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  • 2 days ago
Fidel Cano Correa, director de El Espectador, lee el editorial de este domingo 17 de septiembre titulado En duelo por Fernando Botero. En este hace una reflexión sobre la vida y obra del maestro Fernando Botero, referente colombiano a nivel mundial.

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00:00En duelo por Fernando Botero
00:01Con la muerte del maestro Fernando Botero a sus 91 años, Colombia pierde a su artista
00:07más reconocido a escala mundial. Sus figuras inconfundibles, sus colores expresionistas,
00:13su amor por la idiosincrasia colombiana, su generosidad con el arte, en un país donde
00:19poco se aprecia y menos se financia, lo convirtieron en un merecido referente internacional.
00:26Pese a su popularidad, no se alejó de la denuncia social de retratar con crudeza las
00:32heridas abiertas de Colombia. Su apuesta por la paz, que llevó a la polémica por su escultura
00:38con la simbólica paloma en la casa de Nariño, demuestra que nunca se desconectó de los clamores
00:44de su tierra. Será recordado por su abundancia de obras, su estilo distintivo y por ayudar
00:51a que un público masivo se interesara por el arte y por Colombia.
00:57Él sabía que su popularidad valía críticas de los puristas. No importó, siguió profundizando
01:04de manera obsesiva en el estilo que marcó toda su carrera y recibía con orgullo la atención
01:10de personas que normalmente están lejos del mundo del arte. Hablando de los cientos de miles
01:16de personas que visitaron sus exposiciones, fue claro. La universalidad de un artista es
01:24poder hablarles a públicos tan opuestos como por ejemplo el público latino, el público
01:29de Corea, de Singapur, etc. En mi trabajo hay los elementos que tiene que tener la pintura
01:36para hablarle al hombre directamente de cualquier nacionalidad. Cierro comillas. Su éxito y su
01:43fama hablan por sí mismos. Nueva York, París y Madrid cayeron rendidos a sus pies.
01:52Pese a la facilidad de entregarse a la fama y sucumbir a los cantos de sirena, Botero nunca
01:58abandonó sus intereses ni a Colombia. Su generosidad llenó las ciudades de nuestro país con sus obras
02:05y ayudó a que más personas se acercaran al arte. La plaza de Botero, con las 23 esculturas que donó,
02:13hace parte de la identidad de Medellín. Visitar el Museo Botero en Bogotá es aproximarse a retratos
02:22sobre la colombianidad y los dolores de la patria, además de apreciar el amor que el artista le
02:28profesaba a su país. Es una visión cruda, pero también empática, orgullosa de Colombia.
02:35Tal vez la última gran polémica de su carrera resume sus sensibilidades. Como escribió su hijo
02:42Juan Carlos Botero para El Espectador, el artista iba en un avión cuando conoció de las torturas a los
02:48prisioneros de Abu Ghraib que cometió el ejército estadounidense en Irak. Al ver el horror, escribe
02:55Juan Carlos, y lo cito, Botero sintió que no se podía quedar callado y por eso pintó esta serie,
03:03porque el arte en sus momentos de mayor grandeza y lucidez moral representa una acusación permanente,
03:11el único medio que tienen los creadores a su alcance para avivar las brasas de una idea que no se
03:18debe
03:18apagar nunca, que no podemos aceptar lo inaceptable, que cualquier pueblo o nación, si pierde la brújula
03:27de su honra y ética, puede sucumbir en la barbarie, cierro comillas. Los 60 cuadros luego fueron donados
03:35porque su objetivo era la denuncia a través del arte, no el lucro. El luto nacional por su partida es
03:43un homenaje a la importancia de Fernando Botero para Colombia. Además de seguir difundiendo su obra,
03:49el país necesita invertir en el arte, en sus artistas y en formas para que la visión y el talento
03:55de nuestros
03:55creadores llegue a todos los colombianos. Si está en desacuerdo con este editorial, envíe su
04:02un editorial de 500 palabras al espectadoropinion.com.
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