00:00Hijos de la Atlántida. Licántropos en los Andes Creepypasta 72. La huica y los votos del sacerdote.
00:08El sol apenas comenzaba a deslizarse tímidamente entre las rendijas de las cortinas del apartamento
00:14que Tatiana y María habían conseguido en Santa Cruz. Era pequeño, acogedor, con ese toque de
00:20calor humano que parecía adherirse a las paredes, lleno de plantas, almohadas suaves y ese aroma
00:25tenue a vainilla y té de jazmín que María tanto amaba. El espacio no necesitaba lujo,
00:31solo calma, y allí, en ese rincón de mundo, por unas horas la habían encontrado.
00:37Drex despertó lentamente, sintiendo la calidez del cuerpo desnudo de Tatiana acurrucado contra
00:43su costado. La luz dorada del amanecer acariciaba su piel como si el tiempo hubiera decidido
00:49detenerse por ellos. Él también estaba completamente desnudo, con el cuerpo relajado después de
00:55una noche donde los gemidos, las risas suaves y los jadeos compartidos habían sido lo único
01:00que importaba. A su lado, Tatiana dormía profundamente, con el rostro sereno y el cabello revuelto sobre
01:08la almohada, como una pintura viva. Era un momento de pausa en medio de la tormenta constante que era
01:14su vida, sangre, persecuciones, hechizos, muerte. Pero allí, entre las sábanas y el cuerpo cálido de
01:21Tatiana, todo se sentía lejano. Entonces el zumbido del teléfono quebró esa paz como un cuchillo
01:28hundiéndose en la piel. Un mensaje. Drex estiró la mano con pesar, como si cada movimiento lo arrancara
01:35de un sueño que no quería soltar. Al leerlo, una risa leve, incrédula y resignada se le escapó por la
01:42nariz. Ponte los pantalones, ya llego. Tienes cinco minutos. María nunca falla, susurró con una sonrisa
01:51torcida. Tatiana abrió un ojo perezosamente, arrastrando su cuerpo entre las sábanas con un
01:57suspiro cargado de deseo aún sin desvanecer. Buenos días, Drex. ¿Qué pasa? Preguntó en un murmullo
02:05ronco, esa voz que aún arrastraba la pasión de la noche anterior. María está por llegar, dijo él,
02:12sonriendo con una mezcla de ternura y resignación. Y me ha dado exactamente cinco minutos para vestirme.
02:19Tatiana soltó una risita suave, se acurrucó contra su pecho y rozó su clavícula con los labios.
02:25Cinco minutos, ¿eh? Me pregunto si eso incluye los besos de despedida. Susurró con una sonrisa
02:32maliciosa mientras sus dedos dibujaban líneas invisibles sobre su abdomen. Drex se inclinó
02:38hacia ella. El beso fue lento, profundo, cargado con esa mezcla embriagante de ternura y lujuria
02:44que sólo nacía entre quienes realmente se deseaban. Intentó levantarse, pero Tatiana lo sujetó de la
02:51muñeca y tiró de él, como una niña traviesa que se negaba a compartir su juguete. Un minuto más,
02:57dijo, y en sus ojos brillaba una chispa casi infantil. Un minuto más y María no se encuentra
03:04así, bromeó Drex, aunque en el fondo no le molestaba la idea. Los minutos se deshicieron
03:10entre besos perezosos, caricias bajo las sábanas y risas suaves. Finalmente, Drex logró vestirse justo
03:18cuando el clic de la puerta sonó como un disparo. Tatiana se cubrió rápidamente, aún desnuda,
03:24envuelta en el calor de las sábanas. Drex se terminaba de ajustar el pantalón cuando María
03:30cruzó la puerta. Pero no era la María de siempre. Entró arrastrando los pies, la piel pálida,
03:37las ojeras profundas como golpes viejos y la expresión completamente devastada. Su ropa estaba
03:43arrugada, manchada con nieve derretida y lodo, y caminaba como si cada paso le doliera físicamente.
03:50—Buenos días, María —dijo Drex, intentando sonar casual, como si no acabaran de despertarlo
03:56de un mundo perfecto. María apenas asintió. Su rostro estaba rígido, su mirada perdida,
04:04y ni siquiera logró simular una sonrisa. Le temblaban los labios, como si contuviera
04:09un grito. —¿Estás bien, María? —preguntó Tatiana con suavidad, sentándose mientras se cubría
04:15el pecho con las sábanas. —Sí, Tati. Solo que odio la nieve, odio esquiar y odio todo
04:22lo que implique moverme más de diez metros, gruñó entre espasmos de cansancio. Me caí,
04:28me perdí, no tenía señal. Estuve a punto de ponerme a llorar en medio de la maldita montaña.
04:35Fabián me encontró. Me cargó como a una muñeca rota, y yo. Yo. Le grité. Le hice una escena
04:43cuando apenas me sacó de allí. Su voz se quebró en esa última frase. Se tapó la cara con las
04:49manos,
04:49los ojos desbordados de lágrimas contenidas, y corrió a su habitación, cerrando la puerta de
04:55un portazo que hizo vibrar las paredes. —¡Ahora me odia! —gritó desde dentro,
05:01su voz completamente rota. —¿Por qué, por qué, por qué tengo que ser siempre así?
05:07Su llanto desgarró el silencio como un puñal oxidado. —¿Por qué siempre arruino
05:12todo lo que tocó? Tatiana se quedó inmóvil. Drex la miró, y en su rostro se leía la tensión.
05:20Del otro lado de la puerta, el llanto de María se hizo más fuerte. Golpeaba la almohada mientras
05:26sollozaba, el pecho sacudiéndose con espasmos dolorosos. El dolor no era superficial. Era una
05:33herida vieja, viva, que sangraba con cada decepción. —¿Por qué no puedo ser normal? —gritó de nuevo.
05:41—Siempre lo arruinó todo. Ahora él me va a odiar, y yo no. Yo no quiero que me odie.
05:48Su voz se deshacía en palabras ahogadas. Había una vulnerabilidad cruda, brutal, infantil y al mismo
05:55tiempo letal, porque María no era una chica común. Su dolor descontrolaba sus poderes,
06:01y si seguía perdiendo el control. —Voy a llamar a Fabián —dijo Drex para que María lo escuchara,
06:07sacando el celular. —No te atrevas, Drex —chilló desde dentro, con un tono que ya comenzaba a vibrar
06:14con un leve temblor de furia. Drex la ignoró y marcó. Tatiana se sentó a su lado, aún cubierta,
06:21en silencio. Le besó el hombro como si intentara calmarlo a él también. —¿Drex? —contestó Fabián
06:29al segundo tono, su voz también tensa. —¿Sabes dónde está María? —Sí. Está aquí, con Tatiana.
06:37Llegó hecha polvo, llorando como si el mundo se hubiera caído a pedazos.
06:41—¿Qué pasó? —Fabián suspiró del otro lado. No sabía que odiaba tanto el frío. Quería llevarla
06:49a esquiar, y... se perdió. Caminó sola durante horas. Cuando la encontré, estaba temblando,
06:56sucia, en shock. Nos refugiamos en una cabaña, pero esta mañana. Simplemente desapareció. Estaba
07:04buscándola. Mira, ella siente que la odias, y eso la está destrozando. —¿Puedes venir?
07:11La voz de Drex bajó, más humana que nunca. Está al borde. Fabián tardó un segundo. Luego respondió
07:18con firmeza. —Me parece un buen plan, y dile a Tatiana que lo siento.
07:23—No quise herir a María. La voz de Fabián sonaba sincera, cargada de esa culpa.
07:30—Descuida, Fabián. Mi hermana siempre ha sido una reina del drama. Respondió Tatiana mientras sacaba
07:36el uniforme de la silla con manos aún tibias por el calor del cuerpo de Drex. —Más bien,
07:42discúlpame tú por meterte en este caos. Sé que solo querías ayudar, y terminaste atrapado en una
07:48tormenta que no te pertenece. Había ternura en su voz, pero también gratitud, porque sabía que
07:54pocos hombres eran capaces de soportar las intensidades de María sin juzgarla. Colgó la
08:00llamada y se volvió hacia Drex, con una expresión más suave, más humana. Se inclinó hacia él y le dio
08:07un beso lento, un agradecimiento silencioso por su paciencia. —Gracias, por manejar esto, dijo en voz
08:14baja, el alivio dibujado en cada palabra. —Siempre me he sentido inútil cuando María se pone así.
08:21Me bloquea, y nunca supe cómo enfrentar la cunado se ponía así. —Gracias. Voy a hablar con ella
08:28antes de que salgamos. Respondió Drex, besándola con la misma ternura, aunque en su mirada se encendía
08:34la llama del deseo. Tatiana sonrió con una dulzura callada. Le acarició el rostro, con los dedos
08:41recorriendo el contorno de su mandíbula, y le dio un beso suave, largo, como si en él quisiera dejar
08:47todo lo que sentía. Luego se levantó con un leve tambaleo, con el cabello cayendo encascada por su
08:53espalda, y caminó hacia la ducha sin mirar atrás. Drex la observó un instante. Fascinado por su figura,
09:01el baile de sus caderas y el tono de su piel, se quedó absorto un instante, pero no se permitió
09:07perderse demasiado. Recogió su uniforme de oricalco, lo ajustó con rapidez y fue directo hacia la puerta
09:14donde aún se encerraba la bruja más inestable que conocía, y una de las personas que más le
09:19importaban. Se plantó frente a la puerta, respiró profundo, y habló con esa mezcla de firmeza y
09:25paciencia que parecía de un padre. —María. Ya hablé con Fabián. Tengo algo que quieres escuchar,
09:32pero necesito que abras la puerta. No voy a gritártelo desde aquí como si fueras una
09:38adolescente caprichosa. Vamos, sé que puedes. Drex. Dime qué dijo Fabián. Gritó María desde dentro
09:46con la voz aún rota por el llanto, urgente, desesperada. —Abre la puerta y te cuento —repitió
09:53él, cruzándose de brazos frente al marco. Después de unos segundos de silencio cargado,
09:59el picaporte giró. María apareció con los ojos hinchados, enrojecidos como si hubiese llorado
10:05mares enteros. Su cabello estaba hecho un desastre y tenía la piel manchada con restos de rímel seco
10:12y la mirada una mezcla de culpa, esperanza y miedo a escuchar lo que no quería.
10:18—María. ¿Puedo preguntarte algo? Empezó Drex con voz calma. —¿Estás enamorada de Fabián? No puedes
10:26preguntarme eso. Y dime ya qué dijo —replicó ella rápidamente, bajando la mirada como si el peso de
10:32sus propias emociones le arrancara el aliento. —María. ¿Sabes que Fabián es un hombre del
10:38Vaticano? Un sacerdote. Hizo votos, entregó su vida a Dios. ¿Ya le dijiste lo que sientes? ¿Le has
10:46dicho algo siquiera? Ella negó con la cabeza, sin atreverse a levantar la vista, los labios
10:52temblándole, como si al hablar fuera a vomitar todo lo que había contenido durante semanas.
10:58—Lávate la cara. Arréglate. Viene hacia acá. Va a recogerte y te llevará a la sede de la purga.
11:05—Nos vemos allá. ¿En serio viene? María alzó los ojos, la sorpresa cruzando su rostro como un rayo.
11:14Una chispa de esperanza pura iluminó su mirada, y de repente todo su cuerpo pareció entrar en pánico,
11:20sin saber por dónde empezar a recomponerse. —Sí. Pero escúchame, María. No me ignores.
11:28¿Ya le dijiste lo que sientes? —No, ¿cierto? Pues será aún más difícil que tu imposible se
11:34cumpla si sigues en silencio. —Y nada de usar tus poderes. Sabes que puedo oler a kilómetros si lo
11:41haces. —No me obligues a intervenir. —No me amenaces, Drex. Espetó ella con la voz quebrada,
11:48herida. —Y no. Jamás le haría eso a Fabián. Nunca. Pero. ¿Pero qué? María lo miró, los labios
11:58entreabiertos, a punto de decir algo. Pero su propia vulnerabilidad la aterraba. —Nada, nada. Voy a
12:06arreglarme. Tomó una toalla con manos aún temblorosas y se metió en el baño que Tatiana acababa de dejar
12:12impregnado con vapor cálido. Tatiana asomó la cabeza desde el umbral, ya casi completamente
12:18vestida, ajustándose la chaqueta del uniforme mientras recogía el cabello húmedo. —María,
12:25te esperamos en la base. Y vamos a tener una conversación de hermanas —dijo en un tono
12:30firme pero cariñoso. —No me hagas berrinche, ¿sí? Ya no tenemos quince años. María no respondió.
12:38Se limitó a cerrar la puerta del baño y abrir la ducha. El agua cayó como una tormenta,
12:45pero no era suficiente para ahogar el caos que burbujeaba en su interior. Comenzó a cantar,
12:51no por alegría, sino como un escudo, como si al llenar el silencio con su voz forzada pudiera
12:56mantener a raya las emociones que la estaban consumiendo. El vapor llenó el cuarto de baño
13:02mientras su canto se volvía más alto, más tenso, más falso.
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