La capacidad de Angela Merkel, para imponer sus criterios en las cumbres europeas tal vez tenga algo que ver con sus niveles de testosterona, al menos eso se deduce de un estudio realizado por investigadores del Centro Wellcome Trust de Neuroimagen, de la Escuela Universitaria de Londres (UCL). El trabajo concluye que la testosterona hace que el individuo sobrevalore su propia opinión, sea más egocéntrico y menos dispuesto a cooperar con el resto del grupo. Por el contario, cuando predomina la oxitocina (una hormona que se sintetiza en el hipotálamo y que, entre otras funciones, parece que está involucrada en el establecimiento de relaciones de confianza y generosidad interpersonales) los miembros de un grupo se ponen de acuerdo para resolver los problemas. Estos hallazgos pueden tener implicaciones en cómo las decisiones del grupo se ven afectadas por los individuos dominantes, hasta el punto de que si tienen una conducta egocéntrica, al final resulta negativo para todo el equipo.
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