de los males que es el infortunio en la vida. Serán, pues, siempre tres las virtudes principales de un royal: su carácter sumo, universal y sobrenatural.
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