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  • hace 8 meses
Historias Completas de la Historia.

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Diversión
Transcripción
00:00El día despierta sin canto de gallos. Una penumbra gris se filtra por los huecos de
00:05las paredes de barro y madera, anunciando un amanecer que no trae promesas. La humedad
00:11cala hasta los huesos. El aire es frío, pesado, como si llevara consigo el peso de las lluvias
00:18que no han cesado desde hace meses. El suelo de tierra, antes firme, es ahora un barrizal
00:25oscuro donde las pisadas se hunden y dejan charcos pequeños que reflejan un cielo sin
00:30color. Dentro de la choza, la familia permanece apiñada. Son cinco almas, acurrucadas bajo
00:37mantas de harapos remendados tantas veces que ya apenas cubren. Las goteras del techo de
00:42paja dejan caer un goteo constante sobre una tinaja vacía, y el sonido del agua golpeando
00:48resuena en la estancia como un reloj que marca la espera de un día sin certezas. Los niños
00:53lloran con un llanto débil, interrumpido por jadeos que no son de frío, sino de hambre.
00:59Sus mejillas están hundidas, sus labios agrietados. La madre los mira, pero no los abraza. No porque
01:07no quiera, sino porque la debilidad le ha robado la fuerza para alzar los brazos. El padre, sentado
01:14junto al fogón apagado, permanece inmóvil, con los ojos fijos en las cenizas como si buscara
01:20en ellas la chispa de un milagro. No hay desayuno. No lo hubo ayer, ni antes de ayer.
01:27El fogón, ennegrecido por años de uso, parece un hueco inútil en la penumbra. El olor a avena,
01:36a pan recién hecho, a sopa caliente. Son recuerdos lejanos, ya casi ajenos. Sobre una mesa de madera
01:44carcomida, una jarra con agua turbia espera. Es agua recogida de un charco, hervida horas atrás
01:51para apartar la muerte invisible que acecha en ella. Pero incluso así, beberla es un riesgo.
01:58Más de uno en la aldea ha terminado vomitando hasta caer exhausto tras un sorbo. La familia bebe
02:03en silencio, compartiendo el líquido con parsimonia, como si cada trago robara tiempo al hambre.
02:09Nadie habla. Las palabras son un lujo que desgasta fuerzas. Y hoy, como cada día desde que las lluvias
02:17mataron las cosechas, lo único que importa es sobrevivir hasta que el sol vuelva a caer sobre
02:23este mundo que parece haberse olvidado de la luz. Fuera, el paisaje es un lodazal interminable. Las
02:30huellas de los días pasados se borran con cada nueva lluvia, y las sendas que antes unían las
02:35parcelas están ahora desdibujadas, tragadas por el fango. Los campos que antaño ofrecían trigo y
02:42centeno se muestran desolados. Espigas ennegrecidas, tallos podridos que se inclinan como si el peso de
02:50la humedad los hubiera doblegado para siempre. El olor es agrio, mezcla de moho y tierra removida.
02:59Hombres y mujeres, encorvados por el hambre, avanzan lentamente por el barro. Algunos llevan
03:05palos o azadas sin filo, no para cultivar, sino para escarbar. Sus manos, cubiertas de lodo,
03:13hurgan en busca de raíces olvidadas, de bulbos que quizá el invierno pasado no fueron recogidos.
03:19La competencia no es sólo con otros humanos. Ratas gordas, cebadas con lo poco que queda,
03:26huyen entre charcos, y cuervos esperan pacientemente a que los buscadores se alejen para picotear lo que
03:31encuentren. El hambre confunde el juicio. Entre las hierbas que arrancan de la tierra húmeda hay
03:37plantas que nadie, en tiempos de abundancia, se atrevería a tocar. Algunos las llaman hierbas
03:44benditas, porque un rumor dice que calman el estómago. Son mentiras que la desesperación viste
03:50de esperanza. El cornezuelo del centeno, con sus oscuros cuernos de hongo, se confunde entre el grano
03:57estropeado. Quien lo come siente primero un alivio tibio en el cuerpo, pero pronto llegan los cólicos,
04:04los espasmos, el delirio. Hay quienes mueren entre convulsiones en el mismo campo, con el barro pegado
04:11al rostro. Los que sobreviven regresan con pequeñas bolsas de hierbas y raíces torcidas, apenas suficientes
04:19para engañar al hambre de una noche. Pero cada día, la cosecha de la desesperación es más pobre y el
04:27barro más profundo. No hay promesa en el horizonte, sólo la repetición de esta búsqueda inútil bajo una
04:34lluvia que no cesa. En la plaza del Burgo, el aire huele a grano húmedo y a miedo. Las lonas que cubren
04:43los puestos son jirones, y bajo ellas, los sacos de trigo parecen tesoros custodiados como si fueran
04:49oro. Los mercaderes no sonríen, observan con ojos fríos y calculadores, mientras guardias armados
04:56vigilan para evitar saqueos. El precio ha escalado hasta lo impensable. Un saco cuesta ahora cien veces
05:04más que antes de la gran lluvia. La gente susurra que, aunque tuvieran el dinero, lo que se vende ya no es
05:11trigo fresco, sino grano mohoso que enferma a quien lo come. Los campesinos se acercan con lo poco que
05:17poseen. Una manta que fue de su abuela, un cuchillo heredado, una camisa entera aún sin rotos. Lo
05:26ofrecen a cambio de un puñado de cereal. Muchos regresan con apenas un puñado de harina oscura,
05:32tan escasa que no alcanza para el día. El trueque se convierte en humillación. En un rincón, junto al
05:39puesto del carnicero, se escuchan gritos. Dos hombres se disputan un hueso roído, arrancado de
05:47un cubo de desperdicios. Caen al suelo, rodando sobre el barro, golpeándose con los puños y con
05:53los dientes. Al final, el hueso queda partido, y cada uno se aleja con su parte, sangrando y
06:01escupiendo insultos. Cerca, un niño intenta arrebatar un pan duro a un vendedor distraído. Lo atrapan
06:08antes de que logre huir. La multitud mira cómo lo azotan con una vara frente al puesto, mientras su
06:14madre llora en silencio entre la gente. No todos sobreviven a la lucha por las obras. Un anciano,
06:20demasiado lento para apartarse, recibe un empujón y cae al barro. No se levanta. El panadero que lo
06:27empujó no se detiene. Su atención está puesta en proteger una hogaza recién horneada que guarda
06:33bajo su delantal. El cuerpo del viejo queda allí, cubierto por la llovizna, hasta que alguien lo
06:40arrastra fuera del paso. En la plaza, el comercio continúa, pero cada transacción es una herida más
06:47en la dignidad de los vivos. Aquí no hay regateo, solo sumisión y desesperación. En los establos,
06:54el sonido de las bestias se ha vuelto un eco débil. Las vacas, antaño robustas y pesadas,
07:02caminan ahora como sombras huesudas. Sus costillas se marcan bajo la piel y su respiración es lenta,
07:09fatigada. Las ovejas han perdido el brillo de su lana, y los corderos nacen muertos o demasiado
07:16débiles para levantarse. El hambre humana ha alcanzado a los animales, y ya no hay heno seco ni grano
07:23para alimentarlos. Uno a uno, los campesinos deciden lo que en otros tiempos habría sido
07:28impensable, sacrificar a sus vacas y caballos, incluso aquellos que tiran del arado y permiten
07:34sembrar la tierra. El filo de los cuchillos, mellados por el uso, corta carne dura, con olor
07:41agrio, pegada al hueso. No hay grasa que suavice el sabor, pero la carne, aunque enferma, se hierve y
07:48se reparte, porque el hambre no distingue entre lo sano y lo corrupto. Las aves de corral desaparecen
07:55primero, luego los cerdos. Y cuando ya no quedan animales de labranza, la mirada se posa sobre los
08:02compañeros más pequeños. Los perros que antes cuidaban la casa, y los gatos que mantenían alejadas
08:09a las ratas, empiezan a faltar. Al principio, se piensa que han huido a buscar comida, pero pronto
08:16los rumores se hacen claros. Hay quienes los cazan para llenar la olla. En una choza, un niño oculta
08:24bajo su camisa un gato famélico, tembloroso. Sus ojos grandes miran a la puerta, temiendo que su padre
08:31descubra al animal. Sabe que, si lo encuentra, no habrá súplica capaz de salvarlo. En otra parte
08:39de la aldea, un perro viejo es atado con una soga corta junto al cobertizo, a la espera de la noche,
08:46cuando las manos ya no tiemblen de compasión. En los corrales vacíos, el silencio pesa más que el
08:52barro. El mugido de una vaca, el relincho de un caballo, se han convertido en recuerdos lejanos,
08:59sustituidos por un olor persistente a sangre y piel húmeda. Y, sin animales, el campo se prepara
09:06para una nueva condena. Aunque lleguen tiempos mejores, no habrá quien lo trabaje. Por los caminos
09:13embarrados, se ven figuras avanzando con lentitud, cargando más cansancio que pertenencias. Familias
09:20enteras abandonan sus aldeas, llevando sobre carretas chirriantes a los enfermos y a los ancianos que no
09:25pueden caminar. Algunos tiran de ellas con sogas atadas al pecho. Otros cargan bultos de ropa mojada
09:33y utensilios de cocina. El barro les llega a los tobillos y el viento helado les corta la cara. No hablan.
09:42El sonido de sus pasos y el crujir de las ruedas sobre el lodo lo dice todo. Se dirigen a monasterios,
09:48burgos y ciudades, con la esperanza de encontrar limosna, un mendrugo de pan, cualquier cosa.
09:56En las cunetas, los cuerpos de quienes no lo logran marcan el camino. Un niño acurrucado junto a una
10:03piedra, cubierto de lluvia. Una anciana tendida boca arriba, los ojos abiertos hacia un cielo que
10:10no responde. Los que siguen andando no se detienen. La compasión ha sido aplastada por la necesidad.
10:17En las puertas de los conventos, monjes con hábitos empapados reparten cuencos de sopa aguada. El vapor
10:25que se eleva de las ollas parece un milagro en sí mismo y los mendigos empujan para acercarse. Hay
10:32manos que meten cucharas antes de recibir permiso y otras que intentan arrancar la comida de los
10:38cuencos ajenos. Las discusiones crecen, se empujan, se golpean. Algunos caen al suelo y son pisoteados.
10:47Cuando la multitud se vuelve incontrolable, un sacerdote ordena cerrar las puertas. El cerrojo
10:53suena como una sentencia y los que han quedado fuera golpean la madera con los puños. Algunos
10:59ruegan en voz alta, otros maldicen. Dentro, los monjes continúan sirviendo, pero ya solo para unos
11:07pocos afortunados. Fuera, bajo la lluvia, la gente permanece esperando hasta que la noche los obliga a
11:15buscar otro refugio. El camino de los desesperados no tiene fin. Solo bifurcaciones hacia otros
11:21lugares igualmente vacíos. La esperanza se convierte en un peso que cuesta más cargar que el hambre
11:27misma. En los márgenes de la aldea, el olor es insoportable. No es el aroma habitual de estiércolo
11:35ganado, sino el hedor dulce y pesado de la carne humana en descomposición. Los cuerpos se hinchan bajo
11:41harapos mojados. Las extremidades se tensan por el rigor de la muerte y las moscas forman nubes que
11:48zumban sin descanso. La enfermedad se ha vuelto compañera constante. El hambre deja a los cuerpos
11:55frágiles, incapaces de resistir las infecciones que antes se superaban con reposo. Los vientres
12:02hinchados por la inanición contrastan con las extremidades huesudas. Los ojos se hunden hasta
12:07aparecer huecos oscuros. El agua contaminada de pozos y charcos ha traído la disentería,
12:13que vacía el cuerpo hasta dejarlo sin fuerzas para levantarse. Las fiebres, persistentes y ardientes,
12:20consumen a los enfermos en pocas noches. Los hospitales improvisados no son más que cobertizos
12:25sin paredes completas, con suelos cubiertos de paja húmeda y sucia. Allí, decenas de enfermos yacen
12:33apretados unos contra otros, tosiendo, gimiendo, vomitando. No hay médicos suficientes, ni remedios.
12:41Un monje se limita a rociar con agua bendita y murmurar oraciones, mientras otro intenta dar
12:46de beber caldo tibio a quien aún puede tragar. Cuando la muerte llega, no hay ceremonias. En las
12:54afueras, fosas colectivas esperan, cavadas a prisa por los que aún tienen fuerzas para
12:59sostener una pala. Los cuerpos son depositados uno sobre otro, sin ataúdes, sin mortajas. Se echa
13:09calviva para contener el hedor, y la tierra húmeda los cubre. Entre los que miran está un niño, con las
13:15manos vacías y la ropa pegada al cuerpo por la lluvia. Observa cómo bajan a su madre a la fosa,
13:22su cabello enredado y cubierto de barro. Nadie reza, nadie llora. Sólo el sonido apagado de la
13:31tierra cayendo sobre el cuerpo. El niño sigue mirando hasta que la fosa se llena, y entonces
13:37se aleja, caminando sin rumbo, como si no recordara dónde estaba su casa. La noche cae temprano, como si el
13:45cielo quisiera librarse cuanto antes de contemplar la miseria. En las chozas, las familias se reúnen
13:52en silencio. No para compartir una comida, sino para fabricar algo que al menos pueda engañar al
13:59estómago. En un cuenco de madera, se mezcla corteza de árbol molida con un poco de agua turbia. La
14:06pasta resultante se cuece sobre un fuego débil, desprendiendo un olor a madera quemada. Algunos
14:11añaden un chorro de sangre obtenida de un animal sacrificado, para dar algo de sustancia. Otros
14:18hierven trozos de cuero viejo, arrancados de zapatos o cinturones, hasta que se ablandan lo
14:24suficiente para masticarlos. En una esquina, un anciano mastica lentamente un manojo de heno,
14:32sin apartar la vista del fuego. El calor apenas calienta, pero todos se acercan como si pudieran
14:38absorberlo. El humo se cuela en los ojos, pero nadie se mueve. Con la oscuridad, llegan también
14:46los murmullos. Se habla de lo que nadie quiere decir en voz alta. De madres que, incapaces de
14:53alimentar a sus hijos vivos, han cambiado los cuerpos de sus pequeños muertos por los de otros,
14:59para poder hervir la carne sin enfrentarse a la imagen propia. De hombres que merodean por los
15:05cementerios al amparo de la noche, con la pala en la mano, buscando en la tierra reciente algo que
15:11llevarse a la boca. En una aldea cercana, un hombre es sorprendido desenterrando un cuerpo. No hay juicio
15:18ni discusión. Lo arrastran hasta la plaza y lo golpean hasta que su cuerpo queda inmóvil. Luego lo
15:24cuelgan de un poste, no como castigo, sino como advertencia. La lluvia le escurre por el rostro, y su
15:32cadáver se balancea lentamente con el viento. Dentro de las chozas, los más pequeños duermen,
15:40o intentan dormir. Con el sonido lejano del aullido de lobos, afuera, la noche es larga,
15:47y cada crujido en la oscuridad trae el temor de que el hambre, en alguna de sus formas, venga a llamar
15:54a la puerta. En la penumbra previa al amanecer, grupos de hombres armados se reúnen en los caminos,
16:01envueltos en capas raídas. No son soldados de señor alguno, sino campesinos y jornaleros que
16:08han abandonado la tierra para dedicarse al saqueo. Las noticias corren rápido. Un granero de un noble
16:14cercano guarda aún sacos de grano, protegidos por unos pocos guardias mal alimentados. El hambre ha
16:21convertido la desesperación en furia, y en la noche, con antorchas y herramientas de labranza
16:27convertidas en armas. Avanzan. El asalto es breve y brutal. Las puertas ceden con un golpe de ariete
16:35improvisado, y el grano se reparte a manos llenas, derramándose por el barro mientras cada uno llena
16:41sacos, camisas o cualquier recipiente disponible. Los guardias intentan resistir, pero pronto caen.
16:49Uno queda inconsciente. Otro muere bajo el filo oxidado de una hoz. Los saqueadores huyen antes
16:56de que llegue refuerzo, dejando tras de sí el olor a humo y el griterío de los sirvientes. En
17:02otras partes, la violencia es más íntima. Un granjero, al descubrir a un joven intentando forzar
17:09la puerta de su almacén vacío, se abalanza sobre él con rabia. No hay nada dentro que valga la pena
17:15robar, pero el miedo y la ira pesan más que la razón. El muchacho muere allí mismo,
17:22su rostro hundido en el barro, mientras el granjero respira agitado, apretando la hoz
17:28ensangrentada en sus manos. Los nobles responden con dureza. En la plaza del burgo se erige una
17:35horca improvisada. Un hombre acusado de robar pan espera su turno, encapuchado, mientras la multitud
17:42observa en silencio. El verdugo, tan demacrado como los que han venido a mirar, tira de la soga
17:48con un esfuerzo visible. El cuerpo se sacude y luego queda inmóvil, colgando como recordatorio
17:56de que el hambre no es excusa para desafiar la ley de los poderosos. Ese día, en el aire,
18:02el olor del grano saqueado se mezcla con el de la sangre, y la certeza de que la justicia,
18:08en estos tiempos, no es más que otra cara de la desesperación. En los márgenes del bosque,
18:16donde la maleza se espesa y los caminos se pierden, se oyen lamentos que no buscan ayuda.
18:22Son los ancianos, llevados hasta allí por sus propias familias, sentados en troncos húmedos
18:27o recostados contra piedras cubiertas de musgo. Algunos saben que no volverán a ver la aldea,
18:32otros no preguntan, porque las respuestas ya no importan. El frío les muerde las manos y la
18:40humedad les cala hasta los huesos. No gritan, no suplican, solo esperan, envueltos en un silencio
18:48que parece más pesado que el hambre misma. En la entrada de una iglesia, una mujer deja un bulto
18:54envuelto en tela. No se queda a mirar como los monjes lo descubren, porque sabe que dentro hay
19:00un bebé que ya no respira. Unos pasos más allá, una niña camina sola por el sendero, cargando en
19:07brazos a su hermano muerto. Lo coloca con cuidado junto a la cuneta, como si temiera despertarlo,
19:14y se sienta cerca, mirando hacia el horizonte vacío. En algunas casas, la decisión es más rápida.
19:21Una soga colgando de una viga, tres cuerpos meciéndose suavemente con el viento, o una
19:28puerta abierta de par en par, dejando ver una estancia inundada por el agua de un río cercano,
19:34y un cuerpo flotando boca abajo. Hay un hombre que cava en el jardín de su casa. No siembra,
19:41no busca raíces. La fosa es para él mismo. Cuando termina, se arrodilla junto al agujero,
19:48respira hondo, y con manos temblorosas coloca la horca en su cuello. El peso del cuerpo lo lleva
19:54al fondo de la tumba que él mismo abrió, y el barro, poco a poco, empieza a cubrirle los pies.
20:01En estos días, la muerte deja de ser un enemigo para convertirse en una elección. Y aunque nadie
20:07lo diga en voz alta, muchos la buscan como único alivio posible. Las campanas de las iglesias ya no
20:14llaman a la misa con la misma fuerza. En los templos, las bancas están vacías, los rezos se
20:20han vuelto murmullos dispersos, y las oraciones, más que súplicas, suenan a reproches. Hay quienes,
20:28al pasar frente a una cruz, no se santiguan, sino que la escupen. Otros arrancan las imágenes de santos
20:35de sus altares, y las arrojan al barro como si fueran culpables de su hambre. En los caminos,
20:42cruces de madera y piedra yacen partidas, tumbadas sobre la hierba húmeda. En su lugar,
20:48algunos levantan amuletos hechos con huesos de animales, cintas sucias y trozos de tela,
20:55invocando antiguas creencias que regresan en tiempos de desesperación. Se habla de conjuros
21:01para llamar la buena cosecha, de invocaciones a espíritus del bosque para espantar la enfermedad.
21:08La noche se espesa, y con ella llega un silencio tan denso que el más leve ruido parece un grito.
21:15Solo se oyen toses secas desde las chozas, algún llanto breve que se apaga pronto, y a lo lejos,
21:22el aullido de lobos acercándose. La aldea permanece inmóvil, como si el miedo la hubiera
21:29congelado. En una choza apartada, una madre mece entre sus brazos el cuerpo inerte de su hijo.
21:37Canta una canción de cuna con voz quebrada, aunque sabe que ya no hay oído que la escuche.
21:42Afuera, el viento azota las paredes de barro, y el techo de paja gotea sin descanso. Nadie entra,
21:49nadie sale. La oscuridad lo cubre todo, y así termina el día, igual que el anterior,
21:55igual que el siguiente, sin esperanza, sin alivio, bajo el peso insoportable de un hambre
22:01que no conoce fin.
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