El reverendo Hollister, que se acerca al último hito de su vida, sólo tiene un deseo ardiente, que es ver a su hijo James vistiendo la ropa que ahora debe dejar de lado a causa de su vejez. El muchacho ha tenido la ventaja de un ejemplo en los principios de las religiones, pero ha necesitado la solicitud orientadora de una madre, que hace tiempo que murió, de modo que James y su hermana Ruth son criados por su padre, el viejo ministro. El anciano padre no pierde la oportunidad de señalar el mejor camino para James, con la esperanza de que siga sus pasos. Ruth también se muestra solícita, pues cree que James es culpable a veces de desobediencia, en lo cual conjetura que tiene razón. James, en lugar de hacer caso a las súplicas de su padre, aunque aparentemente lo pretende, pasa la mayor parte del tiempo en los salones de la esquina, haciéndose cada vez más adicto a la bebida, hasta que, debido a la fragilidad moral, el hábito llega a un grado irreprimible. El estado del anciano ministro empeora repentinamente y, a la llegada del médico, Ruth es informada de que a su padre le quedan pocos momentos de vida. El anciano llama a su hijo, pero éste se encuentra a esas horas en una taberna en estado de embriaguez y rechaza las persuasiones de sus compañeros para que vuelva a casa, pues son conscientes de la debilidad del buen hombre. Ruth sabe demasiado bien dónde está su hermano en este momento y puede imaginar su estado, pero vence el orgullo y sale a buscarlo. Al entrar en la taberna, lo encuentra en un estado casi indefenso. El tabernero, apreciando su vergüenza, le ruega que se vaya, ya que tiene la intención de enviar al chico a casa. James malinterpreta sus acciones y le golpea resentido por un supuesto insulto, derribándolo. En la caída, se golpea la cabeza con la barandilla y cuando llega la policía descubre que la pelea ha resultado fatal para el tabernero. En la agitación, Ruth ha sacado a James y lo ha llevado a su casa, donde llega sólo unos minutos antes que el mensajero de la muerte. La policía se entera de quién ha dado el golpe mortal y va a buscarlo. Ruth les oye entrar e intercepta su entrada en la habitación del enfermo, rogándoles que esperen para que su padre se mantenga en la ignorancia y sus últimos momentos sean tranquilos. Esto es lo que consienten hacer y cuando el anciano ministro exhala su último aliento, se llevan al muchacho para que pague la pena por su indiferencia hacia el mayor de los mandatos de Dios.
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