Salió del examen pensando que lo había reventado. Luego vio cómo su posición en el ranking bajaba del 50 al 100 al 200 según iban entrando notas. Y en lugar de bloquearse, analizó las físicas, calculó que necesitaba alrededor de 42 puntos y medio, y se puso a trabajar en lo que podía controlar: cabeza, alimentación y descanso.
Lo que más llama la atención de su historia no es el resultado — es la forma en que gestionó la incertidumbre. Sabía dónde iba a pecar en el temario, no se jugó las que no sabía y cuando terminó el examen escrito, ya estaba pensando en el siguiente paso. Sin drama.
¿Qué harías tú después del examen?
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