Por primera vez, un equipo de biólogas está escuchando las melodías de las ballenas en los golfos de Cupica y Tribugá (Chocó) con unos artefactos que les permiten hacer un monitoreo espacial, visual y acústico de los cetáceos. Gracias a sus investigaciones, hoy sabe que las canciones de las jorobadas están cambiando.
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