00:00El mexicano tiene una muy particular relación con la muerte, una de sus santas apócrifas más
00:06veneradas es la llamada Niña Blanca, la Huesuda, la Santa Muerte, patrona de los sicarios,
00:11amparo de menesterosos, meretrices y comerciantes informales. Esta devoción por la muerte le viene
00:16a los mexicanos por partida doble, desde su raíz prehispánica y española. Predispuesto por su
00:21herencia indígena religiosa, el mexicano de cultura mestiza abrazó e hizo suyo el escatológico culto
00:27a la muerte de su ancestro español. El siglo de oro de España, con el auge del barroco sustentado
00:32en el pensamiento católico, entendió a la muerte como un destino anhelado, más que un sincretismo
00:36como empalme de tradiciones. El mexicano retomó estas celebraciones y las reinventó empleando
00:42elementos culturales vernáculos, tomes en cuenta que los altares de muertos ya se montaban en la
00:47Europa medieval. Fue el ingenio mexicano quien los revistió con elementos simbólicos y rituales de
00:51las culturas mesoamericanas y de la fe católica. La muerte, por insoportable y absurda, obligó a
00:57el mexicano a ironizarla para sobrellevarla. En esta terapéutica hilaridad aparece la huesuda
01:02de los grabados de José Guadalupe Posada, padre de la Catrina, frente al gusto culposo de Halloween,
01:07orgullo mexicano. El mexicano sufre la ambigüedad de esa querencia resuelta como gusto culposo por
01:13la cultura estadounidense, a la vez que su conciencia nacionalista le exige reprobarla.
01:18No quiere dejarse colonizar por segunda vez, y mucho menos voluntariamente en esta ocasión. Por
01:24eso reprueba el Halloween y lo contrapone con su día de muerto. Rechaza encarnar a brujas,
01:28vampiros y momias. Vanidosa, la joven se disfraza de Catrina y el muchacho galante de Catrin,
01:33resumiendo su orgullo mexicanista.
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