Desde el lunes, la Cruz Roja rusa comenzó a repartir ayuda humanitaria —alimentos, agua potable, productos de higiene y equipos de movilidad— entre la población de la Crimea anexionada, en medio de un deterioro drástico de las condiciones de vida en la región.
En el norte de la península, varios asentamientos llevan más de nueve días sin electricidad, lo que ha provocado además cortes de gas, agua potable y servicio móvil. Los residentes exigen en redes sociales una evacuación oficial de las zonas más afectadas y el restablecimiento urgente del suministro de combustible, mientras se reportan casos crecientes de saqueos.
La temporada turística de verano se ha derrumbado por completo, a pesar de una inyección de 4.300 millones de rublos del presupuesto federal, que según analistas locales no llegará a los negocios reales sino a manos de colaboradores locales. A esto se suman severas restricciones bancarias a los retiros en cajeros automáticos, que han paralizado el pequeño comercio, y una escalada histórica en el precio de la gasolina, que en algunos puntos alcanzó los 4,30 € por litro —más del doble del promedio en la Unión Europea.
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