Lejos de ser independientes, nuestros sentidos interactúan para dar lugar a la percepción coherente del mundo que nos rodea. Así, la interacción de la información proveniente de los sentidos parece ser la regla más que la excepción, y nos muestra que puede incluso alterarse la percepción del sabor al cambiar el color de la comida o la bebida. Morrot, et al. sometieron a un grupo de 54 expertos catadores de vino a un curioso experimento. En una primera fase, los enólogos tenían que describir un vino tinto y un vino blanco basándose sólo en su olor. Esto dio lugar a una terminología distinta asociada a cada tipo de vino. En la segunda fase, los investigadores añadieron un colorante rojo al vino blanco, “convirtiéndolo” en vino tinto. Los expertos catadores de vino repitieron la operación de la primera fase. Los resultados mostraron que describían el vino blanco coloreado en rojo con la terminología propia asociada al vino tinto. La información visual “engañaba” a su olfato.
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