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Hay hombres que cruzaron el mar para llegar a Tierra Santa. Los hubo también que empujaron la frontera hacia el sur durante cincuenta años, palmo a palmo, bajo el sol de Andalucía. Nadie les ha contado la historia. Hasta ahora.

Guillem de Montclar tenía dieciséis años y las manos del hijo de un herrero cuando un caballero del Temple le ofreció algo que ningún chico de su pueblo podía soñar: un caballo, una espada y un lugar en el mundo.

Lo que vino después fueron cincuenta años de batallas, fronteras y hombres que merecen ser recordados.

Desde las colinas de Cataluña hasta los últimos castillos de Murcia, desde el desembarco en Mallorca hasta las puertas de Valencia, Guillem vivió en primera persona el mayor avance territorial de la historia española. Y aprendió lo que las crónicas no cuentan: que conquistar es fácil. Gobernar lo conquistado sin destruirlo es lo difícil. Y que la frontera no es solo una línea en el mapa: es el lugar donde los hombres descubren quiénes son de verdad.

Una novela que te pone en primera línea de la Reconquista como si estuvieras allí.

Conocerás a Jaime I el Conquistador tal como fue: brillante, impulsivo, capaz de la generosidad y de la crueldad con la misma facilidad. Vivirás el desembarco en Mallorca bajo fuego enemigo, la caída de Valencia y los años de la frontera más peligrosa de Europa. Y conocerás a los hombres que lo hicieron posible y que la historia oficial olvidó.

El compañero que duerme antes de la batalla porque tiene el don de no anticipar lo que no ha ocurrido todavía. El médico árabe que sabe exactamente de qué lado está y elige no estar de ninguno. El comandante almohade que combate por las mismas razones que tú, solo que en la dirección contraria.

La hermandad del Temple fue real. Esta es la historia de los que la vivieron en tierra ibérica.

Segundo libro de la serie Los Caballeros del Temple.

Categoría

🦄
Creatividad
Transcripción
00:02Miravet, año del señor de 1268, encontré las memorias de Arnaud de Castelnau en el invierno
00:13de 1265 en la biblioteca del castillo de Miravet, las encontré por accidente, que es la forma
00:23en que se encuentran las cosas que cambian algo. Yo buscaba un registro de arriendos del
00:30año 1240 y en su lugar. Mis manos dieron con un fajo de pergaminos atados con cuero
00:37marrón sin título en la cubierta, con una caligrafía que no era la de ningún escribano
00:44de la orden. Tardé dos días en entender que estaba leyendo la vida de un hombre. Tardé
00:52dos semanas en terminar de leerla. Y cuando terminé, me quedé sentado durante un rato
01:00largo con los pergaminos sobre las rodillas y el ebro sonando afuera, pensando en lo que
01:06había leído y en lo que significaba que yo lo hubiera encontrado. Arnaud de Castelnau
01:13fue caballero del temple durante 20 años en Tierra Santa. Vio la caída de Jerusalén,
01:22estuvo en Hattin. Combatió en la tercera cruzada bajo el mando de Ricardo de Inglaterra.
01:30Sus memorias son las de un hombre que estuvo en el centro del mundo y lo vivió con los
01:34ojos abiertos. Son también la escritura de alguien que sabe escribir, que ha leído lo
01:41suficiente como para saber que las palabras tienen peso propio y que hay que elegirlas
01:46con cuidado. Yo no soy ese hombre. Soy el hijo de un herrero de Montclar en las tierras
01:55del Berguedá catalán que entró en la orden a los 16 años con las manos callosas y el
02:00catalán de las montañas y sin más lectura que lo imprescindible. Nunca crucé el mar hacia
02:07la tierra santa. Nunca vi Jerusalén ni el lago Kineret ni el desierto de Judea que Arnaud
02:13de Castelnau describe con el amor del que añora algo que ya sabe que no va a volver.
02:20Mi tierra santa fue esta. La frontera del sur la que se fue moviendo palmo a palmo durante
02:2750 años mientras yo empujaba del lado de acá. Mi hatín fue las navas de Tolosa el 16 de
02:38julio de 1212 cuando tenía 18 años y aún creía que el valor era una cosa que se tenía
02:44o no se tenía y no una cosa que se construye todos los días con los mismos materiales con
02:50que se construye cualquier otra cosa. Trabajo, repetición y la voluntad de no detenerse.
02:59Mi Jerusalén fue Valencia. La vi caer el 28 de septiembre de 1238 con 44 años y el pelo
03:07ya gris en las sienes desde una posición en el flanco sur del asedio. La vi caer y pensé
03:14en el hermano Ramamón de Cervera que murió nueve años antes en el desembarco de Mallorca
03:19y que nunca llegó a ver esto y que habría querido verlo más que ninguna otra cosa.
03:27Escribo esto porque las memorias de Arnaud de Castelnau me enseñaron algo que yo sabía
03:32pero no había articulado. Que la historia la hacen los cronistas con los hechos que les
03:37conviene recordar y que los hechos que no les conviene recordar los hace el silencio.
03:45Y el silencio es muy grande. Cubre mucho territorio. Cubre por ejemplo 50 años de frontera ibérica
03:54donde hombres a los que nadie va a nombrar en ninguna crónica episcopal ni en ningún poema
04:00de gesta fueron haciendo el trabajo que los poemas de gesta describen como glorioso y que
04:06en la práctica era menudo sucio, agotador, moralmente complicado y absolutamente necesario.
04:14Escribo esto porque el hermano Bernat de Rocafort que murió a mi lado en la sierra de Segura
04:20en el año 1265 y que llevaba 55 años siendo mi mejor compañero y el hombre más honesto
04:29que ha conocido se merece que alguien lo nombre. Porque Yusuf Alcurtubi el médico Mossarabe que me
04:36enseñó más sobre la frontera que ningún caballero se merece que alguien lo nombre. Porque Catalina de
04:42Bajes que administró las tierras de la encomienda con más inteligencia que cualquier preceptor que yo
04:47haya conocido se merece que alguien lo nombre. Y porque la frontera no la línea en el mapa sino la
04:57frontera
04:57como lugar donde los hombres descubren quienes son de verdad. Cuando el mundo les pone a prueba se merece
05:04que alguien la describa tal como era. No la frontera de los poemas épicos sino la frontera real con su
05:13polvo y su calor y su violencia y su extraña belleza del lugar donde dos mundos se tocan y ninguno
05:18de los dos
05:19puede ignorar al otro. Tengo 74 años. El cuerpo me avisa de que no me quedan
05:26muchos inviernos. El ebro suena afuera con su ruido de agua que no pregunte ni espera
05:33respuesta. Y yo tengo esta vela y estos pregaminos y 58 años de vida en la orden que contar.
05:47Empiezo.
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CREANDO PATRIA
Creador
Hay hombres que cruzaron el mar para llegar a Tierra Santa

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