De otra pasta. Esta es la velocidad real de los coches de rallyes, y viéndola volvemos a la misma conclusión: los pilotos están hechos de otra pasta. La velocidad es infernal, y no solo eso. Es la cercanía con los árboles lo que nos provoca esa sensación de que no conocen el peligro, no lo temen o lo han asumido de tal manera que parecen estar hechos de otra pasta, no parecen humanos. Parecen haber bajado de otro planeta solo para hacernos disfrutar.
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