En 2020, el Science of Scare Project conectó a decenas de personas a monitores cardíacos mientras veían películas de terror. Midieron sus pulsaciones, el estrés y las reacciones del cuerpo.
La película que provocó más miedo fue Sinister, estrenada en 2012.
Durante la proyección, el corazón de los espectadores aumentó en promedio un 34%, y sus niveles de tensión se mantuvieron altos casi todo el tiempo. Los científicos le dieron una puntuación de 96 sobre 100, colocándola por encima de clásicos del terror.
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