La ciudad autónoma de Ceuta se enfrenta a una de sus semanas más críticas en materia migratoria, con una presión en la frontera que recuerda a los episodios más graves vividos en años anteriores. La saturación de los recursos de acogida ha llegado a un punto de no retorno, con centenares de personas instaladas en asentamientos precarios a la espera de una plaza en instalaciones oficiales que ya superan con creces su capacidad máxima.La situación en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) es actualmente insostenible. Aunque el recinto cuenta con una capacidad oficial de 512 plazas, el número de internos ya asciende a 694, mientras que en el exterior aguardan entre 800 y un millar de personas más. Muchos de estos inmigrantes duermen sobre el asfalto, protegidos por mantas rojas de la Cruz Roja o en tiendas improvisadas con cartones y ramas para resguardarse del sol.Ante este escenario, los agentes de la Guardia Civil desplegados en la zona no ocultan su preocupación. "El CETI es una olla a presión. Siguen llegando por cientos cada día", comenta un agente, quien además apunta a una posible falta de colaboración del país vecino para frenar las salidas desde las playas de Castillejos. En el cuerpo de seguridad se vincula este repunte a una reciente sentencia judicial, señalando que "es inevitable pensar que hay un 'efecto llamada' por esa razón", en referencia a la imposibilidad de realizar devoluciones en caliente por mar.Con la frontera terrestre sellada, la ruta marítima se ha convertido en la principal vía de acceso para cientos de marroquíes que huyen de la pobreza. Mohamed, un joven de 23 años que anteriormente vivió en Barcelona, es uno de los que logró alcanzar la costa ceutí tras una dura travesía: "Salí a las tres de la madrugada desde la playa de Castillejos. A las cinco llegué a la del Tarajal. Lo hice solo, nadando sin aletas, sin neopreno, sin flotador. Casi me quedo congelado. Hacía mucho, mucho frío".Su testimonio subraya la desesperación existente al otro lado de la valla, asegurando que en su país de origen "hay mucha hambre". Según Mohamed, la vigilancia de los gendarmes marroquíes es insuficiente ante la masa de personas que busca cruzar: "más de 3.000 personas están esperando en las playas de Marruecos para pasar a nado".El presidente de la ciudad, Juan Vivas, ha comparecido para calificar la situación de “grave”, alertando de que todos los servicios están saturados. "Estamos viviendo una situación extremadamente complicada", aseguró Vivas, detallando que el ritmo de entradas supera las 200 personas al día, incluyendo un alto número de menores de edad que son derivados a centros de emergencia en el polígono del Tarajal.Mientras tanto, en las inmediaciones del puerto, grupos de jóvenes deambulan todavía con trajes de neopreno tras ser rescatados por embarcaciones de Salvamento Marítimo que trabajan sin descanso. La crisis humanitaria se hace visible en cada esquina, desde inmigrantes que preguntan por la ubicación del CETI para poder "comer y descansar, hermano" hasta aquellos que necesitan asistencia médica tras recibir, presuntamente, golpes de las autoridades marroquíes antes de lanzarse al mar.