Infiernos hay muchos, y este es uno de ellos.
Aquí el año se divide en dos condenas: un clima extremadamente seco que supera los 40 grados, donde esa tierra rojiza se convierte en una costra dura y abrasiva que tritura los neumáticos y desgasta cada superficie metálica del camión… y una temporada de lluvias torrenciales que transforma esa misma tierra en un fango extremadamente pegajoso que se adhiere a toda la mecánica del camión.
En época de lluvia, totalmente cargados de bauxita, estos camiones llegan a rozar las 130 toneladas. Y durante todo el año, 350 de ellos trabajan sin prácticamente descanso, conectando el yacimiento con la terminal portuaria, recorriendo de media 66 millones de kilómetros al año.
En estos entornos los vehículos no se eligen a la ligera. La economía de países como Guinea depende casi por completo de sus recursos naturales… sin bauxita, el país prácticamente desaparecería. Por eso, la resistencia de esta infraestructura minera no es un detalle técnico: es la que sostiene la supervivencia de toda una nación.
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