00:00Odio y rabia. Estos dos sentimientos, hermanados en la oscuridad, se han conjugado para sazonar
00:09el altísimo clima de violencia que nos envuelve. No son brotes espontáneos, sino sedimentos
00:16incubados que laten bajo la superficie de la cotidianidad, alimentados por la marea incesante
00:24de imágenes y contenidos que las redes sociales vomitan cada día. Ese torrente digital crea la
00:31percepción de que el país vive atrapado en una espiral de confrontaciones brutales y de un
00:37lenguaje de odio y desprecio que tiñe cada interacción. La viralización de sus contenidos,
00:44junto con las imprecaciones que los acompañan, se convierte en un combustible letal contra la
00:51concordia y la convivencia. Y ese combustible, por sí solo, no solo enciende, sino que propaga
00:58explosiones de ira, intolerancia, peleas callejeras, insultos y frustraciones acumuladas que se palpan
01:06a diario en el aire denso de las ciudades. Nunca antes habíamos presenciado tantos altercados entre
01:13ciudadanos y autoridades en abedinas y barrios ni tantas confrontaciones desgarradoras entre parejas
01:21que un día formaron un hogar y hoy lo destruyen con saña. Tampoco habíamos sentido con tanta crudeza
01:29cómo las leyes, ignoradas por la mayoría en las más diversas circunstancias, nos arrastran a una
01:37acelerada devaluación del sistema jurídico e institucional del país. Estos síntomas revulsivos
01:44son indicadores nítidos de una sociedad enferma, apabullada por su propio peso y entrampada en un
01:53laberinto sin salir a pared. Incluso los pilares históricos de la democracia, los partidos políticos,
02:00han perdido representatividad y capacidad de influencia en este contexto. Ya son otros los
02:07actores que marcan el rumbo del debate. Aquellos que sabiendo pulsar con maestría los resortes del
02:15odio, la rabia y hasta el miedo, emociones naturales pero hoy hiperestimuladas, toman el control del
02:22discurso y logran un eco mediático descomunal. Urge, pues, buscar antídotos con la misma velocidad
02:30con que se propague el veneno. El primer antídoto está en recuperar la palabra frente al grito,
02:37la reflexión frente al reflejo y la ley frente al desacato emocional y generalizado. Sin ello,
02:46el odio y la rabia seguirán siendo los amos de la escena y nosotros, meros espectadores de nuestra
02:54propia descomposición.
02:55¡Gracias!
02:56¡Gracias!
02:56¡Gracias!
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