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  • hace 1 día
Madrid ha vuelto a teñirse de morado este 8 de marzo en una movilización que, más allá de las reivindicaciones históricas por la igualdad, ha estado profundamente marcada por el contexto internacional y un creciente sentimiento antibelicista. Por quinto año consecutivo, el movimiento feminista ha marchado dividido en dos columnas diferenciadas, reflejando las distintas sensibilidades que conviven en su seno mientras la sombra de los conflictos en Oriente Próximo y la figura de Donald Trump sobrevolaban las proclamas de los asistentes.

La manifestación mayoritaria, convocada por la Comisión 8M, ha integrado con fuerza un mensaje de paz que el propio Gobierno de Pedro Sánchez ha impulsado en las últimas semanas. Entre nubes de humo morado y pancartas, se han escuchado lemas como "Feministas antifascistas contra la guerra imperialista"; "Por todas, por la vida, por la paz"; o, simplemente, el rotundo "No a la guerra". Las portavoces de la organización, Daniela Lagos y Laura Aparicio, han subrayado que esta jornada "llega con un contexto belicista y de auge de la ultraderecha".

Desde la cabecera, han lanzado un mensaje de solidaridad internacional: "Aquí estamos y gritamos, no a la guerra, a ninguna guerra. Nos quieren con miedo ocupando los territorios palestinos, bombardeando a la población civil en Líbano y en Irán, donde han atacado escuelas y asesinado a centenares de niñas. Con el apartheid de género de Afganistán y con la expulsión del territorio en Kurdistán". Este giro hacia la política exterior ha sido bien recibido por parte de los asistentes.

Gregorio, un manifestante de 68 años, calificó de "correcta" e "inteligente" la unión del mensaje pacifista con el 8-M, señalando su preocupación por la inestabilidad internacional tras la vuelta de "este energúmeno de Trump". Pese al ambiente reivindicativo y festivo, la fractura del movimiento sigue siendo evidente en la capital de España. A las 12:00 horas, la Comisión 8M partía desde Atocha bajo el lema 'Feministas Antifascistas. Somos más. En todas partes'.

De forma simultánea, el Movimiento Feminista de Madrid se congregaba en la Plaza de Cibeles defendiendo un enfoque abolicionista e internacionalista con el grito de 'Feminismo internacionalista: ninguna mujer queda atrás. ¡Ni veladas!¡Ni explotadas!¡Ni prostituidas!'. En cuanto a la participación, la Delegación del Gobierno en Madrid cifró en 24.000 personas la asistencia a la marcha de la Comisión 8-M, un dato que contrasta con las 160.000 que estiman las organizadoras.

Aunque la jornada contó con el respaldo institucional de siete ministros del Gobierno, las cifras oficiales confirman una tendencia a la baja respecto a las mareas multitudinarias previas a la pandemia, cuando se llegaron a registrar hasta 375.000 manifestantes en 2019. A diferencia del año pasado, cuando la lluvia fue la protagonista, el sol ha acompañado este domingo a las manifestantes en una movilización que, según los datos policiales, mantiene una afluencia similar a la de los últimos cuatro años. La jornada concluye con un feminismo que, aunque dividido en su estructura, ha coincidido en convertir las calles de Madrid en un escenario de resistencia contra la barbarie y en defensa de los derechos de las mujeres en todo el mundo.

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Transcripción
00:27El feminismo también es pacífico.
00:30Y por eso alzamos la voz y decimos no a la guerra.
00:33Está en nuestras manos, sí, detener la guerra, detener la barbarie y ganar derechos.
00:39Dejemos de ser aliados del mayor peligro para la humanidad que es Estados Unidos,
00:42sacando a todos los militares norteamericanos de las bases de Rota y de Morón y también saliendo de la OTAN.
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