Este lunes podría pasar a la historia como uno de esos días que los mercados recuerdan durante décadas y que, con el paso del tiempo, terminan asociados al adjetivo "negro". Las bolsas europeas comenzaron la jornada con fuertes caídas cercanas al 3%, reflejo del nerviosismo de los inversores ante la escalada de tensiones en Oriente Próximo. Sin embargo, con el transcurso de las horas, la intensidad de las pérdidas se ha ido moderando, al igual que otros indicadores que durante la madrugada europea habían encendido todas las alarmas en los mercados internacionales, como el precio del petróleo o del gas. Precisamente el petróleo ha sido el gran protagonista de las últimas horas. El barril llegó a dispararse más de un 25%, alcanzando los 116 dólares, su nivel más alto desde julio de 2022, poco después del inicio de la invasión rusa de Ucrania. Este fuerte repunte ha estado impulsado por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, el temor a que el suministro mundial de crudo se vea seriamente afectado y la posibilidad de interrupciones en el estratégico Estrecho de Ormuz. La reacción de los mercados refleja el miedo a una crisis energética de gran alcance. Un escenario peligroso a corto plazo y difícil de sostener a medio, capaz de alterar equilibrios geopolíticos, alianzas internacionales y políticas de sanciones si la energía vuelve a dispararse.
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