00:00Comparto mi columna del espectador. A Remilda la conocí muerta y no la quiero olvidar. La
00:07fotografía es conmovedora. Una mujer muerta, envuelta en una cobija de cuadros, de esas
00:13que se usan en todos los rincones de Colombia. Lleva una imagen de Minnie Mouse en la camiseta
00:17y su rostro muestra la hinchazón y la rigidez de la muerte. Su cuerpo se apretuja entre
00:22dos tablones y restos de tierra lo cubren parcialmente. Esta imagen la publicó en su
00:27cuenta de Twitter Jesús Abad Colorado, el reportero gráfico que ha registrado el dolor de nuestra
00:32guerra como pocos. La fotografía no es de él, la tomó alguien de la comunidad del resguardo del río
00:37Murindó y se la hicieron llegar. Él pidió autorización para contarle al mundo con la crudeza de esta
00:43imagen que Remilda Benítez Domicó de la comunidad Bachidubi murió en un campo minado mientras llevaba
00:50a su bebé en brazos. El niño sobrevivió pero quedó con herida en cuerpo y alma, como dijo el colega
00:56Jesús al compartir la imagen. En cualquier circunstancia, esta fotografía nos debería
01:02sacudir y conmover a todos. Sin embargo, en esta feria de la imagen en la que se ha convertido
01:08nuestra realidad, es difícil que una tenga el impacto que merece. Cuando son tantos los muertos,
01:14a veces parecemos anestesiados ante el dolor. Cuando son tantos los muertos, nos cuesta hablar de ellos
01:19con sus nombres y apellidos y reconocer en cada uno la tragedia que significa para los suyos y para
01:25nuestra humanidad colectiva. Cuando son tantos los muertos, no hay tiempo para llorarlos. Sin embargo,
01:31la única manera de entender la dimensión de esto que vivimos es conociendo a los seres humanos que
01:37están detrás de las noticias de muerte. Lo demás son estadísticas, para que los políticos peleen por
01:41ellas y digan que no son tantos. Por eso, en medio de mil dolores, me detengo en Remilda. Me detengo
01:49en la
01:49imagen de esta mujer muerta que dice tanto de lo que somos. Me detengo en su historia, de la que
01:54solamente
01:55conozco retazos y aún así sé que resume buena parte de nuestros grandes problemas. Porque Remilda era mujer
02:01y era indígena, y esa doble condición ya la puso en desventaja. Remilda deja cinco hijos y un marido
02:07convertido en viudo de la noche a la mañana. Una familia destrozada, como miles. Se necesitaron dos días de camino
02:13para llegar al lugar de Murindo, en donde quedó su cuerpo porque el aislamiento y la distancia van de
02:18la mano con la pobreza y el abandono en Colombia. Vivía en una comunidad habitada desde siempre por
02:23la violencia y el miedo. En los últimos tiempos, esa violencia se ha recrudecido. Antes, la zona era
02:29territorio de las FARC y después de la desmovilización, ahora se la pelean el ELN y las
02:34autodefensas gaditanistas o el Clan del Golfo. En esa pelea, la tierra ha quedado sembrada de minas y son
02:40varias las comunidades que ya no pueden caminar, sin tener el miedo de perder una pierna o la vida
02:45por atreverse a dar un paso, como le pasó a Remilda. Cuando le pregunto a Jesús Abad Colorado por la
02:52fotografía y me cuenta algunos pequeños trazos de esa vida perdida y de su comunidad a la que conoce
02:57de cerca porque ha estado en la región varias veces, la última hace apenas unos meses, me dice que
03:02nunca había visto tan indefensas a esas comunidades. Este hombre, que lo ha visto todo en la violencia y
03:09que nos ha hecho vivir la guerra desde su lente, se quiebra mientras me habla de la imagen de Remilda.
03:15Dice también que hubiera preferido tener de ella una fotografía en vida, mostrando su sonrisa.
03:21Pienso entonces que nunca veré esa sonrisa porque nos tocó conocerla muerta y por eso no sabremos
03:26nunca cómo sonaba su voz ni cuáles eran sus sueños. Se quedarán sus hijos sin su amor y su cuidado
03:33y no
03:33sabremos cómo era el brillo de sus ojos. Remilda Benítez Dómicó, como hacen muchos de nuestros
03:39muertos, nos habla desde su tumba para reclamar por qué no hemos podido terminar una guerra que
03:45dejó a sus hijos huérfanos. El alma no alcanza para llorar por tanto.
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