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#ValleSalvajeVictoria #Dámaso #último
Victoria y Dámaso: el último juego del valle
El amanecer trajo promesas falsas al Valle Salvaje. Entre sus sombras, Victoria se prepara para enfrentarse a su pasado más oscuro: un secreto firmado con tinta y miedo, y un enemigo que conoce cada una de sus debilidades. Dámaso ha vuelto, decidido a derrumbar la Casa Grande piedra por piedra, y solo José Luis parece entender que el peligro no está en las armas, sino en las verdades que comienzan a salir a la luz.
Confesiones inesperadas, alianzas ro ...
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Transcripción
00:00Victoria y Damaso. El último juego del valle. El amanecer trajo promesas falsas al valle salvaje.
00:18Entre sus sombras, Victoria se prepara para enfrentarse a su pasado más oscuro. Un secreto
00:25firmado con tinta y miedo, y un enemigo que conoce cada una de sus debilidades.
00:32Damaso ha vuelto, decidido a derrumbar la casa grande piedra por piedra, y solo José Luis parece
00:38entender que el peligro no está en las armas, sino en las verdades que comienzan a salir a la luz.
00:45Confesiones inesperadas, alianzas rotas, cartas incendiadas y una traición que se convierte en
00:51redención marcarán un día en que la justicia y el amor caminan juntos por primera vez.
00:58¿Podrá Victoria liberarse de sus fantasmas sin perderlo todo? ¿O el valle cobrará, una vez más,
01:04el precio del silencio? El amanecer cayó sobre el valle con un brillo engañoso. Un oro pálido
01:11que parecía prometer calma, pero que solo servía para resaltar las aristas del miedo.
01:15En la casa grande, los criados caminaban en puntas de pie, como si el mármol pudiera
01:23delatar sus pensamientos. Nadie se atrevía a pronunciar el nombre prohibido, Damaso,
01:31en voz alta, aunque era el único que ocupaba todas las bocas. Mercedes sostenía una taza de café que ya
01:39no humeaba. Matilde, con el cabello recogido a prisa, había pasado la noche en vela.
01:47Y Victoria, Victoria había dormido mal y despertó peor. La fuente del jardín le devolvió un rostro
01:53tenso, casi ajeno, con un brillo desesperado en los ojos.
01:59Hoy, se dijo, hoy se termina. Lo pensó como quien recita una plegaria y lo repitió como se apoya un
02:05puñal sobre la mesa. Si José Luis ya no actuaba por ella, si nadie quería seguir sus órdenes,
02:13tendría que hacerlo sola. Haría lo que fuera. Y lo pensó con esa frialdad oscura que le nacía
02:21cuando el orgullo la hería. Para librarse de ese hombre que conocía demasiadas puertas secretas de
02:26su pasado. Un pasado que olía a cartas escondidas, a una firma falsificada, a un acuerdo hecho cuando
02:34el miedo todavía dictaba su modo de caminar. En otra ala de la mansión, José Luis se anudó la
02:42corbata con la serenidad que sólo precede a las batallas planificadas. Tenía la mandíbula dura,
02:49las manos precisas, por dentro, un río de decisiones corría con una cadencia que no
02:54admitía interrupciones. La noticia de la Santa Hermandad había sacudido a todos. Luisa se había
03:02declarado culpable del robo de la talla, y el documento, con su firma, dormía ya en una carpeta
03:08sellada. Un sacrificio inútil, habían murmurado algunos, una locura, había dicho Mercedes.
03:16Solo José Luis, mirando por la ventana hacia la línea de chopos, supo leer entre sombras. A veces,
03:25para encender una luz, hay que apagar otra. Hoy nadie mueve una pieza sin que yo lo sepa. Le
03:33dijo Alejo, que lo aguardaba en el zaguán con el sombrero en la mano y la inquietud en los ojos.
03:38Recuerda lo que te pedí. Alejo asintió. La reconciliación con José Luis había sido tan
03:45silenciosa como los grandes pactos. Sin apretón de manos, sin promesas dichas. Bastó un, estás de
03:54vuelta, y un, no te fallaré. A partir de ahí, ambos supieron que el plan, ese plan que tejían desde
04:03tiempo atrás, incluso cuando parecía que se odiaban, ya estaba maduro. La mañana también alcanzó los
04:11establos, donde Amadeo contó tres pasos antes de golpear la pared con los nudillos. Todo en él era
04:18contención. Los hombros rectos, la voz modulada. Pero por dentro sentía el filo de las palabras
04:25de Isabel de la noche anterior. Si supieras quién soy de verdad, no me mirarías igual.
04:31¿Quién podía ser esa mujer que, a veces, reía como una joven a punto de descubrir el mundo y,
04:37otras, se encogía como si el mundo la hubiera descubierto a ella demasiado pronto? La buscó
04:44con la urgencia de un niño que teme perder la cometa en el primer viento fuerte.
04:50Isabel no quiso bajar al desayuno. Escribía con letra pequeña en un cuaderno gastado. Nombres,
04:56fechas, la ciudad que abandonó, la carta que nunca contestó. Había temido tanto, durante años,
05:04que la verdad la volviera impresentable a los ojos del amor, que no se percató de que aquel amor la
05:09miraba reconociéndola incluso antes de conocerla del todo. Si él supiera, volvió a escribir. Y la
05:18pluma se detuvo, porque, si algo había aprendido en ese valle, era que la mentira, a la larga,
05:24se vuelve extranjera hasta en la propia casa. Más allá del río, hirviéndose con su soberbia habitual,
05:32el carruaje de Damaso cruzaba el puente con una rueda que crujía como una risa discreta.
05:39Su sonrisa era suave y calculada. Sabía colocar las palabras como alfileres invisibles.
05:47Había dejado caer, ante don Hernando, ese comentario envenenado. Sobre las cuentas del palacio,
05:54sobre una transferencia hecha la noche de la desaparición de Tomás, sobre una carta cuyo
05:59remitente se parecía demasiado al de la duquesa. Y había visto, con fruición contenida,
06:05como el rostro del duque se ensombrecía apenas un tono. Un tono era suficiente. A veces,
06:12lo sabía bien, la sospecha performa el crimen antes de que éste exista.
06:16Hoy la casa se cae. Dijo para sí, acomodándose los puños. Y cuando se caiga, yo estaré de pie en el
06:26centro. En el despacho principal, don Hernando recibía informes con la parsimonia de quien ha
06:33llevado la vida como una guerra de asedios largos. Habló de Burgos, de la boda de Leonardo e Irene,
06:41de ese viaje que había que emprender antes de que la conversación del valle, siempre indiscreta,
06:47convirtiera su apellido en un tema de sobremesa. Leonardo, encorvado sobre el dosel de la puerta,
06:55escuchó conteniendo el respiro. Temía la obediencia más que al pecado. Irene, en cambio, pensaba en
07:03otro miedo. Las palabras de Bárbara, la única que le hablaba como a una hermana mayor, le latían en la
07:09sien. Aléjate de él por tu bien. Y si su bien no podía alejarse de él, aunque lo intentara.
07:18La casa grande alzó, entonces, su telón de terremotos. Victoria irrumpió en el vestíbulo
07:25sin esperar que nadie la anunciara. El color del vestido era un desafío, una flor roja abierta
07:32de golpe en un jardín de prudencias. Llevaba un gesto altivo, pero en la comisura de la boca se
07:40le había clavado algo parecido al pánico. José Luis, dijo, y el nombre le salió con ese tono que
07:49mezcla la súplica y el orden. Ha llegado la hora. No quiero que ese hombre siga respirando el aire de
07:56este valle. Haz lo que debas. José Luis la sostuvo con la mirada. Los ojos del duque eran un espejo
08:04que devolvía una imagen en la que Victoria apenas quiso reconocerse. Estaba cansado de arreglar sus
08:11incendios. Y sin embargo, en el fondo de esa extenuación, había un resabio de lealtad antigua,
08:18de esa llama que solo se apaga cuando el orgullo la ahoga con ambas manos.
08:21Ya lo estoy haciendo. Dijo. ¿Qué? Victoria parpadeó. Confiar no es ordenarme. Respondió él,
08:32y se apartó suavemente. Ella avanzó un paso, dispuesta a decirle que confiaba cuando tenía
08:39los asuntos controlados, que confiaba como quien delega la limpieza de una habitación donde no quiere
08:44entrar. No alcanzó a hablar. Un criado atravesó el zaguán con las manos temblorosas. Señor. La
08:53Santa Hermandad pide verlo en la capilla. Han traído. Han traído la talla. Balbuceó. Y piden a la señora
09:01Mercedes. A la señora Matilde también. La talla. Repitió Matilde. Y la palabra la atravesó con un
09:10recuerdo que olía a madera vieja, a promesas. Todos se movieron como agua arrastrada por la
09:17gravedad. El corredor condujo a la capilla, la capilla a un altar, el altar a una madera de rostro
09:23manso. La talla se posó donde pertenecía, y un murmullo de alivio recorrió a los menos culpables.
09:32A los otros, les abrió una inquietud nueva.
09:34¿Quién la devolvió? Preguntó Mercedes. El capitán de la hermandad. Un hombre seco,
09:41con la barba peinada hacia la seriedad, no respondió de inmediato.
09:47Abrió un papel. Una confesión firmada. La señora Luisa. Ya lo sabemos, pensaron muchos.
09:55Pero el capitán prosiguió, y una carta adjunta. Yo, Luisa, declaro culpabilidad para que el verdadero
10:03culpable se confíe. Solo así podrá atraparlo quien está en condiciones de hacerlo. Sellada con un
10:10anillo que, según se me informa, pertenece al duque. O más bien, alzó los ojos hacia José Luis. A un
10:19duplicado del anillo del duque, con una muesca interna. Los murmullos cambiaron de color. José
10:27Luis dio un paso. Alejo, en la última fila, apretó el sombrero contra el pecho.
10:35Matilde miró a Mercedes, que empezaba a entender. Capitán, dijo el duque, continúe.
10:42Han detenido a dos criados del palacio del marqués por receptación. Han confesado que un
10:48hombre les pagó para ocultar la talla en el viejo pajar durante dos noches y que luego. Volvió a leer,
10:53ordenó su traslado de madrugada hacia la casa de la señora Luisa. Ese hombre, según sus
11:00descripciones, respondió al nombre de Tomás, aunque el retrato verbal no coincide con el
11:05verdadero Tomás, señor. Coincide con el hermano menor de Damaso. Completó Alejo, con la voz apenas,
11:14el capitán asintió. Además, prosiguió, ya mirando a José Luis. Alguien colocó una suma inusual en la
11:24contaduría del palacio el mismo día. Suma que ha sido rastreada hacia una empresa en Burgos. Y la
11:31firma en la orden de pago es, excelsa imitación de la suya, señor duque. Una exclamación recorrió
11:39las bancas. Don Hernando se volvió lentamente hacia Victoria. No hizo falta que hablara. En esa
11:47vuelta, Victoria sintió el peso de cada letra del apellido familiar. Sintió también el sabor de la
11:54derrota. El mundo, por fin, se inclinaba en su contra. ¿Qué significa todo esto? Preguntó,
12:03con una dignidad nacida más del hábito que del alma. José Luis no respondió a Victoria. Habló
12:10hacia todos, con esa voz que convoca en lugar de ordenar. Significa que alguien ha jugado a
12:17enredarnos con nuestras propias sombras. Que nos conocía lo suficiente como para predecir quién
12:22confesaría por amor, quién dudaría por miedo y quién acusaría por orgullo. Significa que, si hemos
12:30llegado hasta aquí, es porque le hemos permitido que nos lea. Un silencio denso, respetuoso,
12:39siguió a sus palabras. El duque volvió el rostro hacia Alejo. Era el momento. Tráelo. Alejo salió de
12:47la capilla con paso largo. El carruaje aguardaba tras el campanario, no muy lejos del lugar donde
12:53Ethan, el mozo más joven, con manos rápidas y ojos sinceros, había pasado la madrugada vigilando,
13:01sin saber del todo qué cuidaba. Abrió la portezuela. De dentro, con las manos atadas por cortesía,
13:08descendió un hombre de rostro agradable y un lunar junto al ojo izquierdo. No era Tomás, o más bien,
13:16lo era solo en la documentación que llevaba. En la piel, era el hermano de Damaso, ese cuarto hijo
13:22nunca invitado a los retratos, Julián. Señores, dijo, intentando una sonrisa que se quebró. Me rindo.
13:32En la capilla, el aire cambió de peso. Los ojos volaron hacia Mercedes, hacia Matilde,
13:40hacia Don Hernando, hacia Victoria, que se mantuvo erguida a fuerza de músculos, no de convicción.
13:46José Luis no se movió. Esperó a que Julián se plantara en la mitad del pasillo central y,
13:53solo entonces, habló.
13:55¿Quién te envió? Mi hermano. Dijo Julián, y bajó la cabeza. Él me dijo que si hacía esto,
14:04si lograba que todo señalara a Luisa, si el duque se quebraba y el marqués dudaba de la duquesa,
14:09entonces. Entonces él por fin tendría lo que se le debía.
14:15¿Un lugar, un apellido en la piedra, y la firma falsificada? Preguntó Mercedes. Fue idea suya.
14:21Nadie cuestiona una firma si cree que quien la firma es capaz de cualquier cosa.
14:30Hernando tensó la mandíbula. Había sido juez de medio mundo. Era la primera vez que sentía que
14:35no estaba juzgando un crimen, sino el espejo donde su casa se había mirado demasiado tiempo.
14:42¿Dónde está Damaso? Preguntó José Luis. Julián tragó saliva, en el molino, esperando la noticia.
14:49Si yo, si yo tardaba más de dos horas, debía quemar unos papeles. Si yo no volvía esta tarde,
14:58partiría a Burgos con pruebas contra la señora Victoria.
15:02Y, alzó los ojos, tropezando con la mirada de la duquesa. Y con la carta. Esa carta.
15:11Victoria cerró los ojos un instante. Esa carta, la única que de verdad temía. El pie de página de
15:17una operación antigua para salvar el patrimonio cuando el mundo se le caía encima, redactada por
15:23manos torpes, valiéndose de una firma que hoy ya no osaría defender.
15:26Es por el bien del apellido, había dicho entonces. Y ahora ese, bien, tenía dientes.
15:37Alejo, dijo José Luis, caballos en el molino. Capitán, venga con nosotros. Mercedes, usted se queda.
15:45Matilde, la miró, con un cariño breve. Hoy va a ver cerrarse una herida. Salieron como una flecha.
15:54José Luis, Alejo, el capitán, dos hombres más.
16:01El valle, de pronto, se volvió un tablero de cacería silenciosa. Los cascos mordían la tierra húmeda.
16:07El molino del roble asomó su tejado como una ceja maliciosa. Sus aspas, detenidas, parecían brazos cruzados.
16:19El carruaje de Damaso esperaba a un costado, cubierto con una lona. Dentro, bultos.
16:28Papeles. Una caja metálica con dos cerraduras. No hubo tiempo para la sorpresa. Damaso apareció en el
16:35umbral con la calma de quien cree que el mundo es su ajedrez.
16:40Señores. Saludó. No esperaba una visita tan nutrida. Yo sí. Respondió José Luis, con el tono de los que ya ganaron.
16:51Lo que siguió no fue un duelo de pistolas, ni una pelea de puños. Fue un duelo de palabras,
16:57y José Luis lo ganó con la más terrible de todas, un nombre.
17:00Pronunció el nombre del notario que había recibido las cartas, el de los criados sobornados,
17:08el del hombre de Burgos que depositó el dinero, y un cuarto nombre que geló el rostro de Damaso,
17:14el de su madre. La mujer que, por amor al hijo menos querido, había prestado el anillo con la
17:21muesca interna, sin sospechar que sería la trampa que lo delataría todo.
17:28Has jugado a ser la conciencia del valle, Damaso. Dijo José Luis. Y solo ha sido el eco de su miedo.
17:36El capitán de la hermandad abrió la caja metálica. Papeles. La carta con la firma de
17:41Victoria. Pero también, y sobre todo, el contrato original por el que Julián. No Tomás. Había
17:49cobrado por ocultar la talla. El juego terminaba sin sangre. O con la única sangre que de verdad cura,
17:57la de la vergüenza. Damaso no opuso resistencia. Fue el único gesto noble que tuvo en años.
18:05Entregó el bastón, inclinó la cabeza, dejó que le ataran las muñecas. Cuando pasó junto a José Luis,
18:13se inclinó apenas. El valle te creerá. Dijo, sin rencor. A mí nunca me creyó nadie. El valle
18:22cree a quien lo cuida. Respondió el duque. Volvieron a la casa grande con el sol arriba,
18:28alto y sin compasión. La capilla recibió el rumor de las botas. En el altar, la talla parecía,
18:35por fin, haber recuperado el lugar exacto de su sonrisa. Los ojos buscaron a Victoria. No huyó,
18:44solo apretó el abanico hasta que el nácar crujió. La carta, pidió Mercedes, con la voz clara. José Luis
18:52la tomó, la sostuvo ante todos. Vio en ella a la tinta de un tiempo oscuro y la tentación de
19:00proteger lo propio a cualquier costo. Esta carta pudo hundir esta casa. Dijo, no lo hará. Se
19:08acercó al cirio mayor. El papel tocó el fuego y se arqueó, temblando, antes de convertirse en ceniza.
19:17Solo entonces miró a Victoria. El apellido no se limpia escondiendo la mano. Se limpia pidiendo
19:22perdón. Victoria tragó la humillación como si fuera un jarabe caliente. Nunca había pedido perdón sin
19:30esperar algo a cambio. Aquella iba a ser la primera vez. A Mercedes, dijo, y la voz le salió apenas. A
19:39Matilde. A Luisa, al Valle. Y a usted, José Luis. He sido injusta, y cobarde. El silencio que siguió no fue
19:48de condena. Fue de alivio. Hubo quien lloró a escondidas. Hubo quien, sin saber por qué, sintió que
19:57se podía respirar otra vez en cuartos donde el aire había sido rancio durante años. La tarde trajo,
20:04como si necesitara demostrar que el mundo también sabe dar, una segunda redención. Amadeo buscó a
20:12Isabel en el jardín trasero, donde los naranjos dejan caer su perfume como una promesa de verano.
20:18Ella estaba pálida, con el cuaderno entre las manos. Ahora, dijo él. Dime quién eres.
20:28Ella respiró hondo. Soy la hija de una mujer que nunca pudo firmar su propio nombre sin temblar. Comenzó.
20:37Crecí creyendo que el silencio era un abrigo. Hice cosas de las que no me enorgullezco para cruzar
20:42una frontera. Usé un apellido que no era el mío. Lo devolví, pero el miedo no aprendió a irse. Amadeo
20:50la escuchó hasta el final, sin parpadear. Cuando ella cayó, dio un paso. No la absolvió con palabras.
20:59La absolvió mirándola como quien reconoce, en la cicatriz del otro, la forma exacta de su propia
21:05herida. ¿Me lo estás diciendo ahora? Contestó. Eso es lo que importa. Si te miro distinto,
21:13será solo para mirarte mejor. Isabel cerró los ojos. Esa frase, sencilla, sin dorados,
21:22fue la llave que no supo pedir. Mientras tanto, don Hernando sentó a Leonardo e Irene en el despacho.
21:30Habló de Burgos, de deberes, de alianzas. Pero tal vez la vergüenza involuntaria de la casa,
21:39ese viento de honestidad que había empezado a soplar, lo tocó también a él. Si han de casarse,
21:46dijo al fin, que no sea porque un plan lo exige. Que sea porque son capaces de sostenerse cuando el
21:52plan se caiga. Tienen un mes. Si entonces siguen queriendo, iremos a Burgos. Si no, no será una
22:01derrota. Será un acuerdo entre adultos. Leonardo, que había aprendido a respirar de a poquito,
22:10sintió que el aire regresaba a los pulmones. Irene miró a Bárbara desde la puerta, y Bárbara
22:17le respondió con un gesto mínimo, como quien dice, ahora sí, decide por ti. La noticia de la detención
22:25de Damaso corrió como los rumores que alivian. La Santa Hermandad, más silenciosa que nunca,
22:31condujo a Julián hacia un cuarto separado. No era un monstruo, era un eslabón.
22:39Había justicia, pero también había matices. José Luis pidió que los hubiera. La ley es la columna,
22:45dijo. La piedad, el músculo. Y, por fin, llegó la última pieza. Luisa, la trajeron los mismos hombres
22:55que se la habían llevado, pero con otra forma de tocar su codo, con otra manera de cerrar la
23:00portezuela. Matilde salió a su encuentro con una mezcla de risa y sollozo. Mercedes, que había sido
23:08su guardiana de secretos y su juez más severo, la abrazó sin medir nada. Alejo bajó los peldaños de
23:16dos en dos, como un muchacho feliz. Perdóname, le dijo, con la voz rota. Quise salvarte desde el
23:25principio, pero no supe cómo. Me salvaste ahora, respondió Luisa. Y eso es todo lo que el pasado
23:33pide. Cuando el atardecer puso una ceniza rosa sobre los tejados, José Luis caminó solo hacia el
23:40mirador. El valle, visto desde lo alto, parecía el pecho de alguien que por fin duerme. Sintió un
23:48peso irse, no del todo. Los pesos nunca se van del todo, pero lo suficiente como para que el alma
23:54dejara de precisar bastón. En algún lugar, una guitarra encendió un rasgueo tímido. Los mozos
24:02reían. Las cocinas olían a pan. Victoria subió los escalones con paso más lento del que solía lucir
24:09para que su presencia antecediera a su voz. Se detuvo a un lado. No sé quién soy sin mis atajos. Dijo,
24:18honesta por primera vez. Me gustaría aprender. José Luis la miró. No ofreció su brazo. Le ofreció un
24:27lugar, que es más difícil. El valle enseña. Y perdona. A veces. ¿Y tú? Yo soy del valle. Victoria
24:37asintió. No era una absolución. Era una cuerda tendida sobre el agua. Bastaba, por ahora. Esa noche
24:46hubo velas en la capilla, pero no para suplicar. Se colocaron como se colocan los recuerdos buenos,
24:53sin miedo a que el viento los apague. La talla devolvió una sombra de paz al relevo del altar.
25:00Alguien trajo vino. Se brindó por la verdad, una palabra que, en esa casa, había sido demasiado cara.
25:09Isabel y Amadeo, tomados de la mano, caminaron bajo la pérgola. Ella dejó que él leyera dos páginas
25:15de su cuaderno. Él le contó algo que no había dicho nunca. Que también había usado otros nombres,
25:23no por culpa, sino por sobrevivir. Se rieron, con esa risa nueva que nace cuando el otro se vuelve
25:30hogar. Irene, en su cuarto, cortó en pedacitos el programa del viaje a Burgos. No estaba rompiendo
25:39un plan. Estaba eligiendo el tiempo con el que dibujaría el suyo. Leonardo, en la biblioteca,
25:47abrió un libro y encontró, en la primera página, una nota de su madre que apenas recordaba. No hay
25:53herencia más noble que la libertad de decidir. Por primera vez, el apellido no le pesó. Alejo y
26:02Luisa se quedaron de pie, en la puerta de la cocina, mirando cómo el pan le baba. El amor,
26:10descubrieron, a veces es eso, mirar lo que crece lentamente y decidir esperarlo. Y Matilde,
26:18Matilde salió al patio, apoyó las manos en la piedra tibia, y le habló al recuerdo de Gaspar.
26:24No pidió nada. Le dijo, hoy no doliste. Y en ese, no doliste, hubo una despedida con la que,
26:33por fin, pudo imaginar un mañana. El valle durmió con la ventana abierta. No había certezas de por vida,
26:42no había promesas blindadas. Pero el miedo se retiró unos pasos. Quizá volviera, siempre vuelve. Pero
26:51para encontrarse con una casa distinta. Con una casa que había aprendido que la dignidad no consiste
26:57en ocultar la mancha, sino en levantar la cabeza con la mancha a la vista y seguir andando.
27:04Antes de apagarse, el último candil alumbró a José Luis en el corredor. Se detuvo. Escuchó,
27:12no eran sus pasos, eran los del valle, que por fin caminaba con él. En su escritorio lo esperaba
27:17un sobrelacrado que no había visto por la mañana. Lo abrió, dentro, una sola línea. Gracias por
27:25quebrarme a tiempo. D. La letra de Damaso era impecable. José Luis guardó la nota. No era un
27:34trofeo. Era una señal de que incluso los lobos, a veces, sentados en la oscuridad, reconocen la forma
27:40de la luna. El resto fue silencio. Un silencio bueno. Ese que precede a los días en que, sin
27:48grandes anuncios, la vida empieza, de nuevo. Y el valle, como un pecho en calma, subió y bajó,
27:57subió y bajó, hasta mezclar en la misma respiración la culpa y el perdón, el orgullo y la humildad,
28:03la caída y, por fin, la esperanza.
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