00:00Para todos los amantes de la fiesta brava, las corridas de toros, con mucho cariño quiero
00:11declamarles esta cotorna mía para que ustedes vean lo que sucede cuando por congraciarse
00:19con una persona se le nombra presidente de una corrida de toros cuando esta persona no
00:27ha visto nunca en la vida una corrida de toros.
00:31Don Isidoro Trinchera, viejo sano y circunspecto, fue designado prefecto del pueblo La Topochera.
00:40En su cargo el viejo era un funcionario cumplido, trabajador comedido y se portó tan decente
00:48que llegó a ser prontamente por todo el pueblo querido.
00:52Como son tradicionales ya por Venezuela entera, también en La Topochera había fiestas patronales,
00:59así que dos concejales, el boticario y el cura, fueron a la prefectura para pedirle a Trinchera
01:06que la fiesta presidiera de acuerdo a su investidura.
01:10Queremos, don Isidoro, que usted sea el presidente y diga si usted consiente que haya corrida de toros.
01:18Con un terno de grana y oro vendrá un torero famoso, no va a salir muy costoso y quizás por vez primera
01:25gozará La Topochera de un espectáculo hermoso.
01:30Claro que como prefecto y persona tan querida, pues consideramos correcto que presida la corrida.
01:36Pero si yo en mi vida he visto lidiando un toro, protestó don Isidoro.
01:43Yo de corrida no entiendo, mas le fueron convenciendo y aceptó con grande coro.
01:51Muy bien, llegó el esperado día.
01:54Don Isidoro Trinchera allá en la contrabarrera saludaba y sonreía.
01:59La corrida presidía sin entender ni un pelillo.
02:02Se inició el paseillo, comenzó a tocar la orquesta y completaban la fiesta cohetes y papelillos.
02:11El matador se portó como los buenos de vera.
02:15Verónicas, gaoneras, chicuelinas, qué sé yo.
02:19Y antes de matar llegó hasta la contrabarrera.
02:23Quitándose la montera miró hacia la presidencia y haciendo una reverencia le brindó el toro a Trinchera.
02:29Con la muleta y la espada hizo ese hombre maravilla.
02:34Mató al toro sin puntilla de una certera estocada.
02:38La muchedumbre gritaba, chillaban niñas y viejas.
02:42Y como enjambre de abejas un solo rumor se oía el público que pedía para el torero la oreja.
02:49¡Oreja! ¡Oreja! ¡Oreja!
02:51Don Isidoro el prefecto, que de toros no sabía.
02:56Lo de oreja lo entendía como el apodo del diestro.
03:00Hasta que el concejal nieto se aproxima y le aconseja.
03:04Ese público se queja, ciudadano presidente, si al torero no consiente usted en darle una oreja.
03:11¿Para? ¿Así? Ah, bueno.
03:14Isidoro, bonachón, ingenuo como un chiquillo, sacó del cinto un cuchillo y se cortó el pabellón.
03:23Y gritando a todo pulmón tiró al ruedo su tesoro y dijo,
03:27¡Yo los adoro!
03:29Y ahí está la oreja pues, pero es la última vez que en la topochera hay toros.
03:34Y no era gallego.
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